jueves, 17 de mayo de 2012

Kate Moss, la obsesión del milenio...


Kate Moss, la obsesión del milenio

El mito nómada, transgresor y transformable. Agente catalítico de los cambios de la moda en estos 20 años. Un libro analiza la incombustible fascinación por una modelo que, sin quererlo, se convirtió en icono de una época.

Es 1990. Tras unas semanas recopilando baratijas en los mercadillos de Portobello y Camden, una fotógrafa y una estilista se llevan a una quinceañera a una playa de East Sussex, al sur de Londres, para realizar un editorial de moda para la revista The Face. El concepto y la modelo, tan desconocida como ellas dos, son exactamente lo opuesto al glamour hipervitaminado y aeróbico de Cindy Crawford, icono de la década que acaba de concluir. Cero maquillaje, cero producción, la idea es insuflar "un poco de realidad en un mundo de sueños". La fotógrafa, una antigua modelo que se crió con un padre ausente y una madre prostituta, ha visto en su joven musa el reflejo de su propia biografía. Y el de su propia generación. Las imágenes muestran a una niña de aspecto abandonado, con el pecho descubierto y unas plumas indias como todo atrezo. Sonríe, frunce la nariz y se desliza despreocupada por una playa desértica. Hoy me he saltado las clases, parece decir con sus ojos achinados. En vez de eso, estoy cambiando el curso de la historia de la moda.

La fotógrafa es Corinne Day, desde aquel instante, madre oficial del grunge; la estilista, Melanie Ward, futura mano derecha del diseñador Helmut Lang, rey del minimalismo de los noventa. El titular que acompañará a la foto de portada de la revista, El tercer verano del amor, pretende equiparar la eclosión del éxtasis, el house y las raves que inunda Inglaterra con la revolución hippy de 1967. Se acabó el glamour sobreproducido de los ochenta, han decidido entre todos. Kate Moss, la chica de portada, pasará automáticamente a convertirse en el rostro de lo que venga después. Sea lo que sea. Grunge, generación X, realismo sucio, heroin chic

Es una de las escenas sobre las que se sustenta Kate Moss Machine (Ediciones Península), un ensayo de Christian Salmon (Marsella, 1951) que reflexiona sobre el cambio de paradigma que ha sufrido la moda estos últimos 20 años. En él, la modelo británica, sin intención aparente -"Sublimes son esas vidas que se escriben sin que tengamos la impresión de que sus autores suden sangre y agua, casi a su pesar", describe Françoise-Marie Santucci, su biógrafa francesa-, es el agente catalítico de todos los cambios. "Ella representa el triunfo de la revolución neoliberal de Thatcher y Reagan", asegura el autor, "así como del relanzamiento de la Cool Britannia que Tony Blair orquestó en 1997 para ganar las elecciones. En el nuevo imaginario laborista, la factory de Andy Warhol ha eclipsado a la fábrica de Karl Marx". Del mismo modo que no hay Marilyn warholiana sin fotocopiadora Xerox, no hay Kate Moss sin Internet, el medio que ha amplificado hasta el paroxismo cada una de sus reinvenciones. "El estatus de modelo se transforma; de simple modelo a imitar, se convierte en modelo de simulación. Su cuerpo delgado, reducido al espesor de una letra o de un código, ya no pertenece al terreno de la anatomía, sino del léxico del branding y la técnica del morphing".

Con 16 años, Moss se estrena en la Semana de la Moda de París. Naomi Campbell, Linda Evangelista y Christy Turlington le sacan una cabeza, pero John Galliano quiere incluir a una mortal entre las diosas de su desfile de primavera-verano de 1990, inspirado en la huida de Anastasia, la hija pequeña del zar Nicolás II. "Vale, Kate, te persiguen los lobos", le indica. La modelo arranca a correr desesperada sobre la pasarela. "¡Nunca se había visto una crinolina volar así en una pasarela! Era absolutamente descarada. Y todo el mundo se levantó. Fue un momento mágico", relatará el diseñador gibraltareño a The Guardian. La irrupción de Moss desata la locura. Sus formas (o la ausencia de ellas) envejecerán los cánones de voluptuosidad imperantes a una velocidad que sólo tolera una industria como la de la moda. La leyenda relatará a partir de entonces la fábula de éxito de una adolescente criada en un entorno marginal que sin esfuerzo se convertirá en la modelo más importante del cambio de milenio. Sólo que, como recuerda Salmon, Moss tuvo una infancia más bien fácil, una educación un poco hippy con una madre en casa aficionada a las faldas de flores que escuchaba a los Rolling Stones, y un padre agente de viajes que se pasaba el tiempo buscando gangas para las vacaciones de los niños. Pero que la realidad no estropee un buen titular.

La edición británica de Vogue se hace eco por primera vez de la corriente realista y desglamourizada que catequizan las revistas de tendencias underground (The Face, i-D, Dazed & Confused) y su nueva camada de fotógrafos (Corinne Day, Juergen Teller, David Sims), inscritos en lo que más tarde se dará a conocer como La Escuela de Londres. En junio de 1993, la cabecera de Condé Nast publica un editorial de lencería de ocho páginas firmado por Day bajo el nombre de Underexposure. En él, Moss muestra prendas íntimas en el interior de su casa. No parece una modelo, podría pasar por cualquier adolescente británica mona. Sentada inocentemente sobre un radiador, rodeada de guirnaldas, un mobiliario mínimo, una cinta de Lou Reed en el suelo -una alusión clarísima, ironiza Salmon, al mundo de la droga-. La repercusión que obtiene, desde la perspectiva actual, se antoja surrealista: la prensa acusa a Moss de dar forma a una fantasía machista, hostigadora de la heroína. "Si tuviera una hija que se pareciera a eso, la llevaría al médico", resume elocuentemente la entonces directora de Cosmopolitan, Marcelle d'Argy Smith. La indignación, amplificada por los tabloides, eleva el grunge a la categoría de lacra social a erradicar. Y catapulta a Moss a mito mártir de la modernidad. "La ironía hastiada, un total-para-qué decoroso, rasgos propios de la generación X y que Kate Moss recicla a su manera, son los signos distintivos de un distanciamiento respecto de todo modelo. Si el papel de la moda es ofrecer modelos de identificación, Kate Moss es la antimodelo, representa la indiferencia por los códigos, el rechazo a imitar", explica Salmon.



