miércoles, 20 de agosto de 2008

El primer humano en la Luna...



El primer hombre en la Luna pudo ser una mujer

Se llamaba Jerrie Cobb y cumplía todos los requisitos para las duras condiciones de la misión espacial. Pero el machismo de la época no podía permitir que la primera pisada en la Luna fuera de una mujer. La discrimación llegaba al espacio. Hasta 1983, la NASA no rectificó.

Hace unas semanas, Hillary Clinton, en el discurso que marcaba el final de su campaña política, a la hora de valorar el terreno que durante décadas han ido ganando las mujeres en su país utilizó a las astronautas como ejemplo: “Mientras estamos aquí hablando, la mujer número 50 en abandonar la Tierra orbita sobre nuestras cabezas”. En ese vistoso empeño que ha hecho Estados Unidos por conquistar el espacio, las mujeres, a pesar de la tumultuosa cincuentena esgrimida por Clinton, han desempeñado un papel especialmente infeliz. En 1958, cuando la NASA inauguró la carrera espacial, el sexo de los astronautas era determinante, y, de no haber sido así, es muy probable que el primer hombre en la Luna hubiera sido mujer. El 22 de diciembre de aquel mismo año inaugural apareció en todos los periódicos del país una convocatoria para candidatos a astronauta; se ofrecía un salario anual que oscilaba, según las aptitudes del aspirante, entre 8.330 y 12.770 dólares de la época, y en el inciso III, unas líneas por debajo del salario, decía con todas sus letras: “Los aspirantes deben ser hombres de entre 25 y 40 años”. También se especificaba, un poco más abajo, que para ganarse uno de los siete puestos que se ofrecían era necesario resistir una batería de 75 pruebas físicas, de dureza extrema, y otras tantas de espectro psicológico. Aunque la convocatoria excluía, de forma rotunda, a cualquier mujer que pudiera optar por el novísimo trabajo de astronauta, el director del área científica de la NASA, William Randolph Lovelace, hizo algunas excepciones: 14, para ser precisos.

Aquel programa primigenio, que años después se encadenaría con el Gemini y con el Apollo que finalmente llegó a la Luna, se llamaba Mercury, y tenía entre sus objetivos observar el comportamiento del organismo humano en el espacio exterior y, sobre todo, convertirse en líder de la carrera espacial, porque un año antes la Unión Soviética, de forma sorpresiva y altanera, se había colocado a la cabeza con el lanzamiento del Sputnik II, una sólida nave de diseño rudo que llevaba en su interior una perra siberian husky de nombre Laika; el animal había viajado con el cuerpo sembrado de electrodos, iba con la encomienda de probar de qué forma se desenvolvía un mamífero en el espacio exterior, y de paso también la de celebrar, con su hazaña eminentemente involuntaria, el 40º aniversario de la Revolución de Octubre. Los primeros informes, de manufactura desde luego soviética, decían que Laika había sobrevivido una semana a bordo del Sputnik II y que después había muerto en paz y sin experimentar dolor alguno. Pero otro informe más reciente, desclasificado en 2002 y también de manufactura soviética, dice que Laika murió de pánico y sobrecalentamiento unos minutos después del despegue. Como los dos informes provienen de la misma fuente, no queda más que acogerse a la evidencia final, donde cabe cualquier cosa que quiera decirse sobre el destino de Laika: cinco meses después de su lanzamiento, el Sputnik II, con la perra no se sabe si viva o muerta, pero en su interior, se desintegró cuando sobrevolaba Barbados.

El doctor Lovelace era un experto en medicina espacial y contaba entre sus galones la invención de la máscara de oxígeno de gran altitud, esa suerte de trompa que cubre nariz y boca y que se ponen los pilotos de los aviones de combate. Como Lovelace era un científico sumamente comprometido, decidió que él mismo probaría su invento, así que subió a 40.200 pies de altitud, a bordo de un bombardero B-17, y desde ahí se tiró con el prototipo de la máscara puesto. Pero la altitud y el frío eran tan salvajes que el doctor Lovelace, justamente después de abrir su paracaídas, quedó inconsciente y no se recuperó hasta que estaba a unos cuantos metros de la Tierra, colgando de la rama del pino donde su paracaídas se había enganchado. Muchos años dedicó el doctor Lovelace a la investigación espacial, hizo una de las carreras más contundentes que recuerda la NASA, y como punto final, paradójico y trágico para esa vida dedicada a resolver los misterios del vuelo, se estrelló en un avión en Aspen, Colorado. Como homenaje a su colega desaparecido, la comunidad científica eligió un cráter en la Luna, de 54 kilómetros de diámetro, y lo bautizó con el nombre de Lovelace Crater.

