lunes, 19 de octubre de 2009

Los 10 clásicos de culto según...



Los 10 clásicos de culto según el Times

1) ‘La trilogía de Nueva York’, de Paul Auster. Tres escritores-detectives o detectives-escritores se enfrentan a las paradojas sobre la creación y la relación entre realidad y arte con la Gran Manzana de fondo. Un experimento metaliterario en el que el narrador juega a ser narrado. La trilogía de Nueva York catapultó a Auster a la fama en 1987 y todavía ofrece nuevas lecturas.

2) ‘Noches de cocaína’, de J. G. Ballard. Nadie ha estado más dispuesto que Ballard a diagnosticar las patologías y adicciones del individuo moderno, ofreciéndose como conejillo de indias. El narrador de esta novela se encuentra atrapado en un ‘resort’ de vacaciones aparentemente idílico en donde una red subterránea dedicada a la satisfacción de placeres tiende sus tentáculos.

3) ‘El almuerzo desnudo’, de William Burroughs. ‘El deber de un escritor es de narrar el mundo como lo percibe’, dice Burroughs en el prefacio a la novela. El almuerzo desnudo es el recuento alucinatorio de la vida errabunda de un yonki, con sus obsesiones recurrentes sobre sexo, droga y los movimientos íntimos del cuerpo. Un paseo por el universo inquietante y repulsivo del hombre encerrado en su propia enfermedad.

4) ‘Generación X’, de Douglas Coupland. Un grupo de amigos treintañeros se reúnen para intercambiar historias e intentar dar con el sentido de su cultura acelerada. Publicada en 1991, Generación X fue el aglutinante de toda una serie de símbolos que ahora asociamos con la sociedad de la información. Coupland no sólo ha acuñado el término que da título a la novela sino otros como McJobs o Microsiervos.

5) ‘A Million Little Pieces’ (‘Un millón de cachitos’), de James Frey. En 1996 publicó esta novela presuntamente autobiográfica en la que narraba el infierno de su experiencia en centros de rehabilitación. Casi una década después se descubrió que todo era mentira y Oprah Winfrey acabó llorando en directo en su programa por haberlo recomendado. El libro se reclasificó como ‘ficción’ y se ha seguido vendiendo. No ha sido traducido al español.

6) ‘En el camino’, de Jack Kerouac. Para muchos la biblia del movimiento Beat. Un canto a la libertad y la espontaneidad poética, un libre flujo de conciencia que nos arrastra a recorrer los cuatro puntos cardinales de la geografía estadounidense.

7) ‘Bright Lights, Big City’ (‘Luces de neón / de la gran ciudad’), de Jay McInerney. Un relato de ‘yuppie’ de los ochenta en crisis, una suerte de ‘American Psycho’ sin violencia superflua. Es mas conocida por la película de 1988 que inspiró con Michael J. Fox de protagonista. Ha tenido al menos dos ediciones en español con variaciones en la traducción del título. Ambas están descatalogadas.

8) ‘El hombre de los dados’, de Luke Rhinehart (George Cockcroft). Un psiquiatra desencantado con su especialidad y frustrado por la liberalidad inconsecuente de los años setenta decide convertirse en ‘hombre aleatorio’, decidiendo sus actos por una tirada de dados. En el momento de su aparición causó un escándalo por lo explícito de la violencia y la sexualidad descrita, y por poner en la picota a la psiquiatría.

9) ‘El valle de las muñecas’, de Jacqueline Susann. Un caso extremo de confusión entre vida y obra. Susann, una joven aspirante a actriz en Los Angeles inmersa en un mundo de glamour, sexo, locura y drogas escribe un libro sobre aspirantes a actrices inmersas en un mundo de glamour, sexo, locura y drogas. El éxito fue inmediato y Susann consiguió su objetivo, convertirse en una estrella.

10) ‘Miedo y asco en las Vegas’, de Hunter S. Thompson. El creador del ‘periodismo gonzo’, en el que el escritor se toma a sí mismo y su experiencia como sujeto. Thompson se lanza al vacío con un estilo descarnado y mordaz a describir sus aventuras etílicas y psicotrópicas. Inventó una forma de hacer periodismo que se entralaza en su invasión de subjetividad con la literatura.

- Papel en Blanco -

domingo, 18 de octubre de 2009

viernes, 16 de octubre de 2009

Google se topa con...



Google se topa con el derecho de autor

Los responsables del gigante informático deberán compensar a los editores por no respetar el 'copyright' en su proyecto mundial de digitalización de libros

Catalogar y hacer accesible a todos los seres humanos el conocimiento que acumulan los libros era el sueño de los bibliotecarios de Alejandría, de los enciclopedistas franceses y, también, el delirio de Jorge Luis Borges en La biblioteca de Babel. Ese ideal, que poco a poco se va haciendo realidad mediante la digitalización y publicación de libros en Internet, se enfrenta a un obstáculo ineludible: los derechos de autores y editores.

Hace cuatro años el buscador informático Google, a través de su programa Google Books, empezó a digitalizar libros y a ofrecer online fragmentos de éstos, algunos protegidos por copyright. En octubre, tras dos querellas, el gigante informático se vio forzado a firmar un acuerdo millonario en EE UU para indemnizar a autores y editores. Aunque el acuerdo debe ser ratificado por un juez, los editores españoles han anunciado que reclamarán parte de los 34 millones de euros que el gigante informático ha puesto encima de la mesa como indemnización.

"Vamos a pedir parte de ese dinero. Un alto porcentaje de esos libros digitalizados en EE UU son nuestros. Nos tendrían que haber pedido autorización", señala el director ejecutivo de la Federación de Gremios de Editores de España, Antonio María Ávila. En el mismo sentido se expresa la presidenta de la Federación Internacional de Entidades de Gestión de Derechos de Reproducción, Magdalena Vinent, que también dirige CEDRO, la rama española de dicha organización: "CEDRO está en conversaciones con Google para facilitar el cobro de las indemnizaciones a nuestros socios".

La cuestión ahora es saber si Google quiere exportar el modelo estadounidense a España: "Quieren adaptar ese proyecto universal a Europa, pero las leyes aquí son radicalmente distintas", advierte Ávila. "Nos estamos jugando la sostenibilidad de la cultura y esto nos afecta a nosotros, aquí y ahora, pero también a las generaciones venideras", apunta Vinent desde CEDRO. El responsable del buscador de libros de Google en España y Portugal, Luis Collado, no tiene tan claro que su compañía vaya a extender el modelo: "dependerá de cómo resulte el acuerdo en Estados Unidos".

"Sus derechos podrían verse afectados por un acuerdo de demanda colectiva relacionado al escaneo y uso de libros y otros escritos por parte de Google". Así arranca la versión resumida en castellano del acuerdo que el gigante informático y los autores de EE UU han colgado en la página www.googlebooksettlement.com. En ella, los autores encuentran las instrucciones que hay que seguir para reclamar dinero por el escaneado y la publicación online de sus obras sin permiso.

Pese a este pacto judicial, Google no ha admitido nunca haber violado la ley. La compañía considera que la publicación de fragmentos protegidos por copyright es compatible con la noción de "uso justo" que recoge la ley de propiedad intelectual de EE UU. Pero el gran buscador de Internet señala que los 34 millones de euros son "un mínimo" y que está dispuesto a realizar "un pago adicional" para satisfacer a los propietarios de los derechos.

El ávido interés de Google en desbloquear a golpe de talonario su programa de digitalización y difusión de libros online encierra una poco disimulada estrategia de negocio a medio plazo. Ahora mismo, Google Books está trabajando en dos direcciones. Por un lado, está digitalizando libros de dominio público o descatalogados. En el caso de España, los de la Biblioteca Histórica Complutense y los fondos del Institut d'Estudis Catalans. A nivel europeo, el principal proyecto público es Europeana, auspiciado por la Comisión, y que en 2012 debe tener digitalizados el 4% de los fondos de dominio público de bibliotecas europeas.

