sábado, 20 de octubre de 2012
Neutralizar la agresividad...
Neutralizar la agresividad
Vivimos con un alto nivel de crispación: en la política, en el trabajo, en la calle... ¿Qué hay detrás de esta comunicación tan agresiva? ¿Cómo podemos combatirla?
Voy a buscar a mis hijos a la escuela. En un paso de cebra cercano a la entrada, por el que han de cruzar cada día los niños, me encuentro a un padre estacionado con su flamante Mercedes. Con absoluta serenidad, le hago notar que está bloqueando el paso justo en el punto por el que pedimos a diario a nuestros hijos que crucen para hacerlo con seguridad. Su respuesta no me atrevo a reproducirla. Lo más cariñoso que me dijo fue: "Métete en tus asuntos, y si te aburres, monta una ONG...", a lo cual seguía un grosero insulto.
Estoy en la panadería del barrio. Dos chicas entran con un perro. Un cliente les llama la atención avisándoles de que está prohibido entrar en el local con animales. Entre ellas, pero alzando la voz para que el hombre las oiga, comentan: "Ya estamos. Otro [insulto] que se aburre en casa y tiene que venir a dar lecciones a la gente...".
Estas son solo dos anécdotas recientes. Pero lo cierto es que muchas veces uno tiene la sensación de que hoy día la agresividad flota en el ambiente. Una agresividad gratuita, innecesaria y que en ocasiones raya la violencia. Una agresividad que hace de la relación casual con los demás una experiencia nada agradable, y que pone en jaque la convivencia. Y cada vez que nos enfrentamos a ella surge la misma pregunta: ¿qué le pasa a esta persona?, ¿por qué tanta irritación?
Detrás de la agresividad: "La violencia es el miedo a los ideales de los demás" (Mahatma Gandhi)
Ante un estímulo externo tenemos dos comportamientos posibles: responder o reaccionar. En el primer caso controlamos de forma consciente nuestro comportamiento. En el segundo actuamos sin control. En este contexto, la agresividad no es nunca una forma de respuesta, sino de pura reacción.
La reacción es un impulso automático del ser humano, que procede del instinto de supervivencia, y que tiene lugar cuando percibe un peligro o se siente atacado. Así pues, la agresividad es en esencia una reacción defensiva de alguien que en un momento dado se siente provocado.
Al margen de la agresividad patológica, que no es objeto del presente artículo, hay distintos orígenes para los comportamientos agresivos ocasionales con los que nos obsequia la gente en nuestro día a día:
- Hay agresividad que procede de nuestra inseguridad: cuando nos sentimos inseguros ante algo o alguien, cuando no dominamos algo y alguien nos cuestiona o nos pone en duda, la reacción por defecto será con toda probabilidad agresiva. Solo desde una gran dosis de seguridad personal podemos responder serenamente si alguien nos cuestiona.
- Hay agresividad que procede de nuestra falta de valor para decir lo que tenemos que decir: cuando tenemos que dar malas noticias, o hacer alguna observación negativa, y somos de los que nos cuesta hacerlo, nunca encontramos el momento adecuado. Y cuando finalmente hacemos acopio de valor, y lo decimos, nos vamos directamente y sin darnos cuenta al otro extremo, pasando de callarnos a decirlo con agresividad.
- Hay agresividad que simplemente procede de nuestra inquietud, de nuestros nervios: cuando algo nos inquieta, sea porque estamos ante una persona importante, porque hemos trabajado mucho en el tema o por cualquier otro motivo, es difícil responder ante cualquier observación sin alterarnos, manteniendo un tono constructivo.
- Y hay también agresividad que procede de nuestro sentimiento de culpa. Este sería a mi entender el caso de los ejemplos descritos al inicio. Cuando el sujeto se siente culpable y sabe que ha hecho mal las cosas, vive el comentario que le hagan como una agresión que le induce al ataque. En este caso, lo que hace es proyectar su enfado en los demás, cuando en realidad con quien está enfadado es consigo mismo.
En todos los casos la raíz es común, y se trata del miedo en cualquiera de sus formas o matices. Como afirma el Dalai Lama, "la ira nace del temor", y ciertamente, cuando alguien o algo nos da miedo, la reacción colérica o fuera de tono no se hace esperar.
¿Cómo responder?: "El buen juicio no necesita de la violencia" (León Tolstói)
A menudo, ante los ataques de alguien, no sabemos reaccionar. Aguantamos estoicamente su brote de ira, y nos quedamos por el camino con la sensación de que es esa persona la que en el fondo se sale con la suya y consigue sus fines (es evidente que el padre del flamante Mercedes no movió ni un centímetro su coche, y que yo desistí de hacer nada más al respecto).
Pero probablemente esto sea lo mejor que podemos hacer. La recomendación fundamental ante una persona irritada es por encima de todo no reaccionar nosotros, y en muchos casos ni tan siquiera la respuesta serena merece la pena, puesto que si el otro está fuera de sí, no va a procesar nada de lo que le intentemos decir.
Lo que es seguro es que ante una persona agresiva no lleva a ninguna parte dejarla en evidencia, afearle su conducta o intentar discutir. Porque caeremos inevitablemente en una espiral de reacciones y contrarreacciones que muy pronto nos hará perder el control a nosotros y nos encontraremos comportándonos a merced del otro.
Es importante vivir la agresividad ajena con la prevención de no caer nunca en su terreno de juego, no caer en la provocación y reaccionar, para mantener así y en todo momento nuestro juicio. Como afirmó Viktor Frankl, "no podemos controlar los acontecimientos, pero sí nuestra reacción a ellos", y, como nos recuerda Stephen Covey, "nuestra conducta es una función de nuestras decisiones, no de nuestras condiciones".
¿Qué se puede hacer?: "El medio para hacer cambiar de opinión es el afecto, no la ira" (Dalai Lama)
Si tenemos en nuestro entorno una persona que se muestra reiteradamente colérica (dejando al margen siempre casos no patológicos), hemos de considerar en primer lugar los posibles motivos: estamos ante una persona a la que la inseguridad y/o alguna manifestación del miedo la está colapsando.
No ayudará, por tanto, censurar su comportamiento ni mientras lo muestra (no está en condiciones de aceptarlo) ni en algún momento posterior (aunque lo acepte, su seguridad se verá inevitablemente minada). Tampoco funcionará dejarlo públicamente en evidencia. Todo ello no hará más que reforzar su inseguridad y, por tanto, la directa manifestación de esta: su reactividad y su agresividad.
Hay un camino que sí ayudará, aunque será lento en algunos casos y exigirá una gran dosis de empatía y generosidad: aceptar a la persona, comprenderla y, una vez comprendida la raíz de sus miedos, darle seguridad.
Con aquellas personas de nuestro entorno a las que queremos ayudar tenemos una posible estrategia a seguir: en lugar de enfadarnos con ellas cada vez que se muestran agresivas, podemos llevar a cabo un trabajo de fondo, que consistirá en ir dándoles mensajes positivos cada día. Esta estrategia no trata de tapar sus comportamientos agresivos. Trata de compensar y superar el mal de base, el origen de la agresividad, que es su falta de seguridad. La persona que muestra actitudes agresivas sabe perfectamente que no lo está haciendo bien, y no necesita que se lo recordemos. Lo que le ocurre es que no sabe de dónde proceden estas actitudes, y en esto es en lo que nuestra ayuda a través del refuerzo de su seguridad puede ser fundamental.