El escándalo sólo estaba a punto de multiplicarse. Calvin Klein había elegido a la modelo para protagonizar el lanzamiento de su perfume Obsession. Después de trabajar con Richard Avedon y David Lynch, el diseñador estadounidense sorprende encargándole la campaña mundial a un perfecto aficionado de 21 años, el ex modelo reciclado en fotógrafo Mario Sorrenti. Es el novio de Moss. En la primavera de 1993 deja caer a la pareja en Jost Van Dyke, una minúscula isla del Caribe. Sin maquilladores, sin equipo, a la manera de Day. Sorrenti jugaría allí el doble papel de enamorado y de realizador. Una obsesión auténtica, la de él por ella, que se escenificará posteriormente en revistas, marquesinas y autobuses. "Lo notable de esas fotos era el efecto de real simulado. Lo que miramos en los carteles y en las pantallas no es sólo una imagen publicitaria que se supone nos llevará a comprar el perfume, es una experiencia que no es ni real ni ficticia, sino simulada y que se deja leer como tal", escribe Salmon. Era la verdadera revolución que, una vez más, anticipaba involuntariamente Moss: la de los reality shows, la de la realidad aplicada a un espectáculo comercial. Pero el mundo se quedó con otra lectura: la de su extrema delgadez.

"¡Aliméntame!". "¡Dame una hamburguesa!". "¡Anorexia!". Varios fueron lo eslóganes que aparecieron grafiteados sobre los carteles que mostraban el cuerpo desnudo de la modelo sobre un sofá. La revista People tituló: La piel y los huesos. Sarah Doukas, la agente de Moss, prohíbe a la modelo volver a trabajar con Corinne Day, que, desterrada de Vogue, abandona la moda para dedicarse a la fotografía artística y el documental. Aparece un cirujano plástico que asegura haber recibido a 100 pacientes blandiendo una foto de Moss. Hasta Bill Clinton llama a la concienciación. En el libro, Salmon asegura que la modelo "es más bien de buen comer" y achaca el revuelo a una maniobra de editores, diseñadores y minoristas que, como en una novela de Agatha Christie, se reunieron enigmáticamente para acabar con "la niña de la calle". Un look molesto que entorpecía el mercado y que no vendía complementos, ni productos de maquillaje, ni revistas de moda. La leyenda añade que fue la directora de Vogue USA, Anna Wintour, quien borró definitivamente el grunge de las pasarelas el día que concertó a los diseñadores más relevantes del orbe para advertirles de que si seguían negando el glamour en sus colecciones dejarían de aparecer en las páginas de su todopoderosa publicación.

Como en una huida hacia adelante, el matrimonio de Moss con Jefferson Hack, director de la revista Dazed & Confused, acercará a la modelo al mundo del arte contemporáneo, que la abrazará como musa y consolidará su estatus de mito pop warholiano. "Kate Moss es completamente ordinaria. Es lo que la hace extraordinaria", declaró el artista Alex Katz. "No da demasiado miedo, está casi a nuestro alcance. El tipo de chica que nos gustaría tener como vecina, sólo que nunca será nuestra vecina", describió el fotógrafo David Bailey. El más importante de los pintores vivos del Reino Unido, Lucian Freud, le dedica un retrato que da la vuelta al mundo. Le seguirán Tracey Emin, Jake y Dinos Chapman y Sam Taylor-Wood, en un porfolio especial para la revista W. Marc Quinn esculpe en 2000 una escultura de hielo de la modelo a tamaño natural que se expone en un refrigerador destinado a fundirla en el plazo de unos meses, "una metáfora perfecta de la manera en que consumimos su belleza. Kate se evaporará en la galería y la gente podrá literalmente respirarla", explicó el escultor. The Guardian cuestiona este empeño por reivindicar una figura tan "hueca" y proclama "la muerte del arte británico". Según Salmon, Moss ha dado forma a un nuevo tipo de sujeto, adaptable a cualquier circunstancia, capaz de reinventarse continuamente. Una sustancia fungible y mutante.

Cuando en septiembre de 2005, coincidiendo con la Semana de la Moda de Nueva York, el tabloide británico Daily Mirror publica las fotos ultrapixeladas de la modelo cortando rayas de cocaína bajo el titular contundente de Cocaine Kate, la ficción de un icono que transita por encima del bien y el mal parece evaporarse. Pero tras la alarma inicial, el gremio cierra filas en torno a ella. François-Henri Pinault, presidente del grupo PPR (que controla, entre otras, las firmas Gucci e Yves Saint-Laurent), denuncia la hipocresía de la industria en unas declaraciones que recoge The Guardian: "Si utilizamos a Kate como un símbolo de libertad, de transgresión, debemos ser honestos, no podemos utilizar su imagen para hacer pasar estos mensajes y luego extrañarnos de que sea transgresiva en su vida privada". A su vez, Galliano ironiza sobre el asunto en Vogue Paris, pidiendo a las grandes cadenas de ropa que se preocupan por la salud de la juventud que "extendieran esta nueva preocupación a las fábricas de los países en vías de desarrollo donde se producen muchos de sus artículos y que, en muchos casos, utilizan mano de obra infantil".

"Moss no encarna una deriva del sistema, sino su ideal-tipo. Es la rebelde integrada. El exceso asumido. No la transgresión de los códigos, sino un nuevo código contradictorio que hace de la transgresión una norma social", escribe Salmon. La modelo no sólo salió del atolladero, sino que mantuvo -cuando no aumentó- la mayoría de sus contratos publicitarios. El eslogan de L'Oréal, Porque yo lo valgo, es, según el autor, la expresión lapidaria de esta nueva cultura de la performance, una en la que el valor ha perdido todo referente y sólo se demuestra afirmándose. Moss podría haber salido de su clínica de desintoxicación reinventándose como nuevo rostro de una ONG, haciéndose fotos con los desprotegidos para expiar públicamente sus pecados. En vez de eso, en 2006, su amigo Alexander McQueen la convocó en la Semana de la Moda de París bajo la forma de un holograma, cubierta de cintas blancas en medio de una corte de mujeres mariposa, girando sobre ella misma como una aparición. Una resurrección simbólica. Según Salmon, más efectiva que cualquier proeza tecnológica.

