miércoles, 13 de marzo de 2013

La historia viva del videojuego...


La historia viva del videojuego

Creador de Mario Bros. Inventor de la Wii. Shigeru Miyamoto es el padre de los videojuegos y ha protagonizado con Nintendo muchos de sus grandes hitos. Recibió en Londres a Gonzo Suárez, prestigioso autor de juegos español.

Hace unos 45 años, en Sonobe cho, un pueblecito cercano a Kioto, un niño hacía incursiones diarias en un frondoso bosque que rodeaba la población. Ese niño, de alguna manera, nunca volvió de la densa arboleda, que le siguió durante toda su vida y obra. Su nombre es Shigeru Miyamoto, tiene hoy 58 años, pero ni aquel niño ni aquella necesidad de explorar el bosque parecen haber cambiado gran cosa. Actualmente es el máximo responsable creativo de la mayor multinacional del juego electrónico, Nintendo. Y está considerado, de forma unánime, el padre del videojuego.

Miyamoto y el videojuego llevan 35 años acompañándose. Este creador ha protagonizado gran parte de los eventos que han marcado el ocio electrónico en su corta vida. Los que hemos compartido profesión con él todos estos años sabemos lo determinante de cada uno de los quiebros contra pronóstico del mercado que ha protagonizado y las implicaciones que han supuesto, años después, para toda la industria.

Es poco habitual llegar a reconocer a un pionero de influencia mundial mientras este todavía vive. Y más curioso es conocer a uno cuya carrera creativa haya crecido en paralelo al sector al que pertenece. "Siempre he tenido la determinación clara de hacer lo que los demás no hacen", explica. "Me he dedicado a inventar cosas innovadoras y fuera del camino marcado. Hacer cosas nuevas es divertido; copiar lo que hacen los demás, no. Esta es una nueva industria con un gran potencial, pero también conlleva una gran responsabilidad. La gran implicación de los videojuegos en la sociedad transforma la propia sociedad, hacerlo de forma sensata depende de nosotros".

Shigeru Miyamoto es un personaje afable, simpático. Ni su recogido tamaño ni sus 58 años son capaces de contener una vitalidad que se desborda. Compartimos dos horas de conversación, en la planta 25 del hotel Hilton de Londres, con este creador cuyo trabajo ha sido ampliamente reconocido por los sectores más influyentes a nivel mundial, sean de la administración, académicos o mediáticos. Ha sido distinguido con la Legión de Honor francesa, el Bafta de la academia de las artes inglesa y proclamado persona más influyente de 2008 por la revista Time.

A través de sus juegos, Miyamoto probablemente ha conseguido llegar más a la mente de las personas que ningún otro autor vivo. No sólo por el número de copias vendidas, sino porque cada uno de estos juegos tarda decenas de horas en consumirse. En ese sentido, costaría encontrar un autor vivo que tuviese más influencia universal. "Me da un poco de vergüenza hablar de esto", reconoce. "La afirmación me hace sentir, cuando menos, cada vez más viejo. Recuerdo cuando era joven y miraba con admiración a los autores de manga. Tomando como referencia lo que ocurrió con la cultura manga en Japón y cómo estos autores evolucionaron e influyeron en las nuevas generaciones, puedo averiguar cómo debo actuar yo ahora. Estoy empezando a entender que los creadores de videojuegos miran hacia mí como yo miraba hacia ellos".

En Japón, Miyamoto es venerado como un dios, y Steven Spielberg le consulta casi a modo de oráculo cuando tiene que producir algo relacionado con videojuegos.

En España es más conocido por ser el creador del carismático fontanero italiano Mario, protagonista de la serie Super Mario Bros. Sólo los productos de aquel mítico videojuego han acumulado más de 250 millones de copias vendidas. Una encuesta de Marketing Evaluations, empresa dedicada a medir la popularidad de celebridades y productos en EE UU, desveló que Mario era más conocido y popular que el ratón Mickey Mouse.

Para los más avezados, no menos carismático y comercial resultó Link, el joven protagonista de la extensa saga Zelda. Curiosamente, el juego lo protagoniza un joven que, como él, explora misteriosos bosques y cuevas.

Pero el producto que últimamente más ha marcado su popularidad es la exitosa consola Wii, que ha revolucionado el concepto de interacción con un juego electrónico; con este nuevo mando, el usuario maneja el juego con el movimiento de su cuerpo.

Una gran parte del ocio social durante el siglo pasado estuvo marcada por el cine y la televisión. Sin embargo, en la última década fue superado por el ocio interactivo y durante este siglo XXI las diferencias aumentan a pasos agigantados. Perece que si el siglo pasado fue el siglo del audiovisual, el actual es el del ocio digital interactivo. Y el videojuego lidera este nuevo sector digital. "Los avances tecnológicos de los últimos 40 años han hecho que cada día tanto los creadores como los consumidores dispongamos de más elementos interactivos a nuestro alcance", explica Miyamoto. "Las personas hemos integrado esos avances, sin darnos cuenta, a nuestros hábitos de vida. La interacción dominará el futuro de los productos de ocio a partir de ahora".

Y eso supone una diferencia para el creador. El autor literario y el cinematográfico son cicerones del espectador a lo largo de su obra, con un itinerario enormemente fijo, lineal. En este nuevo medio, en cambio, la historia es una propuesta de entorno y la acción está más a cargo del jugador. Esto significa una dificultad a la hora de abordar de una forma novedosa la creación de una obra. "Cuando hablo con los creadores más jóvenes de la empresa les digo que piensen en el cine como una experiencia completa y lineal en la que el espectador sigue el camino marcado por el director", explica Miyamoto. "Los videojuegos, por el contrario, están más cerca de una actuación en directo en la que el creador está obligado a observar continuamente la reacción del público y ser capaz de responder a través del juego y en el mismo instante en que se produce".

Se podría decir que el usuario es, de alguna manera, coautor de su propia experiencia. "Es el diseñador el que provee al jugador de los entornos y las herramientas para que tenga sensación de libertad, pero a fin de cuentas es más una sensación que una realidad", puntualiza Miyamoto. "Sí es cierto que se da una forma única de experiencia que no se repetirá ni tan siquiera aunque el jugador vuelva a empezar la misma partida".