Pero la clave está en los contenidos protegidos. Google está escaneando y difundiendo libros sujetos a derechos de autor. La compañía ha firmado acuerdos en España con más de un centenar de editoriales. Un 20% de los fondos que Google ofrece online están sujetos a derechos, afirma Collado. Uno de los fundadores del gigante informático, Sergey Brin, declaró a principios de mes en el International Herald Tribune que Google no piensa "necesariamente" en hacer dinero. Según él, el objetivo es "difundir y hacer accesible la información".

La compañía, no obstante, reconoce que hay un negocio potencial. Por un lado, las páginas de Google Books pueden ir acompañadas de publicidad (cuyos beneficios se reparten entre editores, autores y Google).

Por otra parte, a fuerza de escanear libros, la compañía está creando una ingente base de datos. Google no sólo digitaliza los libros: además les aplica un programa informático de reconocimiento óptico de caracteres (OCR, en sus siglas inglesas).

"Registramos todas las palabras, la sintaxis que contienen los libros", dice Collado. Esto permite que a través del famoso buscador los internautas puedan localizar cualquier secuencia de palabras en los libros digitalizados y también abre puertas a una gran variedad de negocios: "Las posibilidades de comercialización de esos contenidos son amplias. Ya tenemos libros en más de 100 idiomas. No descartamos hacer negocio en el futuro con esos contenidos", reconoce el responsable de Google Books en España.

El destino final de ese catálogo digital de los nuevos tiempos es claro: ordenadores portátiles, agendas electrónicas, teléfonos móviles y dispositivos para leer en formato digital (los llamados eBooks).

El nuevo negocio de la lectura sin papel

Desde los papiros egipcios a la Biblia de Gutenberg, pasando por los volúmenes en formato digital, el libro se enfrenta a un nuevo reto. "Llevamos oyendo lo de que el libro desaparece desde 1982", afirma el director ejecutivo de la Federación de Gremios de Editores de España (FGEE), Antonio María Ávila. Lejos de temer al formato digital, los editores lo han asumido con naturalidad. En 2007, más de 200 editoriales de las cerca de 900 asociadas a la FGEE publicaron obras en formatos distintos al papel; en total, el 10,5% de la facturación editorial anual que ronda los 3.000 millones de euros.

En áreas como los textos de Derecho, el formato digital supone ya el 55% de la facturación, según el informe La lectura en España de reciente aparición. "Estamos con un pie en la orilla de la cultura del papel y con el otro en la ribera de lo digital", señala Antonio Basanta Reyes, director general de la Fundación Germán Sánchez Ruipérez en la presentación de dicho informe.

Pero Ávila matiza: "No nos dan miedo las nuevas tecnologías, pero hemos visto los eBooks [dispositivos para leer en formato digital] y no nos acaban de convencer. Pueden venderte el aparato, pero sin contenido. El contenido es propiedad de los editores y autores".

También desde CEDRO, la organización española de gestión de derechos de reproducción, se insiste en que lo importante son las palabras, más allá del soporte. "No hay que olvidar que el valor del libro reside en su contenido. La forma de difundir el conocimiento tiene que adaptarse a las necesidades de los usuarios. Posiblemente habrá que desarrollar nuevos modelos de negocio, aunque estoy convencida de que los distintos modelos de negocio de la industria editorial podrán convivir sin ningún problema. Lo que realmente supone una amenaza es la falsa creencia de que las obras de creación son gratuitas, sobre todo si no existe el soporte papel", apunta la directora de este organismo, Magdalena Vinent.

En el sector público también son conscientes de la consolidación de un nuevo modelo de industria editorial: "Las bibliotecas deben hacer un esfuerzo para adaptar sus servicios a las nuevas necesidades y demandas de sus lectores en el entorno digital", señala Belén Llera, directora técnica de la Biblioteca Nacional.

- El País -

jueves, 15 de octubre de 2009

A la conquista...

La imprenta es un ejército de soldados de plomo con el que se puede conquistar el mundo.
– Johannes Gutenberg -

martes, 13 de octubre de 2009

Cuentos infinitos...



Cuentos infinitos

Hay casi tantos cuentistas como maneras de afrontar un cuento. Un buen relato queda en el lector hasta mucho después de terminar su lectura. El bicentenario de Edgar Allan Poe, pionero del cuento moderno, coincide con "un momento maravilloso".

Hace unos días, desayunando en el café de costumbre, me hice con el único periódico libre que quedaba en la barra. Eran ya casi las once y me sorprendió encontrarlo en buen estado. Empecé por el final, una entrevista. O, mejor, por una de las respuestas que un lector anónimo se había molestado en destacar envolviéndola en un trazo verde que recordaba a una nube. Hay gente que tiene la manía de garabatear en periódicos ajenos, y otra, entre la que me cuento, que no puede resistirse a mirar sus dibujos, subrayados o signos. El entrevistado era John Michael Bishop, rector de la Universidad de California, premio Nobel y autor de notables descubrimientos en el campo de la investigación médica. Me llamó la atención que, hablando de sus hallazgos, insistiera en la importancia de "seguir la nariz", algo que, en principio, no me pareció demasiado científico. Continué leyendo. "La nariz", en efecto, era una forma de nombrar la intuición, pero -como aclaraba enseguida- una intuición "que se alimenta de conocimientos racionales: de tantas cosas que no sabes que sabes. Y de repente... ¡conexión! ¡Los conectas! Te puede pasar en la ducha, en la carretera, o en el laboratorio, o en sueños...". El lector anónimo había subrayado en sueños. Miré alrededor. Dos oficinistas, el peluquero del barrio y un grupo de estudiantes extranjeros. Cualquiera de ellos, además de un bolígrafo verde, podía haber tenido un sueño revelador aquella noche. Y volví a la nube. A la respuesta de J. M. Bishop, la frase que, entonces me di cuenta, iba mucho más allá del campo de la investigación científica. Pensé en el cuento. Y pensé también que aquella frase me había gustado, mucho antes de saber que me había gustado.

Muy a menudo el proceso de escritura se asemeja a un largo pasillo en el que nos adentramos con cierta tranquilidad y paso firme

En el largo pasillo, se abren puertas, se adivinan ventanas, se dibujan altillos, o se presienten sótanos o pozos profundos

En el territorio del cuento suelen concurrir un montón de factores a menudo absurdos; por lo menos, contradictorios. El cuento no goza de la misma aceptación en todos los países, cosa sabida, ni tampoco del mismo respeto. A veces, incluso, en casos extremos, cuentistas y lectores -el lector juega un papel importante en lo que estamos hablando- tienen la sensación de pertenecer a una secta, una singular hermandad de iniciados protegida por infatigables estudiosos que desenvainan la espada a la menor ocasión en defensa del género. Aunque ¿quién lo ataca? Nadie, que yo sepa. Por lo menos abiertamente. Se trata, a lo sumo, de un silencio, de un "pasar por alto", de situar el género-cuento en un lugar más que discreto de unas hipotéticas estanterías. Y sin embargo ¡cuántas veces se rompe este silencio! A los novelistas se les pregunta por sus novelas. A los cuentistas por el cuento. Algo misterioso debe de tener el género para que haya dado lugar a tantas y tantas páginas sobre sí mismo. Y en los intentos de aproximación, en las numerosas "poéticas" -que, otra curiosidad, además de a los poetas, únicamente se nos pide a los cuentistas- encontramos una serie de premisas en la que casi todos los autores estamos de acuerdo. Hablamos así de esfericidad, del valor de la mirada, de la importancia de "lo que no se dice", de concisión, de intensidad, de economía, de equilibrio, o de que, posiblemente y a la postre, un buen relato es el que va más allá de la palabra "Fin" y persigue al lector hasta mucho después de haberlo concluido. Pero ahí empieza y acaba la concordia. Porque hay más. Y en esas tentativas de aproximación -palabra que prefiero a "definición", por lo que esta última pueda tener de carcelaria- siempre asoma algo que, de repente, nos aleja. No sabemos lo que es. ¿Y para qué saberlo? Tal vez en eso estribe la esencia secreta de un buen cuento. Un soplo, una presencia ausente que felizmente se resiste a ser encasillada. Algo muy semejante a una chispa, un fogonazo, la "conexión" de la que hablaba Bishop, y que puede ocurrir en cualquier momento. "En la ducha, en la carretera, o en el laboratorio, o en sueños...".