En los encuentros accidentales con gente que se muestra puntualmente agresiva, y a la que quizá ni conocemos, podemos responder con una pauta fija: serenidad y la mejor de las sonrisas.
Y cuando somos nosotros los que nos comportamos agresivamente, será bueno que analicemos qué tipo de situación ha desencadenado nuestra reacción: porque aquello ante lo que reaccionamos con irritación es precisamente aquello sobre lo que nos sentimos inseguros, aquello que no tenemos resuelto en nuestras vidas. Identificar lo que no tenemos resuelto y trabajarlo será la solución definitiva, más que intentar que un disciplinado autocontrol nos haga evitar un brote de cólera.
Agresividad, una palabra que rima con soledad. Está científicamente demostrado que tenemos mayor propensión por relacionarnos con aquella gente que nos muestra una actitud amable. No hace falta que hablemos con ellos; la sola expresión afable ya nos invita a la relación. Y siguiendo el razonamiento, parece lógico pensar que tendremos de forma natural una especial prevención a relacionarnos con gente que nos muestra una expresión hostil.
La agresividad con los demás levanta altos muros de aislamiento y lleva con el tiempo a la soledad. La gente se distancia hasta cortar todo vínculo de relación. A nadie nos gusta pasar un mal rato en nuestra interacción con los otros. Y ya no es una cuestión de tenerle miedo al agresivo. Es el simple y humano deseo de sentirnos bien en compañía de los demás.
MIEDOS Y FALTA DE SEGURIDAD
Libros
- La trilogía 'Millenium', del desaparecido Stieg Larsson. Muestra un extenso catálogo de comportamientos agresivos derivados de miedos, inseguridades y atrocidades sufridas. Agresividades que se sitúan en la categoría patológica en algunos casos, pero que son la mayoría de las veces conductas puramente reactivas.
- En su reciente novela 'Sunset Park', (Anagrama, 2010), Paul Auster nos describe con maestría los comportamientos de varios personajes que van de la pasividad a la agresividad, siempre como reacción a miedos y falta de seguridad.
- Una historia de superación de la agresividad: en su libro 'Re-Ser', (Integral, 2007), Santi López Villa narra con el título de 'El gesto de Manuel' una historia de superación de la agresividad en condiciones emocionales extremas. Un relato inspirador que induce a la profunda reflexión.
viernes, 19 de octubre de 2012
Mirando hacia atrás...
Mirando hacia atrás, la mayoría de las guerras de la historia fueron por la religión de alguien.
jueves, 18 de octubre de 2012
miércoles, 17 de octubre de 2012
Enseñar a los alumnos a pensar...
Enseñar a los alumnos a pensar
Tras dos años, la implantación del programa Escuela 2.0 es desigual en España
"Los alumnos españoles deben tener una actitud más crítica, tienen que pensar más". Ahí radica el problema de las competencias digitales. Es lo que opina José Antonio Cervero, el director del Instituto Fuente Nueva de Morón de la Frontera (Sevilla), que lleva varios años inscrito en el programa andaluz de nuevas tecnologías. No basta con que los chicos tengan acceso a los ordenadores, es necesario que desarrollen un criterio propio que les ayude a aclararse entre la ingente cantidad de información que hay en la Red.
La competencia digital se compone de cuatro patas: la búsqueda de la información, la selección, el análisis y la producción de textos nuevos a partir de la documentación localizada. El problema es que el alumnado se está quedando en el primer paso, según Cervero, que trabaja con los estudiantes todos los días a pie de aula: "El alumno cree que la información que hay en Internet es toda válida y se queda con lo primero que encuentra".
La inclusión de la competencia digital en el currículum de la educación obligatoria es reciente. Data de 2007, cuando se aprobó el real decreto que fija las enseñanzas mínimas en ESO. En la norma se considera como un aprendizaje "imprescindible" para los estudiantes el tratamiento de la información y la competencia digital.
Más reciente aún es la implantación sistemática desde el Gobierno central de las nuevas tecnologías en las aulas. Fue en 2009 cuando se puso en marcha el programa Escuela 2.0, con el que se pretende que, poco a poco, todos los alumnos tengan un portátil, pizarras digitales y conexión a Internet en las aulas. Pero este plan -cofinanciado entre el Gobierno y las comunidades- necesitaba de la participación de las Administraciones autónomas. Madrid, Valencia y Murcia se han mostrado reticentes a aceptar el programa, con lo que su implantación está siendo desigual en España.
Pere Marquès, director del grupo de investigación de Didáctica y Multimedia de la Universidad Autónoma de Barcelona, estima que, en este momento, "no llega al 10%" el número de aulas en España que pueden funcionar a diario con ordenadores. "¿Qué esperamos, que los alumnos aprendan solos las competencias digitales?", responde cuando se le interroga sobre las notas obtenidas en el Pisa presentado ayer. Con todo, Marquès es optimista y sostiene que los resultados de la incipiente implantación digital se empezarán a notar en un par de años. Eso sí, apuesta por un cambio didáctico. Por un lado, los alumnos deben realizar ejercicios memorísticos puros. Pero, a la hora de la práctica -por ejemplo, para resolver problemas matemáticos o hacer comentarios de textos- los estudiantes deben tener libre acceso a Internet o a los libros de texto. "Hay que hacer un cambio de paradigma frente a la memorización tradicional", señala Marquès.
Para José Antonio Naranjo, decano de la Facultad de Ciencias de la Educación de la Universidad de Granada, el problema con la lectura digital no hay que verlo de forma aislada. "Está relacionado con las dificultades de comprensión lectora en general", que también tienen los alumnos españoles según los últimos informes Pisa.
Algunos mitos derrumbados
El informe Pisa digital ayuda a desmentir algunos mitos, asegura el profesor de la Universidad de Valencia y asesor de la OCDE Eduardo Vidal-Abarca. "Uno es el que afirma que los nativos digitales tienen problemas cuando leen en papel, pero tienen una buena competencia de lectura digital. Hay abundantes datos en el informe que desmienten rotundamente esta afirmación. Además, la lectura digital no es más simple y efectiva que la lectura en papel, al contrario, es más compleja y difícil, entre http://www.blogger.com/img/blank.gifotras razones, porque requiere competencias añadidas a las competencias de lectura en papel, por ejemplo, de navegación, y porque en lectura digital no existe un texto físico que leer, sino que el lector ha de construir su texto conforme va leyendo", afirma.
Así, entre las habilidades del buen lector digital está la de hacer varias visitas a la misma página, e ignorar las irrelevantes cuando es necesario comparar información de distintos sitios y la navegación se torna más compleja. Además, debe saber controlar el tiempo disponible y empezar la tarea con una ruta de navegación eficaz, explica el Ministerio de Educación en una nota.
martes, 16 de octubre de 2012
Nunca he sido...
