jueves, 14 de enero de 2010

Discográficas sin discos...



Discográficas sin discos

El 5% de los ingresos por conciertos que las compañías piden ahora acelera la ruptura con los músicos

"La Excepción tiene un problema", dice en un vídeo de YouTube el presentador Andreu Buenafuente. "Que sepáis", replica el director José Corbacho, "que quien tiene problemas con ellos también los tiene con nosotros". Juan Manuel Montilla, El Langui, ganador del Goya al actor revelación y mejor rimador del barrio de Pan Bendito de Madrid con La Excepción, tiene otra cualidad que pocos conocen: es un relaciones públicas nato. Le bastan unas llamadas para que media España se entere de que su nuevo disco, La verdad más verdadera, nunca estará en tiendas. Desde el pasado jueves, y solucionados los problemas que colapsaron su web, se puede descargar por Internet. Y gratis.

Es el penúltimo capítulo de la disputa legal que mantiene el grupo madrileño con su discográfica, Zona Bruta/Warner, que llegará a los tribunales en 2010. El grupo ha puesto fin unilateralmente a su relación con la multinacional con una denuncia por contrato abusivo y engañoso y por impago.

Es el reflejo de que músicos y discográficas se mueven a una velocidad distinta, incrementada en los últimos tiempos. Los músicos siguen componiendo canciones y celebrando conciertos, mientras que las discográficas frenan su difusión o cobran nuevas tasas a los músicos para sobrevivir a la crisis. La Excepción no son los únicos. El grupo de rap montó el jueves pasado una fiesta en Madrid para presentar su disco. Allí estaban Buenafuente, Corbacho... Iban a ir sus amigos de Los Delinqüentes, pero no pudieron porque están atando los últimos detalles de la rescisión del contrato con su antigua discográfica, EMI. Ellos, como muchos, han tenido que escuchar eso de "no podemos sacar vuestro disco porque no entra en este ejercicio".

La frase se repite cada vez más. En el caso de este grupo jerezano es más sangrante, porque su nuevo disco, Bienvenidos a la época iconoclasta, lleva grabado casi dos años. "Les da igual que sea una compañía grande o pequeña. Quieren sacar su disco para que la gente lo escuche y vaya a sus conciertos", decía una fuente cercana al grupo.

No se trata de imitar el caso Radiohead, que vendió por la voluntad su último disco. Es una cuestión de necesidad. Algo similar le ha ocurrido a Lichis, cantante y líder de La Cabra Mecánica (¿recuerdan La lista de la compra?), que coincidió hace unos días con El Langui en la furgo. "Tenía la misma cara de quemao que yo he tenido cuatro años", explica Lichis que, además de montar su propio sello, Felicidad Records, está negociando para dejar su discográfica. Lichis sufrió el ostracismo con su espléndido disco Hotel Lichis (2005). "Los músicos no queremos enfrentarnos a nadie, y tampoco nos interesa que esto se vaya al carajo. Pero si hay tejemanejes en la industria musical, tenemos que ladrar y buscar caminos alternativos", explica.

El último de los tejemanejes a los que se refiere es el del 5% que las discográficas están pidiendo por los conciertos. "Los músicos somos el eslabón más débil de esta cadena", continúa Lichis. "Y quedamos fatal cuando nos quejamos. Aun así, yo llamo a la insurgencia, pero que quede claro: el hazlo tú mismo no es la panacea". Las discográficas han perdido capacidad de acción, y se plantea entonces la pregunta: ¿para qué sirven? "Los músicos solemos ser un desastre", contesta Dani Martín, cantante de El Canto del Loco. "Tampoco tenemos ni idea de cómo llegan los discos a las tiendas ni de marketing. Para eso sirven las discográficas", explica Martín, que, pese a estar contento en la suya, ha montado un sello propio, Manicomio Records para publicar a bandas que le gustan.

Frente a las reticencias de los grupos a ceder el 5% de su caché del directo están las discográficas, que piensan que no es justo que el grupo se lleve todos los beneficios de tocar en directo, ya que gracias a los discos surgen las giras. La Excepción ha dicho que no. No sacarán mucho dinero con este disco, por mucho que en su web ofrezcan un número de cuenta por si alguien quiere aportar la voluntad, pero el asunto será rentable, porque harán gira sin pagar peaje a la discográfica.


- El País -

miércoles, 13 de enero de 2010

Brillantez...

La luz viaja más rápido que el sonido. Es por eso que algunas personas parecen brillantes hasta el momento en que abren la boca.

– Brain Farts and Revelations -

lunes, 11 de enero de 2010

Razones por las que no triunfa...


Razones por las que no triunfa Linux en la empresa

Linux

En este blog hemos venido hablando últimamente de distintas soluciones de Linux para la empresa que pueden resultar interesantes para el sector. Pero el caso es que si lo miramos desde la perspectiva Linux es un sistema operativo minoritario tanto en la sociedad como por supuesto en la empresa. Estamos hablando del sistema operativo para el ordenador como estación de trabajo, no en servidores donde bien es cierto que su cuota de mercado es mucho mayor. Pero, ¿cuáles son las razones por las que no triunfa Linux en la empresa?

Antes que nada quiero aclararos que no se trata de un estudio sino que lo que pretendo es de ofreceros mi perspectiva formada en conversaciones con distintas empresas. Seguro que muchos de vosotros podéis aportar otras opiniones y otra forma de ver el asunto así que no pretendo con este artículo dogmatizar ni sentar verdades absolutas, simplemente dar mi punto de vista de lo que puede ser el fracaso de Linux en la empresa.

* En primer lugar tendríamos que hablar de razones culturales. También se podría llamar costumbrismo informático, con permiso de Mesonero Romanos. La gran mayoría de los usuarios ya está habituado a trabajar con Windows lo cual provoca una resistencia ante cualquier cambio de sistema y la productividad se resentirá durante un periodo de tiempo.
* En segundo lugar tendremos que hablar de la confusión de Linux. Lo que para muchos usuarios de Linux supone una ventaja por la libertad de elección, las distintas distribuciones de Linux provocan confusión en la empresa a la hora de optar por una u otra. Si ha esto unimos que podemos elegir entre distintos escritorios, KDE o Gnome, todo ello no ayuda a saber que decidir y cual es la adecuada para nuestra empresa.
* En tercer lugar hablaremos de falta de formación al respecto del sistema operativo. La mayoría de los gerentes de pymes desconocen las ventajas que les puede ofrecer un sistema operativo como Linux, es más me atrevería a decir que la mayoría desconoce su existencia.
* Problemas en la cadena de distribución: Con esto me refiero que respecto a los sistemas operativos comerciales, como Windows o Apple, Linux se distribuye mal. No hay grandes acuerdos con fabricantes o distribuidores que ofrezcan el sistema preinstalado con sus equipos e incluso muchos de ellos cuando se deciden a dar el salto crean su propia distribución generando con ello mayor confusión todavía tanto en la empresa como en el usuario.
* Problemas de compatibilidad de hardware con algunos componentes de ordenadores que no tienen controladores para Linux. Un claro ejemplo son las impresoras multifunción, que hacer que funcionen correctamente bajo Linux puede ser todo un reto.
* Falta de madurez del producto: Con esto me refiero a que nos guste o no van un paso por detrás de Windows en muchos aspectos lo que provoca que para la empresa sea visto como un sistema operativo para realizar pruebas y poco más, inestable y por lo tanto inadecuado para poner en producción.

Por otro lado no hay que dejar de lado el monopolio que de facto tiene Microsoft en este sector. En este sentido su gran triunfo ha sido conseguir que se vendan una gran mayoría de los equipos con su sistema instalado como si fuera algo indivisible. Esto crea una cultura en la sociedad que provoca que no se plantee que otro mundo es posible fuera de este sistema operativo.

Si en nuestras empresas estamos obligados a optimizar los sistemas productivos y sacar la máxima rentabilidad posible a nuestros recursos Linux tiene sin duda un hueco en la empresa. Pero hace falta tiempo, inversión y sobre todo formación para darlo a conocer tanto a nivel de empresa como a nivel popular para poder vencer las reticiencias. Muchos de estos peros tal vez los pueda solucionar Google y su sistema operativo Linux, Android, que muchos fabricantes ya están pensando en adaptar a sus productos. ¿In Google We Trust?