Es posible que tampoco en este punto estemos todos completamente de acuerdo. Existen casi tantos cuentistas como maneras de afrontar un cuento, e, incluso, si un autor nos abre su trastienda, nos percataremos enseguida de que cada relato ha obedecido a un impulso diferente. Sería absurdo pretender encorsetarlos. Hay cuentos que se escriben de un tirón, con una facilidad pasmosa, como si estuvieran dormitando en un lugar recóndito del cerebro y el autor, en funciones de amanuense de sí mismo, no tuviera más misión que arrancarlos de su letargo y transcribirlos. Otros, en cambio, actúan como auténticos secuestradores. Surgen de pronto, se instalan en nuestra cabeza, en el papel, en nuestra vida, malogrando el menor intento de deserción, conminándonos a entregarnos en cuerpo y alma, y dejándonos prácticamente sin aliento. Sólo al final, al término del cautiverio, volvemos a ser lo que fuimos y respiramos liberados. Cortázar, que conocía de sobra estos arrebatos, los llamó "cuentos contra el reloj", apreciación únicamente aplicable al género, porque parece más que improbable que, en ese especial estado de posesión, se pueda empezar y acabar una novela sin que el autor perezca en el intento. Pero no siempre la creación resulta tan rápida o compulsiva. Muy a menudo -y apelo ahora sobre todo a mi experiencia- el proceso de escritura se asemeja a un largo pasillo en el que nos adentramos con cierta tranquilidad y paso firme. Tenemos un objetivo en la mente y un itinerario en la mano. Creemos -de ahí nuestra aparente decisión- saber adónde vamos. Pero no está tan claro que así sea. Porque aunque, como dijo Borges, resulta "un gran alivio conocer el final", eso no implica que, forzosamente, lleguemos a donde nos habíamos propuesto. En el largo pasillo, a derecha e izquierda, en el techo o bajo nuestras pisadas, se abren puertas, se adivinan ventanas, se dibujan altillos, o se presienten sótanos o pozos profundos. Y el autor, muy dueño de seguir implacable el trayecto previsto, puede, al contrario, ceder a la tentación de curiosear, traspasar puertas, asomarse a ventanas, o preguntarse qué es lo que se oculta bajo sus pies o se esconde en el interior de los altillos. Corre el riesgo de perder el rumbo, cierto. O de perderse, en todos los sentidos. Aunque también es posible que, después de sus pequeñas incursiones, vuelva al plan originario y termine arribando a puerto enriquecido. O quizás el puerto -el "alivio" de Borges- no sea, como creíamos, el destino final, sino tan sólo una escala que deje entrever otro puerto. O una sucesión de puertos. Cuando esto ocurre -así, de pronto, sin previo aviso- el autor se siente como un mago que acaba de sacar un animal vivo de la chistera. Una paloma o un conejo que no recordaba haber escondido en el forro de la levita o en sus enormes bolsillos de doble fondo. Y se asombra, claro está. No podría ser de otra manera.

Pero no estoy hablando de magia ni de milagros, sino de algo tan simple como la chispa, el fogonazo; la súbita conexión con esas "cosas que no sabemos que sabemos". Y, sin embargo, allí están. Como en los bolsillos del prestidigitador olvidadizo, o como en la vieja e inhóspita posada española, minuciosamente descrita por Richard Ford, entre otros viajeros de talento, y rescatada por Jünger en las últimas líneas de su Visita a Godenholm. Nuestra posada es un cruce de caminos, un intercambio de historias y vivencias. Pero también un lugar de desabastecidas alacenas en el que los huéspedes, en definitiva, no encuentran "más que lo que traen consigo en su equipaje". Palabras que en su día me impresionaron, y que, si alguien husmeara en mis estanterías, descubriría todavía hoy subrayadas en rojo. En un tímido, respetuoso y cada vez más desvaído trazo de lápiz rojo. -

Cristina Fernández Cubas (Arenys de Mar, Barcelona, 1945) ha publicado recientemente el libro Todos los cuentos (Tusquets, 2008. 507 páginas. 24 euros), que reúne su obra de 25 años: veinte relatos de cinco libros -Mi hermana Elba (1980), Los altillos de Brumal (1983), El ángulo del horror (1990), Con Agatha en Estambul (1994) y Parientes pobres del diablo (2006)-, y El faro, homenaje a Edgar Allan Poe.

- El País -

lunes, 12 de octubre de 2009

Si planificas...

Si planificas para un año, siembra trigo.
Si planificas para una década, planta árboles.
Si planificas para toda la vida, educa personas.

- KWAN TZU -

sábado, 10 de octubre de 2009

Padres, no amigos...

Padres, no amigos

Colegas o 'hiperpadres', muchos progenitores viven el desconcierto de ver crecer a sus hijos huérfanos de modelo y de límites

El niño de seis años se encarama en el carro del supermercado mientras sus padres lo empujan y sortean estanterías. Es él quien dirige la compra y elige los productos que acaban en el carro. ¿Croquetas, pizzas, zumos? Para él es un juego, pero la decisión de compra está en sus manos. "Se le da un papel de adulto. Algo que se repite en otras situaciones diarias. No hay un modelo de autoridad saludable", señala Ana Sáenz, psicóloga vinculada al centro Marie Langer, especializado en ofrecer propuestas sobre malestares cotidianos. Sáenz reside en Bilbao, está integrada en la red de psicología Procesos Correctores Comunitarios (Procc) y colabora con colegios e instituciones. "Para crecer los niños necesitan sentirse seguros y autónomos, pero muchos padres desconocen las necesidades vitales de cada periodo. Se les exige mucho en ciertos aspectos y se les sobreprotege en otros", asegura.

No están ausentes, pero en ocasiones desertan. Muchos padres y madres, además de guardar en la cartera las fotos de sus hijos, tienen la sensación de llevarlos a cuestas. Suelen ser padres condescendientes, colegas en lenguaje coloquial, o hiperpadres. ¿Pero son padres y madres? No, son amigos, o animadores sociales y, si son perfeccionistas y tienen tiempo, profesores domésticos, pero no siempre ponen límites a los afanes consumistas y expansionistas de sus hijos. A no ser que su bolsillo flaquee, les violenta menos comprar un juguete o la maldita chuchería que repetir cada tres minutos en un tono sereno que no pueden tener todo lo que ven. Muchos tienen criterio, lo que no saben es decir que no sin enfadarse; otros pasan en pocas horas de ser padres modélicos a sentirse víctimas. "Prefiero no enterarme de algunas cosas para no estar todo el día de gresca", afirma el padre de una adolescente. "Paso del grito a la autocompasión y hasta empiezo a hablar sola por el pasillo", admite la madre de un chico preadolescente y otro al final de la ESO.

El modelo de padre y madre ha experimentado varios cambios en los últimos años, pero algunos han perdido el guión en medio del viraje. En algunas familias el padre o la madre son figuras desvaídas, fotocopias que podrían imantarse en la nevera junto a los recados urgentes. "Juan, mañana tienes examen de Cono... Estudia, no me seas vago". "Oye Vanessa, reina, si llevas una hora con la PSP, ahora no te pongas a bailar con la Wii, ¿eh?". Su papel es insustituible, pero a veces les resulta ingrato, grande, aplastante. Les cuesta ejercer y mantener cierta insobornable autoridad. Pero si ellos dejan de ser padres, sus hijos se quedan huérfanos y sin referentes, advierte Emilio Calatayud, magistrado del Juzgado número 1 de Granada.