Nunca he sido lo que tu llamarías bonito, pero por lo menos siempre tuve un aspecto... agradable.
lunes, 15 de octubre de 2012
domingo, 14 de octubre de 2012
Se puede vivir del cómic... hecho en París
Se puede vivir del cómic... hecho en París
El tebeo recupera protagonismo en el ocio de jóvenes y adultos, pero España vive una fuga de creadores - La industria nacional, aún débil, prefiere comprar derechos fuera que producir en casa
En un lugar llamado España hubo un tiempo en el que se vendían más de siete millones de tebeos al mes. Se ofertaban en cualquier esquina, en miles de reductos conocidos como quioscos. Había historias sobre espías torpes, albañiles chapuzas y casposas comunidades de vecinos. Fuese por inteligencia o mordacidad, entre los lectores triunfaban los antihéroes. La factoría que saciaba aquella voracidad se llamaba Bruguera.
Luego los lectores crecieron, una guerra por petróleo disparó el precio del papel, se difundieron los videojuegos y nuevas formas de entretenimiento juvenil. Los tebeos se marchitaron, Bruguera cayó. En el mundillo, un cataclismo. "Fue como si cerrase la General Motors", compara Carles Santamaría, director de la Feria Internacional del Cómic de Barcelona. Fue la muerte del tebeo. El sector entró en coma. Eran los noventa.
Enjuiciar la salud actual de la industria del cómic obliga a recordar los antecedentes. El diagnóstico no es simple. Comparada con los días de vino y rosas, vive una época de tiradas timoratas -el gran superventas de los últimos años, Arrugas (Astiberri), de Paco Roca, va por los 30.000 ejemplares-. Si pensamos en los ruinosos noventa, la situación es floreciente (incorporación de nuevos lectores, proliferación de tiendas especializadas y presencia en grandes superficies). ¿Da para vivir del cómic? No.
Bueno, un momento. Los autores españoles no pueden vivir del cómic español (salvo contadas excepciones) pero... pueden vivir del cómic extranjero. El cómic exporta talento a mansalva. Algo novedoso. Santamaría calcula que unos 60 autores trabajan para editoriales de Francia o Estados Unidos. El Salón del Cómic de Barcelona contribuye a que el idilio no decaiga: en la última edición propiciaron 300 entrevistas entre editores extranjeros y creadores españoles.
El éxito tiene un claro efecto bumerán. Si un español triunfa en Estados Unidos o Francia, las editoriales españolas (incluidas aquellas que le hayan ninguneado en sus días de perfecto desconocido) lo recibirán con los brazos abiertos. Lean algunos ejemplos.
Blacksad (Norma editorial), una de las series más vendidas en Francia, es una creación de Juan Díaz Canales y Juanjo Guarnido. El asunto arrancó en aquellos tiempos malos. "En España era la época de la crisis más profunda. Juanjo ya vivía en París, había trabajado para Disney y nos animamos a intentarlo allí", revive Juan Díaz Canales (Madrid, 1972). El primer Blacksad, un cómic de género detectivesco con animales como personajes, arrancó con 30.000 ejemplares que se volatilizaron en un mes. Desde entonces la serie que edita Dargaud para el mercado franco-belga ha vendido más de 200.000 ejemplares. "Hemos entrado en un club muy selecto, muy pocas series venden esas cifras", reconoce el guionista Díaz Canales.
En España también es un éxito, aunque la tirada esté a años luz. "Es casi matemático, la proporción es de 1 a 10 respecto a Francia", explica. Blacksad se acerca a los 20.000 ejemplares, una menudencia comparada con el mercado vecino pero un superventas frente a las tiradas medias españolas, que oscilan entre 1.000 y 2.000 volúmenes.
El guionista Juan Torres (Málaga, 1972) paseó El velo por varias editoriales y revistas españolas sin despertar interés. Avalado por anteriores trabajos (entre ellos CSI) tanteó el mercado en Estados Unidos, donde anteponen las series a las historias propias. "Fueron un poco reticentes pero probaron y funcionó bien, ahora se ha traducido al español", cuenta. Y sin sorna añade: "Estamos todos locos por publicar en España, pero las editoriales prefieren comprar los derechos para traducir, mucho más barato que producir una obra".
Jaime Martín (Barcelona, 1966) aborrece a los superhéroes. Cuando cerró El Víbora, revista de cómic de adultos donde había recreado historias de sexo, drogas y rock'n'roll generacionales, miró hacia Estados Unidos y concluyó que tenía cero opciones y cero interés. "Si el concepto de héroe me echa para atrás, al de superhéroe, un tipo con el pijama apretado y el calzoncillo por fuera, lo detesto. Si estás dispuesto a dibujar cualquier cosa y eres rápido puedes vivir de ello, pero quería dibujar mis propias historias".
El manga japonés, el otro gran mercado mundial, tampoco le sedujo. Quedaba Francia, el tercer coloso. Le costó vender su primer álbum hasta que un agente lo hizo por él a la misma editorial que antes le había rechazado. Ahora su último trabajo, Todo el polvo del camino (Dupuis en Francia, Norma editorial en España), una historieta sobre la Gran Depresión con ecos de John Steinbeck y aroma a Dorothea Lange escrita por el brasileño Wander Antunès, ha vendido en Francia unos 7.000 ejemplares y en España, más de un millar.
Unas cifras alejadas de las 18.000 copias que vendió Martín de su primer álbum, Sangre de barrio, en 1990. Tiempos aún de alegrías. "No sé por qué ha pasado pero las tiradas han ido disminuyendo continuamente desde la primera guerra del Golfo. Mi teoría es que hay demasiadas opciones de ocio y tienes que escoger, no hay dinero para ir al cine, comprar tebeos y videojuegos a la vez", expone. Su predicción es apocalíptica: "El cómic se extinguirá o se convertirá en algo minoritario, como la poesía. Y tampoco será una catástrofe, pero ¿qué sentido tendrá cuando puedas tener sensaciones virtuales?".
Díaz Canales, Torres y Martín viven, con sus matices, del mercado exterior. Porque también los royalties generados por sus ventas en España llegan a través de las editoriales extranjeras que tienen los derechos sobre sus álbumes en todo el mundo. De esta paradoja no se ha librado ni el exitoso Arrugas, premio Nacional del Cómic en 2008.
Paco Roca (Valencia, 1969), tras algunas obras en revistas y el álbum El juego lúgubre (La Cúpula), miró a Francia. "Vi que era un mercado fuerte, se vende más y también se paga más". Un agente colocó Arrugas en Francia, donde recibió buenas críticas y logró unas ventas medianas (entre 10.000 y 13.000). Y entonces Astiberri compró los derechos para España y se desató el fenómeno: las ventas del cómic donde Roca desnuda con ternura exquisita los estragos del alzhéimer se desmadraron. En dos años han superado los 30.000 libros. De cada ejemplar, la editorial francesa matriz se lleva entre el 8 y el 10%. Con su siguiente álbum, Las calles de arena, se repitió este circuito: derechos para todo el mundo en manos de la francesa Delcourt. En este proceso, el papel de la editorial española es mínimo, su riesgo escaso y sus ganancias estrechas.
Pero en 2010, Astiberri, una pequeña editorial fundada hace diez años por tres socios que no aspiraban a hacerse ricos y sí a disfrutar del trabajo, recuerda Laureano Domínguez, uno de los socios, se decidió a dar el paso y producir el nuevo título de Paco Roca, El invierno del dibujante. Salió a la calle a finales del año pasado y lleva 12.000 ejemplares despachados. Cuando se traduzca en otros países, Astiberri hará caja por los royalties. Pleno al quince. "Ganaría más dinero si trabajase para el mercado francés, pero por el idioma, la cercanía y las influencias me resulta perfecto trabajar como hemos hecho con El invierno del dibujante", se sincera Roca, dispuesto a repetir la experiencia en su próximo trabajo.