¿Habéis pensado en adoptar alguna solución Linux en vuestra empresa? ¿Habéis usado alguna vez este sistema operativo? Opinad y contarnos vuestras experiencias en este sentido así entre todos puede que consigamos aclarar si de verdad este sistema operativo tiene o no un sitio en la empresa y sobre todo en la pyme y que cosas deben mejorar para hacer que este espacio sea mayor que en la actualidad.

- http://www.tecnologiapyme.com -

domingo, 10 de enero de 2010

Serenidad...

"Estoy serena, estoy serena, es la serenidad que precede a algo espantoso"

- Sylvia Plath -

viernes, 8 de enero de 2010

Adiós a la buena letra...


Adiós a la buena letra

El uso del ordenador amenaza la escritura manuscrita, que ha sido desterrada por los autores y degradada por su uso residual entre los jóvenes - ¿Tiene la caligrafía más valor que el estético?

Desde que el ordenador y el correo electrónico terminaron con las cartas y las novelas manuscritas, la vieja fórmula de la escritura -papel y lápiz- parece reservada a las escuelas. No obstante, la realidad digital de las nuevas generaciones y la apuesta por llevar computadoras a las aulas puede poner en peligro ese último reducto. Eso sí, lo que para un escritor puede no ser más que un medio, una simple herramienta, para un estudiante puede ser un fin en sí mismo.

La mentalidad de los novelistas cambió hace tiempo. Como cuenta Gerald Martin, biógrafo de Gabriel García Márquez, la trituradora de papel es, irónicamente, el electrodoméstico al que más servicio se da en casa del Nobel colombiano. Martin, que estuvo en Madrid para presentar la versión española (editorial Debate) de su monumental biografía, cuenta que en agosto de 1966, en cuanto comprobaron que el original (mecanografiado) de Cien años de soledad había llegado a la editorial Sudamericana de Buenos Aires, el escritor y su esposa rompieron y quemaron todas las anotaciones manuscritas en las que Gabo se había apoyado para escribir la novela más traducida de la literatura hispánica después de El Quijote. Ante el escándalo de filólogos, amigos y fetichistas, el autor de Aracataca recurrió al pudor. "Es como que te sorprendan en ropa interior", dijo ante la posibilidad de que aquellos papeles vieran la luz.

Con todo, casi 30 años más tarde, el propio García Márquez regalaría a Mercedes Barcha, su esposa, el primer borrador de Del amor y otros demonios salido de su impresora, un gesto cándido que su biógrafo oficial comenta así: "No parecía tener en cuenta que los borradores habían perdido buena parte de su magia -incluida la financiera- en la era de la informática, puesto que el ordenador no permite advertir las huellas genéticas. De hecho, el paso de la escritura manual a la máquina de escribir, y luego al ordenador, en parte daba cuenta del desvanecimiento del aura del autor en la mente de los lectores, y quizá incluso de una merma de la convicción en la mente de los propios autores".

Hace mucho que la mayoría de los escritores cambió la pluma (o el bolígrafo) por el teclado, una tendencia extendida al resto de la sociedad. La comodidad y el ahorro de tiempo son evidentes, pero ¿se escribía mejor, es decir, más correctamente, cuando se usaba el bolígrafo? El semiólogo y novelista Umberto Eco encendió la alarma el mes pasado a raíz de un informe que desvelaba que la mitad de los niños italianos tienen problemas para escribir a mano. Siguiendo su propia terminología, Eco se mostraba bastante más apocalíptico que integrado. Después de recordar que cada vez más jóvenes recurren a escribirlo todo en mayúsculas cuando lo hacen directamente sobre el papel, el autor de El nombre de la rosa remontaba la decadencia a mucho antes de la aparición de los ordenadores y los teléfonos móviles. En su opinión, aunque la pulcritud de la escritura no asegura la brillantez mental, el largo declive de la enseñanza de la caligrafía en las escuelas ha ido minando el aprendizaje de una habilidad psicomotriz que "favorece la coordinación entre mano y ojo". Desviado por los caminos del arte, Eco concluye que "la humanidad" terminará redescubriendo el valor estético de una herramienta que un día fue imprescindible en Occidente, al menos, como dice la historia, desde la asimilación helénica de la escritura fenicia alrededor del siglo VII antes de Cristo. Ya pasó, afirma Eco con bastante largueza, con los caballos o la navegación a vela.

La alarma, con todo, no salta por la afición de un adulto a la caligrafía "artística", sino por el destino del aprendizaje de la escritura elemental. No es lo mismo caligrafía que ortografía. La ancestral mala letra de los médicos es un ejemplo meridiano, y es el que pone Leonardo Gómez Torrego, investigador del Consejo Superior de Investigaciones Científicas (CSIC) y autor de la Ortografía práctica del español publicada por el Instituto Cervantes y la editorial Espasa. En su opinión, el problema no está tanto en el medio (a mano o a máquina) como en el modo de usarlo: la facilidad y, sobre todo, la velocidad pueden llegar a ser enemigos de la corrección. "En el ordenador tecleamos de forma automática", dice el lingüista. "Y no sólo eso, cuando escribimos un mensaje electrónico o un comentario en un chat no acostumbramos a mirar atrás. Al escribir a mano, sin embargo, vemos instantáneamente lo que estamos haciendo. Si además confiamos en el corrector automático... Yo me llamo Torrego y se puede imaginar que el ordenador siempre me corrige: Borrego". Pero no hay que confundir erratas tipográficas con errores ortográficos, como avisa él mismo -"La demostración es que uno recibe en el CSIC mensajes internos con errores cometidos a veces por gente cuya competencia me consta"-, pero la falta de cuidado puede terminar convirtiendo la excepción en norma.

Para Gómez Torrego el peligro surge cuando el hábito de no releer lo que se escribe se da en un estudiante con una "ortografía vacilante". La popularidad de los SMS entre los jóvenes no hace más que contribuir a la confusión: "Los chicos suelen decir: da lo mismo, nos entendemos. Y algunos colegas míos sostienen que es una jerga, que no hay que darle importancia. Claro que es legítimo abreviar al escribir en un teléfono, pero si no se forma bien, los adolescentes no sabrán cambiar de registro y terminarán escribiendo igual en un examen que en el móvil". Una de las soluciones está en rescatar una de las herramientas más antiguas de la enseñanza de la lengua: el dictado. "Yo soy muy pro dictado", dice el profesor Torrego. "Es una pena que se hayan ido eliminando porque eso ha hecho que los niños tengan menos conciencia de la ortografía. Y no hace falta caer en las aberraciones del pasado de hacer repetir una palabra cien veces si se había escrito mal. Con cinco vale si se sabe explicar bien dónde está el error". ¿Y si el dictado se hiciera a ordenador? "Ah, sería interesante comprobar lo que ocurre. No soy psicólogo cognitivo, pero creo que un ejercicio así certificaría que el gran problema es el propio mecanismo mental, la conciencia de lo que se escribe".

Como señala el propio filólogo, la otra gran pata de la corrección ortográfica es la lectura. Y en ella insiste Javier Alcaíns, escritor, calígrafo e ilustrador, que acaba de fundar su propia editorial (Javier Martín Santos Editor) después de publicar varios libros -entre ellos una versión del Beato de Liébana- caligrafiados e ilustrados por él mismo en la mítica editorial Moleiro, especializada en códices medievales. "A escribir bien se aprende más leyendo que escribiendo", dice Alcaíns, que, por paradójico que parezca, no da un valor especial en estos tiempos a la caligrafía, digamos, artística: "Me interesa el libro bello como conjunto. Y si la letra impresa es bella, perfecto. Yo empecé a caligrafiar porque la técnica no estaba muy desarrollada en ese aspecto. Hoy sí".