En el otro extremo, o mezclado con ese modelo amable, se encuentran los hiperpadres, arquitectos mentales de completos currículos de futuro para sus vástagos. Pintura, música, baloncesto. ¿Qué más? Algunos parecen estar examinándose cuando juegan con sus hijos. ¿Lo están haciendo bien? Todo les parece poco. ¿Todo por sus hijos, pero sin sus hijos? "¿Qué clase de niños quieren?", pregunta Sáenz. "El modelo que se les propone es el de la sociedad de consumo, aquello que funciona. Por ejemplo, se niega la pubertad, etapa en la que salen afuera y se despiden de su infancia. Se busca que pase cuanto antes y se adelanta la adolescencia por influencia de la televisión. Se les roba así parte de su niñez y se les empuja a adoptar un prematuro rol juvenil". En definitiva, dan bandazos e incluso adoptan ellos el papel de niños, haciendo como que lloran o imitando sus rabietas, apunta Sáenz. "¿Qué autoridad muestra un adulto que actúa así? Algunos niños pueden pensar: '¿Y éste es el que me cuida?".

Carmen Loureiro, psicóloga de Nexo y colaboradora del Centro Abierto Tomillo, en Madrid, piensa que "el denominador común entre los padres es la culpabilidad". Gracias a esa culpabilidad proliferan las escuelas para padres en colegios o gabinetes psicológicos. El vacío es tal que José Antonio Marina acaba de crear una universidad para padres virtual.

Nunca hubo padres tan informados, pero algunos siguen cursillos y hasta exploran en Internet foros educativos. En especial cuando sus hijos llegan a la ESO. "Mereció la pena mientras fue pequeño. La fiesta acabó con la adolescencia", afirma una madre. La clave la da Alicia Fernández-Zúñiga, psicóloga y directora del Instituto de Lenguaje y Desarrollo (ILD), en Madrid: "Lo que no hagas cumplir antes de la adolescencia será imposible exigirlo después".

"Yo soy padre de mis hijos, no su colega", dice el juez Calatayud. "Por temor a ser autoritarios nos da miedo decir no", continúa. Emilio Calatayud reconoce que es más fácil ser juez que padre. "Hay que poner límites a los hijos desde el primer minuto de vida. Luego cuesta más", avisa. A veces los padres se descuidan y el chaval díscolo acaba en el juzgado. "Hay un empeño en judicializar todo, pero por suerte el 80% de los jóvenes que cometen delitos no son delincuentes", explica. Se refiere a chicos que han cogido una moto ajena, han cometido un pequeño robo o han participado en una pelea. Suele imponerles castigos en beneficio de la comunidad, sea el cuidado de discapacitados o la limpieza de espacios públicos. Quiere que sean conscientes de sus actos y que entiendan que hay que ser solidarios y no depredadores. Se convierten así en voluntarios forzosos durante un tiempo. En algunos casos, la sanción incluye sacarse el graduado escolar o terminar la enseñanza obligatoria. La mayoría no reincide. Un 20% entra en una espiral peligrosa.

"Claro que hay que poner límites claros y sencillos. Muchos niños no calculan bien las consecuencias de sus actos, no tienen perspectivas. No podemos renunciar a señalar límites en situaciones cotidianas", opina Carlos Espinosa, docente e inspector de Educación en Málaga. "Estoy a favor de las sanciones integradoras y no de los castigos desintegradores", prosigue. "Echarle de clase si molesta sólo sirve para que el chaval pierda el tiempo, pero encargarle que recoja las pelotas del patio, o de todas las pilas del colegio para llevarlas a reciclar, sí es útil", agrega. Espinosa es coautor del libro Los niños y jóvenes del tercer milenio, y sostiene que los alumnos son cada vez más espabilados y curiosos, aunque no conecten con el saber formal o no siempre sean buenos estudiantes.

Al igual que el juez Calatayud, Espinosa ha tratado tanto a muchachos de ambientes marginales como a chicos malos de buenas familias. Entre unos y otros hay abismos, advierte, aunque coincidan en los juzgados. Los primeros crecen entre carencias y son rebeldes, "pero van por otros derroteros", dice. Los hijos de clase media que maltratan a niños y ancianos sin que sus músculos se alteren son maestros de la simulación y suelen ser más peligrosos. "Con muchos de ellos las técnicas educativas fracasan, son maltratadores, y hay que combinar distintas terapias", sostiene.

"Hay una tendencia a dejar hacer", reconoce Alicia Fernández-Zúñiga. "Pero es preciso establecer unas pautas y cumplirlas. Está demostrado que los niños que siguen unas normas crecen más seguros que los que carecen de ellas. Los que no las incorporan se vuelven más tiranos, no más seguros", señala. Fernández-Zúñiga observa que el cachete es ya algo infrecuente. Lo que percibe en muchos padres es cansancio, pensar: "Pero si tiene de todo...". En los talleres de padres que imparten en su centro, más de una vez ha convocado a abuelos y cuidadoras. "Estas últimas pasan mucho tiempo con los niños, sin tener autoridad y en ocasiones criterio". Sería interesante plantearse una escuela de cuidadoras y no sólo de padres, comenta.

Emilio Calatayud registra desde hace unos cuatro años un incremento de violencia familiar protagonizada por menores, así como grabaciones de peleas entre compañeros en el móvil, como si fuera un hito. Percibe también una mayor participación de niñas en episodios violentos dentro del ámbito familiar. Y al mismo tiempo, situaciones de violencia de género en primeras parejas. "En alguna ocasión ha habido que dictar órdenes de alejamiento de sus ex novias a chicos de 14 o 15 años", reconoce.

El juez piensa que en la todavía joven democracia española "se insiste más en derechos que en deberes, lo que favorece todo tipo de contradicciones, hasta caer en el absurdo". No entiende cómo se le ha condenado a la madre de Jaén que pegó a su hijo de 10 años a un año de alejamiento. "Supongo que la condena se ha fundamentado en el artículo 173, pero quizá habría que volver a redactarlo. Está muy bien corregir sin atentar contra la integridad física, pero también hay que ejercer de padre o madre", sostiene.

Un abeto entrelazado de guirnaldas. Felicidad de familia numerosa con chimenea. Los anuncios navideños transmiten un tipo de familia tradicional que ha dejado de ser mayoritario. Las familias de un sólo adulto con uno o dos hijos o las numerosas a fuerza de reconstituidas son tan reales como las otras. "El desconcierto de muchos padres se agrava porque ellos mismos están en precario con su proyecto de vida o con su pareja", afirma Sáenz. "A muchas mujeres, a pesar de haber separado su doble condición de madres y trabajadoras, les cuesta separarse de sus hijos por motivos laborales", añade. Por su parte, Carmen Loureiro recuerda que "el estrés, la inmadurez emocional de los padres y la confusión entre las necesidades de los niños y las que nosotros les atribuimos, confluyen en reprimendas inútiles que lastran la verdadera comunicación. Algunos fantasean sobre cómo deben ser sus hijos y se frustran si no cumplen sus expectativas. Olvidan que un niño necesita sentirse aceptado y saber que el amor de sus padres es incondicional", agrega.

"Es útil saber y poder decir no sin que te cause trauma, y explicar a tus hijos que no son raros por no tener Play", afirma Mariana Peláez. Asistió a un taller de padres del centro Marie Langer a través del colegio Siglo XXI de Madrid al que acuden sus dos hijos. "Surgen temas que nos interesan y se escenifican conflictos sin contar nada íntimo", añade. Francisco Javier Santaella, director de una entidad financiera, y su esposa, padres de tres hijos, han seguido en Andalucía un taller similar. "Hubo un antes y un después tras el taller", asegura. "Al casarte todo parece idílico, pero con los hijos surgen contradicciones", admite.