El mito de Kate Moss ha evolucionado y madurado en sus 20 años de vida. Ha sido un peculiar espejo para la sociedad de su tiempo. Cuando ésta encara una nueva década y varias revoluciones paralelas, ¿cuál será el papel que el icono Moss jugará en el futuro?, ¿cómo envejecerá? "Ella va a sobrevivir como una marca, lleva años transformándose en una", opina Salmon. "Su colaboración con Top Shop o Longchamp son una prueba de ello. Pero va a desaparecer como personaje real. La era de Kate Moss ya se acabó, aunque es algo que no he creído necesario escribir en el libro. Siempre existe la posibilidad de que una tragedia, como la de Marilyn, alimente de nuevo el mito. Pero ése no es el deseo de nadie". Seguramente, Kate Moss también encontrará la forma de escapar de esos lobos.

Kate Moss Machine (Ediciones Península) sale a la venta el 8 de abril.

miércoles, 16 de mayo de 2012

La publicidad más dirigida...

La publicidad más dirigida significa publicidad más eficiente lo que a su vez implica mayores ingresos.

lunes, 14 de mayo de 2012

Invitados a la fiesta de Scott Fitzgerald...


Invitados a la fiesta de Scott Fitzgerald

"De la casa de mi vecino brotaba la música durante las noches de aquel verano. En sus jardines azules, y entre los susurros, el champán y las estrellas, los hombres y muchachas iban y venían como mariposas. (...) Al menos una vez cada quince días hacía su aparición un ejército de especialistas con cientos de metros de lona y suficientes lámparas de colores para convertir el enorme jardín de Gatsby en un árbol de Navidad...".

Y es esa ilusión alegre de destellos y luminosidad que describe Francis Scott Fitzgerald (Estados Unidos 1896-1940) en El gran Gatsby la que suele irradiar parte de nuestras vidas. Viene de las fiestas veraniegas vistas desde niños, como cándidos observadores esperando crecer para estar en ellas. Paraísos pasajeros envueltos en música, baile, conversación, una copa en la mano y ¡brindar!, Sí, y si se pasea con ella en la mano ir brindando con los amigos que salen al paso: ¡clink! ¡clink! ¡clink!... y, claro, miradas discretas que se cuelan por todos lados en busca de coincidir con otra igual. Miles de historias literarias han salido de las fiestas y en ellas se ha empezado a tejer el destino que aguardará a muchos de los personajes, como en la vida misma. Que mejor, entonces, que recordar y evocar las inolvidables fiestas de Gatsby en este fin de semana, dentro del homenaje que Papeles perdidos rinde a los diferentes elementos del verano de la mano de grandes escritores. Lo mejor es que no hagamos esperar al anfitrión, y aceptemos la invitación de Fitzgerald a su espléndida fiesta literaria en su casa de West Egg:

"Creo que la primera noche que fui a casa de Gatsby era uno de los pocos huéspedes que habían sido realmente invitados. La gente no estaba invitada: iba. Se montaban en automóviles que los llevaban hasta Long Island, y de una manera u otra terminaban ante la puerta de Gatsby. Una vez allí, alguien que conocía al dueño, les presentaba, y después se comportaban de acuerdo con las reglas de conducta asociadas con los parques de atracciones. A veces, incluso, llegaban y se marchaban sin conocer a Gatsby, pero en realidad no necesitaban más entrada que la sencillez de corazón con que acudían a la fiesta. (...)

Grangatsby Las luces se hacen más brillantes a medida que la tierra se aleja del sol dando tumbos; ahora la orquesta toca una suave música de fondo, y la ópera de las voces se sitúa en un tono más alto. La risa se hace más fácil minuto a minuto, se vierte con prodigalidad y se vuelca con una palabra alegre. Los grupos cambian más de prisa, crecen con nuevos recién llegados, se disuelven y se forman en un instante; ya existen nómadas, muchachas seguras de sí mismas, que zigzaguean de aquí para allá entre las personas más sólidas y más estables, se convierten por un intenso y feliz momento en centro de un grupo, y luego, con la emcoción del triunfo, se deslizan por el cambiante mar de rostros, de voces y de colores bajo las luces en constante transformación".

domingo, 13 de mayo de 2012

Lo que nos une de los animales y de los humanos..01


El conocimiento se adquiere observando a los demás.
El viaje a la felicidad : las nuevas claves científicas de Eduardo Punset (2006)

sábado, 12 de mayo de 2012

Martin Usborne... 12


www.martinusborne.com

Amurallado entre 100.000 discos...


Amurallado entre 100.000 discos

El periodista musical Jesús Ordovás confiesa su adicción irrenunciable al pop español y publica 'Los discos esenciales'

Jesús Ordovás no ha tirado más que un solo disco en toda su vida. "Lo lancé por la ventana de un coche en marcha. Fue más un acto poético que de desprecio al disco o algo por el estilo", dice. Esto no sería relevante si esta memoria viva del pop español no hubiera recibido por correo miles de maquetas y música editada en todos los formatos a lo largo de los 25 años que dirigió y presentó el programa de radio Diario Pop (Radio 3). E incluso mucho antes, si nos remontamos a sus inicios en la prensa musical de 1972, cuando colaboraba desde Londres con Diario Exprés. "Tengo un síndrome un poco warholiano. Todo lo guardo y lo meto en cajas: casetes, revistas, fotos. No me atrevo a deshacerme de nada de eso". Como podría imaginarse, su piso en el centro de Madrid está atiborrado de estanterías y armarios llenos de discos y otros materiales suficientes como para reconstruir completa la historia de la música pop desde los años sesenta hasta la fecha. Todo bastante ordenado. Autor de varios libros sobre temas musicales, ha publicado ahora Los discos esenciales del pop español (Lunwerg), un centenar de reseñas y una selección cuidadosamente elaborada a partir de su propia colección. "Es muy complicado elegir cien discos entre cien mil", comenta, "pero he optado por los que marcaron un cambio significativo tras su aparición, como Los Brincos, Paco de Lucía, Camarón o Kiko Veneno. Cada uno de los discos abre un camino. No los he elegido porque me gustaran o no, me he basado en encuestas de varios medios para decidir".