Aunque todavía sigue habiendo escritores -Juan Goytisolo, Carlos Fuentes, Antonio Lobo Antunes- atados al bolígrafo, la mayoría disfruta de las facilidades que da el ordenador para corregir cada versión. Algunos prefieren, no obstante, tener todos esos estratos simultáneamente delante de sus ojos y escritos de su puño y letra. Es el caso de Luis Landero, que usa un código de hasta cinco colores en los originales de sus novelas. Eso sí, no conserva un átomo de fetichismo hacia la escritura a mano. "¡Chorradas!", dice en su casa mientras saca de un cajón todo un bosque de cuadernos y folios garabateados -"¿Quieres un par de hojas?"- con el manuscrito de su última novela, Retrato de un hombre inmaduro, que la semana que viene publicará Tusquets. Otros autores, no obstante, mantienen una relación especial con el acto de escribir a mano. "Es el tiempo adecuado para que descienda la inspiración", afirmaba Luis Goytisolo el domingo pasado en la última página de este diario. A lo que Javier Alcaíns responde: "Es que yo ya soy muy lento escribiendo a máquina".

Fuera de los profesionales (los escritores) y de los aprendices (los estudiantes), la mayor parte de la gente rompió su mayor relación con la escritura a mano cuando el correo electrónico dio la puntilla a la carta manuscrita. No hay más que revisar el buzón a diario para comprobar que no contiene más que facturas. En 1948 Pedro Salinas publicó El defensor, un libro hoy clásico en el que reivindicaba, entre otras disciplinas en peligro de extinción, "la carta misiva y la correspondencia epistolar". Allí defiende la escritura manuscrita frente a "lo escrito mecánicamente" porque, dice, lo segundo es imposible de relacionar con el modo de ser del que escribe: "Cada cual tiene su letra, la suya, cuando escribe a mano; en la mecanografía ninguno la tiene, todas son de prestado". Después de recordar que en español la letra se llama también carácter (no sabía que hoy un ordenador también puede contar caracteres, con o sin espacios), apuntaba que algunos psicólogos -que han llegado a establecer variaciones de letra en función de la nacionalidad- encuentran en la escritura manual la quintaesencia de lo expresivo.

Ése es el mismo mecanismo que destaca la escritora Juana Salabert, hija de exiliados españoles en Francia, en el apego francés hacia el papel y el lápiz. Allí es frecuente que se pida al candidato a ingresar en una empresa que presente su currículo escrito a mano. "Es algo que orienta sobre el carácter de quien escribe. Da pistas sobre su capacidad de presentación y de orden", dice Salabert, que además apunta una tendencia que más que el símbolo de la recuperación de la caligrafía parece un síntoma de su agonía. La última lágrima de la nostalgia. "Cada vez hay más empresas, incluidas las que venden modernidad, que mandan sus invitaciones con el nombre del invitado escrito a mano".

Salinas recordaba cómo el siglo XIX, "el gran siglo de la mecánica", arrinconó la pluma de ave a favor de la de acero. Sin contar con que 10 años antes de la salida de su libro el húngaro Laszlo Biro había patentado el bolígrafo, el poeta español se preguntaba: "¿Será el siglo XX la palestra histórica donde se ventile decisivamente la lid entre la pluma y la máquina?". La respuesta esperaba en el siglo XXI.

Premio Nobel de fetichismo

En el futuro, las salas de las bibliotecas nacionales que exponen los manuscritos de los escritores ilustres serán como máquinas del tiempo. Como cuentan en la oficina de Carmen Balcells, hoy la mayoría de los originales que llegan a la agencia literaria más importante de la literatura en español lo hacen por correo electrónico. Los fetichistas tienen ya pocos caladeros en los que pescar. Y casi todos están en el pasado.

La penúltima diatriba en torno al original de una novela con plaza en la historia de la literatura tuvo lugar en 1987. Ese año el Gobierno de Cantabria devolvió a Camilo José Cela el manuscrito de La familia de Pascual Duarte, un original que el novelista había regalado a José María de Cossío para reclamárselo más tarde como herencia para su hijo, a lo que accedió su amigo. A la muerte de éste su archivo pasó a las instituciones cántabras, que pelearon por conservar aquellas 200 cuartillas fechadas en 1942. La justicia falló a favor del Nobel gallego y éste se comprometió a copiar de nuevo de su puño y letra, faltas de ortografía incluidas, el libro completo. Y es lo que hizo.

Entre tanto, los seguidores de otro premio Nobel, de nuevo García Márquez, dieron la de arena cuando, en 2001, nadie pujó por las galeradas de Cien años de soledad. Se trataba de 181 hojas numeradas con un millar de correcciones originales. La casa de subastas encargada de la operación esperaba venderlas por hasta un millón de euros. Una cifra parecida se había pagado meses antes en Londres por el manuscrito del Ulises de James Joyce, pero, por mucho que llevaran la marca del genio de Macondo, parecía demasiado por un puñado de hojas salidas de los talleres de una imprenta.


- El País -

jueves, 7 de enero de 2010

martes, 5 de enero de 2010

El fracaso escolar, ¿cuestión de sexo?



El fracaso escolar, ¿cuestión de sexo?

El elevado descalabro educativo español (30,8%) es un asunto masculino - Las alumnas obtienen un rendimiento superior

"Tenemos un problema muy serio con los chicos", resume el profesor Antonio Matamala, tras descomponer, para el periodista, la fórmula en la que se sustenta nuestro modelo educativo: "Dos medidas de comprensión lectora, dos de atención en clase y dos de esfuerzo personal". A juicio de este pedagogo, director de Bachillerato del colegio Liceo Europeo de Madrid, el problema es que buena parte de los alumnos varones se muestran incapaces de cumplir con esas exigencias mínimas. Se mire como se mire: por cursos y ciclos académicos, por autonomías o redes de titularidad pública o privada, resulta ya innegable que las alumnas obtienen un rendimiento sustancialmente superior al de los chicos a lo largo de todo el sistema educativo. Es una noticia incómoda, incluso, excéntrica, pero tan persistente que ha acabado por romper el pudoroso corsé de la corrección política.

Reconozcámoslo abiertamente: el desastre del elevado fracaso educativo español (30,8% en 2006) y el abandono escolar temprano son un asunto esencialmente masculino. Sin la abultada contribución de los varones a ese descalabro, en el que la inmigración contribuye sólo en una porción mínima, las alumnas españolas no estarían muy por debajo de la media educativa de los países de la Organización para la Cooperación y el Desarrollo Económicos (OCDE), establecida en el Informe PISA. Y lo que tenemos, en la antesala de la sociedad del conocimiento, es que más del 36% de los muchachos y el 25% de las chicas salen del sistema escolar sin ni siquiera haber cubierto la Enseñanza Secundaria Obligatoria (ESO); jóvenes con una formación académica mínima y ni oficio, ni beneficio. El objetivo comunitario de reducir el fracaso escolar al 15,5% en 2010 se ha convertido para España en una amarga quimera.

¿Vamos a un modelo de pareja común en la que el varón es manifiestamente más iletrado que la mujer? Porque en la educación, el sexo débil es claramente el masculino. "Hay chavalas con una capacidad impresionante; sacan unas notas excelentes, hacen montones de extraescolares: ballet, deporte, piano, militan en una ONG y encima, ayudan en su casa", se admira Matamala. Las chicas lo hacen ya mejor en los primeros años de escolarización y ese rendimiento diferencial superior se mantiene, con altibajos, a lo largo del recorrido educativo hasta desembocar en la Universidad. En los últimos años, el porcentaje de licenciaturas universitarias conseguido por las mujeres se sitúa en torno al 61%. Y eso, pese a que las chicas continúan estando más retrasadas en las asignaturas de matemáticas y física y que, por lo mismo, siguen mostrándose reticentes ante las carreras científico-técnicas. La directora del Instituto de la Mujer, Rosa Perís, achaca a razones culturales esa pobre representación femenina, cercana al 30%.

"Las carreras técnicas les dan miedo porque ellas son muy prácticas y buscan salidas profesionales más compatibles con el proyecto de fundar una familia, tener hijos...", explica, a su vez, el profesor de la Universidad Complutense de Madrid, Antonio García Martínez. Según eso, el estancamiento en el número de catedráticas y de personal docente femenino universitario (36,1%) y la falta de correspondencia entre la superior formación de las mujeres y su lugar en el mercado laboral tiene que ver con su voluntad de procrear, una suerte de "mandato de género" que trunca, a menudo, trayectorias profesionales brillantes. La discusión está en si el denominado "techo de cristal" (expresión que designa los obstáculos supuestamente invisibles que impiden a las mujeres ocupar puestos de responsabilidad para los que están preparadas) depende sólo de factores culturales o influyen también elementos biológicos. En cualquier caso, la conciliación entre la vida laboral y familiar se revela como una necesidad urgente, puesto que ningún país -no, desde luego, España-, puede permitirse el lujo de prescindir de la riqueza potencial que conlleva la formación de las mujeres.