Aun cuando en EE UU la historia del vuelo dentro y fuera de la atmósfera ha sido esencialmente masculina, las mujeres han estado involucradas de manera activa, casi siempre a la sombra. En 1930 había 200 mujeres piloto registradas; para la II Guerra Mundial, el número ascendía a 935 y constituía el 31,3% del personal de la Fuerza Aérea. Aunque el porcentaje era significativo para esos años, las mujeres no tenían derecho al grado militar y desempeñaban exclusivamente tareas de apoyo: pilotos de pruebas, controladoras aéreas, mecánicas o instructoras. No obstante, en 1958, cuando Lovelace se puso a diseñar la misión del Mercury 7, descubrió que uno de los mejores historiales de la Fuerza Aérea correspondía a Geraldine Cobb, una mujer que a los 28 años llevaba 7.000 horas de vuelo y tres récords mundiales de aviación. Uno de los requisitos para formar parte de la misión era, como se ha dicho, ser hombre. Sin embargo, Lovelace encontró en Geraldine a la candidata perfecta; era tan diestra y resistente como cualquier astronauta hombre, y además su complexión se ajustaba perfectamente a los requerimientos de la nave, que contaba con un espacio mínimo para la tripulación y no admitía cuerpos que midieran más de 1,80 metros ni que pesaran más de 82 kilos. A todo eso se sumaba el dato crucial de que las mujeres consumen menos oxígeno que los hombres, y esto constituía una gran ventaja para esa misión donde cada gramo de oxígeno que se enviaba al espacio costaba alrededor de 77 dólares.



A Lovelace le pareció que éstos eran argumentos suficientes para incluir a pilotos mujeres en la convocatoria, y comenzó a trabajar con ellas en un grupo paralelo de 13 astronautas; el otro grupo, el de los hombres, había sido rápidamente constituido con los elementos más destacados de la Fuerza Aérea. Lovelace trabajaba, bajo una presión extrema, en un centro de investigación médica que él mismo había fundado en Albuquerque, Nuevo México, y que dos décadas más tarde, en 1979, quedó inmortalizado en la novela The right stuff, del escritor Tom Wolfe. La idea de que los rusos, luego del palo que había significado el vuelo de la perra Laika, consiguieran poner primero a un hombre en órbita aterrorizaba a los directivos de la NASA, entre otras cosas porque la conquista del espacio era una de las prioridades del presidente Dwight Eisenhower; tanto que mientras Lovelace confeccionaba su tripulación, otro departamento se ocupaba de poner en órbita la nave Little Joe II, que era la respuesta directa al Sputnik II, pero, en lugar de un siberian husky, llevaba a bordo un mono, de nombre Sam y sexo, por supuesto, masculino. Con esa misión, la NASA logró tratar de tú a tú a la URSS; ambos países habían mandado un organismo vivo al espacio, y en lo que trataban de dar el golpe definitivo enviando a un hombre, EE UU se puso temporalmente a la cabeza con el lanzamiento, unos meses más tarde, de la nave Little Joe I-B, que llevaba dentro un mono hembra con un nombre que reflejaba el superávit de testosterona que había entonces en la NASA: en lugar de llamarla Cindy o Rosy, los responsables de la misión le pusieron Miss Sam (Señorita Sam), en honor al mono macho que la había precedido.

A mediados de 1960, el doctor Lovelace, convencido de que en la tripulación del Mercury 7 tenía que haber mujeres, aplicó a un grupo de 14 la misma batería de pruebas físicas y psicológicas que a los hombres; como se trataba de pruebas muy arduas y sofisticadas, las candidatas tenían que desplazarse hasta el centro de investigación que tenía Lovelace en Nuevo México y hospedarse ahí durante varias semanas. Aquella estancia que para los hombres –todos oficiales de la Fuerza Aérea– era pura rutina, para las mujeres, que pertenecían al mundo civil, suponía un enorme sacrificio que les generaba dificultades con su familia y en sus trabajos. Geraldine Cobb, por ejemplo, era, además de piloto de caza sin grado militar, ejecutiva de una compañía que diseñaba piezas para el fuselaje de los aviones. El resultado de las pruebas confirmó lo que el doctor Lovelace había previsto: mujeres y hombres están igualmente capacitados para ser astronautas, pero también descubrió que las mujeres soportan mejor la presión psicológica y las angustiosas horas de soledad espacial a las que está expuesto un astronauta. Convencido de que la tripulación del Mercury 7 tenía que ser mixta, y sobre todo de que Geraldine Cobb, que era el astronauta más capaz que tenía la NASA, debía encabezar el proyecto, envío los resultados de su selección a George Low, que entonces era director de misiones espaciales.