Un elemento peculiar de la obra de Miyamoto, y por extensión de la filosofía de Nintendo, es haber recuperado a un jugador mayor de 50 años y al público femenino, que siempre ha sido más reducido. Todas las grandes marcas lo han intentado, pero sólo Nintendo lo ha conseguido de forma aplastante. Tanto con la Nintendo DS como con la Wii.

"Siempre he tenido la visión de integrar a todas las partes de la sociedad", explica. "Intento crear una experiencia que sea atractiva para el mayor porcentaje de población posible. El entretenimiento debe ser algo que todo el mundo pueda disfrutar. Y a ser posible, formarse con ello. Estamos en condiciones de llegar a todo tipo de público. Esto es lo que intento lograr siempre. Universalizar el fenómeno. Por ejemplo, vemos que la Nintendo DS es, de alguna manera, similar a un libro electrónico y pensamos qué tipo de cosas contenidas en un libro podrían hoy ser expresadas a través de esta consola. La Wii, por su parte, es un ordenador que está en el salón de la casa, e intentamos ver qué posibilidades nos da esto para potenciar y aprovechar esta circunstancia. Desde cocinar, hacer gimnasia o aprender idiomas. Es un aspecto en el que todavía hay mucho por hacer, pero hemos dado los primeros pasos".

La industria del videojuego está enormemente segmentada por países. Oriente y Occidente son casi dos universos distintos en gustos de mercado. Por ejemplo, los juegos occidentales son más barrocos en los gráficos y más inmediatos en su jugabilidad. Oriente prefiere iconizar sus personajes con colores lisos sin texturas. Sin embargo, la obra de Miyamoto está misteriosamente aceptada por todos los países y vendida de forma masiva en todos los mercados. Es un fenómeno prácticamente único. "Al principio", cuenta, "yo trabajaba intentando traducir las acciones físicas al entorno del videojuego, y esto era apreciado por gente de todos los países porque esas acciones son comunes. En los últimos años estoy más interesado en las emociones y sensaciones, intento compartir mis propias emociones con otras personas. Manteniendo esta esencia, cualquier jugador entenderá lo que yo siento al jugar, independientemente de donde venga. Estas emociones, como las acciones físicas, son universales".

Este nuevo canal llamado videojuego tiene algo de tsunami, por cambiante, gigantesco y transformador, y de un inmenso iceberg del que sólo conocemos lo más evidente, pero que muestra indicios de ocultar unas implicaciones futuras fuera del alcance de nuestra visión. Combina incuestionables virtudes e inquietantes zonas de penumbra. Por ejemplo, se habla de la estimulación a una inteligencia abstracta y nuevas habilidades del jugador, pero a su vez este gasta mucho tiempo en entornos impunes con pocas implicaciones o consecuencias.

"Hay muchos aspectos en todas las formas de entretenimiento, incluidos los videojuegos, que pueden resultar negativos", justifica Miyamoto. "La forma de tratar las implicaciones de potencial aislamiento de la gente en los videojuegos es intentar expandir un mensaje de equilibrio al jugador. Todos los aspectos negativos están vinculados al uso desmesurado del videojuego, sea en tiempo u obsesión. Saber compaginarlos con actividades fuera de esta burbuja es algo que siempre he promocionado. Estoy a favor del equilibrio en cualquier medio. Mi poder como creador, sin embargo, es poco a la hora de controlar este equilibrio. Siempre intentamos hacer videojuegos que potencien la relación entre los miembros de una misma familia, evitando el aislamiento".

martes, 12 de marzo de 2013

Mi vida dentro de una mochila... 03


NURIA
"Si tengo que darme una bofetada, ya me la daré"."Si me pudiera bajar del mundo, lo haría. Pero como no puedo, expreso mis ideas con mi imagen y estilo de vida, aunque suene utópico. Creo en un mundo sin jerarquías, con igualdad de oportunidades", explica esta catalana que colabora con ONG y ha participado activamente en el Movimiento 15-M o en manifestaciones contra la tauromaquia y el Plan Bolonia. Sus padres le pagan la carrera de Bellas Artes, y sus gastos personales los finan-cia con trabajos de verano. "A lo mejor gasto cinco euros por finde". No está enganchada a Internet, "prefiero a la gente en persona". Ha viajado por Argentina y México y le fascina la cultura árabe gracias a unos amigos saudíes que conoció en Londres. Aunque ha tenido pareja, cree en el amor libre ( "por ahora", matiza). Plantea independizarse, pero está a gusto con su familia. En casa no habla de sexo ("tengo libertad, pero soy reservada") y comprende que no estén encantados con su imagen. Disfruta discutiendo con su herma-na, que estudia Ciencias Políticas y le cuestiona. "Igual peco de excesivo idealismo, pero lo prefiero a ser conformista. Dice que me daré una bofetada. Si tiene que ser, ya me la daré".


La mochila de Nuria
La flauta es un recuerdo que le trajeron de Argentina y, al igual que la riñonera, simboliza la mezcla de culturas, el viaje y la artesanía que tan bien representan a Nuria. Fan del ska, también adora a Lluís LLach y leer Utopía, de Tomás Moro, o algunos de los títulos que publica Andreu Buenafuente.

lunes, 11 de marzo de 2013

Somos los últimos testigos...


Somos los últimos testigos de un universo iluminado.
El viaje al poder de la mente - Eduardo Punset

domingo, 10 de marzo de 2013

¿Cómo puedo vivir en paz con mis padres?


¿Cómo puedo vivir en paz con mis padres?

