domingo, 20 de diciembre de 2009

Qué demonios mantienen a España...

¿Qué demonios mantienen a España clavada en la fe del pasado? La falta de fe en el futuro seguramente.

- "Tokio ya no nos quiere" de Ray Loriga -

sábado, 19 de diciembre de 2009

La gran cronista de la...




La gran cronista de la Gran Depresión

Una exposición reúne en Madrid las imágenes tomadas por la fotógrafa Dorothea Lange para documentar el drama del hundimiento económico de EE UU en los años treinta y cuarenta





Son éstos tiempos de recesión, de colas en las oficinas de empleo, de cierres de empresas, de ejecuciones hipotecarias, de familias al borde del abismo financiero. No han faltado voces que han comparado -un augurio que aún no se ha cumplido- la situación con la Gran Depresión. Todo empezó entonces -como ahora- con un estallido financiero, el crack del 29. Pero el hundimiento de la economía estadounidense en la década de los treinta se vio agravada por crisis profunda que experimentó el sector agrícola, asolado por un cóctel infernal de sequía, tormentas de arena y una imparable mecanización del campo que reducía a marchas forzadas los brazos necesarios. Todo ello provocó el éxodo de unas 300.000 personas desde estados como Arkansas u Oklahoma hacia el Oeste. Una fotografía de 1936, la Madre migrante, tomada por Dorothea Lange (Hoboken, 1895 - San Francisco, 1965), se ha convertido en el icono de una de las épocas más duras de la historia de Estados Unidos. Es una de las imágenes que se expone en la muestra Dorothea Lange. Los años decisivos hasta el próximo 26 de julio en el Museo Colecciones ICO de Madrid.






Lange fue uno de los fotógrafos contratados por el gobierno de Franklin D. Roosevelt como parte de sus programas incluidos en el New Deal (medidas impulsadas por el Estado para estimular la economía), explicaba el pasado lunes Oliva María Rubio, comisaria de la exposición. En 1935 se creó la Resettlement Administration (RA), que luego se convertiría en la Farm Security Administration (FSA), para paliar la pobreza rural. Uno de sus programas consistió en contratar a los mejores fotógrafos del momento, además de Lange, Walter Evans, Arthur Rothstein, Carl Mydans, Ben Shahn, Russell Lee, Howard Lieberman y Edwin Locke, para documentar la grave situación del campo y sensibilizar así al resto de los estadounidenses. "Aunque el programa tenía una clara intención política, e incluso propagandística, los años de la depresión produjeron algunas de las mejores fotografías de la historia", señala Rubio. En el caso de Lange, señala, siempre quiso que el contenido prevaleciese sobre la forma, "pero era una gran fotógrafa y ha dejado imágenes de gran belleza".





La exposición recorre, a través de 138 imágenes, lo que Rubio considera los años decisivos de Lange y que la copnvirtieron en "una de las grandes documentalistas del siglo XX": su trabajo en los años treinta y cuarenta. Nacida en Nueva Jersey, lo que pretendía ser un viaje por todo el mundo acabó en San Francisco, tras ser víctima de un robo. Allí estableció un estudio donde se dedicó a retratar a clientes acomodados. Eran los primeros años treinta y la depresión ya sacaba sus garras. "No tuvo más que asomarse a su ventana para empezar a verlo", dice Rubio. Fue entonces cuando salió a la calle con su cámara y empezó a retratar las colas de los comedores de beneficencia, las manifestaciones del Primero de Mayo, las huelgas, los vagabundos. Fueron trabajos que realizó por su cuenta, como Huelga general, Reunión en la calle, San Francisco, 1934 o Cola del pan en White Angel, 1933, que llamaron la atención de Paul Schuster Taylor, economista que se convirtió en su segundo marido y con el que realizó uno de sus trabajos más importantes, An american exodus. A record of human erosion, publicado en 1939. Un documento histórico que tiene su equivalente en Las uvas de la ira, publicado por John Steinbeck en 1939 y que un año más tarde llevó al cine John Ford.