Mientras la junta directiva deliberaba, los rusos asestaban el palo definitivo, un palo del que Estados Unidos no podría recuperarse hasta 1969, cuando Neil Armstrong pisara la Luna con sus botas: el cosmonauta Yuri Gagarin fue puesto en órbita en abril de 1961 y permaneció 108 minutos gravitando alrededor de la Tierra; aquella proeza se adelantó un mes al lanzamiento del Mercury 7, que con todo logró completar una misión exitosa que igualó nuevamente la carrera espacial. Al mando de la nave iba el astronauta Alan Sheperd, un destacado elemento que, además de ser el primer estadounidense que salió al espacio, fue años después el quinto hombre que pisó la Luna; el resto de la tripulación del Mercury, los otros seis, eran todos hombres. Las mujeres fueron finalmente descalificadas por la directiva; cada una recibió en su casa un telegrama, firmado por el mismo George Low, donde decía: “No sentimos, en este momento, que esto represente alguna ventaja para nuestro programa espacial”.



Dos años más tarde, en 1963, cuando Geraldine Cobb ya había colgado su traje de astronauta y se había convertido en una alta ejecutiva, los temibles rusos pusieron en órbita la nave Vostok VI, tripulada por Valentina Tereshkova, la primera mujer en la historia que salió al espacio; había sido elegida entre 400 candidatos, tenía 26 años y el nombre falso, y juguetón, de Chaika (gaviota en ruso). A pesar del precedente que estableció Chaika, la decisión de no incluir a mujeres en el programa espacial de la NASA se mantuvo hasta 1983, cuando Sally Kristen Ride protagonizó un acontecimiento que llevaba más de 20 años de retraso: en una misión de seis días a bordo de la nave Challenger, se convirtió en la primera mujer estadounidense en salir al espacio. Un año más tarde rizó el rizo de Tereshkova al convertirse en la primera mujer de la historia que caminó, durante 3 horas y 35 minutos, por el vacío espacial.

- El País -

martes, 19 de agosto de 2008

lunes, 18 de agosto de 2008

Testimonio de la brutalidad...


Marc Garanger, 1940
“Argelia, 1960. Fotos tomadas a mujeres argelinas para los documentos de identidad en los que se les quitó el velo a la fuerza por las autoridades francesas coloniales. Las fotos fueron usadas luego como testimonio de la brutalidad de la Guerra de Argelia.”

domingo, 17 de agosto de 2008

Así conseguí las fotos...



Así conseguí las fotos del sargento Bee en Afganistán

Es muy poco habitual encontrar una secuencia de fotos como la que captó el fotógrafo de Reuters Goran Tomasevic el pasado 18 de mayo en Afganistán. A través de su objetivo logró capturar el cruce de disparos entre el sargento estadounidense William Bee y un grupo de talibanes. Hoy, Tomasevic — un experimentado fotógrafo de guerra serbio — ha contado en la web de la agencia de fotografía para la que trabaja la historia que se esconde detrás de tan espectaculares imágenes.



Si no hubiera enfocado la cámara antes de que la bala chocara contra el muro, no habría podido reaccionar tan rápido como para tomar estas imágenes. Unos minutos antes, había estado 'haciendo el vago' bajo el calor abrasador del desierto de Afganistan, observando las filas de hormigas y preguntándome cuándo podría probar mi nueva lente de 24mm.

Se escucharon disparos desde fuera del perímetro en el que se encuentran los marines de los EEUU, que custodiaban el distrito de Garmsir, un bastión talibán en la provincia de Helmand, la mayor región productora de opio del planeta. Cogí mis botas y mis cámaras y corrí a ver lo que ocurría. Los marines habían localizado a algunos talibanes moviéndose a unos 200 metros de distancia del recinto. Eché un vistazo rápido por encima de la pared pero no conseguí ver ningún talibán. A continuación, los disparos comenzaron de nuevo. Los soldados abrieron fuego con ametralladoras pesadas; los talibanes contestaron con más disparos.