¡Ay, los padres! les queremos mucho, pero a veces acaban con nuestra paciencia y no podemos pasar con ellos un día entero. ¿Y los hijos? es que nos 'matan' a disgustos. relaciones problemáticas. las analizamos para intentar mejorarlas de la mano de seis historias reales. seguro que nos vemos retratados

No existe ningún otrooficio en el mundo que requiera tanta dedicación y compromiso. Va mucho más allá de cualquier jornada completa. Y si no, que se lo pregunten a Nuria Mateo y a Aurelia Martínez. Ser madre (y padre) implica responsabilizarse de la manutención, la protección y la educación de un bebé 24 horas al día durante unos cuantos años. De hecho, hasta que los hijos son capaces de valerse por sí mismos -emocional y económicamente- transcurren entre 18 y 30 años, dependiendo de cada caso.
Nadie pone en duda que adentrarse en la paternidad (y la maternidad) supone un punto de inflexión radical en nuestro camino vital. Es común escuchar a la gente decir que tener hijos es lo más maravilloso que te puede ocurrir. Que te cambia la vida para siempre. E incluso que no existe ninguna experiencia comparable, pues los hijos despiertan lo mejor y lo peor de uno mismo.

La paradoja es que a lo largo de nuestro proceso de educación nadie nos enseña a ejercer esta nueva función biológica. Tarde o temprano nos vemos sosteniendo en nuestros brazos a un recién nacido, sin duda alguna la criatura más frágil, inocente y hermosa que habita en este mundo. Y es en ese preciso momento cuando nuestra ilusión se ve empañada por el miedo. Sobre todo porque nos damos cuenta de que, en general, no tenemos ni idea de lo que se supone que debemos hacer.

Tener hijos no nos convierte en padres (ni madres), del mismo modo que tener una guitarra no nos vuelve guitarristas. Esta es la razón por la que a muchos no nos queda más remedio que aprender a través de nuestra experiencia. Un proceso que irremediablemente nos lleva a cometer errores. En el nombre de nuestras mejores intenciones tomamos decisiones, actitudes y comportamientos pensando en lo que creemos que es mejor para nuestros hijos. Sin embargo, con el tiempo y la distancia, a veces nos damos cuenta de que hicimos lo que hicimos porque, en realidad, era lo mejor para nosotros.

Esta toma de consciencia forma parte del aprendizaje, tanto para los padres (y las madres) como para los hijos. Y como no podía ser de otra manera, muchos de estos no lo comprenderán ni lo aceptarán hasta que pasen ellos mismos por la misma experiencia. Es un círculo tan inmutable como eterno: normalmente empezamos a empatizar con nuestros progenitores cuando tenemos hijos. Tal y como ha hecho Marc Singer, llega un día en el que incluso somos lo suficientemente humildes para perdonarlos, reservándoles un lugar privilegiado en nuestro corazón.

Eso sí, antes de dar el importante paso de la paternidad, nunca está de más reflexionar dicha decisión detenidamente. En este sentido, ¿qué nos lleva a contraer matrimonio? Y más importante todavía: desde un punto de vista emocional, ¿estamos verdaderamente trabajados para asumir la responsabilidad que implica ser padres? Si bien no existen estudios cualitativos que respondan a estas preguntas, los datos no son demasiado alentadores. En la última década, España ha registrado el mayor incremento de toda Europa en el número de divorcios, pasando de 36.072 en 1998 a 110.036 en 2008, según el Instituto de Política Familiar. Según esta estadística, se produce un divorcio cada cinco minutos.

Superada la etapa del enamoramiento, muy pocas relaciones mantienen encendida la llama del amor. Y esto es algo que terminan pagando nuestros retoños. Generación tras generación, muchos adultos seguimos priorizando nuestro interés personal en detrimento del bienestar de nuestros hijos. Estamos tan cegados por lo que creemos que puede aportarnos un bebé a nuestra existencia, que apenas reflexionamos sobre si estamos en condiciones de amarlo y educarlo tal y como necesita.

Ahora mismo, la media de hijos es de 1,33 en las madres españolas -que conciben su primer retoño a los 31 años- y de 1,69 en las madres extranjeras afincadas en este país, según el Instituto Nacional de Estadística. Más allá de estos datos -y de la necesidad biológica de preservar nuestra especie-, ¿por qué tenemos hijos? Esta fue una de las preguntas que motivaron la elaboración del estudio La infancia y la maternidad en España 2010. Un grupo de expertos realizó 1.000 encuestas a mujeres con edades comprendidas entre los 18 y 45 años de todo el territorio nacional. De estas, más de la mitad ya son madres y las que todavía no lo son tienen la intención de serlo en el futuro. El 13% de las encuestadas afirmaron que renuncian a la maternidad, una postura adoptada por cada vez más parejas.

Según este estudio, existen tres razones principales por las que se quiere tener descendencia: 1. Sentirse realizadas como mujer. 2. La relevancia social que implica tener un bebé. 3. El efecto positivo que un recién nacido aporta a una relación de pareja. Estas respuestas ponen de manifiesto la perspectiva egocéntrica con la que, en general, nos embarcamos en la aventura de ser padres.

Y lo cierto es que este egocentrismo paternal no tiene nada de nuevo. Hace más de cinco décadas, el psicólogo humanista norteamericano Carl Rogers (1902-1987) constató que "normalmente deseamos tener un hijo para cumplir con lo que nuestra familia y la sociedad espera de nosotros". También para "crear un vínculo afectivo con nuestra pareja, de la que nos sentimos distanciados". En algunos casos, "los hijos también se convierten en un juguete con el que entretenernos y escapar así del aburrimiento, el vacío y la monotonía de una vida carente de propósito y sentido".

Según las tesis planteadas por Rogers, "nuestros deseos egoístas no son motivo suficiente para concebir un hijo". En el caso de llegar el momento oportuno, "nuestro corazón siente una aspiración mucho más trascendente y altruista: contribuir con nuestro granito de arena en la evolución consciente de la humanidad, comprometiéndonos con desarrollar todo el potencial del recién nacido", afirma este psicólogo, autor de El proceso de convertirse en persona y El matrimonio y sus alternativas.