La variable de género ha sido poco utilizada en la investigación estadística oficial, aunque pocos directores de centros de enseñanza dudan, a estas alturas, de la significación de las diferencias entre el comportamiento educativo masculino y femenino. A falta de datos oficiales y sin pretensiones científicas mayores, algunos pedagogos han optado por confeccionar sus particulares estadísticas para poder calibrar el alcance del fenómeno, siquiera en el plano doméstico. La de Matamala, que cubre los cuatro cursos de la ESO y los dos de Bachillerato, muestra que en los seis ejercicios académicos el número de varones suspendidos en más de tres asignaturas superó siempre al de las chicas. Los propios estudios del Ministerio de Educación establecen que entre los estudiantes que acaban la ESO el porcentaje de varones repetidores (49%) dobla, prácticamente, al de las mujeres (26%).

Pero es que, además, los premios extraordinarios por rendimiento académico o esfuerzo personal pertenecen a las mujeres de forma tan abrumadora que, en algunos centros, se priman los méritos masculinos para evitar que los varones se sientan convidados de piedra en la fiesta. En la práctica, la "discriminación positiva" lleva tiempo ejerciéndose en determinadas universidades privadas que buscan asegurar un cierto equilibrio de matrículas masculinas y femeninas. "Sé de una universidad, cuyo nombre no diré, en el que las mujeres necesitan medio punto más de nota media para poder ser admitidas", indica un profesor. Aunque, por lo general, las diferencias se recortan en el Bachillerato -en la etapa en la que los asuntos amorosos ocupan buena parte del universo mental femenino y los chicos reaccionan con una mejor disposición para el estudio-, el retraso no termina nunca de enjugarse totalmente a efectos de la mayoría estadística. De hecho, el reparto más equitativo de los suspensos no permite recuperar todo lo perdido, ni deshacer la ventajosa posición que ocupan las mujeres en la franja de los sobresalientes y notables. El porcentaje de chicas que se gradúan en la enseñanza posobligatoria (Bachillerato, en la rama académica) supera en 12 puntos al de los hombres. El 58,25 % de los alumnos que se matricularon en la Universidad en 2007 fueron mujeres.

¿Qué está pasando para que este fenómeno, generalizado dentro del mundo desarrollado, se produzca en nuestro país de forma bastante más acusada? Aceptado que el nivel de inteligencia es igual entre los sexos y que la escuela tiene vocación igualitaria (a diferencia en, muchos casos, de la familia y del mercado de trabajo) las explicaciones se centran, sobre todo, en la más temprana maduración psíquica y física de las mujeres. "No se puede generalizar, pero a ciertas edades, las chicas son más espabiladas", sostiene Dolores Villalba, directora de un colegio público de Primaria en Vallecas (Madrid). "Maduran antes, son más constantes y estudiosas", apunta, a su vez, Juan José Nieto, director de un instituto de Secundaria.

Encuestas llevadas a cabo en una serie de institutos muestran que en la ESO y el Bachillerato los chicos estudian una media de tres horas semanales, mientras que las chicas dedican a esa tarea alrededor de ocho. A la vista de estos datos, está claro que demasiados niños pasan demasiado tiempo con los videojuegos y matan las horas ante el televisor en lugar de hacer sus deberes y también que las chicas trabajan y se esfuerzan más. "Ellas son más aplicadas porque también son más conscientes de la importancia de la educación. Hay que tener en cuenta que en los niveles de formación bajo la tasa de paro femenino es muy superior", subraya la directora del Instituto de la Mujer. También se implican más en la clase. "De ocho manos que se levantan para formular una pregunta académica, siete son chicas", comenta Matamala.

Y eso, por no hablar del comportamiento masculino en esas edades en las que la testosterona desbocada causa estragos. Los estudios del colegio Montessori y la experiencia de otros centros muestran que más del 80% de los alumnos conflictivos suelen ser chicos. Ellos acaparan los partes de incidencia y las expulsiones, protagonizan la gran mayoría de los actos de indisciplina y las agresiones. En contraste con esa característica física, algunos pedagogos detectan entre las chicas una "agresividad psicológica alta" de efecto igualmente pernicioso. La expresión "son un horror", referida a los niños, más indisciplinados, desordenados, inconstantes, se escucha, sobre todo, en Primaria de boca de un profesorado abrumadoramente femenino. De ahí, que, especialistas como el propio Matamala, propugnen reequilibrar la composición por sexos del profesorado. "Hay profesoras que como no logran entender los comportamientos de los niños varones corren el riesgo de incurrir en falta de empatía", señala.

Lo que parece claro es que el dominio temprano de la lectura y la escritura -de acuerdo con una serie de informes, en estas materias, las mujeres llegan a acumular una ventaja de hasta año y medio-, contribuye poderosamente al mejor rendimiento continuado. Según el Informe PISA 2006, las alumnas españolas aventajan en 35 puntos a los chicos en el área de escritura, lengua y comprensión lectora, frente a los nueve puntos de retraso que arrastran en matemáticas.

"Nuestro sistema educativo está en crisis, sobre todo, porque aplicamos la misma metodología a chicos y chicas sin tener en cuenta sus notables diferencias biológicas, el dimorfismo cerebral que explica sus distintos comportamientos", sostiene la profesora de derecho administrativo de la Universidad Carlos III, de Madrid, María Calvo Charro, autora de numerosos trabajos sobre la educación. A su juicio, "las chicas se adaptan mejor al sistema gracias a su precocidad en el habla y la escritura, mientras que los chicos adquieren mayor facilidad para el pensamiento lógico matemático y el razonamiento abstracto".

Madre de dos chicas y dos chicos y presidenta en España de la Asociación Europea para la Educación Diferenciada, Calvo Charro sostiene que la educación mixta de aplicación metodológica común ha dejado de tener sentido, a la luz de la experiencia y de los actuales conocimientos científicos.

"Hay múltiples y crecientes ejemplos en Estados Unidos, Australia y Europa que demuestran", subraya, "que aplicar a los chicos y chicas metodologías y ritmos diferentes contribuye a mejorar sus rendimientos escolares. En la educación diferenciada o especializada por sexos como le llamamos, las muchachas están más centradas y tranquilas, menos pendientes de los chicos". Asegura que ellas mejoran en matemáticas y física y los chavales, que, a su juicio, precisan un ambiente más competitivo y disciplinado, progresan en lenguaje. "Veo ventajas y ningún inconveniente. No es una cosa de la derechona, no se trata de volver a segregar a los sexos; es una cuestión de eficacia, chicos y chicas pueden seguir conviviendo en la escuela y compartiendo otras clases", aclara.

Pese a todo, su propuesta escandaliza a buena parte de la comunidad educativa. "La coeducación es, en sí misma, un valor que facilita la convivencia en igualdad. Hay que tener en cuenta que la educación no es solo la transmisión de conocimientos", destaca Carmen Vieites, de UGT y promotora del proyecto Sindicadas. Educando en Igualdad. "No creo que separar a los alumnos por sexo resuelva las cosas", comenta Ana María Savaté, directora de la Oficina de Igualdad de Género de la Complutense de Madrid. Tampoco a Matamala le parece una buena idea. Al igual que otros especialistas, opina que los políticos, los padres y el conjunto de la sociedad debe tomarse en serio que la educación es una tarea de todos y que hay que combatir el modelo de sociedad consumista que alimenta el deseo y, por lo mismo, la frustración.

Piensa que los palos que bloquean la rueda del sistema educativo son también el bombardeo televisivo de la violencia, el abandono de valores como el esfuerzo y el machismo todavía latente en tantos hogares españoles. La pregunta sigue siendo: "¿Qué hacer?". Pero la única respuesta unánime es que habrá que hacer lo imposible para reducir la calamidad del desastre escolar -esa grieta de género-, y para que nuestro país no pierda pie en el camino hacia la sociedad del conocimiento.


- El País -

domingo, 3 de enero de 2010

Imágenes de...