Ordovás tiene un auténtico rincón para trabajar, entre un antiguo flipper y una rockola, junto a una ventana en pleno barrio Centro. Guarda a sus espaldas una figura publicitaria de cartón recortado de los años sesenta cuya modelo fue la entonces desconocida y joven actriz Joan Collins. Ordovás fue una de las figuras principales de la llamada movida madrileña. Él era uno de los que supo reconocer la fuerza y el talento de unos jóvenes a contracorriente que experimentaban con todo. "Hay gente que idealiza la época de la movida, pero había muy pocos locales y malas condiciones para actuar. Hoy en Madrid puedes encontrar cualquier día como veinte actuaciones, muchas de grupos españoles", explica. Diario Pop salió de antena en 2007 con la jubilación de Ordovás, pero él es incapaz de dejar o cambiar esa forma de vida. Sigue atendiendo a los nuevos músicos, asiste a conciertos, ejerce de dj y mantiene activo su MySpace con las últimas novedades. "No hay manera de desengancharse de esto", admite. "Me parece que nunca voy a jubilarme de la música".

viernes, 11 de mayo de 2012

Joaquin Phoenix, trolero genial...


Joaquin Phoenix, trolero genial

El actor nunca tuvo intención de dejar el cine para dedicarse al 'hip-hop', como contaba de forma extraordinaria en la película 'I'm still here', de Casey Affleck

Se supone que uno no va a un festival de cine a mentir. También se supone que uno no dirá una cosa un día y una totalmente distinta la semana siguiente, a menos que sea un político. De hecho, se suponen muchas cosas, pero lo cierto es que el mundo del cine es proclive a este tipo de sorpresas, de "donde dije digo digo Diego". La última y flagrante prueba son las declaraciones de Casey Affleck a The New York Times respecto de su documental I'm still here: "Es falso".

Así, sin más, se va al garete el griterío que ha rodeado a esta película (ahora que ya se la puede llamar así sin tener que pensarlo dos veces) desde que pudo verse hace tan solo unos días en la última edición del festival de cine de Venecia. En el Lido, Casey Affleck contestó a las preguntas de la prensa internacional como el que dice unas palabras en el funeral de un amigo fallecido en trágicas circunstancias: que si "todo es verdad", que si "debe ser muy duro verse en pantalla de esa manera", que si "creo que ahora está mejor, ha sufrido un gran cambio". Con eso, y la cara de tipo afligido que lucía en la presentación de la película (no por casualidad Affleck es también actor, y de primera clase), algunos ingenuos llegaron a dar pábulo a la idea de que quizás había algo de verdad en algo como I'm still here.

El presunto documental retrataba la caída -sin paracaídas- del actor Joaquin Phoenix, no por casualidad cuñado de Affleck e intérprete al que se recuerda por su participación en películas como Gladiator, La noche es nuestra, En la cuerda floja o Two lovers. Precisamente después de esta última, el intérprete decidió que no quería actuar más y que, en lugar de eso, iba a dedicarse al hip-hop. Ahí empezaba la aventura de Phoenix, que le llevaría de los hoteles más lujosos de Hollywood a los antros más tirados de Nueva York. En teoría, todo esto se debía a la frustración del actor en el mundo del cine y, en teoría también, Affleck tendría permiso para filmar el proceso.

La desintegración se iniciaba cuando el público descubría (al mismo tiempo que el actor, o esa era la teoría hasta que Affleck ha abierto la boca, tan solo una semana después de jurar y perjurar que todo aquello era de verdad de la buena) que Phoenix tenía las mismas posibilidades de convertirse en una figura del hip-hop que un papagayo de cantar en la ópera. Su desesperación psíquica acababa contagiando a su cuerpo, y del tipo de mirada sexy y perdida que volvía locas a muchas (y a muchos) se pasaba a un señor con sobrepeso y de barba mal cuidada, que apenas podía balbucear sus intenciones por culpa de sus pasotes con las drogas y el alcohol.

Phoenix aparecía esnifando cocaína del escote de una prostituta, gritando sandeces a sus amigos o conversando con Ben Stiller sobre un proyecto que este le ofrecía y que el otro declinaba con un rebuzno disfrazado de "no". Lo más humillante se guardaba para el final, cuando uno de sus asistentes se vengaba de sus malos tratos defecando en la cara del actor.

Ayer la carpa del circo se caía y el payaso se tapaba las vergüenzas justificando la proeza con una noble coartada artística: "[Lo de Joaquin Phoenix] Es una interpretación tremenda, la interpretación de su vida", decía Affleck al rotativo neoyorquino. Así se abre oficialmente la veda para el Oscar, un premio que deberían darle directamente al actor, ahorrándose tiempo y dinero. Porque pasado el interés sobre si la performance de Phoenix era real o solo la boutade de un loco, queda la descomunal capacidad del actor para meterse en los zapatos de su propio yo y hundirse en el barro hasta el cuello en un tour-de-force interpretativo que no se recordaba desde los tiempos de Marlon Brando.

En este tiempo, su estatus en Hollywood se ha ido al garete y muchos/as de los que forman parte de ese ente tan maleable y de gustos cambiantes llamado "audiencia" le han olvidado. A pesar de ello y según su agente, Patrick Whitesell, las ofertas vuelven a llegar a su mesa y es muy posible que la anunciada entrevista con David Letterman (el presentador del show donde empezó todo, con aquella famosa entrevista a la que el actor contestaba con monosílabos o muecas y en la que, ni corto ni perezoso, se sacó el chicle de la boca y lo pegó debajo de la mesa) dispare el interés por resucitar cuanto antes a Phoenix, ahora que ha demostrado que está lo suficientemente chiflado como para trabajar en Hollywood sin problemas durante unas cuantas décadas más. Nunca una estafa tan notoria acabó saliendo tan bien: cuestión de talento... probablemente.