Para lograrlo, primero hemos de echarnos un vistazo a nosotros mismos. Para poder ser un buen padre se debe contar con la comprensión suficiente para disfrutar de una vida equilibrada y plena. Antes de dedicarnos a atender emocionalmente a nuestros hijos, primero debemos haberlo hecho con nosotros mismos. Solo así asumiremos nuestro nuevo rol de forma madura y responsable, tal y como explica Laura Ubalde. En palabras de Rogers, "si bien en general se tienen hijos porque toca, no hemos de olvidar que ser padre es un milagro biológico, el don más preciado de nuestra existencia; requiere cierto esfuerzo por nuestra parte ser dignos de disfrutarlo".

La historia de Montserrat Ras Mallorquí revela una verdad incómoda: no hay relaciones más amorosas y a la vez tan conflictivas como las que se crean en el seno de la familia. Con los años, nuestro hogar puede convertirse en un nido de cariño, ternura y complicidad, pero también en un tribunal despiadado y frío en el que cada miembro asume los roles de juez, verdugo y víctima. Además, en el nombre de la confianza, parece como si tuviéramos carta blanca para decir lo que pensamos sin tener que pensar en lo que decimos. En ocasiones, y casi sin darnos cuenta, terminamos pagando nuestro malestar los unos con los otros, abriendo heridas cada vez más difíciles de cicatrizar.

Frente a este contexto cabe preguntarse: ¿cuál es la raíz de todos estos problemas y conflictos? Si bien no existe una sola respuesta, muchos expertos hablan de la "paternidad inconsciente". Se trata de un fenómeno que viene repitiéndose a lo largo de los siglos y que va traspasándose de generación en generación por medio del condicionamiento promovido por el orden establecido. El resultado es bien conocido por todos: se le denomina "pensamiento único". Es decir, la manera normal y común en la que una determinada sociedad piensa, entiende y se relaciona con la vida.

Esta es la razón por la que, dependiendo del lugar donde nacemos, solemos utilizar un determinado idioma, defender una determinada cultura, estar afiliados a un determinado partido político, seguir una determinada religión e, incluso, apoyar a un determinado equipo de fútbol. Normalmente no elegimos nuestras creencias (que condicionan nuestra forma de comprender la vida), nuestros valores (que influyen en nuestra toma de decisiones) y nuestras aspiraciones (que marcan aquello que deseamos conseguir). Todo ello nos es determinado durante nuestro proceso de condicionamiento.

Llegados a este punto, caber recordar que cuando nacen los niños son como una hoja en blanco: limpios, puros y sin limitaciones ni prejuicios de ningún tipo. Al ver el mundo por primera vez, se asombran por todas las cosas que en él suceden. Ese es el tesoro de la inocencia. Tan solo hay que ver la cara que ponemos los adultos cuando miramos cómo juega un niño a nuestro alrededor. Solemos sonreír, disipando por unos momentos la nube gris que normalmente distorsiona nuestra manera de ver e interpretar la realidad.

Sin embargo, "los padres inconscientes creen erróneamente que sus hijos son una más de sus posesiones, y, en vez de darles lo que verdaderamente necesitan (cariño, atención, aceptación, libertad y mucho amor), les ponen todo tipo de límites, inculcándoles creencias, valores y aspiraciones que definan quiénes han de ser, cómo deben comportarse y de qué manera deben vivir". Son palabras del reconocido psicólogo y filósofo alemán Erich Fromm (1900-1980), autor de La patología de la normalidad, El arte de amar y El miedo a la libertad.

"La paternidad inconsciente no tiene como finalidad desarrollar el potencial único de cada recién nacido, sino garantizar que este se convierta en un adulto normal, alineado con los cánones de pensamiento impuestos por la sociedad", según Fromm. Así es como, poco a poco, "la inocencia va siendo sepultada por una capa de ignorancia, obstaculizando que cada ser humano realice su propio descubrimiento de la vida". Y es que una cosa es poner límites, y otra bien distinta, imponer limitaciones. Lo curioso es que "los padres inconscientes hacen con sus hijos exactamente lo que les hicieron a ellos cuando eran niños". De ahí que se diga que todos somos hijos de víctimas, que a su vez son hijos de víctimas, que a su vez fueron hijos de víctimas...

La paternidad inconsciente suele generar dos tipos de reacciones en los hijos: "Los hay que literalmente se convierten en sus padres, adoptando el mismo estilo de vida", sostiene el psicólogo Erich Fromm. De hecho, "muchos copian y reproducen según qué comportamientos de sus padres a la hora de relacionarse con sus propios hijos". Por el contrario, "los hay que se rebelan, entrando en conflicto con el canon marcado por sus progenitores". En estos casos, "los hijos suelen construir un mundo personal, social y profesional opuesto al determinado por su entorno familiar".

Más allá de estos dos extremos, Fromm propone que los hijos nos "emancipemos emocionalmente" de nuestros padres. Solo así podremos lograr "un sano equilibrio entre el legado familiar y la posibilidad de seguir nuestro propio camino en la vida". Desde la óptica del psicoanálisis, a este proceso se le conoce como "matar al padre". Por supuesto, "no se trata de acabar con nuestros progenitores físicamente, pero sí de trascender su influencia psicológica, liberándonos de la necesidad de ser aceptados, valorados y amados por ellos".

Esta metáfora es una invitación a asumir la responsabilidad de nuestra vida emocional, tal y como ha hecho Eduardo Grimal. Así es como podemos dejar de victimizarnos y de culpar a nuestros padres por la manera en la que nos condicionaron durante la infancia y por la forma en la que se relacionan con nosotros ahora. Más que nada porque "movidos por sus buenas intenciones, nuestros padres siempre lo hacen lo mejor que pueden en base a su grado de comprensión y a su nivel de consciencia", concluye Fromm.

Al convertirnos en adultos, los hijos solemos quejarnos por la mochila familiar que cargamos sobre nuestras espaldas, repleta de miedos, complejos y frustraciones. Sobre todo porque este exceso de equipaje suele condicionar y limitar nuestra manera de relacionarnos con los demás. Pero, tal y como descubrió Pilar García Fuertes, debido al tipo de infancia y de condicionamiento que recibieron en su día, nuestros padres suelen cargar con una maleta bastante más pesada que la nuestra.