Imágenes de la ciudad perdida

Aquí confluyen las miradas del mundo. nueva york, una ciudad terrenal, melancólica, donde todo puede suceder. Los grandes fotógrafos la han hecho suya. Éstas son algunas pruebas de su historia de amor.

El arte de Florencia en el siglo XV es la pintura al fresco; el de Nueva York en el siglo XX es la fotografía. La fotografía tiene la fuerza plástica de la pintura y del cine, la capacidad narrativa del cine y de la novela, la verdad inmediata de una información. En The New York Times de cada mañana se publican fotos de la vida en la ciudad en cuyos autores uno no se fija, pero que merecerían ser apreciadas en el espacio sereno de una galería. Las fotos de Weegee que ahora admiramos en los museos o en el papel caro y satinado de los libros de arte aparecieron originalmente en las páginas plebeyas del Daily News acompañando noticias truculentas de crímenes. El siglo XX terminó en Nueva York con un apocalipsis fotográfico. El siglo XX acabó con algo de retraso el 11 de septiembre de 2001, y a las pocas semanas, en galerías improvisadas de la ciudad, pudieron verse exposiciones urgentes en las que se mezclaban imágenes de fotógrafos de renombre y de fotógrafos aficionados atestiguando la escala del apocalipsis. Fotografías espectrales de desaparecidos eran pegadas con cinta adhesiva a las farolas y a los semáforos, con un nombre y un número de teléfono escritos a mano. Cada día que pasaba, la misma foto, estropeada por la intemperie, sufría también la transformación impuesta en ella por la pérdida gradual de esperanza, y el desaparecido que seguía sonriendo en ella era ya un muerto aunque no se hubiera encontrado su rastro.



La fotografía es un arte y un producto industrial de consumo inmediato que está en todas partes y al que más o menos se dedica cualquiera, una forma de recuerdo y un instrumento de identificación policial, tan práctico como unas huellas digitales. Esa mezcla de rigor estético y de vulgaridad le va muy bien a Nueva York, que es una ciudad desordenada y mercenaria, impúdica en la exhibición de lo que otras esconden, tan desastrada, tan cambiante, que una foto tomada ayer mismo, hoy puede ser el testimonio de un pasado sin huella. A pesar de las tonterías de la moda, de las vacuidades existenciales de Woody Allen y de la serie "Sex and the City", Nueva York es una ciudad ásperamente terrenal y realista en la que a la gente que trabaja le cuesta mucho ganarse la vida, y por eso le va también un arte tan propenso al realismo como la fotografía. A principios del siglo XX, Edward Steichen tomaba fotos nocturnas de Nueva York que tenían los claroscuros misteriosos de pinturas de Whistler, pero un poco antes, en 1895, Jacob Riis había retratado las vidas de los pobres que se amontonaban en los peores callejones, en las habitaciones de techo y bajo y sin ventanas a las que iban a parar los emigrantes recién llegados al Lower East Side. Como casi siempre, las cuestiones estéticas se corresponden con divisiones de clase: Steichen y luego Stieglitz trabajan para un público que tiene dinero para comprar arte y al que ofrecen visiones fotográficas dotadas del refinamiento de la pintura simbolista. Los fogonazos de Riis que brillan en los ojos espantados de los miserables aspiran sólo a reflejar la verdad, a arrojar literalmente luz sobre el escándalo de la injusticia.



Las fotos más representativas de Nueva York con mucha frecuencia las han tomado forasteros: la intensidad de esas miradas puede no ser la de la familiaridad, sino la del asombro y la extrañeza, hasta la del rechazo. Riis era holandés y habría llegado en uno de los mismos barcos que traían en sus bodegas de tercera clase a los emigrantes que iba a retratar. Weegee parece tan congénitamente neoyorquino como los bagels o los musicales, pero había nacido en Polonia y llegó a Nueva York con sólo veintiún años (también los bagels vinieron de la aldeas judías del este de Europa, y un cierto número de autores del teatro musical). Andreas Feininger había nacido en París y había sido profesor en la Bauhaus antes de emigrar a América en 1939. En sus fotos de las torres de Manhattan emergiendo como un Himalaya en blanco y negro sobre los chorros de humo de los barcos y las instalaciones portuarias del río Hudson está el deslumbramiento del recién llegado, la mezcla de euforia y de vértigo de quienes veían por primera vez la ciudad a la luz del amanecer desde las barandillas de los transatlánticos.



Andreas Feininger trabajó muchos años para la revista Life, que en sus tiempos de gloria fue semana a semana una especie de Capilla Sixtina del arte de la fotografía. Pero su manera tan europea y tan americana de retratar Nueva York tenía mucho que ver con la mirada de otra viajera de ida y vuelta, Berenice Abbott, cuyo libro sobre la ciudad, Changing New York, se publicó el mismo año que Feininger llegó a ella. Abbott había vivido en Nueva York algún tiempo, llegada desde el Medio Oeste, entre los literatos y los artistas del Village. Ni la ciudad ni la fotografía parece que le llamaran entonces la atención. Llegó en 1918 y se fue a París en 1921, llena de vagas ambiciones teatrales, y a través de Man Ray descubrió su vocación de fotógrafa. Un regreso a Nueva York en 1929 le hizo ver de pronto lo que había permanecido oculto a su mirada juvenil. Como ocurre tantas veces, el tesoro que le estaba destinado, el material gracias al cual se desataría su talento, era el mundo que había tenido delante de los ojos y al que no había sabido prestar atención. Se había ido de Nueva York a París persiguiendo una confusa vocación de artista. Le hizo falta el largo rodeo por Europa para fijarse de verdad en Nueva York, percibiéndola no inmóvil, como la ve el que no se marcha, sino en tránsito, en ese proceso continuo de creación y destrucción que fue tal vez más fértil que nunca en los años treinta, cuando se estaban levantando muchas de las construcciones más hermosas de la ciudad: el Empire State, el Chrysler, el Rockefeller Center, pero también el puente George Washington y muchos otros edificios menores e instalaciones públicas de una ambición y una belleza que desde entonces casi nunca han sido igualadas.



A lo largo de toda esa década, Abbott no paró de tomar fotografías. Eran tan buenas, se hicieron tan universales, que han acabado adquiriendo un anonimato paradójico. Dejaron de ser fotos de Nueva York para convertirse en la ciudad misma. Weegee tenía una mirada de sátira social y de caricatura en la estela de Goya y de Daumier. Le atraía lo siniestro y lo monstruoso, y en su sarcasmo había siempre un instinto cordial de fraternidad hacia los absurdos y los fracasados. Feininger veía la ciudad como un paisaje edificado por el hombre a la escala de la naturaleza, pero dominado por fuerzas muy superiores a las voluntades singulares de sus habitantes. En Berenice Abbott hay una atención indiscriminada y generosa, casi de novelista, de novelista fascinado por los destinos humanos en el laberinto de la ciudad moderna, a la manera de Balzac o de Dickens, o más específicamente, de John dos Passos. Intuyó que la fotografía, el arte de apresar lo inmediato e instantáneo, era el instrumento más fiel para retratar una ciudad sometida al flujo perpetuo de la transformación, de la prisa, del levantamiento y el derribo. La ciudad de la que se había ido en 1921 ya no se parecía a la que había visto al regresar en 1929, y el ritmo de los cambios no hizo sino acelerarse desde entonces. Fotografiaba igual lo recién levantado y lo que estaba a punto de convertirse en ruina y desaparecer sin recuerdo. Era tan admirable en la escala épica de las grandes vistas como en la atención a la vida cotidiana en las calles populares, y vio la poesía de los letreros encendidos de noche en Times Square y la del escaparate de una panadería en una esquina de barrio.