Mentiras y gordas

Otras estafas en forma de película (o de programas de radio):

- Tanner 88. Robert Altman se inventó un candidato para las primarias demócratas de 1988 y a punto estuvo de llevarse el gato al agua con él, un tipo -de ficción- llamado Jack Tanner. Política ficción de primera clase para la ya entonces atrevida HBO.

- Dark side of the moon. Un mockumentary (un falso documental, a veces con un pie en la comedia) sobre la no-llegada del hombre a la Luna. Según su director, William Karel, lo de la Luna lo filmó Stanley Kubrick para la CIA. Genial.

- This is spinal Tap. Dirigida por Rob Reiner y escrita por Christopher Guest, el creador del mockumentaries más célebre de la historia. En este caso se narra la historia de una falsa banda de rock. Desternillante.

- La guerra de los mundos. En 1938, Orson Welles realizó su famosa lectura radiofónica del libro de H.G. Wells causando el pánico en la población (se cree que más de un millón de personas se tragaron la invasión marciana) y dejando en la historia la estafa en audio más recordada de todos los tiempos.

jueves, 10 de mayo de 2012

martes, 8 de mayo de 2012

La cinefilia 2.0 es... otra película


La cinefilia 2.0 es... otra película

La explosión incesante de nuevas tecnologías, lenguajes y hábitos de consumo influye directamente en las relaciones entre los cineastas, la crítica y el público

Pongamos que el cinéfilo es un surfero y que el cine es la ola. Una imagen ya utilizada por el filósofo Gilles Deleuze a la hora de ilustrar su concepto de mediadores pero que entre las sacudidas digitales del nuevo milenio viene al caso para hablar de la interacción entre esa ola y ese surfero: la cinefilia. Una comunidad que idolatra al cine por encima de cualquier divinidad y que armada de gafas de pasta, libros de André Bazin y abonos a la Filmoteca transitó por la cresta del siglo XX entre los cambios tecnológicos, estéticos, o industriales de este arte que, en su génesis, empezó popular para convertirse, mediante su acción, en el séptimo arte.

Hoy en día, la cinefilia se maneja mejor con los torrents y las cuentas de Twitter que con la filmografía de Ingmar Bergman. El cinéfilo 2.0 consume mucha más cantidad de cine pero cada vez menos en salas y más en su ordenador, en el salón de casa o en su dispositivo de telefonía móvil.

Este cinéfilo puede tener tanta influencia desde su página web -salvando las diferencias- como un crítico desde un periódico de tirada nacional o como el responsable de publicity de una major de Hollywood. Este cinéfilo puede cambiar la forma en la que entendemos, consumimos y, sobre todo, vivimos el cine.

El interrogante, en un principio alarmante pero pertinente al fin y al cabo en los tiempos que corren, sería: ¿se trata del fin del cine tal y cómo lo conocemos? EL PAÍS ha preguntado a periodistas, críticos, blogueros y académicos sobre los vértices que articulan la nueva relación entre el cine y su público.

ACCESIBILIDAD El 'modelo disco duro'

"Ahora, gracias a Internet, disponemos de toda la historia del cine ya sea por vía legal o paralegal". Al habla Carlos F. Heredero, veterano crítico cinematográfico, director de la versión española de la revista francesa Cahiers du Cinéma y observador desde su medio-institución de la transición del modelo Filmoteca al modelo disco duro.

Y es que hoy en día, el cinéfilo dispone vía descarga de pago o pirata, los infames torrents, pero también los canales P2P o los blogs de descarga directa, vía DVD nacionales o de importación, con cuidadas ediciones de cine sin distribución en salas o reediciones y, últimamente, también vía web con contenidos en streaming como Filmin o Mubi, el cinéfilo puede disfrutar de casi todo el cine que se produce pasando, o no, por caja pero, sobre todo, no pasando por sala.

PARTICIPACIÓN Comunidades virtuales

Si la web 2.0 trajo consigo los blogs y las redes sociales haciendo del usuario el centro gravitacional de la Red, la cinefilia ha integrado estas herramientas para desarrollar su actividad principal después de la de ingerir cine, hablar de cine, haciendo del cinéfilo el centro gravitacional de... el cine. El resultado es una comunidad que ha transmutado la tertulia en bares o revistas a discusiones en blogs o web especializadas haciendo de la experiencia de consumir cine menos gregaria pero sí más social con la proliferación de comunidades virtuales en torno a, por ejemplo, el cine de terror (aullidos.com), el cine cutre (cinecutre.com) o cortometrajes (tucorto.net). "Ahora el cine es mucho más promiscuo. Se puede compartir", comenta José Manual López, fundador de Cinexilio, uno de los foros más activos sobre cine en la Red. ¿La consecuencia? "Ya no se puede hablar de un tipo de espectador y un tipo de cine. Ahora son espectadores y cines", asegura Ángel Sala, director del Festival de Cine de Cataluña-Sitges.

CINE (S) Un arte popular y diverso

O, hablando en plata, la explosión del canon. Si antes parecía que el cine formaba parte del capital cultural de una minoría urbana y de clase media alta que decidía lo que valía y lo que no, lo que se veía y lo que no, hoy, por su accesibilidad e interactividad pero también por la democratización de sus medios de producción, el cine es más popular y diverso que nunca. "La cinefilia digital es cada vez menos independiente y está más interconectada", opina el catedrático Román Gubern en referencia a la creciente infección entre cinefilias de todo el mundo a través de Internet que explicarían, por ejemplo, la Palma de Oro en el pasado Festival de Cannes para el realizador tailandés Apichatpong Weerasethakul o el creciente interés en Occidente por las cinematografías de países como Nigeria o India.