Pero Lange también fue testigo de otro episodio, esta vez vergonzoso, de la historia de Estados Unidos: la evacuación y traslado forzoso a campos de internamiento de casi 120.000 japoneses de primera, segunda y tercera generación tras el sentimiento antinipón que desencadenó el ataque a Peral Harbour el 7 de diciembre de 1941. La cámara de Lange registró todo el proceso: la publicación de la ley, el abandono de los hogares, la liquidación de los negocios, el traslado y la vida en el centro de Manzanar (California), uno de los diez que funcionaron entre 1942 y 1946. Muchas de estas imágenes fueron censuradas por el ejército de Estados Unidos y se vieron por primera vez en 2008 con la publicación del libro Impounded: Dorothea Lange and the censored images of Japanese Americans internment (Incautado: Dorothea Lange y las imágenes censuradas del internamiento de japoneses-americanos).

Dorothea Lange. Los años decisivos. Museo Colecciones ICO. Hasta el 26 de julio. Entrada gratuita.

- El País -



viernes, 18 de diciembre de 2009

La fórmula del regalo ideal...


La fórmula del regalo ideal

Un psicólogo británico asegura haber conseguido una ecuación para elegir el mejor presente navideño

Las luces de Navidad se encienden, los niños entran en ebullición y los padres, angustiados, ya sienten en el cogote el aliento urgente de Papá Noel y de los Reyes Magos. A cada paso y en todas las cadenas televisivas surgen pocoyós sonrientes, ferraris teledirigidos, agresivas muñecas, sofisticados juegos electrónicos... Máquinas imponentes, en fin, que suelen aparecer con un aviso escondido, casi invisible, pero aterrador: 'Más de 50 euros'.

Para orientarse en esta selva de estímulos, un psicólogo británico, Cliff Arnall, ex profesor de la Universidad de Cardiff (Gales), ha querido ofrecer a los atribulados Magos de Oriente una guía «científica» para elegir el mejor regalo. Arnall dice haber conseguido lo imposible: condensar esa maraña de sentimientos, deseos, dinero y alegría navideña en una fórmula matemática. Se trata de asignar un valor numérico del 1 (el mínimo) al 5 (el máximo) a las siguientes características del presente: si permite jugar solo (Pi); si admite otros jugadores (Po); si estimula la creatividad (Cr); si desarrolla la interactividad social (S); si es fácil de transportar (U), y si puede ser heredado por los hermanos menores (H). Estas seis variables deberán sumarse a otra ecuación más vistosa: la que resulta de dividir por la raíz cuadrada del precio (C) la multiplicación de las horas semanales que suponemos que el crío dedicará al juguete (T) por el número de meses que creemos que le interesará (L). El total es, según Arnall, el valor real del regalo.

El esfuerzo del psicólogo británico, que asegura haber entrevistado a 5.000 padres, ha merecido los honores de la prensa popular inglesa (el 'Mail' o el 'Telegraph') y el escepticismo irónico -cuando no la ira- de los periódicos serios, como 'The Guardian'. Mientras unos saludan esta ayuda en tiempos de crisis, otros se ríen de la subjetividad de una fórmula que suma peras con manzanas. Y los más puntillosos airean los fallos del ejercicio de Arnall: si un juguete es gratis, da igual el valor que asignemos a las demás variables, ya que el resultado final siempre será infinito. Muchos padres, sin embargo, coincidirán en que infinito es el valor justo de un juguete que no cuesta dinero.

La mejor fecha, el 19 de junio

La pasión de Arnall por las fórmulas imposibles viene de lejos. Hace años saltó a la fama por proponer sendas ecuaciones para determinar «científicamente» el día más triste y el día más alegre del año. Para ello redujo a números conceptos como el tiempo atmosférico o la excitación por las vacaciones y, tras algunas sumas y restas, acabó por fijar dos fechas: el tercer lunes del mes de enero es el colmo de la melancolía; y el 19 de junio es un continuo éxtasis. Lo más sospechoso es que todas estas heroicidades matemáticas suelen estar patrocinadas: una firma de helados pagó la investigación para buscar el día más feliz, y una empresa de juguetes ha hecho lo propio con su última fórmula. Y, por si las moscas, la Universidad de Cardiff aclara que ya no tiene nada que ver con Arnall. Pero si se acerca el 6 de enero, su hijo va por el cuarto folio de la Carta a los Reyes y usted sigue sin decidirse entre un pocoyó sonriente o un ferrari teledirigido... cualquier ayuda sirve. Coja la calculadora y a ver qué sale.