Se habla siempre de la influencia del expresionismo alemán en la estética del cine negro americano, y se descuida el efecto de la fotografía. Pero Weegee se fue a Hollywood en 1945 para asesorar en una película de Jules Dassin que se llamaba como su libro de fotos y recuerdos, Naked City, y cuando uno ve las luces nocturnas de Nueva York y los personajes insomnes de Sweet smell of sucess se da cuenta de que está viéndolos a través de los ojos de Weegee y de Berenice Abbott: la poesía de fondo es de Abbott, la farsa del lujo y de la gloria endeble de las celebridades en los clubes de moda es de Weegee, así como los policías turbios y los cuerpos encogidos en callejones traseros. Y la tonalidad visual en sí misma, los negros brillantes, los grises de humo de cigarrillos, la calidad táctil de hollín, de grasa, de mugre de aceras, vienen del realismo de la fotografía, del realismo medular de Nueva York, ciudad que ha hecho una industria rentable de su propio espejismo y vive en parte de explotar cínicamente los sueños insensatos que ella misma provoca. El tenebrismo de los años cuarenta y cincuenta es el que recobra intacto Peter Hujar en sus paisajes devastados de los años setenta y los primeros ochenta, cuando la negrura de las calles ya no estaba habitada por los gánsteres y los borrachos de Weegee, sino por travestis con zapatos de plataforma, yonquis espectrales y adictos al crack.



De los monstruos de Weegee vienen los de Diane Arbus, que, a diferencia de él, no parecía confraternizar con los suyos, quizá porque tenía miedo de reconocerse demasiado en ellos y porque sabía que los monstruos no sólo estaban en los circos y en los barracones de feria, sino también en un salón comedor de clase media respetable, o en el primer plano de una señorona de las que viven en la parte alta de la Quinta Avenida. El amor por la observación de la vida de la gente común a la luz matinal de las calles probablemente lo aprendió Helen Levitt de Berenice Abbott. Pero en ella hay un grado especial de delicadeza cuando mira con tanta atención los juegos de los niños, o cuando se fija en los trazos de tiza que han dejado en la acera después de pasarse una tarde entera jugando a la rayuela.



Las fotografías de juegos infantiles de Helen Levitt me provocan una melancolía muy parecida a la congoja, una nostalgia íntima y complicada, porque retratan una época de Nueva York que yo no pude conocer y una infancia que, sin embargo, se pareció mucho a la mía. Haber jugado en la calle es un recuerdo que lo lleva a uno a tiempos que van volviéndose lejanos. Ver a niños jugando en las aceras de barrios populares de Nueva York es darse cuenta de cómo la ciudad ha cambiado desde entonces y comprender la sensación de pérdida que le transmiten a uno los amigos que crecieron en ella.



Pero ésa es la tarea que cumple la fotografía con más eficacia que las demás artes: revelarnos que esa inmovilidad en la que percibimos las cosas es un engaño de los sentidos y de la consciencia. No vivimos en el país del presente y nos acordamos del otro país, el del pasado, separados de él por una frontera nítida. Los dos son uno y el mismo, para bien y para mal, y no son un lugar, sino un estado de tránsito, un paso fronterizo perpetuo. Me acuerdo ahora de algo que leí en un libro de paseos y recuerdos de Pete Hamill sobre Nueva York, Downtown. Dice Hamill que, debajo de su efervescencia, Nueva York es una ciudad profundamente melancólica porque en ella pesa una nostalgia doble, la que sentían los emigrantes por los países que habían dejado atrás para venir a ella en épocas en las que difícilmente habría habido viaje de retorno, y la que siente el neoyorquino según va cumpliendo años por la ciudad, sometida a cambios tan rápidos que se vuelve irreconocible a su alrededor. Ese efecto de melancolía está en cualquier foto de Nueva York, de hace un siglo o de ayer mismo. Es la ciudad en la que no hemos estado o a la que no hemos vuelto, la que a veces añoramos caminando por ella.

'Retratos de Nueva York. Fotografías del MOMA' puede verse en Madrid (La Casa Encendida, de Obra Social Caja Madrid), del 27 de marzo al 7 de junio.

- El País -

sábado, 2 de enero de 2010

Una red de neuronas...



Dios: una red de neuronas

¿Qué le ocurrió a aquel antepasado humano que comenzó a creer en los dioses? ¿Por qué nuestra especie tiene esa especial tendencia a la fe religiosa? La ciencia, especialmente la neurología, ha entrado de lleno en la búsqueda de respuestas dentro del cerebro, que por el momento son muy complejas.

Mucho se ha avanzado desde que el anatomista Franz Gall, a principios del siglo XIX, dijera que había encontrado el órgano de Dios en el cuerpo, lo que le valió la condenación eterna. Ahora, muchos investigadores prestigiosos están convencidos de que las redes neuronales están detrás de esa tendencia a la espiritualidad, que es innata y que se ha repetido en todas la culturas y civilizaciones.

Si hace unos años, el biólogo americano Dean Hamer aseguraba haber hallado el gen de Dios, ahora investigadores del Instituto Nacional de Desórdenes Neurológicos en Bethesda (EEUU) han revelado las zonas del cerebro que se activan con la fe religiosa, que son las mismas que los humanos empleamos para comprender las emociones, los sentimientos y los pensamientos de los demás.

Este último trabajo, publicado recientemente en la revista Proceedings of the National Academy of Science (PNAS), sitúa el área religiosa en el lóbulo temporal y en el frontal, lo que indicaría, según el neurólogo Jordan Grafman, que juzgamos a Dios utilizando los mismos mecanismos que a otras personas y que, como creencias que se transmiten entre generaciones, entrarían en la memoria, la imaginación y la empatía.

El cerebro creyente

Ahora bien, ¿por qué se cree en algo de lo que no existe constatación? Algunos científicos apuestan por la idea de que el cerebro está organizado para que podamos creer.

Otras hipótesis defienden que la religión surgió como una adaptación evolutiva que hizo que los genes que la facilitaban se transmitieran y prosperaran: habría ayudado a formar grupos sociales cohesionados y a proporcionar consuelo en las desgracias. Así lo cree el psiquiatra Francisco J. Rubia, autor del libro 'La conexión divina'.

«El origen de la espiritualidad, que no de Dios, fue multifactorial. Influyeron los sueños, en los que el individuo viajaba sin mover el cuerpo, dando lugar a la idea del alma, y también la predisposición a la dualidad, porque el cerebro está organizado para ver el contraste, como es la luz y la oscuridad, lo finito y lo eterno, lo real y lo imaginario. Todo ello unía al grupo», argumenta.

Sin embargo, algunos antropólogos, como Scott Atran, de Michigan, consideran que «religiones que hablan de paraísos tras la muerte no hacen mucho por la supervivencia en el aquí y ahora».

Paul Bloom, psicólogo de Yale, busca la explicación fisiológica. Argumenta que el cerebro tiene dos sistemas cognoscitivos: uno se encarga de las cosas vivas y otro de las muertas, uno se ocupa de la mente y otra de los aspectos físicos (el dualismo del que habla Rubia). Sería la explicación de por qué abandonamos el cuerpo en los sueños o en proyecciones astrales. Es la misma dualidad que prepara al cerebro para conceptos como la eternidad, la vida después de la muerte. Y añade que pensar en experiencias al margen del cuerpo, espirituales, «está a un paso de la creación de los dioses».

La búsqueda de causas


Pero, ¿bastan esos dioses para dar lugar a la religión? Deborah Kelemen, de la Universidad de Arizona, añade a este cóctel el sentido de la causa-efecto, es decir, buscar un propósito o un diseño para todo, algo que surgió por mera supervivencia (un ruido puede ser un depredador) y que el cerebro extrapola a lo demás: todo tiene un porqué.

«La religión es un artefacto ineludible del cableado de nuestro cerebro», asegura Bloom en la revista 'New Scientist'. Incluso los ateos y agnósticos tendrían tendencia a pensar en lo sobrenatural. Según Rubia, en estos casos la espiritualidad innata se deriva hacia otras cuestiones, como la naturaleza. «Siempre se buscará porque produce endorfinas, y por tanto placer, pero las experiencias místicas pueden no ser religiosas», asegura.

De hecho, Atran lo llama «la tragedia de la cognición»: «Los seres humanos pueden anticipar el futuro y concebir su propia muerte. Cuando los procesos naturales del cerebro nos dan una salida, la cogemos, claro», argumenta.

Luego, ¿la religión es un subproducto de la evolución del cerebro humano o fue seleccionada para la supervivencia del grupo? El evolucionista Richard Dawkins considera correctas ambas premisas. Por un lado estaría el adoctrinamiento que se recibe del grupo, y que se acepta para no ser rechazado, pero por otro la predisposición cerebral a creer en seres invisibles, que se concretan en los de los padres.