Aunque si las sensibilidades están en plena ebullición, también lo está la naturaleza misma de lo que se entiende por cine. En su número de Julio-Agosto, Cahiers du Cinéma en su edición francesa daba su portada a la serie de televisión Mad Men, y en el pasado Festival de Cannes el realizador Olivier Assayas se presentaba en la sección oficial con una serie para Canal + sobre el terrorista Carlos. Películas como Origen, de Christopher Nolan, triunfan en taquilla bebiendo descaradamente de la narrativa de los videojuegos... son síntomas de que si en el siglo XX el cine fue el hijo de la alta cultura, en el siglo XXI el cine será el padre del arte audiovisual.

CRÍTICA ¿Guerra entre papel y Red?

La prestigiosa revista Film Comment del Lincoln Center de Nueva York iniciaba en su anterior número un debate sobre la relación entre la crítica en Internet y la de los medios impresos. ¿Guerra encubierta? Web como Rottentomatoes.com o Metacritic.com se han convertido en referencia mundial al elaborar con las críticas de los medios más influyentes un índice por película que bien puede salvar o hundir su carrera comercial. Eso, mientras la Web está poblada de blogs de mayor o menor calidad en la que se argumenta el interés, o no, de películas de estreno, clásicos o rarezas. Todo, mientras la relación entre cine y palabra impresa se desvanece a favor de otros canales de expresión más participativos, abiertos y globales. ¿Qué papel ocuparía entonces la crítica dentro de la cinefilia? "En estos momentos, no tiene ninguna relevancia. Ahora lo que funciona es el boca a oreja", comenta Román Gubern. "El cinéfilo conoce el 1% de la crítica digital que se realiza. Pero si conoces un crítico que te da confianza, lo sigues", asegura Diego Battle, crítico argentino y responsable de la web OtrosCines.com.

"Se trataría de la democratización de la crítica y eso no puede ser más que interesante", comenta Carlos Heredero. "Los medios tradicionales piden una renovación a gritos. Es verdad que la gente los lee y esos medios crean los referentes. Pero hay que ajustarse a los nuevos medios y a los nuevos tiempos." Dice David López, responsable de la web de cine y ocio inteligente, SeptimoVicio.com.

Lo menos que puede decirse es que el debate está abierto. Y el cine, más que nunca, también.

EL PAIS

lunes, 7 de mayo de 2012

Lo que nos une de los animales y de los humanos..03


Pista nº 1
Lo peor que se le puede hacer a un animal y a los humanos es aterrorizarlos.

El viaje a la felicidad : las nuevas claves científicas de Eduardo Punset (2006)

sábado, 5 de mayo de 2012

Cómo sobrevivir al éxito...

Cómo sobrevivir al éxito

El éxito social atrae y se busca más que nunca para gozar de sus privilegios. Sin embargo, permanecer en él y sobrevivirlo es todo un proceso, no exento de amenazas y dificultades.

Decía Andy Warhol que todo el mundo tiene sus 15 minutos de gloria, aunque el psicólogo Malcolm Gladwell ha añadido unos cuantos minutos, nada más y nada menos que 10.000 horas, para convertirse en un experto que brille por su excelencia. Mozart deslumbraba ya a los cinco años, mientras que Vincent van Gogh murió sin saborear las mieles del éxito de sus pinturas, y menos aún los millones que hoy se llegan a pagar por ellas. Stieg Larsson falleció antes de ver cómo sus Millennium inundaban las librerías de todo el mundo, con la Salander y el Blomkvist saltando a las pantallas cinematográficas. Algo parecido le sucedió a otro Larson ilustre, de nombre Jonathan, autor del musical Rent, que moría de sida poco antes del estreno de su obra. A John Lennon lo asesinaron. Michael Jackson y Elvis Presley desaparecieron víctimas de sobredosis de éxito, y Leonardo da Vinci sigue aún en boca de nuestros contemporáneos como maestro de la creatividad.

Más allá del éxito: He fallado una y otra vez en mi vida, por eso he conseguido el éxito (Michael Jordan)

Llegar a triunfar, a tener un éxito reconocido por los demás, es una tarea nada fácil, dejando al margen al ejército de freakes que merodean y alimentan muchos programas televisivos. Se suele decir que llegar al éxito cuesta, aunque lo verdaderamente difícil es mantenerse en él. Me voy a permitir una añadidura más a esos grados de dificultad: aún es más complejo sobrevivirlo.

Los ejemplos citados nos dan cuenta de al menos dos condiciones para alcanzar la gloria eterna: un talento sin igual, irrepetible, o morir justo en la cima. Y si las dos variables se dan a la vez, entonces se adquiere la categoría de mito. Por el contrario, la inevitable decadencia de lo que algún día se fue permite contemplar la efímera y fugaz ilusión de convertirse en lluvia de estrellas. Arremete contra cualquier intento de pretender alzarse divinamente de entre el resto de los mortales.

Abandonar los escenarios: No, el éxito no se lo deseo a nadie. Le sucede a uno lo que a los alpinistas: cuando llegan a la cumbre, ¿qué hacen? Bajar con la mayor dignidad posible (Gabriel García Márquez)

¿Se han fijado en cómo lloran los que abandonan la práctica deportiva, sea por la edad o por lesiones? ¿No les apena ver a artistas contando miserias para seguir teniendo un hueco en el aparador de la tele? ¿Y esos políticos que ya no lo son, provocando titulares para que se siga hablando de ellos? Una vez que se han saboreado las mieles del poder, del éxito social o se ha gozado del afecto que produce ser un personaje popular, cuesta horrores renunciar a todo ello, diluirse en el anonimato y tener una vida discreta y rutinaria. Más allá del éxito hay vida, sin embargo hay que aprender a vivir en ella, deshacerse del personaje e irse desapegando de la obsesión por el triunfo personal.