"La falta de conciliación está en la raíz de los problemas", opina una experta en educación de la Fundación Tomillo que trabaja ahora con hijos de inmigrantes. "Con 12 años, hay niños que pasan la tarde solos, o con una cuidadora. Los niños aprenden a través de modelos y si no lo encuentran en sus padres traspasan al grupo de iguales sus expectativas. Las habilidades comunicativas de los padres son decisivas: su actitud cuenta tanto como sus palabras. Sin embargo, muchos llegan cansados después de relacionarse con sus compañeros y sus habilidades aparecen menguadas".

Los niños son esponjas y captan cada gesto, recuerda Loureiro. "No están peor educados que antes, lo que sucede es que hay que dirigir sus emociones desde la motivación", concluye.

APRENDIENDO A SER PROGENITORES

- Hijos y padres tienen igual dignidad, afirma Jesper Juul (Los valores para la familia de hoy. Maeva), pero no son iguales. Los niños necesitan el liderazgo de sus padres. Un faro que emita señales claras y reguladoras.

- Con niños poco dispuestos, más que iniciar una batalla campal por los deberes, hay que fragmentar tareas: "Ahora estudiamos, luego hacemos algo que te guste, y volvemos a estudiar", sugiere Alicia Fernández-Zúñiga.

- "Se lo he dicho ya..." Hay que repetir con firmeza (y sin ira), lo que esperamos de los niños.

- Nuestros abuelos decían siempre "no" (por seguridad) y los padres de hoy "sí" (por seguridad), señala Juul. Hay que decir "sí" o "no" por convicción.

- Las familias españolas apenas reconocen conflictos. Un 23,7% forma un núcleo unido; un 42,9%, coexiste de modo pacífico, y un 15% es problemática (Estudio Gerardo Meil/La Caixa).

- El País -

viernes, 9 de octubre de 2009

Ya sabes...


"Ya sabes, la capacidad para tener al mismo tiempo dos ideas contradictorias en la cabeza es señal de inteligencia"
- Alicia Erian: "Abrázame" -

miércoles, 7 de octubre de 2009

El amor es química...


El amor es química... y algo de amistad

Las hormonas definen el calendario amatorio: la testosterona dispara el deseo y la oxitoscina mantiene la fidelidad

El amor se suele considerar indefinible, porque unos lo ven con Freud como una sublimación del sexo, otros con Fromm como una de las bellas artes, y otros le aplican la palabra al gato. Pero ¿y si los tres tienen razón?

La antropóloga Helen Fisher, de la Universidad de Rutgers en Nueva Jersey, se basa en sus experimentos de imagen cerebral (por resonancia magnética funcional) y en el resto de la evidencia disponible para defender una definición tripartita del amor. Primero el impulso sexual indiscriminado, una fuerza autónoma que desata la búsqueda de pareja en cualquier acepción del término; luego la atracción sexual selectiva; y por último el cariño, el lazo afectivo de larga duración que sostiene a las parejas más allá de la pasión.

Son tres procesos cerebrales distintos, pero interconectados. Y tienen una profunda raíz evolutiva común, porque su balance controla la biología reproductiva de las especies. El impulso sexual, la primera fase del amor, está regulado por la testosterona (masculina) y los estrógenos (femeninos) en el común de los mamíferos, más bien por la testosterona en los primates, y casi exclusivamente por la testosterona en el Homo sapiens.

Los hombres con más testosterona en la sangre tienden a practicar más sexo, pero también las mujeres suelen sentir más deseo sexual alrededor del periodo de ovulación, cuando suben los niveles de testosterona. El declinar de esta hormona con la edad va asociado a la reducción de todos los tipos de libido, incluidas las fantasías sexuales.

La testosterona no se relaciona con los gustos preferenciales, sino más bien con los genéricos. Los psicólogos del Face Research Laboratory de la Universidad de Aberdeen, Reino Unido, acaban de demostrar, por ejemplo, que los altos niveles de testosterona -incluso en el mismo hombre, cuando varían en distintos momentos- se correlacionan con su gusto por los rasgos de la cara asociados a la feminidad, en genérico, como ojos grandes, labios llenos, etcétera. De modo similar, muchos estudios han mostrado que los juicios de las mujeres sobre el atractivo masculino están afectados por los niveles de las hormonas sexuales.

Varios experimentos han cartografiado las zonas del cerebro que se activan al enseñar a los voluntarios una serie de fotos de contenido erótico explícito. Aunque los resultados son complicados, una de las activaciones más reproducibles y proporcionales al grado de excitación sexual declarado por el sujeto es el llamado córtex cingulado anterior. En un experimento independiente, esta misma zona resultó activarse cuando el equipo del voluntario metía un gol, una coincidencia que admite varios tipos de interpretación. O tal vez ninguna.

La segunda fase es el amor romántico, el amor en sentido clásico de la palabra enamorarse. Es un rasgo humano universal, y su característica definitoria es la atracción sexual selectiva. Por esta razón, los etólogos creen probable que el amor humano haya evolucionado a partir del ritual de elección de pareja, o cortejo de atracción típico de los mamíferos. Parece confirmarlo el hecho de que, en casi todos los mamíferos, ese cortejo se caracteriza por un notable despliegue de energía, persecución obsesiva, protección posesiva de la pretendida pareja y belicosidad hacia los posibles rivales.

Pero hay una diferencia. "En la mayoría de las especies", dice Fisher, "el ritual de elección de pareja dura minutos u horas, como mucho días o semanas; en los humanos, esa fase temprana de intenso amor romántico puede durar de 12 a 18 meses". Un año y medio para elegir pareja, ya está bien con el ritual de cortejo.

Según han documentado los antropólogos en 147 sociedades humanas, el amor romántico empieza "cuando un individuo empieza a mirar a otro como algo especial y único". Luego el amante sufre una deformación perceptiva por la que agiganta las virtudes e ignora las sombras del otro. Las adversidades estimulan la pasión, las separaciones disparan la ansiedad.

Son los signos de un alto nivel de dopamina en los circuitos del placer del cerebro, y así lo han confirmado los experimentos de imagen. Por ejemplo, enseñar a un voluntario una foto de su amada activa las rutas de la dopamina en los circuitos del placer. Estos circuitos guían gran parte de nuestro comportamiento -ni comer nos gustaría si no fuera por ellos-, y son los mismos que se activan en el ritual de cortejo, o de elección de pareja, de la mayoría de los mamíferos.

La hipótesis de Darwin era que las hembras elegían a sus parejas basándose en su "sentido innato de la belleza", pero la situación, al menos en la especie humana, parece haber sufrido todo tipo de complicaciones. El equipo de Steve Buss, de la Universidad Estatal de California en Fullerton, ha demostrado que el mismo hombre les parece más deseable a las mujeres si aparece rodeado de mujeres que cuando aparece solo, o rodeado de otros hombres. Por el contrario, una mujer pierde puntos ante los hombres si aparece rodeada de otros hombres. La interpretación no está muy clara, pero aquí hay algo que parece escapar del mero romanticismo. Hay otra componente más en en la elección de pareja. Cuando los investigadores preguntan a grupos de estudiantes heterosexuales cuáles son los atributos que más valoran para formar una pareja, cada estudiante parece buscar los mismos rasgos que se atribuye a sí mismo en un test independiente.

Pero el amor romántico, con ser larguísimo en el ser humano, no suele durar más allá de un año o año y medio, y los cachorros de nuestra especie están completamente inválidos a esa edad. Hace falta otro mecanismo que prorrogue los lazos afectivos, y lo hay. La pista vino de dos especies de topillos.