La relación religión y cerebro va, incluso, más lejos. El psiquiatra español Rubia recuerda que hay una epilepsia que afecta al lóbulo temporal y activa la religiosidad por una descarga de neuronas. «Los chamanes eran personas que entraban en éxtasis y algunos sufrían esa enfermedad. Desde antiguo eran quienes hablaban con los muertos y curaban, seguramente por poderes psicosomáticos más que otra cosa».

- El Mundo -

viernes, 1 de enero de 2010

Día a día...

El infierno es vivir día a día sin saber la razón de tu existencia.

– Marv: Sin City (2005) -

miércoles, 30 de diciembre de 2009

Avance de la nueva generación de...



Avance de la nueva generación de navegadores

A lo largo de la semana pasada hemos estado hablando bastante del software como servicio y comp parte de la experiencia tenemos con este tipo de productos está basada sobre todo en dos condicionantes ajenos al propio servicio contratado como son los navegadores y la velocidad de subida de archivos de nuestra banda ancha. Parece que en el primer punto están trabajando los principales fabricantes y por eso hoy vamos ha realizar un avance de la nueva generación de navegadores.

Empezaremos por Internet Explorer 8 que ha conseguido importantes mejoras respecto a su predecesor de la versión 7, mejorando velocidad, estabilidad, seguridad y además nos ofrece trabajo multiproceso. Esto significa que cada pestaña del navegador funciona como un proceso independiente y si una se bloquea bastará cerrarla y no es necesario reiniciar el navegador. Como desventaja es que todas las páginas de las administraciones que están optimizadas para Explorer pueden no funcionar como se espera con esta nueva versión, como alguno de nuestros comentaristas habituales nos ha informado.

El navegador de Apple tiene ya preparado Safari 4.0, aún en fase beta que sorprende fundamentalmente por dos motivos, a saber, su rapidez y su compatibilidad con el estándar. En cuanto a lo primero he de comentaros que he probado está versión beta y hoy por hoy es el navegador más rápido que me he encontrado. Respecto al cumplimiento del estándar web tiene una nota del 100 % en el test de compatibilidad usado para estos menesteres el Acid Test 3. Esperemos que no tarden mucho en sacar la versión definitiva.

El navegador de Google va sacando poco a poco interesantes mejoras y van dando pasos para lanzar la versión Chrome 2.0. La versión beta ya está disponible y como novedades interesantes para la empresa destacan la posibilidad de tener distintos perfiles en el navegador y el sistema de seguridad que le hace ser de los más fiables del mercado actualmente.

Opera 10.0 es el que está en una versión un poco más temprana y todavía está en alfa, así que no se le espera su entrada en el mercado en los próximos meses. La principal novedad la encontramos en una función denominada turbo que acelera las descargas de páginas cuando la conexión tiene escasa potencia. Esto ocurre cada día menos pero sin embargo tal vez sería interesante para la banda ancha móvil no ofrezca una mejor experiencia de navegación.

Por último, no tardará mucho en aparecer Firefox 3.5 que ha incluido tantas mejoras que ha tenido que subir números la numeración de versiones y pasará de las 3.0 a la 3.5. Entre las novedades que incluye nos da la opción de navegación privada interesante en el mundo empresarial, además de mayor rapidez y mayor compatibilidad con el estándar.

A nivel empresarial es de agradecer la preocupación de todos los navegadores por una mejora en la seguridad a la que han concedido la importancia que los usuarios le estamos dando últimamente ya que los principales problemas de seguridad hoy en día entran a través del navegador y no con archivos adjuntos como solía ser costumbre en tiempos pretéritos.

Todos estos navegadores prometen mejorar la experiencia del usuario con la web y a través de la misma el SaaS tiene más opciones para implantarse en la empresa. Ahora sólo nos queda una mejora en la velocidad de subida de la banda ancha y conseguiremos hacer del SaaS un modelo mucho más atractivo de lo que es hoy en día.

- www.tecnologiapyme.com -

domingo, 27 de diciembre de 2009

Mitad genios, mitad incapaces...


Mitad genios, mitad incapaces
La identificación temprana de trastornos como el síndrome de Asperger es clave - Las nuevas patologías traen nuevos desafíos a la sociedad

Ángel, de 20 años, habla con fluidez español, inglés, alemán, francés, griego moderno, italiano, portugués y sueco, pero es incapaz de captar un doble sentido. De un lado, el talento. Del otro, la discapacidad social. Junto a los protagonistas de Rainman o Forrest Gump, o el de El curioso incidente del perro a medianoche, el libro de Marc Haddon, todos tienen en común dos cosas: gozan de un talento fuera de serie para actividades muy concretas, pero son incapaces de relacionarse normalmente con los demás. Es el síndrome de Asperger. A Albert Einstein, Charles Darwin, Andy Warhol o Steven Spielberg también se les ha atribuido este trastorno, que algunos llaman síndrome del sabio.

Los padres de Ángel (el nombre es ficticio) empezaron a notar que algo no iba bien cuando tenía tres años. Mostraba una fluidez verbal asombrosa, usaba palabras impropias para su edad y tenía fijaciones con temas muy concretos. Aunque era inteligente, su comportamiento social era "raro". "Él estaba a gusto solo, no nos manifestaba sus emociones y tenía rabietas un poco extrañas; su aprendizaje era desequilibrado", relata su padre 17 años después. "En aquel momento se sabía muy poco de este trastorno, visitamos a varios psicólogos y neurólogos que no supieron decirnos nada; al final, un psicólogo que había estado en EE UU conocía un poco el síndrome. Pero no tuvimos un diagnóstico concluyente hasta que cumplió 12 años", explica su padre.

Los chicos con Asperger actúan como si no tuviesen pelos en la lengua. Si el profesor alarga demasiado el discurso pueden soltar: ¡Qué rollo, yo me aburro! Si están en un ascensor y alguien huele a sudor, no tendrán reparos en comentar ¡qué peste echa este hombre! Pero nada que ver con mala educación o niños consentidos, si no con el desconocimiento total de las convenciones sociales. "Cosas que todo el mundo aprende instintivamente y que, sin embargo, para ellos son desconocidas", explica Juan Francisco Martínez, presidente de la Federación Asperger. En una ocasión, Ángel llamó a su profesor "dientes de conejo", recuerda su padre. Se lo dijo con su voz algo cantarina y resabia, propia de niños con Asperger. Al pequeño le sorprendió la mala reacción del maestro, que consideró inapropiada para algo obvio. La educación primaria fue un calvario para Ángel y su familia. Él no entendía a los profesores y compañeros y ellos tampoco le entendían a él. "Cuando pasó a secundaria vimos imprescindible que tuviese un informe explicativo de su situación, lo conseguimos y a partir de ahí todo fue mucho mejor", cuenta su padre.

"Ceguera social". Así define el presidente de la Federación Asperger, lo que le ocurre a quienes padecen este síndrome. "Para los padres es todo un reto, pero también nos da grandes satisfacciones. Se consigue una sociabilidad algo ortopédica, pero se consigue", dice Martínez, padre de un chico con Asperger. "Mi hijo es consciente de su situación y se lo toma bien porque está acostumbrado. Va desarrollando recursos según sus necesidades; ellos se consideran neurodivergentes y a los demás nos llaman neurotípicos", explica.

El talento es peligroso para quienes padecen este trastorno, porque puede convertirse en un arma de doble filo si no se encauza. "Aunque pueda resultar llamativo, el único objetivo de ese talento es que pueda servirles para integrarse socialmente y en el mundo laboral", explica el presidente de la Federación Asperger. Ángel ha enfocado su talento para los idiomas, que empezó aprendiendo de forma autodidacta. Estudia Traducción e Interpretación y en el futuro le gustaría trabajar como intérprete en la UE. "No pueden hacer trabajos en equipo", dice su padre, "pero sí los que requieran mucha concentración, y además los harán muy bien".

Ángel siente que es diferente desde que tuvo "uso de razón". Por email, cuenta que ante cualquier imprevisto se siente "confuso y con dificultad para reaccionar". Por eso es fácil que se concentren en algo y se dediquen a ello de forma extraordinaria. Lo de Ángel es traducir: "Me relaja, me ayuda a comprender mi entorno para luego aplicarlo a la vida diaria".