El escaso riesgo de las editoriales españolas -que facturan al año unos 90 millones de euros- es uno de los reproches más comunes entre los dibujantes. "Comprar derechos es más barato que producir un álbum", reitera Roca.
En 2010, según Carles Santamaría, solo el 15% de las novedades que llegaron al mercado español fueron títulos producidos en casa. Un porcentaje que coincide con la actividad de Glénat. Entre los 200 títulos que sacó a la calle el año pasado, el manga fue hegemónico: el 60%. La producción propia rondó entre el 15% y el 20%, entre ellos un álbum en el que Félix Sabaté, editor jefe de Glénat, se empeñó especialmente: Quince años en la calle, el cómic autobiográfico en el que Miguel Fuster narraba su vida como sin techo.
"Personal y profesionalmente prefiero la producción propia, es más gratificante trabajar con el autor mano a mano. Además, cuando tú produces algo, todos los derechos son para ti", sostiene Sabaté. La compra de un título en el exterior, la opción más barata y sencilla, tiene sus desventajas. "Es un arma de doble filo porque puedes explotar la licencia unos años pero no siembras, mientras que un autor que llevas tú es alguien que puedes tener en catálogo y sin catálogo estás muerto", concluye el editor de Glénat.
Sabaté es de los que ven el vaso medio lleno. "Quien se queja es un quejica. Estamos mejor que nunca. Hemos ocupado el espacio que antes las grandes superficies dedicaban al DVD. El lector especializado va a las tiendas y el ocasional, a las grandes cadenas". Ahora bien, si Mireia Pérez (Valencia, 1984), ganadora del premio de la FNAC y Sins Entido para editar una novela gráfica, le pidiese consejo sobre su futuro, Sabaté sería claro. No le recomendaría que abandonase otra ocupación para vivir del tebeo. "Es difícil, casi imposible ganarse la vida con el cómic", dice el editor.
Los 10.000 euros que recibirá Mireia Pérez son como una beca que le permitirá desarrollar su historia. La próxima vez, cuando pugne con el mercado, podrá aspirar a un anticipo sobre las ventas. Los autores ponen la creatividad y reciben un escuálido 10%. Las editoriales ponen el riesgo y se quedan entre un 30% y un 40%. El resto es para los distribuidores y librerías, una parte del negocio que sí da de sí: hay ya casi 240 tiendas especializadas en España. "Lo más importante en el mercado español, que es el segundo en Europa y está en plena transformación", sentencia un optimista Carles Santamaría, "es el recorrido que nos queda".
sábado, 13 de octubre de 2012
Sólo después de olvidar...
Sólo después de olvidar eres completamente inocente y por eso mismo, definitivamente culpable.
"Tokio ya no nos quiere" de Ray Loriga
viernes, 12 de octubre de 2012
jueves, 11 de octubre de 2012
Un enigma llamado Guy Bourdin...
Un enigma llamado Guy Bourdin
Una exposición descubre por primera vez en España la obra del fotógrafo de moda francés - Sus provocativas imágenes definieron las décadas de los setenta y ochenta
Siempre hay algo que no se entiende completamente en las fotografías de Guy Bourdin (París, 1928-1991). Y lo mismo sucede con su autor. En la Sala Canal Isabel II de Madrid se puede ver hasta el 9 de enero una exposición sobre su obra centrada en las imágenes que tomó a la modelo Nicolle Meyer -entre 1977 y 1980- en la cima de su carrera. El francés es uno de los padres de la fotografía de moda contemporánea. La audacia, provocación e inventiva de sus instantáneas las convierten en una referencia desde los años sesenta. Su forma de cuestionar tabúes consigue que sus composiciones mantengan su (elevado) potencial de controversia. Aunque goza del respeto de los expertos, fuera de la industria es menos conocido que Richard Avedon o Helmut Newton.
Varias razones podrían explicarlo. Casi todas parten de la singularidad de Bourdin. Ni su obra ni su vida se parecen a la de otros fotógrafos. Desarrolló su trabajo exclusivamente de forma comercial. Sus imágenes tienen una esencia profundamente artística y dialogan con Man Ray, Francis Bacon o Magritte. Pero nunca se vieron en otro escenario que revistas -sobre todo, la edición francesa de Vogue- o anuncios, como los de zapatos Charles Jourdan.
Siempre quiso ser pintor y, según su hijo Samuel, pintó hasta el final de sus días. Parece que sentía cierta frustración por haber alcanzado el reconocimiento en una disciplina que consideraba menor y no en las grandes artes plásticas. Una actitud que explicaría su negativa a participar en libros y su rechazo al Premio Nacional de Fotografía que le fue concedido en Francia en 1985. Desde su muerte en 1991, se ha especulado que su relación con su obra era tan compleja que no conservó sus trabajos e, incluso, deseaba que se destruyeran. "Eso no es cierto", afirma Shelley Verthime, comisaria de la muestra organizada por la Comunidad de Madrid. "Todo está guardado: pinturas, Polaroid, las imágenes que seleccionó y las que no".
"Se han enfatizado los aspectos más controvertidos", lamenta Samuel Bourdin, que controla su legado tras una batalla legal con Martine Victoire, la última pareja de su padre. "Él venía de un planeta diferente. No era mundano, como Helmut Newton. No iba a desfiles ni a fiestas. Era excéntrico y no deseaba ser mediocre".
En las fotografías de Bourdin aparecen casi exclusivamente mujeres. Muchas veces, solo un fragmento de ellas. Las modelos y la ropa están al servicio de una narrativa críptica y minuciosamente controlada. Plasmar sus surrealistas visiones en la era previa al retoque requería elaborados decorados, trucos y modelos dispuestas a soportar incomodidades. Tenía fama de ser exigente hasta la crueldad y proliferan leyendas sobre sus estrambóticas demandas, que incluyen teñir el mar o cubrir de pegamento a una chica.
Desde luego, fácil no debía de ser. Pero Nicolle Meyer, de 51 años, también parece decidida a destruir mitos sobre el creador. "Cualquier artista es exigente. Conozco los relatos de otras modelos, pero yo no experimenté nada parecido. Era muy perfeccionista y todos éramos herramientas para su idea. Su sentido del humor era oscuro... Dicen que sus imágenes son perversas. Yo las veo inteligentes y humorísticas".
A esta muestra, A message for you, le seguirá otra de su trabajo en blanco y negro -al que se ha prestado menos atención- y un documental. La campaña para sacar al creador del misterio y el olvido empezó en 2003, con una retrospectiva en el museo Victoria & Albert (Londres).
"Jamás concedió una entrevista. Entre 1991 y 1998 su nombre quedó como un enigma", reflexiona Verthime. "Creo que la percepción sobre él cambiará con el documental y con esta exposición. He oído muchas veces que era misógino, pero yo creo que en esencia admiraba a lo femenino. Tenía un lado muy poético y frágil".