El topillo de la pradera (Microtus ochrogaster) tiene un comportamiento familiar intachable. Las parejas son fieles hasta que las muerte las separa, e incluso el 80% de los topillos no vuelven a contraer matrimonio tras enviudar. Los dos cónyuges colaboran sin rechistar en el cuidado de la prole, y suelen vivir con los suegros en paz . Todo lo contrario que su especie hermana, el topillo de la montaña, Microtus montanus: hoscos, enclaustrados en sus madrigueras individuales, traidores con sus parejas; los machos no cuidan de la prole en absoluto, y las hembras abandonan a las crías a las dos semanas de parirlas.

Larry Young, de la Universidad de Emory, descubrió que la buena fama de Microtus ochrogaster sólo es cierta como promedio: muchos topillos de la pradera son fieles y empalagosos, en efecto, pero otros son tan traicioneros y correosos como sus primos de la montaña. Ello le permitió hallar que la causa de esas diferencias entre individuos es un solo gen que evoluciona muy deprisa. El gen fabrica el receptor de la vasopresina.

La vasopresina es una hormona capaz de alterar el comportamiento, pero necesita acoplarse a un receptor situado en las neuronas para ejercer sus efectos. Los topillos que llevan una versión muy activa del gen tienen mucho receptor de la vasopresina en el cerebro, y por tanto son fieles y empalagosos. Los que llevan una versión poco activa tienen poco receptor y por tanto son traidores y malencarados.La versión de alta actividad predomina entre los topillos de la pradera -de ahí la buena fama de la especie-, y la de baja actividad es la norma entre los primos de la montaña, pero cada topillo es un mundo.

Los científicos empezaron a analizar ese gen en las personas y a comparar sus variantes con sus perfiles psicológicos. También añadieron a sus investigaciones otro gen similar que tiene también la capacidad para evolucionar muy rápido, el del receptor de la oxitocina.

Los dos genes están relacionados con la oxitocina y la vasopresina, dos hormonas que afectan al circuito del placer (o de la recompensa) cerebral. Estas hormonas actúan a través de unos receptores situados en las neuronas de esos circuitos. Los dos genes clave fabrican el receptor de la oxitocina y el receptor de la vasopresina.

Hasse Walum y sus colegas del Instituto Karolinska, en Estocolmo, han estudiado recientemente a 552 pares de gemelos o mellizos, y a sus parejas. Han analizado su gen avpr1a (el receptor de la vasopresina) y los han sometido a pruebas para evaluar sus "índices de calidad en la relación marital" y de "vinculación con la pareja". El 32% de los hombres con el gen variante permanecen solteros (frente al 17% con el gen estándar), y todos sus índices de "calidad marital" y vinculación afectiva son significativamente menores.

Cuando una topilla de la pradera recibe una dosis cerebral de oxitocina, se siente vinculada de inmediato al macho que esté más cerca en ese momento, y de forma perdurable. En humanos se ha hecho una prueba similar, pero con dinero. Un equipo de economistas y psicólogos suizos demostró que una simple inhalación de un aerosol de oxitocina hace que la gente confíe más en los extraños y, por ejemplo, les preste mucho más dinero en una situación ficticia (pero con dinero real puesto por el voluntario).

Ambos genes evolucionan muy deprisa y producen variantes (alelos) de mayor o menor actividad, con efectos similares a aumentar o disminuir la cantidad de las hormonas. Ya se ofrecen por Internet productos como Enhanced Liquid Trust basados en la oxitocina, "diseñado para mejorar el área de citas y relaciones en tu vida".

Pero el amor se parece mucho al amor propio. Lisa DeBruine, de la Universidad McMaster de Ontario, reclutó hace unos años a un grupo de voluntarios para jugar por Internet a una especie de dilema del prisionero. Cada voluntario podía ver en el ordenador la cara del otro jugador, y sólo con eso tenía que decidir si compartía con él su dinero o intentaba hacerle una pifia. La pifia, en realidad, se la había hecho DeBruine a todos los voluntarios, porque al otro lado del ordenador no había nadie. El supuesto jugador no era más que un programa, y las caras habían sido generadas por métodos informáticos. El resultado fue que la mayoría de los voluntarios había decidido compartir su dinero candorosamente cuando la cara del otro jugador era... ¡la suya propia!

Si hay una cuarta fase del amor, lo más probable es que esté al otro lado del espejo.

- El País -

martes, 6 de octubre de 2009

Ser algo...

Todos somos parques temáticos.

– Tyler, escribiendo con rotulador en billetes (Planeta Champú, Douglas Coupland) -

domingo, 4 de octubre de 2009

¿Por qué se mata...

¿Por qué se mata un escritor?

La última promesa de la literatura americana, David Foster Wallace, se quitó la vida hace un par de semanas. A partir de este caso, el escritor colombiano analiza qué ha significado el suicidio para muchas otras figuras de las letras.

Se dice, con más razón que sorna, que el único riesgo profesional de los poetas es el suicidio. No sé si hay estadísticas, pero tengo la impresión de que los escritores se suicidan más, proporcionalmente, que los mortales de otras profesiones. Si hago un rápido censo mental, muchos nombres se me vienen a la mente desde la antigüedad hasta hoy, mujeres y hombres: Safo, Lucrecio, Séneca, Silva, Larra, Woolf, Salgari, Trakl, Lugones, Mishima, Pizarnik, Hemingway, Plath, Márai... Y el pasado 12 de septiembre, la gran promesa de la narrativa estadounidense, David Foster Wallace, a quien hallaron ahorcado en su casa; un novelista de 46 años que ya en otras ocasiones había pedido que le protegieran de su propia pulsión de quitarse la vida.

Primo Levi le dedica el sexto capítulo de Los hundidos y los salvados al suicidio de Jean Améry. Dice Levi que "su suicidio, como todos, admite una nebulosa de explicaciones". Esa misma nebulosa se ha empleado después para tratar de explicar el suicidio del mismo Levi, llevado a cabo -al parecer- más para evadir la enfermedad que para huir de las pesadillas memoriosas de Auschwitz. Ocurrió en 1987, aunque con la ambigüedad que muchos suicidas prefieren, de modo que las familias puedan aferrarse a la duda de un accidente: se precipitó por el hueco de las escaleras del edificio donde vivía, en el barrio de La Crocetta, en Turín, sin dejar carta de despedida.

Por estos días se celebró el centenario del nacimiento de Cesare Pavese, otro homicida de sí mismo, en la misma ciudad del norte de Italia. Esto me llevó a releer páginas de su diario. Ahí, al final, y poco antes de que se matara, dejó escrito: "Los suicidas son homicidas tímidos. Masoquismo en vez de sadismo". Maupassant, que se murió por enfermedad un año después de intentar suicidarse, lo definió de un modo casi inverso: "El suicidio es el sublime valor de los vencidos". La última entrada de Pavese, el 18 de agosto, me ha dado siempre escalofríos: "Sin palabras. Un gesto. No volveré a escribir".

Pavese murió en la soledad de un cuarto de hotel, pero hay escritores a los que no les gusta suicidarse solos. Heinrich von Kleist cambió varias veces de novia hasta que al fin una, Henrriette Vogel, aceptó quitarse la vida con él, a orillas del lago Wannsee, cerca de Berlín. El lugar es hoy un sitio de peregrinación. Se trata de un rincón apacible, bucólico, como si los románticos escogieran con gusto incluso el sitio de su muerte. Otros suicidas en compañía fueron Arthur Koestler y Stefan Zweig. El primero se fue del mundo en un pacto con su tercera esposa, Cynthia Jefferies. También Zweig lo hizo con su mujer, Lotte Altmann, en Petrópolis (Brasil), donde se había refugiado de las persecuciones a los judíos durante la II Guerra Mundial. El suicidio de Koestler, otro judío perseguido por los nazis, obedeció más a sus convicciones a favor de la eutanasia: estaba enfermo de párkinson y leucemia.

Albert Camus, que murió en un accidente sin ningún viso de suicidio, dejó escrito lo siguiente al principio de El mito de Sísifo: "No hay más que un problema filosófico verdaderamente serio: el suicidio. Juzgar si la vida vale o no la pena de que se la viva es responder a la pregunta fundamental de la filosofía".