Pi+Po+Cr+S+U+H+ (TxL/raíz cuadrada de C)= Valor del juguete



- www.nortecastilla.es -

jueves, 17 de diciembre de 2009

Cuando uno está en Tokio...

Cuando uno está en Tokio, Tokio está por todas partes.
- "Tokio ya no nos quiere" de Ray Loriga -

martes, 15 de diciembre de 2009

El rostro del...



El rostro del asesino, cuatro décadas después

Difundidas las últimas imágenes de Charles Manson, el líder de la secta que mató a siete personas, entre ellas la actriz Sharon Tate, en Estados Unidos


A la izquierda, una imagen de Charles Manson durante su juicio en 1971 y a la derecha, la última foto del líder de la secta que asesinó a siete personas en 1969- AFP

La cárcel estatal de California ha distribuido una fotografía actualizada del líder de la secta de culto La Familia, Charles Mason. A sus 74 años, Manson cumple cadena perpetua por la muerte de siete personas, entre ellas la actriz Sharon Tate y la heredera de una importante compañía estadounidense de café, Abigail Folger, en 1969.

Una portavoz del Departamento de Corrección y Rehabilitación de California ha informado de que esta foto forma parte de las actualizaciones periódicas que se realizan a los presos para sus expedientes.

- El País -

lunes, 14 de diciembre de 2009

No es, en medio del amor...

¿No es, en medio del amor, el amor mismo lo que uno m{as teme?.
- "Tokio ya no nos quiere" de Ray Loriga -

sábado, 12 de diciembre de 2009

El placer de...


El placer de dibujar con lápiz y pincel

Siempre se ha dicho que dibujar tebeos es una ocupación casi monacal, que obliga al autor a un retiro en silencio absoluto, sólo acompañado de su lápiz y papel. Un retrato que en estos tiempos de photoshops, internetes, ratones y tabletas gráficas es más una foto del pasado jubilada por la realidad: los jóvenes creadores de historietas se lanzan hoy -con bastante lógica- a disfrutar de las grandes ventajas otorgadas por el uso de las computadoras, para desgracia de los coleccionistas de originales que tendrán que conformarse en el futuro con un misérrimo disco o, peor, con un intangible correo electrónico con adjunto. Por eso sorprende que Paco Roca (Valencia, 1969, www.pacoroca.com) siga dibujando a lápiz, haciendo callo en el dedo y manchándose de tinta con el pincel. Lo hace en su casa, en un pequeño y luminoso recodo del salón de una antigua finca baja, de esas pocas que sobreviven manteniendo la personalidad del barrio de Jesús, aun cuando se sepan casi engullidas por la cercanía futura de eso que será el Parque Central de Valencia. Sobre la mesa, sólo un tablero inclinado sobre el que apoyarse y un bote de cristal lleno de lápices. El ordenador está, sí, pero sin molestar mucho y un poco escondido, como único recordatorio de estar ya en el siglo XXI. "Lo utilizo para dar color y, sobre todo, para buscar documentación gráfica". Las cosas de lo digital, que sustituye a las hileras de libros que llenan sus estanterías: "Antes compraba un libro sólo por ver cómo era el traje de un soldado, ahora lo busco en Internet". Dibuja en casa porque una cosa es el trabajo y otra los cómics. Por desgracia, de las historietas no se come en este país por muchos premios nacionales que se ganen, así que tras varias horas dejándose las pestañas en la pantalla como diseñador gráfico, lo que le pide el cuerpo es dibujar por el placer de dibujar, en la tranquilidad de su hogar. Quizá por eso los tebeos de Paco Roca tienen siempre una impronta personal indefinible, que bien podría ser la que da enfrentarse a la página en blanco con una taza calentita de café y un poco de suave jazz de fondo.

En la mesa quedan un montón de bocetos, anotaciones y los primeros esbozos de una de las páginas de su próximo trabajo, Emotional Tour, que está haciendo mano a mano con Miguel Gallardo, con el que coincidió y compartió en muchas ocasiones esa locura que fue "el año de Arrugas (Premio Nacional del Cómic 2008)".