Una biografía cargada de pistas falsas, y propensa al drama, no ayuda a evitar las hipótesis sobre la mente que generó tan inquietantes imágenes. Dos datos en particular se arrojan como explicación y evidencia de su tortuosa relación personal con las mujeres: el abandono materno y el suicidio de sus parejas. El primero está, según Samuel, frecuentemente mal explicado. La madre de Bourdin, una mujer casada, tuvo una relación adúltera. Cuando su marido se enteró que el hijo no era suyo, le rechazó. Pasó al cuidado de su padre biológico, Maurice Bourdin, y de la madre de este. Nunca volvió a ver a su madre. En 1981, su pareja durante una década, Sybille Dallmer, se ahorcó. La rumorología gusta de añadir a la madre de Samuel, Solange Geze, y a otra amante, Eva Gschopf, a la lista de mujeres que Bourdin abocó al suicidio. "Mi madre murió de un ataque al corazón y Gschopf no tenía relación con mi padre cuando falleció", afirma Samuel.
Fragmentos de sus escritos y proyecciones completan las 75 fotografías de la muestra. Estampas con una capacidad de seducción perturbadora y extraordinaria. Prueba de ello son las palabras que ante ellas pronunciaba ayer Ignacio González, vicepresidente y consejero de Cultura y Deportes de la Comunidad de Madrid: "Dan ganas de ponerse los zapatos".
miércoles, 10 de octubre de 2012
martes, 9 de octubre de 2012
lunes, 8 de octubre de 2012
Fans, blogueros y videojuegos...

Fans, blogueros y videojuegos: La cultura de la colaboración - Henry Jenkins
Henry Jenkins, uno de los pioneros en el estudio de la cultura participativa en la red, aborda la influencia de los fans y los consumidores en los éxitos de las franquicias mediáticas y otros fenómenos de la cultura popular.
Los trabajos de Henry Jenkins a principios de la década de 1990 promovieron la idea de que los fans figuran entre los consumidores más activos, creativos, críticamente comprometidos y socialmente conectados de la cultura popular, y que representan la vanguardia de una nueva relación con los medios de comunicación de masas.Reuniendo lo más destacado de una década y parte de las investigaciones pioneras de la vida cultural de los consumidores mediáticos, bloggers y videojuegos conduce a los lectores desde las primeras obras de Jenkins en defensa de la cultura de los fans contra quienes la marginaban o estigmatizaban, hasta sus escritos más recientes, en los que combate el pánico moral y defiende a los góticos y a los jugadores después del tiroteo de Columbine.
domingo, 7 de octubre de 2012
Sentía ganas de...
Sentía ganas de meterle una bala entre los ojos a cada panda que se negara a follar para salvar su especie. Quería abrir las válvulas de descarga rápida de todos los petroleros y llenar de crudo todas esas bonitas playas que yo jamás conocería. Quería respirar humo.
sábado, 6 de octubre de 2012
viernes, 5 de octubre de 2012
Más allá de dar las gracias...
Más allá de dar las gracias
No es lo mismo dar las gracias que agradecer. Buscar el gesto que llegue al otro y no esperar nada por nuestra acción es el camino para hacerlo de forma sincera.
Hace un tiempo quise hacer un buen regalo a un apreciado amigo y maestro. No era tarea fácil, puesto que es una persona de gustos especiales, y yo no quería caer en el tópico de buscar algo de recurso. Busqué y busqué, hasta que lo encontré.
Quedamos para cenar, y en la sobremesa le di mi regalo. Lo recibió con una gran sonrisa y se le iluminaron los ojos. Pero no me dijo nada. Pasamos una entrañable velada y cuando se fue me quedé con un cierto desconcierto, pues lo cierto es que en ningún momento me había dado las gracias. Ni al recibirlo ni al marchar.
Al cabo de unas semanas me llegó una invitación para un acto en la Universidad en el que él participaba. Como no podía ser de otro modo, acudí, me senté en la penúltima fila y de repente lo vi aparecer, elegantemente vestido con el jersey que le había regalado. Me buscó con la mirada y, señalándolo, pude leer en sus labios cómo me decía “me traerá suerte”. Entendí en aquel momento que estaba haciendo algo mucho más importante que darme las gracias. Me estaba haciendo sentir todo su agradecimiento.
Dicen las estadísticas que cada día damos las gracias más de veinte veces. Las damos cara a cara, por teléfono, por correo electrónico, con SMS… Muchas veces lo hacemos de forma automática, sin casi darnos cuenta. La pregunta es: ¿cuántas de estas veces somos capaces de mostrar de verdad gratitud?
Empezar a agradecer: “Solo un exceso es recomendable en el mundo: el exceso de gratitud” (Jean de la Bruyère)
Hay una gran diferencia entre dar las gracias y mostrar nuestro agradecimiento. Dar las gracias es una respuesta espontánea, automática, un convencionalismo social que por educación y por cordialidad hacemos de oficio. Es una expresión que ante algo que han hecho por nosotros cierra el círculo, pero a menudo lo cierra en falso. Porque hecho el formulismo, podemos pensar que ya hemos agradecido lo que hayan hecho por nosotros y puede que esta impresión no sea cierta en absoluto.
¿Me habría servido de algo que mi amigo me hubiera dado las gracias, si un día fuese a su casa y viera el jersey que le regalé en el fondo de un armario, con la etiqueta aún colgando?
Hay muchos “gracias” que saben a pura hipocresía, de esos que uno ya descubre con solo oírlos que no hay detrás de ellos ni la más mínima intención de gratitud. Y estos son los que deberíamos evitar a toda costa.
Mostrar nuestro agradecimiento va mucho más allá de pronunciar la palabra mágica “gracias”: es mostrarle a la otra persona que realmente valoramos y apreciamos lo que ha hecho por nosotros o lo que nos ha dado. Y en esto los convencionalismos no ayudan. Con la sobreutilizada expresión “gracias” no tenemos bastante, porque su utilización automática (más de veinte veces al día) la ha vaciado de contenido. Es necesario encontrar nuevas formas de mostrar a las personas el sentimiento de agradecimiento auténtico.
Más claro que las palabras: “Mientras los ríos corran al mar y haya estrellas en el cielo, debe durar la memoria del beneficio recibido en la mente del hombre agradecido” (Virgilio)
Para mostrar al otro nuestra gratitud, los pequeños detalles son mucho más eficaces que las palabras, y mucho más indicados para transmitir nuestro sentimiento. El reto es: ¿cómo podemos hacer sentir al otro que le estamos agradecidos de verdad? ¿Cómo podemos mostrarle que ocupa un pequeño espacio en nuestro corazón y en nuestro pensamiento?
Es imprescindible pensar en gestos que, conectados con aquello que hemos recibido, lleguen al otro. A mi alrededor he podido vivir algunos que han tenido o tuvieron en su día un potente efecto:
– Un amigo ayudó a su hermana a conseguir una entrevista que le proporcionó un buen empleo. El primer correo que su hermana envió desde su nuevo puesto –y, por tanto, con la firma de la empresa– fue para él. Y ese mensaje no contenía la palabra gracias.
– Mi padre ayudó a un amigo pescador en la reparación de su barca. Cuando llegó a casa se encontró encima del mármol de la cocina un precioso y recién pescado mero.
– A un buen amigo le regalamos entre un grupo un reloj de montañismo. Recibimos cada uno de nosotros una fotografía de nuestro amigo en el Monte Perdido, con su muñeca (y el reloj) situados en un desproporcionado primer plano.