Algunos escritores, más que cartas, dejan libros completos sobre su ánimo. Henri Roorda terminó Mi suicidio poco antes de matarse. Allí dejó escrito: "Amo enormemente la vida. Pero para gozar el espectáculo hay que ocupar una buena butaca, y en la tierra la mayoría de las butacas son malas". Antes de matarse, Jean Améry escribió un libro extraordinario sobre el suicidio (Levantar la mano sobre uno mismo) donde explica que la primera lógica de la que escapa el suicida es la del axioma vitalista "la vida es el bien supremo". Si esto se niega -"la vida no es el bien supremo"-, o si en determinadas circunstancias la vida es lo contrario, un gran peso y un gran mal, se entenderá mejor el salto que dan, que deben dar, los suicidas. Su mundo no es nuestro mundo. Así lo dijo Wittgenstein en uno de sus aforismos: "El mundo de quien es feliz es otro distinto al mundo del que es infeliz". El suicida, al darse una muerte libre, voluntaria, quiere hacer cesar ese mundo para él infeliz.

Por no entender este pensamiento elemental (que a veces la vida no es buena), los Estados y las religiones han perseguido durante mucho tiempo el suicidio, calificándolo de delito y de pecado. En algunos países, incluso, se llega al absurdo de castigarlo con la pena de muerte. Toman el cuerpo exánime del suicida, lo cuelgan y lo exponen al escarnio público, para que aprendan.

De alguna manera, la Iglesia, al prohibir que los suicidas fueran "enterrados en sagrado", castigaba con la pena del destierro (del cementerio) a los suicidas, considerados como "discípulos de Judas". Su posición, por suerte, se ha vuelto más compasiva.

Hay quienes se matan tranquilos, planeándolo; otros, en un arranque de autodestrucción. Unos, sobrios; otros, drogados. El poeta Juan Manuel Roca desaconseja que nos matemos borrachos: "Es el problema del alcohol; alguien puede suicidarse y al día siguiente no acordarse de nada". Es un chiste, pero podría no serlo. Un gran experto inglés en suicidios literarios, A. Álvarez, intentó suicidarse, borracho, una noche de Navidad. Se despertó tres días después sin acordarse de nada, pero con la sensación de que ya sería para siempre un suicida frustrado. También él escribió un estudio estupendo, El dios salvaje.

Creo que la raza de los escritores suicidas, pero indecisos, se ha inventado otro tipo de estrategia para no matarse, y para ni siquiera intentarlo. Me refiero a los escritores que, en vez de dar el salto, trasladan el propio suicidio a sus personajes. Así hizo Shakespeare con Ofelia, Romeo y Julieta; Goethe, con el joven Werther; Tolstói, con Anna, y Schnitzler, con el subteniente Gustl. Es raro, pero si uno suicida a alguien en un libro, se experimenta una muerte que de alguna manera sacia la ansiedad por la propia muerte. Lo sé por experiencia propia.

Otros, en cambio, se despiden con ira. Me gusta la furia final de Chatterton: "Adiós, Bristol, inmunda ciudad de ladrillos. / Amantes de la riqueza, adoradores del engaño". Piensa uno en los ladrillos de nuestras ciudades, y lo entiende. Supongo que si el cuerpo no tiene el buen gusto de morirse a tiempo, uno tiene el deber de matarse. Pero mientras llega ese instante de lucidez en las tinieblas habrá que seguir viviendo, aunque tal vez con el mismo sentimiento de culpa que escribió una vez Thomas Bernhard: "Nada he admirado más durante toda mi vida que a los suicidas. Me aventajan en todo. Yo no valgo nada y me agarro a la vida, aunque sea tan horrible y mediocre, tan repulsiva y vil, tan mezquina y abyecta. En lugar de matarme, acepto toda clase de compromisos repugnantes, hago causa común con todos y cada uno, y me refugio en la falta de carácter como en una piel nauseabunda pero cálida, ¡en una supervivencia lastimosa! Me desprecio por seguir viviendo".

- El País -

sábado, 3 de octubre de 2009

Peligro futuro...

La peligrosidad es intrínseca al futuro. Los más notables avances de la civilización son procesos que casi aniquilan a las sociedades en cuyo seno se producen.
– Alfred North Whitehead, matemático y filósofo -

jueves, 1 de octubre de 2009

Cómo hacerse millonario...



Cómo hacerse millonario

El empresario estadounidense Robert Kiyosaki dice tener el secreto para que el dinero se multiplique. Y lo comparte con el mundo en un libro, 'Padre rico, padre pobre', que ha sido un fenómeno en su país. Sus enseñanzas llegan a España en plena crisis.

Todos llevamos un millonario dentro". Desde luego, el autor de esta frase es rico. Y no sólo eso, está empeñado en transmitir el secreto de su piedra filosofal a todo aquel que compre su libro. El gurú de las cuentas corrientes plagadas de ceros se llama Robert Kiyosaki, un americano de origen japonés, criado en Hawai, que ha impartido lecciones en juegos de mesa, libros, conferencias y programas televisivos. Eso sí, unas enseñanzas a medio camino entre la economía y la autoayuda. Asegura que la llave, o al menos parte de ella, está encerrada en las páginas del libro Padre rico, padre pobre (Aguilar), un superventas que resistió entre los cinto títulos más vendidos en Estados Unidos durante cerca de seis años y que ha sido traducido a una veintena de idiomas.

Érase una vez un niño cuyo padre ostentaba un doctorado de la Universidad de Stanford y ocupaba un alto puesto en el área de educación del Gobierno del Estado de Hawai. El niño confiesa que eran "pobres". Él quería ser rico como sus compañeros de clase. Junto a su mejor amigo decidió hacer dinero por su cuenta. La fabricación de monedas fundiendo tubos de pasta de dentífrico, evidentemente, no prosperó. Sin embargo, el padre de su amigo vio en aquella aventura de la pareja de escolares mucho potencial. Tenían carne de millonarios, sólo necesitaban una buena educación. El tipo de formación que no ofrecen las universidades ni las escuelas. Se trataba de ir un paso más allá. Aquel chiquillo era Robert Kiyosaki, y el funcionario pobretón, su padre biológico. El rico, que encabeza la mitad del título del exitoso libro, es su mentor, su héroe, el padre de su amigo. Su identidad es aún una incógnita en la que se ceban los detractores del multimillonario autor.

No cabe duda de que Kiyosaki le ha sacado partido a su primer hit. Ahí está la larga lista de títulos que le han seguido. Entre otros: Padre rico, padre pobre para adolescentes; Padre rico, padre pobre, historias de éxito; Padre rico: ¿quién se llevó mi dinero?; Hermano rico, hermana rica -escrito con su hermana, una monja budista- o Mujer rica, la aportación a la biblioteca de su esposa Kim Kiyosaki. Al verla en vivo, cabe pensar si Barbie fue el modelo que inspiró su obra sobre mujeres con fortuna. El encuentro con ella y su esposo tiene lugar en el hotel Michelangelo de la Calle 51 de Nueva York a principios de invierno. Rubia, con media melena, un bronceado uniforme y una dentadura tan blanca que serviría para un anuncio. El matrimonio Kiyosaki tiene centralizado su negocio en Phoenix, Arizona, donde pasan gran parte de su tiempo. Allí está el cuartel general de Rich Dad (Padre Rico), una empresa en la que trabajan una treintena de personas. Viajaron a Nueva York el pasado diciembre para encontrarse con su socio y amigo, el magnate Donald Trump, coautor junto a Robert del libro Why we want you to be rich (Por qué queremos que te hagas rico), publicado hace un año. Robert mide más de un metro ochenta. Viste vaqueros negros y un jersey en tonos oscuros. Luce, como su esposa, un perfecto bronceado. Y como a ella, le gusta sonreír. "La primera vez que vine a esta ciudad a estudiar aviación traje mis camisas hawaianas. Se pensaron que era gay", comenta divertido.