Después de haber cubierto media docena de guerras, estaba prácticamente seguro de que los disparos que habían impactado en el muro que estaba cerca de mí provenían de un rifle fabricado en Rusia, un Dragunov. Pensé que era mejor volver y ponerme unos pantalones. También cogí mis chalecos antibalas, un casco y un poco de agua. En cuanto salí fuera, los disparos comenzaron de nuevo.

El sargento William Bee estaba allí, con su fusil M-16. Le pregunté si los talibanes estaban disparando desde el mismo punto que antes. Él me respondió que sí e inmediatamente se levantó y apuntó con su rifle. De pronto, hubo disparos y Bee cayó al suelo. Dejé mis cámaras y salté encima de él. Examiné su cabeza y su cuello, esperando encontrar sangre, pero no había nada. Él seguía respirando pero estaba inconsciente.

Los médicos llegaron, lanzaron una granada de humo para poder colocarlo en una camilla y se lo llevaron. Yo cogí mis cámaras y lancé algunas fotografías más. Luego regresé para ver cómo estaba el sargento Bee. Fue su día de suerte porque no estaba herido grave.



En un primer momento, entre la adrenalina y la velocidad de los acontecimientos, ni siquiera supe si había llegado a hacer alguna foto a Bee en el momento culminante de la acción pero fue muy emocionante ver la secuencia de imágenes.

Puede que sólo se tratara de suerte, de esa que llega después de una paciente espera de horas, semanas — en este caso más de dos meses — comiendo, durmiendo y patrullando codo con codo con los soldados estadounidenes en Afganistán, compartiendo sus vidas y sus dificultades. He desarrollado un profundo respeto por estos jóvenes y por el modo en el que realizan su trabajo, de una manera muy tranquila y profesional pese a las terribles condiciones de vida y al peligro al que se enfrentan cada día.

Cuando envié las fotografías, aparecieron en periódicos y televisiones de todo el mundo. Al principio no dí el nombre del protagonista de la fotografía pero me encargué de dejar claro de que estaba bien.



Periodistas de todo el mundo me llamaron por teléfono, y también a mis editores, para preguntarme por el nombre del marine. Así que pregunté a Bee si me permitía revelar su nombre: me dijo que primero tendría que llamar a su mujer para decirle que estaba bien. Pero la esposa del sargento Bee ya había visto las fotografías a través de Internet y, por supuesto, había reconocido a su marido de inmediato.

"Estaba embarazada de más de siete meses y pensé que iba a dar a luz", comentó a un portal de noticias estadounidense. "Me decían que estaba bien pero no me lo creí hasta que conseguí hablar con él", recogía la página de FOXNews.com.

Ella describió a su marido como un "tipo con cara de póquer" que "vive para el ejército". También dijo que su marido le contó que se encontraba cambiándose de ropa cuando la compañía fue atacada con disparos. "Dice que se dio la vuelta e hizo lo que tenía que hacer".

Por GORAN TOMASEVIC (REUTERS)

sábado, 16 de agosto de 2008

Sensatez es...

Sensatez es saber reconocer en qué momento la batalla ha llegado a su término, y no perpetuar su agonía.

viernes, 15 de agosto de 2008

La historia de la fotografía...

Escribir, reescribir... pintar, fotografiar

Esta semana hemos chocado contra un titular que habrá hecho temblar al lector más sensible: 'La historia de la fotografía se reescribe'. Una frase que viene con sonido: el de una losa que cae y se destroza en el suelo, un pavimento granítico sobre el que queda esparcida la demoledora frase. Un temblor de gama alta en la escala de Richter. Un escalofrío propio de un verano-invierno sin otoño.

La fotografía no ha hecho otra cosa a lo largo de la historia que reescribirse. Fotografía es comunicación gráfica y su embrión hay que buscarlo allá atrás, en las cavernas. Desde entonces los cruces no han cesado, dando lugar a criaturas de aspecto diverso. Pintura y fotografía, fotografía y vídeo, vídeo y pintura, pintura y fotografía. Y así rotando a diario desde entonces. Información, opinión, reflexión, placer, inspiración... tanto para el emisor como para el receptor.