- El Pais -

viernes, 11 de diciembre de 2009

El ruido de mi miedo es...

El ruido de mi miedo es como siempre demasiado grande y por eso no la escucho.
- "Tokio ya no nos quiere" de Ray Loriga -

miércoles, 9 de diciembre de 2009

Rimbaud, más allá de su leyenda...



Rimbaud, más allá de su leyenda

Las cartas inéditas del poeta, casi unas memorias, descubren su faceta más íntima

Para Albert Camus era "el más grande de todos", y Patti Smith lo consideraba "el primer poeta punk". A Arthur Rimbaud (1854- 1891) le bastó un libro, Una temporada en el infierno, para convertirse en mito. Tenía 18 años y poco después decidió que la literatura había muerto para él. Quería vivir todas las vidas. Y, aunque murió a los 37 años de un cáncer de huesos, casi lo consiguió. Prometo ser bueno: cartas completas (Barril & Barral) reúne la correspondencia completa del poeta. Misivas autobiográficas que revelan los miedos y anhelos en la desesperada voz de un hombre condenado a errar, que viajó incansablemente, fue profesor, mendigo, explorador, comerciante, traficante de armas y hasta miembro de un circo. La desamparada huida de un poeta cuyas consignas visionarias -"Yo es otro", "Hay que ser absolutamente moderno", "La verdadera vida está ausente"- le convirtieron en el gran mito de la rebeldía adolescente. Lejos de esa imagen, su correspondencia, iné-dita hasta ahora en España, descubre a otro Rimbaud. Más íntimo y alejado de la leyenda.

Inquieto, irascible e insensato, también añoró sentar la cabeza. En 1883 confiesa a los suyos el deseo de tener una familia: "Isabelle [su hermana] se equivoca con su decisión de no casarse si alguien serio y experimentado se presenta, alguien con un futuro. La vida es así y la soledad es mala cosa. Yo echo de menos el estar casado y tener una familia. Pero estoy condenado a errar [...] ¿De qué sirven estas idas y venidas, estas fatigas, estas aventuras junto a razas extranjeras, estas lenguas con las que uno se llena la memoria y estas penas sin nombre si no puedo, pasados algunos años, descansar en un lugar que me guste, encontrar una familia y tener un hijo con el que pasar el resto de mi vida, educándolo como quiera, crear y armar la instrucción más completa que alguien pueda esperar, y que lo vea convertirse en un ingeniero prestigioso, un hombre rico y poderoso gracias a la ciencia?".

Y en 1889, el poeta muestra un apego familiar impropio del mito: "Mi querida mamá, mi querida hermana: al mismo tiempo que me excuso por no escribiros más a menudo, aprovecho para desearos un feliz año 1890, una buena salud. Sigo muy ocupado y me comporto lo mejor que soy capaz mientras me aburro mucho, mucho. Recibo también pocas noticias vuestras. Sed más prolijas y no dudéis que soy vuestro servidor".

Atrás quedan la rabia y el entusiasmo de sus cartas a Paul Verlaine, amante, que cansado de su joven y embarazada mujer huye con él y le llama "el hombre de las suelas de viento". La relación de Verlaine y Rimbaud no tardó en convertirse, tal y como la definió el propio poeta, en las de "un marido infernal y una virgen loca". En julio de 1873 escribe: "Vuelve, vuelve, querido amigo, amigo único, vuelve. Prometo ser bueno. Si me he mostrado desagradable contigo, fue tan sólo una broma; me ofusqué, me arrepiento de ello más de lo que eres capaz de imaginar. Vuelve, todo se habrá olvidado totalmente. ¡Qué desgracia que te hayas tomado en serio esta broma! No paro de llorar desde hace dos días. Vuelve. Sé valiente, querido amigo. Nada está perdido todavía. [...] No me irás a olvidar, ¿verdad? No, no puedes olvidarme, yo te llevo siempre conmigo".