La primera dificultad para las personas que durante un tiempo han estado en el ojo del huracán popular, gozando de una vida de privilegios, consiste en saber cuándo deben abandonar el escenario. Llega un momento en que por coyunturas políticas, por modas, por el mero paso del tiempo, se esfuma esa magia que a uno le encumbró al Olimpo de los dioses. Es el momento de saber hacer mutis por el foro. Y hacerlo con elegancia, gratitud y aceptación. Lo contrario sería como negarse a envejecer, encerrar el tiempo en un cuadro como hizo Dorian Gray.

En efecto, no es ese un ejercicio sencillo. Después de estar en primera línea conviene una etapa de descompresión, de permitirse alejarse progresivamente de los escenarios que afaman. Los éxitos sociales se desarrollan en contextos sociales. Entonces hay que limitar su presencia en ellos. Hay que saber armonizar tanto las apariciones como las desapariciones. Hay que aprender, en definitiva, que cada uno esté en el sitio que le toca estar, en este caso, iniciando una nueva vida. Un ejercicio, sin duda, de humildad y de sabiduría a la vez. Debe de ser por eso por lo que cuesta tanto.

La esclavitud del personaje: Un tonto nunca se repone de un éxito (Oscar Wilde)

Vivimos en tiempos de exaltación del triunfo personal y colectivo. Llega a ser apetecible convertirse en alguien conocido y reconocido. Sin embargo, dicha pretensión conlleva un alto peaje: la creación y encumbramiento del personaje. Uno se acaba creyendo ese rol social, se apega a él, lo explota y, por desgracia, lo puede pervertir hasta prostituirlo. Es la esclavitud del personaje, al que siempre se recurre cuando uno anida en el vacío, cuando necesita que le quieran un poco o cuando mendiga la atención de los demás.

Por eso es de admirar que mientras dura el éxito del personaje, logre darse a conocer más allá de su puesta en escena; que llegue a ser amado o admirado por sí mismo además de por la fortuna de tener determinados talentos o dones.

Volver a la normalidad es volver a uno mismo, quitándose la máscara que ha ido interpretando durante un tiempo de su vida. Una de las peores amenazas para sobrevivir al éxito es identificarse con una autoimagen, construida solo por la apariencia, convertida ahora en caricatura. Además de vivir una vida nueva, será necesario reinventarse.

El éxito es de quien no lo desea: El éxito es fácil de obtener. Lo difícil es merecerlo (Albert Camus)

El último paso para sobrevivir al éxito es abandonar la creencia de necesitar el triunfo personal. Definir el éxito siempre es incómodo, ya que no vale lo mismo para todos, siendo además muy contextual, es decir, dependiente de la cultura y del momento histórico en el que se evalúe lo que es o no exitoso. Abandonar la pretensión de vivir para triunfar es algo que casi se debería enseñar en las escuelas, aún más en las de negocios y de las artes.

El éxito es ser y conducirse a uno mismo. El resto son derivaciones, consecuencias del desarrollo de las capacidades de cada cual. Los dones son regalos de la vida que no son para uno, sino para los demás. Eso es lo que confunde a tanta gente que pasa media vida en la ensoñación de triunfar. Sin ganas de desilusionar a nadie, creo que el camino puede ser otro. Puede asemejarse a la invitación del Tao, que propone que el sabio no se exhibe, y por eso resplandece. No trata de alcanzar la gloria, y por eso se distingue. No se vanagloria, y por eso se le honra.

Quizá lo que nos falta sea más sabiduría y menos candidatos al éxito que luego malviven de aquella gloria que un día retuvieron. Se puede sobrevivir al éxito si se deja atrás, para construir el ahora y el aquí en el que seguir siendo, por encima de todo, personas.

Para fueras de serie

1. Libros
– ‘Las 7 leyes espirituales del éxito’, de Deepak Chopra. Edaf.
– ‘Fueras de serie’, de Malcolm Gladwell. Taurus.
– ‘Tao Te Ching’, de Lao Tse. Océano Ámbar.

2. Películas
– ‘El guerrero pacífico’, de Víctor Selva. 2006.
– ‘Fama’, de Kevin Tancharoen. 2009.
– ‘Tin Cup’, de Ron Shelton. 1996.

EL PAIS

viernes, 4 de mayo de 2012

Lo que nos une de los animales y de los humanos..04


Pista nº 1
Todos los reptiles y mamiferos compartimos la resistencia al cambio y a la novedad.

El viaje a la felicidad : las nuevas claves científicas de Eduardo Punset (2006)

miércoles, 2 de mayo de 2012

CAUDILLO A BABOR...


CAUDILLO A BABOR

Cuando el Caudillo navegaba por aguas del Cantábrico, tocado con gorra de marinero y aferrado al timón de su nave, no podía imaginar la inscripción con la que alguien iba a mancillarla años más tarde: "Franco, mal nacido". Las maderas podridas y dobladas por el peso de una terca historia que duró 36 años crujen ahora anunciando un desplome inminente. En la cubierta de proa, una gata esconde a sus crías en un agujero del casco y amenaza con un bufido al forastero que se acerque demasiado. Y quizá no le falte razón a ese anónimo grafitero pero, las cosas como son, el Caudillo tenía un yate bien majo. El Azor, con sus 50 metros de eslora, navega ahora, desvencijado y tenebroso, por los campos de Castilla.

Lázaro González González, un empresario burgalés, tuvo la exótica ocurrencia hace unos 20 años de comprarse el barco con el que Francisco Franco Bahamonde salía en busca de atunes todos los veranos y por el que desfilaban sus ministros en época vacacional para recibir las reprimendas del dictador. El yate estaba en un dique del Cantábrico, y el bueno de Lázaro pensó que podía convertirlo en un restaurante o discoteca flotante en la Marbella del siempre flexible Gil y Gil. La Marina no accedió, pero el obstinado empresario les soltó los seis millones de pesetas que pedían, lo cortó en tres pedazos y se llevó la nave en varios camiones hasta un campo de trigo de Cogollos, un pueblecito burgalés donde tenía un asador. En un arrebato a lo Duchamp, lo cimentó en medio de la finca y construyó un motel a su alrededor cuyo mayor y estrambótico reclamo podía verse desde muy lejos en la carretera. Ahí es nada.