Vivimos un mundo de plataformas cruzadas y fronteras desdibujadas: el papel comienza a confundirse con internet, internet con la televisión y la televisión con el papel. Para quien dude de esto último que piense en la televisión a la carta. Un círculo vicioso en el que nuestra necesidad de etiquetar las cosas nos obliga a replantamientos continuos.



Nuestra imagen de la semana retrata a Heath Ledger, actor australiano que triunfó en Hollywood con su interpretación en 'Brokeback Mountain'. Ledger murió a principios de este año en su apartamento de Nueva York. El autor sitúa su melancólica mirada en el eje central, para luego dibujar mediante una luz lateral los detalles de su torso desnudo, sus tatuajes y la posición de los dos hombres que aparecen en la escena cubriendo sus bocas con el dedo índice, tal vez susurrando. Una bella foto. Por cierto, en realidad es un óleo hiperrealista que ha sido elegido esta semana como el retrato más popular en Australia en este momento.

- El Mundo -

jueves, 14 de agosto de 2008

Smoking is bad...


Ellos le dan al vicio
'Smoking is bad' muestra tres decenas de retratos de hombres famosos, en el acto íntimo de fumar

Los gestos, actitudes y momentos íntimos del acto de fumar protagonizan la exposición Smoking is bad ('Fumar es malo', en inglés), que desde ayer muestra tres decenas de retratos de personajes famosos con un cigarro en la boca en la sala de exposiciones de la Fnac de Callao, en Madrid, dentro del marco del Festival PhotoEspaña08.

Jeremy Irons, Mickey Rourke, Javier Bardem, Steve McQueen, Dennis Hopper, Brian Molko, Jean-Michel Basquiat, Brad Pitt y Gisele Bündchen son algunos de los actores que en los últimos 50 años han posado fumando para la revista GQ, que organiza la exposición y ha editado, además, un libro con las fotografías de artistas de la talla de Annie Leibovitz o Alberto García-Alix.

El punto de partida de la exposición es la caída en desgracia del tabaco como referente artístico en el cine y la fotografía. Este nocivo hábito ha funcionado durante décadas como icono de elegancia. Desde las caladas de Humphrey Bogart a los cigarrillos con boquilla alargada de Marlene Dietrich, el acto de fumar ha sido explotado por la industria de Hollywood y las tabacaleras para trasmitir una imagen de sofisticación y erotismo desde los años 50 y hasta hace pocos años.

Ahora que los peligros del tabaco han sido concretados por la ciencia médica, la industria del cine, según los organizadores de la muestra, busca un sustituto. La exposición Smoking is bad permanecerá abierta al público de manera gratuita hasta el próximo 1 de julio.

miércoles, 13 de agosto de 2008

martes, 12 de agosto de 2008

Vidas minadas...


Vidas minadas
La mozambiqueña Sofia Elface Fumo con su hija Alia (estas imágenes pertenecen a la exposición 'Vidas minadas, 10 años' que se inaugura el martes 27 en el Instituto Cervantes de Madrid, y al libro del mismo título publicado por la editorial Blume. Pertenecen a un proyecto fotográfico financionado por Intermón Oxfam, Médicos sin Fronteras y Manos Unidas, y cuenta con la colaboración especial de DKV Seguros)

lunes, 11 de agosto de 2008

Ponte...

Ponte las katiuskas y quítate el sombrero ante Glastonbury

Glastonbury es sin duda el paraíso de cualquier joven. Los mejores grupos de indie-rock del mundo se dan cita en el mayor acontecimiento musical de año. Pero para que el paraíso no se convierta en pesadilla hay un imprescindible que no debes olvidar en casa: las katiuskas. Y es que ya se sabe como se las gasta el verano inglés.

domingo, 10 de agosto de 2008

No hay peor decepcion...

No hay peor decepcion a que una esperanza te desilusione

Las portadas... 8


Las portadas que querían cambiar el mundo
¿Y qué opina Lois de las portadas de las revistas actuales? Al diseñador y publicista no le gustan nada. Son imágenes sin significado, rostros conocidos que acaparan cada centímetro de papel, dice. Las históricas que él creó (al menos, 31 de aquellas 92 memorables 'covers') podrán verse en el MoMA hasta el 31 de marzo de 2009.

viernes, 8 de agosto de 2008

Neil Young, la tormenta perfecta...