Recibir el agradecimiento por algo que hemos hecho es sin duda agradable, y es bueno que lo disfrutemos. Pero no debemos necesariamente contar con ello, y sobre todo no debemos depender de ello.
Si dependemos de los agradecimientos de los demás, nos exponemos a constantes frustraciones. Dijo Dale Carnegie: “Esperar gratitud de la gente es desconocer la naturaleza humana”. Yo no iría en absoluto tan lejos, pues creo que la gente, en esencia, es agradecida. Pero sí es cierto que no todos lo son, y que quienes lo son no lo son siempre.
Hay gente que hace favores a los demás para que le den las gracias. Es su alimento emocional, lo que le llena y le da energía. Y, claro, cuando no lo reciben se indignan: ¿cómo puede ser que no me den las gracias?
Estos comportamientos son un claro signo de dependencia: aquellos que actúan así necesitan y dependen del agradecimiento de los demás, cosa que inevitablemente les acarreará problemas. Deberíamos preguntarnos: ¿por qué hacemos un favor?, ¿porque así lo sentimos y está en nuestra forma de ser, o porque esperamos con ello obtener el reconocimiento de los otros?
Si lo hacemos por convicción, no debemos esperar la gratitud del otro. Si llega, la recibiremos con ilusión. Si no la hay, nos reconfortará la sensación de que hemos hecho exactamente lo que queríamos hacer, porque no esperábamos nada por ello.
Hay en la Red una discusión abierta acerca de la conveniencia o no de responder a los mensajes con un nuevo mensaje de “gracias”. Las estadísticas son contundentes e inapelables: se generan billones de correos electrónicos y SMS adicionales, se pierden miles de horas laborales abriendo y gestionando estos correos, y se colapsan bandejas de entrada del correo personal y hasta servidores. Todo ello es cierto a nivel global, pero no menos cierto es que a nivel individual cada mensaje de gratitud es, si está bien expresado, no solo necesario, sino extremadamente valioso para mantener las relaciones.
Lo siento por mis amigos, conocidos y contactos, puesto que seguirán recibiendo mis correos de gracias. Los haré escuetos, lo prometo. Lo pondré bien claro en la casilla de “asunto” para que no haya dudas… y me los trabajaré para que incorporen de verdad pinceladas de agradecimiento. Pero los enviaré, y les animo, a pesar de todo, a hacer lo mismo. Porque las estadísticas son fríos datos, y las emociones no conocen de razones.
¿Cuántos agradecimientos Hemos dejado en el camino?: “Cuando bebas agua, recuerda la fuente” (proverbio chino)
Muchos de nosotros raramente dejamos de dar las gracias, pero muy frecuentemente nos saltamos el agradecimiento. Busquemos a nuestro alrededor a quien ha hecho recientemente algo por nosotros que ha sido importante. Y busquemos una forma creativa de mostrarle nuestro agradecimiento. Hagámoslo por ellos, pero también por nosotros. Porque agradecer es a menudo tan gratificante como recibir.
Con estos gestos, vayamos saldando la deuda de tantos años en los que nos hemos limitado a dar tantos y tan educados ¡gracias!
Una comedia y varias citas
1. Para ver
La comedia ‘Te puede pasar a ti’, dirigida en 1994 por Andrew Bergman y protagonizada por Nicolas Cage y Bridget Fonda, nos muestra un ejemplo extremo de gratitud que cambia por completo la vida de los protagonistas.
2. Citas para la reflexión
– “El agradecido mira siempre grande el favor que recibió”. Raimundo Lulio.
– “Quien recibe lo que no merece, pocas veces lo agradece”. Francisco de Quevedo.
– “Poco bueno habrá hecho en su vida el que no sepa de ingratitudes”. Jacinto Benavente.
– “Muchas veces mordemos la mano a aquellos que nos alimentan”. Thomas Burke.
– “La gratitud es el único secreto que no puede revelarse por sí mismo”. Emily Dickinson.
– “El agradecimiento es una carga, y todos tienden a librarse de ella”.Denis Diderot.
jueves, 4 de octubre de 2012
A través de la pared...
A través de la pared se oye un estruendo de diálogos, luego un coro de risas. Luego más estruendo. La mayoría de las grabaciones de risas de la televisión se registraron a principios de los cincuenta. Hoy en día la mayoría de la gente a la que se oye reír está muerta.
miércoles, 3 de octubre de 2012
Por qué estaban ahí... 00
Por qué estaban ahí
Envíanos tu foto y los motivos por los que protestas La puerta del sol ya no es puerta, sino puerto, desde que el 15 de mayo arribaron en ella los deseos de miles de ciudadanos indignados pidiendo una democracia mejor. Sus voces sorprendieron en plena campaña electoral. ¿Por qué estaban ahí? estas páginas recogen 30 testimonios de su puño y letra...
Palabras a miles. Colgadas de vallas, fachadas, farolas... como esas banderas repletas de oraciones que los budistas colocan en el exterior para que el viento las mueva y las rece. Frases hechas: "No somos antisistema, el sistema es antinosotros". Consignas: Democraciarealya, Acampadasol, Tomalaplaza, Nolesvotes... Un muestrario de un mundo que no gusta ("Manos arriba, esto es un contrato", "Violencia es cobrar 600 euros") y otro soñado: "Plaza SOLuciones", "Aquí cabemos todos".
En la cartelería última (y en las conversaciones) de los acampados en la madrileña Puerta del Sol, cada eslogan es una gota de ese río caudaloso y multitudinario que fue el 15 de mayo (15-M), ante el pasmo de la ciudadanía en general y los gobernantes en particular. Desde ese día, la Puerta del Sol ya no fue tal, sino puerto donde atracan aspiraciones y deseos, como lo han sido (o son) otro centenar de plazas que se sumaron tanto dentro -Barcelona, Valencia, Sevilla...- como fuera (Londres, Berlín, París...). Veinticinco mil personas tomaron la calle en Madrid en plena campaña electoral al grito de "Democracia real ya. No somos mercancía en manos de políticos y banqueros", un impulso que nació cibernético y caló hasta volverse físico, la #spanishrevolution, y acabar fundando esta república independiente y libertaria en el kilómetro cero y que tiene ya calles, seguridad, guardería, comedor, comisiones, asambleas multitema... Un lugar donde todo está permitido menos el alcohol (aunque los chinos hagan su agosto en la periferia).
Nunca se debatió aquí tanto y tan largo a pleno sol. De migraciones, economía, igualdad, bancos, alimentos, educación... A todos los niveles: bajo, medio, de expertos. "¿Qué es el IAE?", nos dicen que pregunta uno, quizá por vez primera en su vida, en la asamblea económica de la plaza del Carmen. Y otro, cargado de paciencia, conocimiento y pedagogía, responde. Un diálogo entre generaciones. Las razones de tanta reivindicación unida han sido muchas; profundas unas, producto de la concatenación de circunstancias otras; los expertos las han analizado hasta la saciedad (revueltas en el norte de África; el enorme paro juvenil en España, el 45%; los recortes sociales producto de la crisis brutal...).