Además de las cartas, Prometo ser bueno (que el lunes se presenta en Madrid en una jornada en el Centro Cultural Moncloa que incluye un recital de poesía, un concierto, una mesa redonda y la proyección de un documental) reúne el Dossier de Bruselas con las declaraciones e interrogatorios sobre el disparo a Paul Verlaine, las cartas de su hermana Isabelle a su madre y un artículo, de cuya autoría no se tenía constancia hasta 2008, publicado con el seudónimo de Jean Baudry en una revista en 1870.

La vida dejó su huella en el poeta de los ojos azules ("Me porto bien, pero el pelo se me encanece por minutos. Hace tanto tiempo que esto sucede que temo que mi cabeza parezca ahora a la de una borla de maquillaje. Resulta desoladora semejante traición del cuero cabelludo, pero ¿qué hago?"). Hasta que en 1891, meses antes de que le amputen la pierna carcomida por el cáncer de huesos que le matará, pide a su madre que le envíe unas medias para aliviarle. "Me encuentro mal. Tengo en la pierna derecha varices que me hacen sufrir mucho. [...] Hazme este favor: cómprame un remedio para las varices, para una pierna larga y enjuta. [...] La mala alimentación, los alojamientos malsanos, las ropas demasiado ligeras, los problemas de todo tipo, el aburrimiento, la rabia permanente en medio de negros tan imbéciles como canallas; todo esto ataca profundamente la moral y la salud en muy poco tiempo. Uno envejece muy rápidamente aquí, como en todo el Sudán".

Ya con la pierna amputada, en un hospital de Marsella, incapaz de dormir y descansar por los dolores, le escribe a su hermana Isabelle: "Mi querida hermana: No me has escrito. ¿Qué ha pasado? Tu carta me asustó, me gustaría tener noticias tuyas. Espero que no sean nuevos problemas, ¡ya tenemos bastantes! No dejo de llorar día y noche, soy un hombre muerto, lisiado de por vida. [...] No sé qué hacer. Todo esto me ha vuelto loco: no consigo dormir ni un solo minuto. En fin, nuestra vida es miserable, una miseria eterna. ¿Para qué vivimos? Enviadme noticias".

- El País -

martes, 8 de diciembre de 2009

Ella es...

Ella es un ejército y yo soy un hombre desarmado.
- "Tokio ya no nos quiere" de Ray Loriga -

domingo, 6 de diciembre de 2009

La piedra rosetta del jazz...


La piedra rosetta del jazz

Un museo adquiere la Colección Savory, un tesoro de grabaciones inéditas de la era dorada del género registradas por uno de los ingenieros que inventó el elepé

En los mentideros del jazz no paraba de hablarse de ella aunque nadie había podido verificar su existencia. La Colección Savory constituía una de esas leyendas románticas que alimentan los sueños húmedos del aficionado. Un verdadero tesoro escondido de grabaciones inéditas procedentes de la edad dorada del género. Lo nunca escuchado de los más grandes: de Louis Armstrong a Billie Holiday o Count Basie. Durante décadas, el autor de las grabaciones, un oscuro y excéntrico ingeniero de grabación llamado William Savory, impidió celosamente el acceso a las mismas con muy pocas excepciones. Hasta ahora.

El National Jazz Museum, en Harlem (Nueva York), ha anunciado la adquisición de la colección, compuesta por 975 discos de aluminio y vinilo. Las grabaciones, todas inéditas, fueron hechas por Savory a partir de retransmisiones radiofónicas, entre los años 1935 y 1941. Su calidad técnica, se asegura, es excepcional para la época.

Los discos registrados por Savory permiten escuchar a los grandes iconos de la era del swing a sus anchas y sin las limitaciones de tiempo que imponían los discos de 78 revoluciones por minuto. Entre los artistas representados, se hallan los más grandes directores de orquesta -Count Basie, Lionel Hampton, Artie Shaw o Benny Goodman- y solistas: Lester Young, Fats Waller... Al margen del jazz, la colección incluye grabaciones en directo de Arturo Toscanini y Eugene Ormandy y alocuciones a cargo de Franklin D. Roosevelt, el papa Pío XII y James Joyce.