Tras el principal escenario de Rock in Rio, con las abarrotadas terrazas de comida rápida a lo lejos y la música bacalao retumbando de fondo, Neil Young llega cojeando apenas cinco minutos antes de la hora prevista para el comienzo de su concierto. Su presencia, en mitad de un backstage enorme y semivacío, radia la gracia de un anciano venerable, vestido de blanco y con sus greñas canosas. Parece bastante indiferente al ruido que se adueña de un festival de música que más bien parece un parque de atracciones, y al cruzarse con una campana gigante, que se esconde entre instrumentos como un trasto viejo, se para, observa y tañe con fuerza y orgullo lo que para el resto del puñado de personas que nos encontramos entre bambalinas con él no era más que un objeto a la espera de que se lo llevaran a otra parte. La sonrisa que refleja su cara es el mejor indicativo de lo que espera a todos sus oyentes cuando cruce las lonas negras.

A sus 62 años y tras superar un aneurisma cerebral, Neil Young da la sensación de estar bastante cascado pero es sólo la calma aparente que precede a la tormenta. Con más de 35 años de carrera profesional, es difícil encontrar un músico con su energía y dedicación al rock. Tiene una voluntad forjada con carretera, al estilo de los músicos de siempre, que sustenta como el gran pilar de un templo la inquietud y pasión inquebrantables que desprende su obra. Son añadidos que marcan la excepcionalidad cuando un artista como Young ya viene sobrado de talento y experiencia.

Miles de personas esperan la salida de Neil Young y su banda. Apenas quedan unos segundos. Al otro lado de las cortinas, el músico canadiense, acompañado de su esposa, Pegi Young, echa unos tragos a una cerveza que una mujer de su equipo ha preparado con cuidado para él, depositándola en un vaso y añadiéndola limón. Luego, besa a su esposa, que es corista del grupo, y grita al resto de componentes de la Electric Band: "Venga, vamos a por ello".

Sobre el escenario

El arranque es pletórico. Descarga de watios con la electricidad, una de las señas de identidad del músico, inundando el escenario. Young abre el concierto rastreando su pasado más prehistórico al recuperar Mr. Soul, una de las piezas más celebradas de su primera gran formación, Buffalo Springfield, con los que se dio a conocer como el indio en la psicodelia californiana de los sesenta. Luego, se acerca a su primera época con I've Been Waiting y la trepidante Cinnamon Girl. Las guitarras eléctricas se rasgan con contundencia, solos concisos y fraseos emocionantes. Al acabar Cinnamon Girl, Young tira la púa después de no parar de moverse por dos metros del escenario.

Spirit Road pierde fuelle. Como otros temas de su último álbum, Chrome Dreams II, parece pensada para su banda por excelencia, Crazy Horse. El sonido de la Electric Band es algo menos crudo y robusto. Sin embargo, el último grupo de Young es un conjunto de vieja guardia, que sabe acoplarse al espíritu indomable del canadiense. De espaldas al público, Young se dirige al resto de la banda. No está contento con el sonido de uno de los altavoces, que señala con el dedo repetidamente y se lo hace saber con gesto serio a Mark, el encargado de sonido que nunca pierde la sonrisa. Pese a todo, con Love & Only Love, de su brillante Ragged Glory, los torrentes a la guitarra arrastran a una cascada eléctrica y distorsionada. No deja de ser sorprendente ver a un hombre de su edad con esa fuerza. Por su nombre, Neil Young podría estar semiretirado, grabando duetos con estrellas del pop y colocando discos de grandes éxitos en las estanterías, pero fiel a su concepto artístico elige la vertiente de la coherencia. Hey Hey, My My es el himno de este sentimiento. El rock'n'roll nunca morirá, canta Young.

A la lista de temas eléctricos, le sigue una acertada selección de cortes más tranquilos, donde prima el uso del pedal steel por parte de Ben Keith. Así se comprueba en el clásico The Needle and The Damage Done. Antes ha interpretado Mother Earth, al piano, sin las guitarras de la versión en estudio y con la voz arrimándose al gospel. Tras Get Back To The Country, Words constata posiblemente la mejor virtud del combo: la capacidad para extender las canciones, el rollo de improvisación jam, más propio de un garito que de un escenario monstruoso como el de Rock In Rio.