Las motivaciones personales las cuentan sus protagonistas. "¿Por qué estás aquí?", preguntamos a casi medio centenar de ellos. "¿Qué esperas? Dínoslo, escríbelo de tu puño y letra". Y lo hicieron, anónimos o no, de toda edad y condición, cada cual las anotó como vemos en las fotografías (aunque, lamentablemente, no aparecen todos aquí). "Todos queremos una democracia mejor", dice Alejandra. "Años de arreglar el mundo tomando café y por fin hay algo que puede cambiar", aseguran Guiomar, Borja y Bárbara. "Estoy aquí porque quiero volver a soñar", afirma José Manuel, de 35 años. "Las cosas tal como están ya no funcionan, hay que abrir un debate social en el que se escuchen los problemas reales, las ideas que generen una evolución del sistema", afirma Juan, de 39 años. "Vengo para cambiar aquello que huele tanto a rancio", escribe Almudena. "Espero que esto dure, que todo aquello que aquí se pide comience a calar en la conciencia del ciudadano", opina Diego J. Sañudo, de 30 años, periodista. Y así todos.
Miles como ellos han expresado su cansancio, enfado o indignación alto y claro en cientos de foros, tuiteo a tuiteo, ante micrófonos y cámaras o ante los visitantes de este su patio "tan particular". Motivos que chocan contra lo establecido: el poder, el Gobierno, los políticos, los bancos, las empresas, la falta de trabajo digno y de futuro... "Me sobra mes a fin de sueldo", "No hay pan para tanto chorizo". "La revolución será feminista o no será, será plural o no será...".
Primero fue noticia breve, apenas un pezqueñín en la Red. "Mientras los políticos siguen de campaña electoral, ciudadanos de 50 ciudades llaman a la manifestación multitudinaria el domingo 15, a las 18.00...". Así salió publicado en Eskup de este periódico el 13 de mayo. Porque en las redes sociales olía a marejada. Una manifestación previa de Juventud Sin Futuro calentó motores; el libro ¡Indignaos!, de Stéphane Hessel, se convertía en superventas, mientras otro, Reacciona, españolizaba las quejas; de fondo, la repetición cansina de los discursos electorales.
"Nosotros los desempleados, los mal remunerados, los subcontratados..., los jóvenes... queremos un cambio y un futuro digno... Acusamos a los poderes políticos y económicos de nuestra precaria situación y exigimos un cambio de rumbo", se decía en la página de Democraciarealya, los convocantes, una iniciativa ciudadana que nunca imaginó la que se avecinaba. "Queremos ayudar a coordinar una acción global y común entre asociaciones, grupos y movimientos ciudadanos...". La lista de adeptos a la plataforma fue inmensa (tuvieron que cerrarla al poco, dada la avalancha): desde conocidas como Ecologistas en Acción, la red Attac, Juventud Sin Futuro o asociaciones de derechos humanos, juveniles, de profesores, de vecinos, inmigrantes o gais... hasta otras que lo son menos como Disidente por Accidente, Dormidos Despertad, Crisifixiones, Estado del Malestar, No les Votes, No Sin Mi Bici, Nosotros las Personas, Malestar Ciudadano, la Generación NoNo...
"Esto no es un botellón", escriben. Porque no todo lo es en este mundo: jóvenes, y no tanto, voluntarios en ONG, militantes, implicados en barrios, con mayores e inmigrantes, en objetivos sociales, los hay y hubo siempre. Dos centenares de organizaciones españolas acudieron, por ejemplo, al último Foro Social Mundial de Dakar (ver 'Galería antisistema' en El País Semanal). Y lo que allí se oyó en febrero fue un grito social mundial impresionante: convocatorias a la movilización global, reivindicaciones sobre derechos, igualdad, cambio de los organismos internacionales, justicia económica y de la otra, tasa a las transacciones financieras para paliar la pobreza...
Los mal llamados antiglobalización son plurales, plurinacionales, interdisciplinarios, están acostumbrados al debate, a la organización horizontal, a las redes... Sociedad civil se llaman. Los partidos políticos apenas los miran y ellos no se sienten representados. El tejido político de base en los barrios se dejó de tejer en los noventa cuando la riqueza parecía que nos igualaba por arriba y todos éramos ciudadanos boyantes de un país en crecimiento imparable.
Y de repente, hete aquí que los descontentos asoman la cabeza. Toman aire. Y hablan. Piden una democracia mejor, la reforma de la ley electoral, el fin del bipartidismo, la eliminación de la ley de inmigración y la ley Sinde, la reforma del Senado, la inhabilitación política total de los corruptos... Piden limpiar el patio. "Te animamos a que te unas de forma pacífica y sin símbolos políticos excluyentes para hacer que se escuche una sola voz...". Y una sola voz se escuchó el 15- M. Gran éxito de convocatoria. Altercados violentos al final: 24 detenidos y decisión de un centenar de acampar en la plaza: "Este barco se queda". Le pusieron lonas verdiazules, y ahí está al cierre de este texto (no sabemos cómo estará cuando usted lo lea), aún anclado. Al día siguiente, muchas portadas en los medios: "Movimiento 15-M: los ciudadanos exigen reconstruir la política".
El vaso rebosó en un pispás cuando la policía intentó desalojarlos de Sol. Efecto llamada. Suman y sigue. Deciden en asamblea permanecer hasta el 22-M, el domingo electoral. Internet arde, la ola se extiende, el mundo mira a Sol a través de dos cámaras de televisión colocadas en las azoteas: Sol.tv (10 millones de visitas en cinco días) y ustream.tv. Hasta fue portada en el Washington Post.
Pero el movimiento choca luego contra la Junta Electoral Central, que decide prohibir cualquier manifestación que pueda interferir en la jornada de reflexión. ¿Retrocedió el 15-M? Fue que no. Creció: "Vamos a Sol a tomar las uvas, a celebrar nuestro año nuevo". En el primer segundo del día previo al voto, 25.000 personas se reúnen de nuevo y lanzan un grito silencioso al compás de las campanadas que congela el aire de los que están allí y de los que lo están viendo por televisión. Duró un minuto: la oración más larga lanzada al viento. Diez mil son en Valencia; otros tantos en Barcelona, miles en Sevilla.
El centro de Madrid parecía de repente el de El Cairo. La Puerta del Sol, la plaza de Tahrir (con diferencias de contexto y trecho, se entiende). Para los más maduros, aquello remitía a la euforia y el debate de los años de la Transición, las ganas y el cambio desde abajo en el que antaño creyeron (mucho perdido en el camino). Para los más jóvenes, aires nuevos. "Ver a los veinteañeros hablar de política y economía, participar... es un avance...", comenta una madre que viene a vigilar. "Me volví y allí estaba Eduardo Galeano en la asamblea", informa otro, admirado. "Lo primero que hay que hacer es abolir los impuestos", concluye una pareja sentada en un sofá... "¿Para qué sirve la utopía? La utopía sirve para caminar", se lee en un cartel sobre ellos. Algunos intelectuales se muestran escépticos, otros llaman a la acción. Es hora de despertar, escribe Muñoz Molina. "El movimiento del 15-M es, sin duda, más pequeño que sus enemigos, pero no tiene por qué ser más débil", escribe Benjamín Prado. Teóricos de Attac como Vicenç Navarro explican el movimiento. Hessel y Sampedro se felicitan; Michael Moore manda mensaje de apoyo; los indignados islandeses se solidarizan... Europa suma. Y sigue.