Apenas un mes después de la victoria de Obama y en pleno tsunami financiero, Kiyosaki plantea su balance del estado de la cuestión y hace gala de su pragmatismo. Vaya por delante que a él la política no le interesa. Por si no ha quedado claro, Kiyosaki insiste en que lo suyo es el dinero. En él concentra su energía. "Para entrar en política necesitas tener un carácter especial. A mí no me gustan los políticos, ni Obama, ni McCain", asegura. "Me gustan los empresarios". Ya. Michael Bloomberg suena a ejemplo perfecto. ¿Y Berlusconi? "Bueno, es que él es italiano", sonríe de nuevo Robert.

Kiyosaki no altera su tono al hablar de la crisis financiera. "La peor de la historia", dice. "No han invertido, han jugado a las apuestas contando dinero que no tenían". Señala la Reserva Federal de Estados Unidos como el punto negro del sistema. "Ése es el verdadero problema. Aquí se imprime tanto dinero como considere necesario la Secretaría del Tesoro y se exporta la deuda. Por eso el sistema se ha colapsado".

Deuda, desempleo, congelación de créditos... Kiyosaki asegura estar a salvo. ¿Su receta? Buscar inversiones que reporten beneficios en efectivo. Sólo le interesan los cheques que llegan a su buzón. No quiere complicaciones. "A mí me gustan las cosas tangibles, terrenales, no los asuntos abstractos. Yo quiero ver y tocar. Soy dueño de mis negocios". ¿Y el mítico espíritu emprendedor americano? "El tema de las compañías es un universo distinto. Mi cuadro mental no está en eso", explica.

Las excentricidades de Kiyosaki, sus caprichos, se reducen a una notable colección de relojes y otra de armas. Le gusta cazar. Habla bravucón de su experiencia en Vietnam como de una cacería de hombres, y ni siquiera este tema quiebra su perenne sonrisa. "Regresé hace dos años con mi mujer", confiesa. "Quería hacer las paces con la historia".

Para escándalo de más de un blogger, la cuantía de su fortuna sigue siendo un misterio. A Kiyosaki no le gustan los pleitos. Tampoco la publicidad de sus cuentas. Asegura que oro, petróleo y mercado inmobiliario son su santa trinidad. Busca las áreas geográficas que mejor se ajustan a su estilo de hacer negocios. "Hay Estados que tienen una legislación que controla las subidas de los alquileres, y en Arizona no es así", asegura. "En Phoenix son muy pronegocio; puedes echar a un inquilino en cinco días, algo impensable en lugares como California, Hawai o Nueva York". A continuación, algunos puntos clave para acercarse a su credo:

1. LA ESCUELA DE LA VIDA. Para Kiyosaki todo es cuestión de educación. O, más bien, de lo que él considera las carencias del sistema educativo. Esto fue lo que inspiró su trabajo. Un buen día decidió rellenar esos flagrantes agujeros.

¿Carrera universitaria? ¿Brillante expediente académico? Craso error, dice. "Los adultos deben enseñar a los niños de otra manera. Los profesores no pueden enseñar lo que no saben. Ellos son pobres, están desvalidos y desesperados", afirma convencido. "Bill Gates y Henry Ford dejaron la universidad. El sistema educativo es bueno para la formación de una persona, pero no lo es tanto para los negocios".

2. LA RUINA ES UN BUEN PRINCIPIO. ¿Arruinado? ¿Desahuciado? Pues, según Kiyosaki, si te pilla a buena edad, éste puede ser el principio de una fulgurante carrera en las finanzas. Él ha estado en la ruina absoluta varias veces. "Lo perdí todo, pero era joven y tuve tiempo de recuperarme y de aprender la lección", dice. Con el paso de los años y el éxito de sus libros, el recuerdo de aquellas crisis es francamente positivo. "Todo el mundo tiene problemas económicos. Yo lo he perdido todo tres veces, pero fueron las mejores experiencias de mi vida". Cuenta que la primera vez contaba con 28 años. "Fue por no declarar. Me costó seis años recuperarme. La segunda vez tardé sólo dos. Me hice más listo", cuenta. ¿Algún consejo para aquellos que afrontan hoy su primera ruina? "Lo único que puedo decir es: 'Ten fe, aguanta, ya sabemos que no es fácil'. Los que salgan adelante: atención, no cometan los mismos errores".

3. LA CARRERA DE LA RATA. ¿Empleo fijo? ¿Nó­mina mensual? Según Kiyosaki, ese dinero fijo, el contrato de asalariado, es la puerta de entrada de lo que él llama "la carrera de la rata". Quizá en estos tiempos de crisis y de desempleo, para muchos, esta ruta perdida, sea más bien una autopista hacia el cielo. Da igual que se trate de un abogado en un lujoso bufete o de una cajera en un supermercado, Kiyosaki lo deja claro: un sueldo fijo por cuenta ajena es un grave impedimento para hacerse millonario.

Hay que aprender a maximizar las cuentas. El objetivo fundamental es hacer que el dinero trabaje para uno y olvidar la idea de trabajar para obtenerlo. ¿Están los trabajadores de su empresa Rich Dad en esta carrera de la rata también? Kiyosaki sonríe, él se ha preocupado personalmente de que no sea así: "No les doy plan de jubilación, sino directamente el dinero para que lo inviertan ellos mismos. Si te dan las cosas hechas no aprendes, y siempre hay que seguir aprendiendo".

4. EL DINERO, CONTANTE Y SONANTE. Antes de emprender su aventura editorial, Kiyosaki inventó un juego de mesa para explicar sus principios: Cashflow. Sobre el tablero, la carrera de la rata de la que los jugadores deben intentar salir a golpe inversiones. El balance ha de ser positivo y el dinero contante. "Yo soy un inversor de efectivo. Sólo quiero saber cuánto me va a rentar cada día", dice. "Puedes tener un millón de dólares en ahorros, como salario, como valor estimado o como efectivo. La gente que ha sido barrida en esta crisis, que ha perdido un millón de dólares, lo ha perdido en la Bolsa. Yo tengo mis ingresos mensuales de mis inversiones". Reconoce que tiene una pequeña cantidad en Bolsa. El resto, negocios pequeños. "Yo quiero un cheque todos los meses. Sin trabajar. Tiene que haber efectivo. Sólo quiero saber cuánto me va a rentar cada día".

5. DIME CON QUIÉN ANDAS. Una importante y complicada lección que conviene aprender cuanto antes es la relativa al binomio socios-negocios. Una de las experiencias más duras a las que Kiyosaki ha tenido que hacer frente ha sido un largo proceso judicial con Sharon L. Lechter, la coautora de Padre rico, padre pobre. "Ahora soy extremadamente cuidadoso a la hora de seleccionar a la gente con la que quiero hacer negocios. Por ejemplo, mi mujer, que es extremadamente inteligente", dice.

¿Y qué tiene que tener el socio ideal? "Lo primero es ver su historial, ver cuántos negocios ha sacado adelante. Luego, siempre tienes que contratar a un abogado que vigile a tu abogado. Hay que desconfiar de quienes dicen ser honestos y lo subrayan. Probablemente están escondiendo algo, son unos tramposos", concluye.

6. EXPLOTA AL MILLONARIO QUE LLEVAS DENTRO. Él está convencido de que todo el mundo puede hacerse rico: "Cualquiera. Dentro de cada uno de nosotros hay un hombre rico, uno de clase media y uno pobre". ¿Y qué es lo que les diferencia? "El rico quiere que el dinero trabaje para él, el de la clase media dice que el dinero no es tan importante, y el pobre quiere que le den dinero". La ambición es clave. Conviene fijarse objetivos. "Lo más importante es tu cabeza, es tu principal valor. Si no cambias tu manera de pensar siempre serás pobre".

'Padre rico, padre pobre' está editado por Aguilar.

- El País -