El ejemplo máximo termina siendo No Hidden Path, abrasivo cierre final antes del único bis de la actuación, la preciosa A Day In The Life, tema original de los Beatles. No Hidden Path se alarga sin fin, es una epopeya, que recorre senderos eléctricos que se cruzan quemando el alma. Neil Young y la Electric Band se concentran en apenas cinco metros cuadrados, hacen círculo, se miran, se ríen y se pierden en su fiesta particular. Llevan haciéndolo desde el primer minuto de concierto. Young brinca en su particular modo de entender el rock. Con la noche cerrada y el termómetro por las nubes, ese pequeño espacio es el epicentro de la tormenta perfecta.


- EL PAIS -

jueves, 7 de agosto de 2008

La humillación...

La humillación, una parte de la desolación.

Las portadas... 7


Las portadas que querían cambiar el mundo 7
La cáustica mirada de 'Esquire' abordaba también otros temas polémicos. En pleno movimiento de los derechos civiles, llevó a su portada al primer Santa Claus negro. La escandalosa portada navideña de 1963 era el boxeador Sonny Liston (precisamente, el que había noqueado a Patterson), una irónica imagen de la creciente división racial del país. La portada hizo perder a 'Esquire' unos 750.000 dólares en ingresos publicitarios, aunque su éxito en los quioscos compensó las pérdidas. Durante los cuatro años posteriores, 'Esquire' ingresó unos tres millones de dólares al año. Su circulación anual pasó de 500.000 a dos millones y medio de ejemplares.

martes, 5 de agosto de 2008

Charles Manson escupe...


Charles Manson escupe al mundo su rock carcelario
El asesino de Sharon Tate cuelga en Internet su segundo disco

En 1967, a los 33 años, Charles Manson salió de la cárcel con el proyecto de convertirse en músico de rock, concretamente en el quinto Beatle. Aquella temporada en la prisión era la última de una larga serie que había comenzado cuando tenía nueve años de edad y fue condenado a tres por robo a mano armada. Su siguiente ingreso en la cárcel, en 1969, ya lo hizo como el asesino más famoso de su tiempo, como el líder espiritual de The Family, una secta de perturbados que irrumpieron en la escena mundial la noche en que asesinaron a la actriz Sharon Tate, que entonces era la mujer de Roman Polanski y estaba embarazada de ocho meses.

'One Mind' cuenta con dos versiones: 'políticamente correcta' y 'cruda'


La escena del crimen en el salón de la casa que estaba en el número 10050 de la calle Cielo Drive, en Los Ángeles, pegó directamente en la obra de The Beatles y en el corazón de sus fanáticos: como punto final de aquel crimen horrendo, los enviados de Manson escribieron en la pared las palabras Helter Skelter con la sangre derramada de su víctima.

Durante aquella temporada en prisión, la penúltima que terminó en 1967, Charles Manson cultivó tres obsesiones que serían la base teórica de su clímax criminal: la cienciología, el budismo y la obra de los Beatles (él mismo ha venido sosteniendo hasta la fecha, sin asomo de la menor autocrítica, que de haber tenido la oportunidad, hubiera sido mucho mejor que los cuatro de Liverpool).

"Sé que no podré adaptarme al mundo después de pasar toda mi vida encerrado en una celda donde mi mente puede viajar con libertad. Estoy bien aquí dentro, haciendo mis caminatas en el jardín y tocando mi guitarra", le dijo Manson al director de la prisión cuando salió por última vez.

Lo primero que hizo entonces fue coger un autobús a San Francisco y ahí, parapetado detrás de su guitarra, perpetuamente desafinada, se integró en una comuna y en unos cuantos días, a fuerza de canciones y discursos cienciológicos salpicados de budismo y autoayuda, se convirtió en el líder de una pandilla de hippies desastrosos que escuchaban con devoción su discurso mesiánico y aceptaban, ciegos de fe, las dosis de LSD que Manson, con el objetivo de reforzar su mesianismo, repartía entre su tribu.

Meses más tarde, Manson ya había formado su propia comuna y había conseguido un autobús en el que viajaban todos recorriendo California, con una economía fundamentada en el atraco y en el chanchullo, dándole vuelo a una altísima espiritualidad de túnicas largas y ojos en blanco, con sus dos inspiraciones: el ácido lisérgico y las canciones de su gurú.