William Savory (de nacimiento William Desavouret) vino al mundo un día de junio de 1916 a bordo del transatlántico Mauretania. Sus padres, franceses, esperaban encontrar en el Nuevo Mundo un lugar para establecerse lejos de la contienda que en esos días asolaba el continente europeo. Lo encontraron en la soleada California, donde William pasó sus primeros años.

Convertido en músico profesional, viajó a Nueva York para grabar una cinta de demostración en un estudio discográfico. Su estreno como músico no pudo empezar de peor manera: a poco de iniciada, la sesión hubo de abortarse por una avería en el aparato grabador. William se ofreció a arreglar el fallo mecánico e inmediatamente fue contratado como técnico de mantenimiento y especialista en grabaciones radiofónicas.

A lo largo de un lustro, el micrófono de Savory registró la música de las grandes estrellas del espectáculo en sus presentaciones radiofónicas en vivo. También los momentos íntimos de complicidad fuera de los focos. Así, entre las grabaciones que el National Jazz Museum pondrá a disposición del aficionado, puede escucharse a Benny Goodman interpretando Oh, lady be good! acompañado únicamente por un clavicordio; o a la gran Billie Holiday versionando su Strange fruit un mes después de su grabación original. El 29 de mayo de 1938, Savory grabó el Carnaval de Swing que tuvo lugar en el Randall's Island Stadium, considerado el primer festival de jazz al aire libre de la historia, del que solo se sabía por los reportajes que ofrecieron los noticieros de la época.

La entrada en guerra de EE UU puso fin a la experiencia. Savory pasó a colaborar con el Ejército en la creación de un radar para aviones de combate y como piloto. De vuelta en casa, formó parte del equipo que ideó el disco de 33 1/3 revoluciones por minuto. Sus posteriores experimentos con el sonido en dos canales se anticiparon en un año a la aparición del primer disco estereofónico. Una muestra de la Colección Savory puede escucharse en www.jazzmuseuminharlem.org/savory.php y, según informaba ayer The New York Times, la casa de discos especializada en reediciones exquisitas Mosaic Records negocia su próxima publicación.

Otras joyas

El jazz provoca adicción. Por eso, el caso Savory no es único. He aquí algunos amantes del género que nos dejaron su precioso legado.

- Frank Bruno reparaba radios cuando fue reclutado por el Ejército para participar en la operación V-disc: grabar, durante la II Guerra Mundial, a Frank Sinatra, Glenn Miller o Billie Holiday en discos para levantar el ánimo en el frente. Con la paz, los V-discs y sus matrices fueron destruidos, lo que no impidió su edición en compacto.

- El saxofonista Dean Benedetti siguió a Charlie Parker a sol y sombra y grabó sus apariciones en los clubes para luego transcribir sus solos e incorporarlos a sus propias interpretaciones. En 1988, su hermano, Rick Benedetti, vendió las cintas y acetatos a Mosaic Records, que los editó en 1990.

- Ebbe Traberg, crítico de jazz danés residente en España, no se separaba de su grabadora. El resultado son horas del mejor Dexter Gordon a su paso por el Whisky & Jazz madrileño, de Art Blakey, Paul Bley o Dizzy Gillespie. La colección reposa hoy en la fundación que lleva su nombre, en Madrid, a la espera de ver la luz algún día.

EL PAIS

sábado, 5 de diciembre de 2009

Me imagino...

Me imagino dejando que pasen las horas sentado en la misma cama. Mirando la televisión sin mover un dedo, sólo por curiosidad de saber qué hace el tiempo con uno cuando uno no hace nada con el tiempo.
- "Tokio ya no nos quiere" de Ray Loriga -

jueves, 3 de diciembre de 2009

Novocaína para...



Novocaína para el alma

¿Cómo traducir la angustia adolescente en un universo naïf y colorista? La respuesta, en el nuevo libro retrospectivo sobre Mike Mills, cineasta y artista seminal sin el que no se puede entender el ascenso de la cultura skate en Los Ángeles y el declive del underground neoyorquino.