Por ello, la conquista de nuestra independencia emocional no pasa por confrontar ni enemistarnos con nuestros progenitores. Por más que nos moleste, están en su derecho de opinar acerca de cómo les gustaría que fuera nuestra vida. Así, "el reto consiste en aprender a autoabastecernos emocionalmente, fortaleciendo nuestra autoestima", sostiene Darío Lostado, profesor de psicología y filosofía de la Universidad de Chile. "Solo así podremos despedirnos definitivamente de la necesidad de que nuestros padres sean diferentes a como son hoy".

Además, "lo que no resolvemos con nuestros padres, lo trasladamos a nuestros hijos", añade Lostado, autor de La alegría de ser tú mismo. De ahí que esta emancipación emocional sea el pilar sobre el que se asienta la "paternidad consciente", que, más allá de condicionar a los hijos, promueve una auténtica educación. Etimológicamente, uno de los significados de la palabra latina educare es "conducir de la oscuridad a la luz". Es decir, "extraer algo que está en nuestro interior, desarrollando todo nuestro potencial". Así, "nuestra función como padres no consiste en proyectar nuestra manera de ver el mundo sobre nuestros hijos, sino en acompañarles para que ellos mismos descubran su propia forma de mirarlo, comprenderlo y disfrutarlo".

Para saber si verdaderamente hemos sanado nuestras heridas, basta con que pasemos un fin de semana con nuestros padres. "Si somos capaces de relacionarnos con ellos con aceptación (dejando de reaccionar frente a según qué comentarios), empatía (tratando de comprenderles, en vez de querer que nos comprendan primero a nosotros) y compasión (dando lo mejor de nosotros mismos desde el corazón), quiere decir que estamos preparados para tener y educar hijos de forma consciente, madura y responsable", afirma Lostado. Y concluye: "Quien no acepta, perdona y ama a sus padres, suele terminar siendo una carga para sus hijos".


Nuria Mateo Martínez: "El respeto mutuo nos permite limar todas nuestras diferencias"

45 años. Casada y con dos hijos. Funcionaria. Desde hace más de tres años comparte piso con su madre, Aurelia, de 71 años.

"Mientras mi padre trabajaba, mi madre se ocupaba de mi hermana y de mí. Recuerdo que en verano nos llevaba al cine, a la piscina, a la playa... Cuando yo tenía 16 años nació nuestro hermano pequeño. Y un año más tarde, mi padre falleció a causa de un cáncer. Para sacar adelante nuestra economía familiar, mi madre cogió dos empleos. Mientras, yo me ocupaba de mis hermanos. A los 23 años me casé y me fui de casa. Al poco, mi madre conoció a otro hombre, con quien rehízo su vida. Y tras pasar 22 años juntos, él murió. Mi madre tenía 68 años y de nuevo se había quedado sola. Fue muy duro para ella. En paralelo, mi marido y yo estábamos buscando un piso más grande. Necesitábamos más espacio para nuestros hijos. Entonces mi madre nos propuso venir a vivir con nosotros y le dijimos que sí. He de reconocer que la convivencia no es fácil. Hacemos lo posible para adaptarnos, respetando su forma de ser. El desarrollo personal que vengo realizando en estos últimos tres años me ha permitido comprenderla mejor. Ahora todavía valoro más su presencia. Vivir otra vez con mi madre también nos enriquece. Me encanta cuando mis hijos escuchan sus historias acerca de cómo fue su infancia. No me cabe la menor duda de que les hace valorar mucho más lo que tienen. Además, gracias a mi madre he podido estudiar de nuevo. Me ayuda con algunas tareas domésticas, lo que me deja más tiempo libre para seguir formándome profesionalmente. Eso sí, ahora soy yo quien la lleva al cine, a la piscina y a la playa. Si bien convivir otra vez juntas está siendo todo un viaje de aprendizaje, las dos nos sentimos muy agradecidas. Ella es mi madre y yo soy su hija. Y el amor que sentimos la una por la otra nos ayuda a superar las diferencias que surgen en nuestra convivencia".


Marc Singer: "Lo mejor que podemos hacer por nuestros padres es ser felices"

33 años. Vive en pareja. Consultor especializado en cambio de cultura organizacional. Durante muchos años estuvo resentido hacia sus padres. Pasar del victimismo a la responsabilidad le ha permitido desarrollar la gratitud y la aceptación.

"Mis padres se separaron cuando yo tenía ocho años. Y dos años más tarde, mi hermano se fue a vivir con mi padre y yo me quedé con mi madre. Fue una experiencia muy traumática. Se crearon dos bandos, y sufrí mucho. En ese contexto de desamparo establecí, de forma inconsciente, un vínculo de dependencia que me terminó pasando factura. Durante muchos años culpé a mi madre de mis problemas a la hora de intimar en mis relaciones sentimentales. Y con el paso del tiempo el resentimiento hacia mis padres fue creciendo. No les aceptaba. Les recriminaba lo mal que lo habían hecho. Un día entendí que tenía dos opciones: podía seguir juzgándolos o podía aprender a amarlos. Me di cuenta de que respetar a mis padres pasaba por respetar su destino. Ellos también estaban aprendiendo. Entonces asumí otro rol equivocado: quise salvarles y protegerles, ocupando un papel que no me correspondía. Me di cuenta de que esa postura era muy arrogante por mi parte. Así también les estaba faltando al respeto. ¿Cómo iba a poder recibir algo de mis padres si me creía mejor que ellos? Asumí que los problemas entre mi madre y mi padre eran asunto suyo. Aprendí a aceptarlos. El amor empieza por amarnos a nosotros mismos; solo así podemos amar a nuestros padres sin condiciones. Hoy puedo afirmar que cuando rechazamos a nuestros padres -lo que han sido y lo que nos han dado- nos convertimos en mendigos. He comprendido que los padres han venido a este mundo a dar, y los hijos, a recibir. Y que hasta que no tomemos a nuestros padres desde el corazón no podremos mantener relaciones plenamente satisfactorias. Ya no les reprocho nada. Sé que lo hicieron lo mejor que pudieron. Es más, agradezco de corazón todas las decisiones que tomaron. El sufrimiento me permitió adentrarme en una búsqueda interior que me ha hecho ser más consciente de lo que quiero realmente en la vida. Lo único que les debo a mis padres es ser yo mismo".