De aquella tribu errante nació The Family, la banda que segaría la vida y la descendencia de Sharon Tate, la noche del 9 de agosto de 1969. Desde entonces Charles Manson cumple una condena de cadena perpetua en la prisión estatal de Corcoran, California. Es el preso que más correo recibe en Estados Unidos, tiene su página web (www.charliemanson.com) y una inconcebible legión de fans, y bandas como Guns N'Roses han coqueteado con la idea de interpretar sus canciones con tanta convicción que una de estas, Look at your game girl, aparece en un track oculto en el álbum The Spaghetti Incident, que apareció en 1993. A partir de entonces, no se sabe si por casualidad o por justicia divina, Guns N'Roses entró en una decadencia de la que hasta hoy no ha podido salir.

La ambición de ser músico sigue siendo capital para Manson; hace unos días, siguiendo el ejemplo de Radiohead, desde esa misma celda que ocupa hace cuatro décadas y a los 74 años de edad, colgó su nueva obra en Internet: One Mind, una colección de 16 cortes musicalizados con su guitarra desafinada. El sencillo de esta producción puede descargarse gratis en www.limewire.org; hay versión cruda y versión políticamente correcta, y el CD, que viene pintado por él mismo (otro talento del que tampoco se priva), se vende en www.familyjams.com.

En el disco, según Manson, hay "canciones, rap, conversaciones y trans-poetry", aunque en realidad el resultado es una maraña que campea entre la autoayuda, la reflexión cienciológica y el absoluto absurdo. La canción Angel's fear to tread empieza así: "Ésta es una canción sobre algo en lo que todavía ni he pensado". Si siente usted el impulso de comprar esta obra, deténgase un momento y piense en el horrible asesinato de Sharon Tate; después haga lo que le dicte su conciencia.

- El Pais -

lunes, 4 de agosto de 2008

Si tuviera que regalarte algo...

Si tuviera que regalarte algo, te regalaría un beso, y el Universo

Las portadas... 6


Las portadas que querían cambiar el mundo 6
La oposición de 'Esquire' a la guerra de Vietnam fue uno de los temas recurrentes de la revista durante aquellos años. Esta es una de las más impactantes. Tras esa imagen idílica, que pudiera recordar a esas imágenes americanas del clásico americano Norman Rockwell, se encuentra el responsable de la masacre de My Lai, en la que se mató a cientos de niños y mujeres. La orden la dio el hombre que sonríe junto a cuatro niños vietnamitas: William Calley.

sábado, 2 de agosto de 2008

Precursor del hiperrealismo...


Veintidós obras forman "Esculturas del sueño americano" en la que se recorren treinta años de la trayectoria artística del estadounidense Duane Hanson (1925-1996), uno de los escultores más reconocidos de finales del siglo XX y precursor del hiperrealismo. La exposición se puede visitar en el centro Arte Canal, en Madrid.

El protagonista es la persona
El tema principal de la obra de Hanson es la persona, porlo que para realizar la mayoría de sus esculturas elegía a un ciudadano medio, anónimo, de cualquier edad. "En otras ocasiones, como en "Medical Doctor" o en "High School Student", son sus propios hijos los representados". Esta mujer, de mediana edad, negra, con la mirada triste, retrata el cansancio y la frustración de buena parte de la clase trabajadora, de los "perdedores" que no han alcanzado el éxito social o económico.

Estereotipos de la sociedad americana
En su búsqueda de la singularidad de lo cotidiano, captura estereotipos de la sociedad americana de los años 70 a los 90 y recrea figuras de personas corrientes en actitudes tan comunes como la de los obreros en "Lunchbreak", escena creada a partir de todos los utensilios que compró a un grupo de obreros a los que llevó a su taller y convirtió en protagonistas de su obra; el "Policeman" que vigila la exposición o la limpiadora, representada en su ya emblemática "Queenie II".

El sueño americano, en cuestión
El sueño americano también esta puesto en cuestión en obras en las que trata la guerra del Vietnam, la masacre de Tian'anmen, el racismo o el aborto, como en "Abortion"(1965), la primera de las obras que se conserva de él ya que todas las anteriores las destruyó, en la que denuncia la muerte de mujeres a causa de abortos ilegales. Las esculturas de Hanson, salvo excepciones, se caracterizan por haber sido concebidas a tamaño real sobre modelos al natural, utilizando el vaciado en escayola, para ser moldeadas después en fibra de vidrio, polivinilo, bronce o resina epoxi y pintadas a mano.