CUANDO Mike Mills (Berkeley, California, 1966) se portaba bien de crío, su premio era una visita a Disneylandia. Un mundo artificial de evasión para niños y adultos donde abrazó sus primeros iconos estéticos. Aún hoy vive fascinado por el influjo de esta fábrica de sueños, aunque su perspectiva es bien diferente: "Es uno de mis imperios del mal favoritos. No hay nada más poderoso en el mundo, su estética es más fuerte que cualquier gobierno. Cuando se habla de la americanización o el exceso de influencia de EE UU se suele citar a Hollywood, pero yo creo que Disney es mucho más potente, más sospechosa". Así es como personajes como Winnie The Pooh —"es como el medicamento que todos los niños del planeta toman sin rechistar"— o el propio Walt Disney —"un maniaco depresivo"— se han convertido en protagonistas recurrentes de las creaciones de Mills.



Su obra hoy se ve recopilada en el libro Graphics/Films, que recoge trabajos esenciales de sus últimos 15 años. "No es que piense que ha llegado el momento para una retrospectiva, pero a uno no le ofrecen publicar un libro todos los días", se ríe. Aunque para buena parte de sus seguidores sí tiene sentido esta edición. El volúmen revela todas sus facetas: sus diseños de portadas de discos y pósters para artistas musicales (de Beastie Boys a Beck), sus colaboraciones con marcas de skate (Subliminal o Supreme) y de moda (Marc Jacobs o X-Girl), exposiciones (en Alleged Gallery, Colette o el Mu Museum), videoclips (Pulp, Air, Yoko Ono, Zoot Woman o Blonde Redhead), cortos, documentales, piezas audiovisuales y proyectos multimedia en defensa del medio ambiente o la fauna local. Todos ellos tienen como denominador común un gusto por la simplicidad formal y las reminiscencias de los años infantiles, "cuando se levantan los pilares emocionales de nuestra casa", en palabras del artista.



Mills realizó en 2007 un documental, Does your soul have a cold?, que refleja la tipificación y tratamiento de la depresión en Japón (donde no estaba reconocida como enfermedad hasta el año 2000). Pero antes se hizo notorio ante el mundo con el estreno de su primer largometraje, Thumbsucker (2005), un tratado esteticista sobre las inseguridades adolescentes que bien podría servir como reflejo de su propia experiencia vital. "Creo en la psicoterapia [risas], y también en contar lo que uno conoce de cerca. La adolescencia es un periodo en el que aprendemos a disimular, a ser menos vulnerables. Pero tus traumas de los 8, los 14 o los 17 años te acompañan toda tu vida". En su caso, conserva al niño que creció en la segura, apacible y aburguesada Santa Bárbara y que un día descubrió un mundo más allá del jardín de su casa, donde sonaba punk y los chavales perdían el miedo a estamparse contra la vida subidos a un monopatín.



EP3. ¿Recuerdas tu primer contacto con la escena skate de Los Ángeles?

Mike Mills. Tenía 13 o 14 años. Era el final de los setenta, un momento increíble, cuando aún era una ciudad donde la vida era dura y el conflicto de clases estaba mucho más presente. Descubrí a grupos como Black Flag, The Circle Jerks, Sex Pistols o The Clash, y conocí a chicos que venían de entornos más conflictivos y eran mucho menos conformistas que yo. Y mucho más estilosos. Aún recuerdo a algunos supercarismáticos.

EP3. Estudiaste arte en Nueva York. ¿Cambiaron entonces tus referentes?

M. M. Estudié en una escuela del Lower East Side [la prestigiosa Cooper Union], antes de que [el ex alcalde] Giuliani limpiara la ciudad, cuando la zona empezaba a encarecerse por el trasiego de artistas y algunos de sus epicentros artísticos estaban en su momento culmen, como la galería Mary Boone, en el Soho. Muchos de mis amigos trabajaban como asistentes de David Salle o rompiendo platos para Julian Schnabel [con los que luego él componía sus célebres cuadros]. Ahí fue cuando aprendí que todo en el arte giraba en torno al dinero. Era asqueroso.



EP3. ¿Se convirtió el arte callejero en la única salida?

M. M. Imagínate, un chaval de apenas 19 años que va a la escuela de arte y lo primero que aprende es que apesta, que el arte es un animal domesticado. Así que mis amigos y yo empezamos a trabajar de la manera más barata y pública posible. Igual que los skaters convertían su manera de vestir en toda una declaración de principios, para mí lo que tenía sentido era que el arte invadiera la esfera pública.