La reacción de los medios es, tras la sorpresa, bien curiosa. Los conservadores disparan al contrario ("Indignados dirigidos por la izquierda radical: anarquistas y antisistema intentan controlar a una marea de descontentos... a pesar de la prohibición de la Junta Electoral") y desprecian a los acampados, llamándolos "perroflautas" y "pijo-progres". Otros piden casi la ocupación policial de la plaza. Y algunos hacen suya la revolución, como si hubieran sido ellos promotores y hasta inventores de la tienda de campaña. "Rincón de las mentiras", llaman los indignados al lugar donde dejan los periódicos cada día, cerca de la zona de descanso. Desde allí, desde el corazón logístico, crecen, crean comisiones, equipos de trabajo, asambleas... No paran. Muchos acampados van y vienen, se duchan en casa y regresan: la afluencia es mayor cuando oscurece. Un campamento-dormitorio en pleno centro.
En la noche del sábado, ídem. En la plaza, una se cruza con miembros de ong, de cooperativas de consumo, de vecinos, con periodistas en precario que debaten de lo suyo mientras cubren la noticia, de este o aquel famoso, escritor, artista o músico, mientras los de animación del cotarro, megáfono en mano, lanzan consignas entre hurras a los bomberos (también acampados cerca) que atraviesan cada día la plaza. Y unos metros más allá, en la calle de Alcalá, vida cotidiana, la gente maqueada toma café en el Starbucks o copas en el Nirvana.
El domingo electoral, mientras en las urnas el PP barre a los socialistas del mapa, la asamblea del 15-M decide prolongar la acampada una semana más a pesar de que la noche anterior había sido movida en comentarios preventivos: "Quedarse más es quemarse". "Mejor movernos hacia los barrios, extender el movimiento y luego convocar aquí con fecha concreta". Algunas críticas poselectorales se ceban en los 15-M, spanishinvolución hay quien lo llama: "Hay gente que se ha indignado con los indignados... No han entendido nada. La protesta de los indignados no es la causa del batacazo del PSOE, sino la consecuencia", escribía Irene Lozano en la tribuna de El País ¿Y quién administra la indignación?
La abstención no crece, pero su suma con el voto en blanco y nulo resulta ser la cuarta fuerza política. Un récord. En la plaza, la mayoría permanece ajena; un señor que observa opina: "Quizá si el PSOE recoge estas reivindicaciones consiga salvar las generales...". Y en su web, Democraciarealya puntualiza: "Nunca hemos promovido la abstención... aun así, es necesario recordar a los ganadores que la ciudadanía sigue exigiendo cambios... y no aceptamos volver a la política del miedo basada en el axioma 'que viene el PP'. Si los partidos de izquierda no han sabido ilusionar y convencer a los votantes, es su responsabilidad". Durante la segunda semana, mientras recogen firmas de apoyo (llevan 200.000) y se decide extender las asambleas a los barrios (28 de mayo), se les añaden problemas logísticos (el reparto de comida se complica por la picaresca), aumenta la psicosis del desalojo y les crecen los enanos de la autocrítica. Uno: "Que si no a los toros, al Rey, a las nucleares; qhttp://www.blogger.com/img/blank.gifue si plaza de la resistencia... ¿Se os olvida por qué nos echamos a la calle?". Las propuestas se retrasan; los debates son poco productivos. Salir de Sol con un consenso de mínimos urge a muchos.
Y los comerciantes de la plaza se impacientan por las pérdidas. Reclaman. La realidad se impone en Ciudad Sol. El martes 24 se ve a los acampados, tras decidirlo en asamblea, limpiar sus palabras revolucionarias de los escaparates; retirar algunas oraciones colgadas en carteles al aire... "Ya tenemos el Sol, ahora vamos a por la Luna", dice una.
martes, 2 de octubre de 2012
Las batallas del Abuelo Cebolleta...
Las batallas del Abuelo Cebolleta
Un libro recupera los 100 años de historia de la editorial Bruguera
Bullicio a la entrada de la Fundación Suñol de Barcelona. De repente, una cara conocida. "¡Pero si es Ibáñez!", comenta un transeúnte, lamentando no llevar encima un ejemplar de Mortadelo y Filemón para pedirle una firma al "padre" de los famosos detectives de la TIA. Y sí, estaba Ibáñez, y Jan, y Ferrándiz, y Ramis, y más tarde llegó también Víctor Mora, el creador de mitos como el Capitán Trueno. Dibujantes y otros trabajadores de Bruguera se habían reunido para asistir a la presentación del libro que celebra los 100 años de la histórica editorial. Su autor, Antonio Guiral, ejerció de Abuelo Cebolleta, el famoso personaje de Vázquez, y recordó algunas de las muchas batallitas de Bruguera que explica de forma sintética pero amena en este libro en el que, afirma, aunque fueron muchos los que se introdujeron en la cultura gracias a las publicaciones populares de Bruguera. En el libro "En realidad son tres editoriales, pero con una línea de continuidad entre ellas", explicó después Antoni Guiral, autor de un libro en el que, afirmó, "todos los mayores de 35 años reconocerán alguna publicación que marcó su infancia". Sea Pulgarcito o Superlópez, las novelitas de Silver Kane o de Corín Tellado, los clásicos ilustrados de Historias Selección o las novelas de Boris Vian de Libro Amigo.
100 años de Bruguera. De El Gato Negro a Ediciones B tiene solo 186 páginas y tapa dura, como de álbum de cómic, pero resume en un ambicioso ejercicio de síntesis tanto la tumultuosa historia de la editorial como la de sus principales producciones. El subtítulo explica su evolución. Joan Bruguera tenía 25 años cuando en 1910 fundGato Negro, una editorial destinada al gran público (por otra parte escaso en una España con el 60% de analfabetos) que tuvo primero su sede en el Born de Barcelona y poco después en el barrio de Vallcarca. Allí nació Además de todo tipo de folletines y novelas popularesen 1921 Pulgarcito, la revista enseña de la editorial que acabó siendo sinónimo de la mejor historieta española.
Tras la Guerra Civil, durante la que fue colectivizada por la CNT, los dos hijos del fundador, fallecido en 1933, decidieron cambiarle el nombre y ponerle solo el apellido familiar. Guiral, que para elaborar el texto ha buceado en los archivos de la editorial y entrevistado a muchos de sus ex trabajadores, aventura que así se pretendía borrar el evidente rastro republicano de El Gato Negro.
Comienza entonces, en 1940, la época dorada de la factoría Bruguera, en la que se curtieron dibujantes como Vázquez, Escobar, Peñarroya, Cifré, Giner, Ibáñez Mora, Purita Campos e incluso Perich, entre otros muchos. También comienza otro mito, tristemente real, que es el de las jornadas intensivas no muy bien pagadas y el de la falta de derechos de autor, que solo algunos consiguieron recuperar tras muchas batallas legales. Bruguera llegó a tener más de 1.000 empleados y conseguía tiradas que hoy harían estremecer de placer a cualquier editor de manga, pero en 1986, finalmente, quebró. Sus fondos y marcas fueron adquiridos por el Grupo Zeta, que creó Ediciones B, su última reencarnación.
lunes, 1 de octubre de 2012
La Mona Lisa...
La Mona Lisa de Leonardo son sólo miles de manchas de pintura. El David de Miguel Ángel es sólo un millón de golpes de martillo. Todos somos un millón de trozos pegados de la manera adecuada.
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