Laura Ubalde: "Si no sientes gratitud hacia tus padres es que los miras desde un enfoque equivocado"
45 años. Casada y con dos hijos. Economista y consultora. Acompañar a su madre durante la fase terminal de un cáncer hizo que su vida cambiara de sentido.

"Mi relación con mi madre estaba marcada por la superficialidad. Nuestras conversaciones acostumbraban a ser intrascendentes. No tenía ganas de mostrarle mi cariño; sentía que estábamos separadas por un muro emocional, que incluso impedía cualquier posibilidad de darnos un abrazo. Todo ello me generaba un profundo sentimiento de culpa. Pero todo cambió hace tres años, cuando le diagnosticaron un cáncer en fase terminal. A la noticia, transcurrieron 25 días de intensas vivencias hasta su muerte. Me sorprendió mucho la entereza y la aceptación con la que afrontó aquel proceso. Se me abrieron los ojos y el corazón. Así fue como redescubrí a mi madre: una mujer amorosa, generosa, fuerte, valiente y sabia. En medio de aquel doloroso escenario, eligió disfrutar de sus últimos días de vida, buscando nuestras manos y nuestras caricias. Consciente de su inminente muerte, nos dio a todos una lección de amor incondicional. Gracias a ella entendí que la vida es justamente eso: estar presente, agradeciendo y valorando lo que nos traiga cada momento. Su muerte me hizo empezar a vivir de verdad. Hasta aquel día, mi existencia estaba marcada por la seguridad y la rutina. Y así llevaba 21 años. Pero aquella experiencia me dio el coraje de apostar por mí misma. Decidí cambiar mi trayectoria profesional y vital, iniciando un camino de desarrollo personal. Estoy de acuerdo en que ser padre o madre no es fácil. Pero tampoco lo es ser hijo o hija, buscando siempre su aprobación. Muchos hijos se frustran por no ser amados por sus padres. Sin embargo, hay que tener en cuenta que muchos de ellos tampoco recibieron ese amor y con frecuencia ni siquiera saben cómo expresarlo. Con mis hijos, ya adolescentes, estoy apostando por la confianza en detrimento del control, demostrándoles más mis sentimientos, lo que está enriqueciendo nuestro vínculo enormemente".


Montserrat Ras Mallorquí: "La vida nos trata tal y como nos tratamos a nosotros mismos"
35 años. Divorciada. Profesora de arte. Como consecuencia de una serie de conflictos con su madre, hace años que decidió finalizar la relación con su familia.

"Desde que era una niña siempre tuve la sensación de que yo no debía haber nacido. Mi madre solía repetirme una y otra vez que el sueño de su vida era haber tenido un hijo varón. Y aprovechaba diferentes momentos y situaciones para mostrar su desprecio hacia mí. A su lado llegué a sentirme culpable, sin saber demasiado bien por qué. Es como si hubiera hecho algo monstruoso. Con los años, su actitud y su conducta llegaron a unos niveles tan perturbadores que pensé que definitivamente no merecía ser amada, ni por mis padres ni por nadie. Lo paradójico es que creía que solo podría redimirme si era capaz de conseguir la aceptación, la aprobación y el cariño de mi madre. Estas creencias me mantuvieron atrapada en un destructivo círculo vicioso. Durante muchos años he luchado por conseguir el afecto de mis padres y de otras personas importantes de mi vida. Y lo cierto es que he perdido estrepitosamente. Desde hace un tiempo las cosas están cambiando. No puedo olvidar todo lo que he sufrido, pero ya no me victimizo. Ahora soy consciente de que yo misma me he hecho mucho daño por mi falta de autoestima. He aprendido que nadie puede maltratarme psicológicamente sin mi consentimiento. El hecho de haberme mantenido en una situación nociva para mi salud mental es una decisión que yo tomé libremente. Echarme la culpa es una pérdida de tiempo y de energía. Estoy aprendiendo a ser dueña de mi mente y, en consecuencia, de las decisiones que tomo en mi día a día. Sé que no es una afirmación muy popular, pero es posible que mi familia quede fuera de mi proyecto vital. Ha sido la herramienta que la vida me ha ofrecido para que pueda aprender algo sobre mí. Todos somos maestros de todos, del modo más impredecible".


Eduardo Grimal Lledó: "La muerte de mi padre nos ha unido como familia"

32 años. Vive en pareja. Entrenador personal. Tras varios años de distanciamiento físico y emocional, el duelo compartido por la muerte de su padre hizo que se fortalecieran los lazos entre su madre y sus hermanos.

"Mis padres me educaron a mí y mis otros tres hermanos para respetarnos mutuamente. Recuerdo que nos decían que, fuera cual fuera el motivo de una discusión, jamás nos insultáramos. Que siempre tratáramos de no dañar nuestra relación. Y lo cierto es que la gente se sorprendía de ver a cuatro hermanos tan bien avenidos. Era el resultado de un esfuerzo y un trabajo diarios. Los años fueron pasando y todos nos fuimos haciendo mayores. De mis hermanos, una vive en Bilbao; dos, en Zaragoza, y yo, en Barcelona. Más allá de este distanciamiento físico, con el tiempo me fui distanciando emocionalmente de mi padre. Habíamos perdido la capacidad de disfrutar el uno del otro. Y supongo que la inercia me llevó a conformarme con esta situación. Más tarde, mi padre padeció un primer infarto. Recuerdo que me hizo tomar consciencia de que si bien no estábamos mal, como familia podíamos estar mucho mejor. Y con el segundo y definitivo, algo cambió para siempre en mi corazón. Y por lo visto, también en el de mi madre y mis hermanos. Desde su muerte, hace ya cuatro años, nuestro vínculo familiar no ha dejado de crecer y fortalecerse. Hacemos lo posible para estar en contacto. Y cuando nos reunimos, nuestro padre parece estar presente. Y una vez al año nos reúne en un pequeño pueblo de Andorra donde reposan sus cenizas. Es más que una reunión familiar: una celebración por la vida y el amor. Su ausencia está siendo un aprendizaje para todos. Nos ha hecho crecer y madurar, valorando todavía más la grandeza de poder contar unos con otros".