EP3. ¿Cuándo pasaste de luchar contra el sistema para integrarte en él como diseñador gráfico?

M. M. Cuando mis padres me dijeron: "Haz el favor de buscarte un trabajo" [risas]. Su infancia había transcurrido durante la Gran Depresión e insistían mucho en la idea de salir adelante. Así que me propuse encajar en el mundo normal. Pero fue imposible. Vivía rodeado de gente cuya vida iba en una dirección diametralmente opuesta. A los 28 años ya colaboraba asiduamente con discográficas, pero seguía sin tener un ordenador en casa y la máquina Xerox más cercana me quedaba a 15 minutos de casa en monopatín. Mi vida era cualquier cosa menos normal.



EP3. ¿Pensabas ya en ser cineasta?

M. M. El cine parecía la mejor fórmula para desarrollar ideas en un formato lo más público posible. Yo no había estudiado cine, así que tuve que aprenderlo todo por mi cuenta. Empecé con esas bandas a las que hacía pósters o carátulas. Les insistía: "Te hago un vídeo gratis", hasta que algunas me dijeron que sí.

EP3. Internet ofrece aún más posibilidades que el cine. ¿Se ha convertido en el mejor territorio para cometer actos subversivos?

M. M. Yo diría que lo auténticamente revolucionario de la Red es que, si quiero, mi web puede ser más grande que la de IBM. Pero, como cualquier otro medio, lo controla quien lo posee; no creo que esencialmente genere una mayor libertad.



EP3. Obama se ha convertido en todo un icono, también para el arte. ¿Estamos ante el primer presidente pop?

M. M. Para mí lo auténticamente pop de Obama ha sido su omnipresencia online. Antes y después de cada debate, enviaba a la gente que apoyaba su campaña un e-mail personalizado. Y aun en plena fase de transición, su gabinete se ponía en contacto contigo para contarte en qué estaban trabajando y proponerte colaborar con ellos.

EP3. Una última pregunta: ¿cuántas veces te han confundido con Mike Mills, el componente del grupo R.E.M.?

M. M. No tantas. Pero las suficientes. Siempre hay algún graciosillo que nos presenta cuando coincidimos en una fiesta. A finales de los ochenta estaba de paso por Athens, donde se formó el grupo, y quisieron retirarme la tarjeta de crédito en una tienda pensando que se la había robado. Tuve que decir: "No, no, ¡hay otro Mike Mills en el mundo!".

El libro Mike Mills Graphics/Films está editado por Damiani. www.damianieditore.com



UN ‘HERMOSO PERDEDOR’

A principios de los noventa, Mike Mills vivía a la vuelta de la esquina de la galería Alleged, regentada por Aaron Rose, que pronto se convirtió en uno de los epicentros de la cultura urbana en el downtown neoyorquino y sirvió de cuna a nombres hoy tan reconocidos como Harmony Korine, Terry Richardson o Ed Templeton. Los artistas adscritos a este espacio, hoy extinto, fueron bautizados como Beautiful losers, un movimiento recientemente retratado por el propio Aaron Rose en un documental y una exposición itinerante. “La zona era un hervidero de creadores y grupos musicales”, cuenta Mills. “Yo recuerdo en mi primera exposición a Money Mark, que compró algunas piezas; los Beastie Boys, Jon Spencer, Kim Gordon y Thurston Moore [de Sonic Youth], Sean Lennon o Roman Coppola [junto a quien Mills fundaría la productora The Directors Bureau]. Con todos ellos he acabado colaborando de alguna forma. No tenías que salir a buscar gente afín, bastaba un paseo por el barrio para encontrártela. Casi inconscientemente, formamos una comunidad muy activa… Porque es mucho más fácil atreverse a romper las reglas si hay alguien más rompiéndolas contigo”.

- El País -

miércoles, 2 de diciembre de 2009

Tu miedo comienza...

Tu miedo comienza cuando despegan los aviones y el mío cuando los aviones aterrizan.
- "Tokio ya no nos quiere" de Ray Loriga -