Los años y los propietarios de este sórdido parque temático han ido sucediéndose sin que ninguno sacara lo soñado del lugar (el actual fía su destino a la terminación de un cambio de sentido de la A-1). Pero nadie se ha ocupado de darle una manita de pintura al pobre Azor, hoy monstruoso monumento a la decadencia franquista, sí, pero también universal. Los intrusos lo han limado y se han llevado los flotadores, el timón, las lámparas, los ojos de buey y cualquier pedazo de historia convertible en euros. La maquinaria se la quedó un chatarrero antes de que llegaran los actuales propietarios. Da tanta pena, que incluso la fundación Cousteau pidió, sin éxito, que alguien se ocupara del asunto y cifró en 30.000 euros el coste de la reparación (¿imaginan a Franco con el gorrito del gran Jacques Cousteau?).

Pero ahí sigue, junto al asador y ese motel con un aire irremediable al que regentaba Norman Bates (lo siento, Mario) y que apenas utilizan los obreros del campo eólico que se construye alrededor -que crea inquietantes interferencias en la televisión, cuyo tamaño, por cierto, es imperceptible para el ojo humano- y algún camionero despistado. Hoy regentan el lugar Mario y Mari Mar, antiguos asesores fiscales y ex residentes en Madrid. Y se dejan la piel en ello. Habitación simple (es literal) y muy limpia: 25 euros.

-No creas. Aquí la noche en invierno es dura. Yo me he acojonado algún día.

-¿Ah sí?

-Sí, pero nada. Normalmente son chavales haciendo botellón dentro del barco, o alguno que viene a hacer carreras. Llamo a la Guardia Civil o les tomo la matrícula y fuera.

-Vaya. ¿Nada más?

-Bueno, hace tiempo mataron a un tipo ahí al final. Creo que lo llevaron entre varios y le pegaron algunos tiros. Fue un ajuste de cuentas. Salió en los periódicos locales. Pero nunca ha habido robos-, suelta Mario intentando tranquilizar al cronista y fijando el lugar exacto del crimen junto a la habitación que acaban de asignarle.

Él y Mari Mar, su mujer (ella no teme nada y si se le apareciera Franco y La Collares, dice, al menos sería un reclamo turístico), se quedaron con el traspaso del complejo hará poco más de un año. Se la trae al pairo la nostalgia franquista y los ecos del Movimiento, pero vieron por Internet que se traspasaba y pensaron en cambiar de vida.

-Esto es un hierro. A veces vienen algunos fachas, alguno ha dicho que hizo la mili en el barco. Pero claro, debía ser limpiando los retretes-, dice ella con toda la indiferencia del mundo.

De momento, el asador, un gigantesco espacio que Mario calienta en invierno con un cañón de calor y que incluye un estrambótico museo de la labranza dentro, es lo que mejor funciona. Su hijo da vueltas al edificio en un monopatín. A veces atraviesa por dentro del restaurante y se queda un rato mirando.

-¿Te aburres, hijo?-, le pregunta Mari Mar.

-No mucho-, contesta él resumiendo con absoluta concisión el nivel de tedio que pueden alcanzar ahí los días.

En las estanterías de los licores se repite la misma casete de un tal Danny. Un tipo con una melena a lo Rod Stewart y camisa de Tony Soprano aparece en la portada de Atrapado en Río, el álbum en cuestión. Parece que el fulano fue la estrella residente de la discoteca que hubo en el lugar. "Antes aquí había un baile de abuelos. Pero no daba un duro. Yo le he dado un giro y hago fiestas para latinos. Sé lo que quieren", reivindica Mario, cuyo buen ojo viene avalado por los años que trabajó en la seguridad de conciertos, mientras acaba de atender al tercer y último cliente del asador esa noche. Huele a brasa y al frío acumulado durante el salvaje invierno burgalés. Cuando se apagan las luces no se oye ni un alma. Solo el zumbido lejano de la autopista. Mario se marcha también a su habitación del motel con su familia. Toca atravesar toda la finca. Son las once en un pueblo de Burgos, aunque todo podría ser cualquier otra cosa.

En cuanto al barco, pocas novedades. Mario no piensa gastar un duro en él. Se ofrece, eso sí, a darle unos botes de pintura y unas brochas a los nostálgicos con ganas de hacerlo ellos mismos. Con un poco de suerte, Fomento se decidirá a terminar el cambio de sentido de la A-1 a la altura de Cogollos y, entonces sí, quizá la afluencia de visitantes devuelva el esplendor al último naufragio del franquismo.

Un 'souvenir', de parte de Lázaro

Cuando Lázaro González González se hizo con el Azor, hizo estas tarjetas de recuerdo en cuyo reverso podía leerse: "Usado de 1949 a 1975 por el General Franco, Jefe del Estado Español, como embarcación de recreo. También usado como buque insignia en numerosos actos oficiales. El último presidido por el Rey en 1984 en La Coruña. Asimismo fue usado en 1985 (con cierta polémica popular) por D. Felipe González Márquez. Vendido por la Armada española en 1992 en subasta pública".

www.elpais.com

martes, 1 de mayo de 2012

La guardería..

¿Te ha parecido duro? Pues si la guardería te está estresando, tengo muy malas noticias respecto al resto de tu vida...
Las chorradas de mi padre de Justin Halpern

El Manifiesto Cluetrain...



El Manifiesto Cluetrain (que puedes leer gratis en www.cluetrain.com) nos enseña esa lección en 95 tesis que empiezan asi:


1) Los mercados son conversaciones.
2) Los mercados están formados por seres humanos, no por sectores demográficos.
3) Las conversaciones entre seres humanos suenan humanas. Se conducen en una voz humana.
4) Ya sea transmitiendo información, opiniones, perspectivas, argumentos en contra o comentarios humorísticos, la voz humana es abierta, natural, sincera.
5) La gente se reconoce como tal por el sonido de esta voz.
6) Internet hace posible tener conversaciones entre seres humanos que simplmente eran imposibles en la era de los medios de comunicación de masas.