Pilar García Fuertes: "Amo tanto a mi hija, que quiero que sea libre de mí"

49 años. Divorciada. Vive con su hija, Marina, que acaba de cumplir 18 años. Directora del Museo del Ferrocarril de Cataluña. La evolución del vínculo afectivo con sus padres le ha ayudado a educar a su hija de forma consciente y amorosa.

"Soy hija única. Durante muchos años estuve en desacuerdo con la actitud sobreprotectora y la conducta rígida que mis padres tuvieron hacia mí durante mi niñez y adolescencia. No alcanzaba a entenderlos y, por tanto, me costaba aceptarlos y amarlos tal y como eran. Iban pasando los años y no acababa de conectar con ellos. Pero todo cambió en 2003, un año antes de que mis padres celebraran sus 50 años de casados. Como regalo, decidí escribirles un libro. Además de inmortalizar sus vidas y las de sus antepasados, también describí el escenario donde estas habían transcurrido. El resultado de esa honda reflexión tuvo derivadas que yo no había previsto: les comprendí. Tomé consciencia del escenario en el que habían ejercido su rol de padres y me reconcilié íntimamente con ellos, experimentando una gran ternura, a la vez que una definitiva reconexión. De mi madre he aprendido a amar a mi hija incondicionalmente. La diferencia es que yo la quiero libre, libre incluso de mí. Soy consciente de que esta conducta va ligada a la sobreprotección que recibí de mis padres. Desde antes de que naciera quise crear una relación alegre, dialogante, intensa, respetuosa, independiente... Y hoy puedo afirmar que nuestro vínculo es mejor de lo soñado. Diría que los cimientos para conseguirlo han sido: la voluntad de construirlo, los besos, la confianza, la intimidad y, sobre todo, un amor desmesurado. En general, el tiempo que se relacionan padres e hijos como adultos es mucho más largo que el anterior. Por eso soy partidaria de acompañarlos desde pequeños con consciencia de estar guiando a personas que han de ser adultos responsables, generosos y autónomos. Creo que es necesario, aunque nada fácil, aprender a soltar y a aceptar a los hijos tal y como son. Y ahora sé que el amor, el amor en mayúsculas, cuando es un verbo, pone alas".

Imprescindibles

LIBRO
Ámame para que me pueda ir. Padres e hijos desde la ecología emocional, de Jaume Soler y Maria Mercè Conangla (RBA Bolsillo). Un libro que muestra una visión revolucionaria de la educación infantil, basada en la importancia de que los hijos sean educados por padres maduros y conscientes. Según estos expertos, "solo si amamos bien a nuestros hijos, ellos serán capaces de tener el coraje de alejarse de nosotros y vivir su propia vida con amor y responsabilidad".

PELÍCULA
Camino, de Javier Fesser. Basada en hechos reales, esta película narra la vida de una niña que con solo 11 años se enfrenta a una enfermedad terminal. Y de cómo su familia, especialmente su madre, trata constantemente de imponerle una serie de creencias, normas y dogmas que limitan y obstaculizan su propio descubrimiento de la felicidad, la amistad y el amor. A través de este condicionamiento, la madre intentará determinar la manera en la que su hija debe afrontar su propia muerte.

sábado, 9 de marzo de 2013

Mi vida dentro de una mochila... 02


ANDRÉS
"Tengo unos padres que no los merezco".Tiene ideas políticas "difusas", pero el Movimiento 15-M, al que apoya activamente, ha supuesto un revulsivo. "Yo no voté". Estudia Comunicación Audiovisual, toca en un grupo y vive en un colegio mayor, donde le cuesta administrar sus 200 euros mensuales. Heredó la cinefilia de su familia. Le tiran Hitchcock, Gus van Sant y el underground, y abomina de Sálvame,"aunque no hay en ello una actitud contestataria". Sueña con filmar historias cotidianas que remuevan conciencias. En casa lo pasa "fatal" hablando de sexo o de política. "Más por mí que por ellos, yo soy muy reservado. Tengo unos padres que no los merezco". Se confiesa demasiado tímido para salir a ligar. "Supongo que se me podría llamar bisexual, pero no creo en las etiquetas". Describe su generación como "alcohólica, pasiva-agresiva y sin esperanza". Ve "negro" su futuro, "porque seguiré con mi idealismo de querer vivir de lo que me gusta, me daré de bruces con la realidad y me moriré de hambre. O metido en televisión, cosa que me repatearía. Pero estaría dispuesto a hacerlo".


La mochila de Andrés
Andrés usa el teclado Casio en su banda, Alarido Mongólico, "pop autoparódico con toques punkarras". Es fan de Happy Together y Chungking Express, del director Wong Kar Wai. Y le gusta leer Nosotros, de Yevgueni Ivánovich Zamyatin, Trópico de cáncer, de Henry Miller, la revista Mondo Sonoro y el blog mexicano Chicos topo.

jueves, 7 de marzo de 2013

Aviones del futuro...


Aviones del futuro

Transparentes para contemplar las estrellas, ecológicos, con fuselaje en forma de catamarán, del tamaño de un puño o con capacidad para miles de personas, con o sin piloto, letales e indetectables... Toda la imaginería aeronáutica, militar y civil, se ha dado cita en la feria de Le Bourget


El viernes pasado, un pequeño drone (en inglés significa zángano de colmena y, por extensión, avión no tripulado) de siete kilos que sobrevolaba la central nuclear de Fukushima para medir el nivel de radiactividad se volvió incontrolable y sus pilotos a distancia le obligaron a efectuar un aterrizaje de emergencia en uno de los letales reactores, sin mayores consecuencias. En la última cumbre del G-20, celebrada en la plácida ciudad-balneario francesa de Deauville, otro drone (este con la envergadura de una avioneta normal) perteneciente al Ejército francés patrulló constantemente por los cielos de Normandía a fin de vigilar y detectar cualquier movimiento sospechoso. Entre otras funciones, enviaba a la central imágenes en tiempo real con una precisión de un metro y una resolución de pantalla de 3D. Hay drones de tamaño medio que disparan; otros, con la envergadura de un pájaro, capaces de posarse en una rama o en el quicio de una ventana y ponerse a vigilar. Estos aviones o avioncitos sin piloto, surgidos hace 15 años impulsados por los Ejércitos israelí y estadounidense, uno de los desafíos de la aeronáutica y de la guerra del presente, se han convertido en una de las atracciones del Salón Internacional Aeronáutico y Aeroespacial de Le Bourget, en las afueras de París, la mayor feria del mercado y la tecnología aeronáutica del mundo.