Debe tratar de comprender un entorno que, en general, comete el mismo fallo que él: la incomprensión; porque, aunque se ha mejorado en los últimos años, sigue siendo un síndrome poco conocido y, por tanto, extraño para la sociedad; pertenece a los TGD (trastornos generalizados del desarrollo) en el que también se encuadran el autismo, el síndrome de Rett, el trastorno desintegrativo infantil y los no especificados. Según el catálogo oficial de enfermedades mentales DSM-IV (de la Asociación Psiquiátrica Americana) estos trastornos se caracterizan por una dificultad profunda y generalizada en varias áreas del desarrollo: las habilidades de interacción social, las habilidades de comunicación y la presencia de comportamiento, intereses y actividades estereotipadas. Cada enfermedad afecta en mayor o menor grado a estas capacidades y el síndrome de Asperger es en la que mayor funcionalidad se puede conseguir.

La de Asperger es, como el resto de TGD, una patología nueva. Por ello, se piensa que aún son muchos los que la padecen (sobre todo adultos) pero lo ocultan por temor a las reacciones de una sociedad que desconoce en qué consiste esta discapacidad. También se cree que hay muchos no diagnosticados, que "van desarrollando de modo natural estrategias que les permiten incorporarse a la vida laboral", afirma Juan Francisco Martínez.

El autismo fue descrito por primera vez en 1973 por Leo Kanner como un trastorno conductual caracterizado por problemas en la comunicación (lenguaje), en la imaginación, muchas veces con comportamientos repetitivos, y dificultades en la interacción social, explica el doctor Manuel Posadas, del Instituto de Salud Carlos III. Se sabe que tiene una base neurobiológica aunque todavía se desconoce dónde se encuentra exactamente el problema biológico. Posadas afirma que terminarán por responder a múltiples etiologías: genética, metabólica, exposiciones ambientales (en sentido amplio, no sólo tóxico sino como contrapuesto a genético).

Desgraciadamente para el mito, puede que el talento no sea tal. Manuel Posadas desmonta la teoría: "En realidad son personas con una inteligencia equiparable a la media, aunque en algunos casos sea superior, como para el resto de la población, pero que por sus dificultades de entender y empatizar con el otro están centrados en su mundo interno y en sus intereses de una forma casi obsesiva, lo cual puede conllevar esta idea de la genialidad", explica.

La psiquiatra Rafaela Caballero apunta en la misma dirección. "No es memoria sino que, como es su área temática, la estudian hasta límites increíbles y es recomendable convertir esta área en parte de su trabajo o de su vida profesional para que tengan mejor calidad de vida y funcionalidad social".

Posadas advierte de la posibilidad de que, mal planteada, la "genialidad" se convierta en un problema: "En muchas ocasiones esta capacidad especial no les ayuda a desarrollarse académica ni profesionalmente; parecen vivir para su tema de interés y deslumbran con los conocimientos que pueden llegar a tener sobre un aspecto muy específico, pero les cuesta motivarse y concentrase en otros campos del conocimiento que no sea el suyo".

"Desgraciadamente no se conoce mucho el síndrome", cree Ángel. "Es un problema, aunque cada vez menos, porque piensan que los niños son así porque sus padres son muy laxos. A lo mejor el niño ve a una señora gruesa y le dice gorda, y creen que lo que le pasa al niño es que está mimado; por eso es necesario que la gente conozca el problema", explica el presidente de la Federación Asperger.

Probablemente a todos cuantos padecen este síndrome les gustaría ser comprendidos en su aislamiento social. La incapacidad para adaptarse a los imprevistos, algo cotidiano, les causa nerviosismo, a veces incluso ataques de ansiedad: "Si quedamos a comer con unos amigos a las dos, cuando vamos de camino le explico que es posible que se retrasen, porque si una vez allí, no llegan, puede ponerse muy nervioso", explica Martínez.

Igual que en todos los TGD, es vital la detección precoz. "Hay padres que se dan cuenta de que al niño le pasa algo pero no saben lo que es y, a veces, los médicos tampoco lo identifican", afirma Martínez.

Ricardo Canal Bedía, doctor en Psicología con 25 años de experiencia en investigación en el campo de los trastornos del espectro autista (TEA), ha implantado desde 2006 un proyecto de detección temprana, vinculado a las consultas de pediatría de Salamanca y Zamora. El programa se basa en un cuestionario elaborado por la Universidad de Connecticut, que se pasa a los padres cuando sus hijos tienen 18 meses. Consta de 23 preguntas, tales como: ¿suele traerle objetos para enseñárselos? ¿Suele mirarle a los ojos durante unos segundos? "Recibimos cerca de 500 cuestionarios al mes", asegura Canal, "y si vemos uno sospechoso y confirmamos la predicción se deriva al hospital el caso".

El equipo de investigación ha visto unos 8.000 niños desde 2006 y ha constatado una prevalencia de 1,3 por 1.000. "Perfeccionar la herramienta para bajar la edad de detección es ahora nuestro objetivo principal", declara el doctor. Lo importante es que la prueba se asuma entre los médicos como algo rutinario en sus prácticas cotidianas. Actualmente, la edad de detección media del autismo está en torno a los tres años, y la de Asperger a los cuatro o cinco.

La prevalencia de estos trastornos se estima en un caso por cada 160 niños en los EE UU. En Europa, las cifras estimadas en estudios en el Reino Unido son algo inferiores; en España no hay estudios generales que constaten la prevalencia. Respecto al Asperger, Posadas indica que ocuparían el 30% del total de casos.

Quieren los niños con Asperger? Su afectividad es, en cualquier caso, especial. Sienten, pero de otra forma. Carecen de empatía, pero sólo porque no son conscientes de las emociones ajenas. "Lo manejan de un modo extraño", explica Martínez, "pueden mirarte y no saber si estás sorprendido o asustado, o verte triste pero no saber hasta qué punto". "A veces expresan sus sentimientos, pero de manera inapropiada, porque se fijan en cosas que resultan extrañas a los ojos de los demás. Por ejemplo, de una chica se fijarán en su pelo y para hablar con ella le dirán: me gusta tu pelo, ¿eres teñida o es natural?". Ellos, evidentemente, no percibirán nada negativo en el comentario, a menos que se les explique cuáles son las razones, de forma "muy sencilla y muy concisa", explica Martínez.

El futuro de las personas con Asperger, aunque su trastorno no tiene cura, es esperanzador. "Si tienen el tratamiento adecuado pueden estudiar, conseguir una titulación universitaria, desempeñar un trabajo con cierto éxito e incluso tener una pareja sentimental, aunque nunca dejarán de tener los problemas básicos de relación social", explica Manuel Posadas.

Un blanco perfecto para la marginación

Los niños con estos problemas de sociabilidad, que no conectan con su entorno porque ni lo comprenden ni son comprendidos, suelen ser blanco de la marginación y el acoso escolar (bullying). En EE UU se habla de cifras cercanas al 100% entre los chicos con trastornos relacionados con el autismo que son acosados. Por ello, los padres de los niños con Asperger y patologías similares inciden en esta preocupación; �El recreo es el peor momento, porque está todo más desestructurado y eso al niño le causa ansiedad�, explica Martínez. Desde las asociaciones, piden que se utilice el momento del recreo para reforzar en el niño las habilidades sociales, y que de paso así queden protegidos de ese entorno muchas veces hostil.

La Universidad Autónoma de Madrid realizó en 2005 un estudio sobre La victimización escolar de los alumnos con Síndrome de Asperger y sus efectos en la integración escolar, para darles a los profesores herramientas para manejar la situación. En el informe, se llama a los docentes a atender un reto triple: ayudar al afectado (mirar por su seguridad y estabilidad emocional), trabajar con los agresores (que reconozcan su mal comportamiento) y con todo el grupo (hacerles tomar conciencia de que actúan en conjunto como no lo harían individualmente). El estudio también centra la importancia en el tiempo de recreo, con especial vigilancia al chico Asperger, para promover actividades y darle al escolar afectado otras opciones, como la biblioteca o la conserjería, por si no quiere salir al patio.

- EL PAIS -

sábado, 26 de diciembre de 2009

La duración de la batería de...

Imagínate: es como si los fabricantes de coches se reunieran y decidieran medir el consumo de los vehículos mientras ruedan cuesta abajo con el motor en punto muerto.


– Hurry Up and Type en Newsweek-