En esta macroferia, alimentada por un mercado boyante que parece haber dicho adiós a la crisis, entre jeques a la búsqueda de avionetas privadas o espías industriales con los ojos puestos en los secretos del competidor, el visitante pasea entre aviones, reactores, misiles en venta y satélites. Y se enfrenta a prototipos que, posiblemente, serán los aviones del futuro: aeronaves solares, o eléctricas, o propulsadas con biocombustible o con aceite de la freidora, o capaces de recorrer la distancia entre París y Tokio en cuatro horas y media. O aviones sin piloto, como los magnéticos drones.


Uno de los más llamativos es un prototipo negro, con aspecto a medio camino entre un pez manta negro del tamaño de una habitación mediana y el coche de Batman. Se denomina Neuron, se convertirá -si todo sigue adelante- en el primer avión de combate europeo sin piloto y es fruto de un acuerdo entre varias empresas internacionales, entre las que se cuenta la española CASA. Está concebido para infiltrarse en medio del avispero, picar y salir de ahí. Su extraña forma le hace indetectable para un radar, y su misión, simplemente, será la de abrir vías en territorios particularmente hostiles, como un búnker o los nidos de misiles, para que los cazas tripulados prosigan la ofensiva. No se venderá de momento.

"Es una especie de laboratorio volante", explica Yves Robins, de la empresa francesa Dassault Aviation, "que nunca se comercializará en serie, que volará por vez primera el año que viene y que servirá de banco de pruebas". Y añade: "Si luego los Gobiernos o los Ejércitos lo quieren y lo encargan, produciremos nuevos modelos más avanzados". El ingenio en cuestión es capaz de disparar a control remoto con una precisión casi absoluta, según Robins, y toma decisiones comprometidas por sí mismo: "Si es atacado, es capaz de auscultarse, medir el alcance del daño y decidir si puede seguir con la misión o si hay que volver a la base en ese momento", añade este experto, que aclara con cierto tono conciliador: "Ahora bien: no está autorizado para disparar sin permiso".


Enfrente de este aparato futurista y algo atemorizante se encuentra el DRAC, el drone utilizado actualmente por las tropas francesas en Afganistán, construido por la empresa Cassidian, filial militar de EADS. Este pequeño aparato pesa 20 kilos, es desmontable, del tamaño de un avión de juguete; y se lanza con la mano, también como un avión de juguete. Sirve, según mostraba el martes un soldado francés en Le Bourget, para observar en un radio de 20 kilómetros, con un detalle apreciable, el terreno que rodea a un destacamento. Es decir: gracias a ese avión espía que se infiltra en las líneas enemigas, el mando obtiene imágenes en tiempo real de las posiciones del oponente. Alain Dupiech, de la empresa Cassidian, especializado en este tipo de aviones sin piloto ni tripulación, está convencido de que el futuro pasa por ahí: "Ahora mismo, los drones se utilizan, sobre todo, para operaciones militares, de vigilancia, de seguridad; son instrumentos capaces de ver por la noche gracias a su cámara de infrarrojos, de detectar los movimientos de tropas... Pero todo esto cambiará en unos años. Llegará el día en que los aviones de pasajeros vayan sin piloto, créame. Serán más seguros que los de hoy día, estoy convencido. Su utilización militar dará paso pronto a un uso mayoritariamente civil. ¿Se imagina la cantidad de ventajas? Por ejemplo, en la extinción de incendios se podrán emplear aviones que no se agoten, que no se cansen, que no se pongan nerviosos, que puedan estar horas y horas y que puedan adentrarse en las zonas más comprometidas...".

En esta feria enorme alojada en el viejo aeropuerto de Le Bourget, en la que de pronto un caza de demostración desgarra el cielo y los tímpanos del visitante, verdadero vivero de proyectos futuristas, hay un prototipo que ya se ha hecho famoso en Francia: el ZEHST (Zero Emission Hipersonic Transportation), el avión de pasajeros calificado de hipersónico que cuando se comercialice (en 2050, como poco) será capaz de cubrir la distancia entre Madrid y Nueva York en menos de una hora y media. La prensa gala -entre el escepticismo y la estupefacción- ya lo ha bautizado como el sucesor del Concorde (el florón de la industria aeronáutica franco-británica, que dejó de volar en 2003). Del ZEHST, cuya estructura recuerda vagamente a la de un murciélago, se afirma que volará a una velocidad de entre 4.500 y 6.000 kilómetros a la hora, se deslizará a una altitud de 32 kilómetros de la Tierra (un avión de línea normal alcanza los 12 kilómetros), transportará de 90 a 120 pasajeros y sus turborreactores se alimentarán a base de algas. No contaminará. El director general de tecnologías e innovaciones de EADS respondía el lunes en el periódico Le Parisien a la pregunta pertinente: ¿Pero este proyecto verá la luz algún día? "Sí. En EADS disponemos de la tecnología necesaria. (...) Trabajamos en esto desde hace cinco años. Hemos tenido tiempo de cerciorarnos de que el proyecto es viable".


Este avión hipersónico no es la única invención casi milagrosa que las grandes empresas aeronáuticas enseñan en Le Bourget. Por las páginas de los periódicos franceses han desfilado, entre otros proyectos, dibujos de aviones transparentes (el fuselaje se transforma en una especie de cristal) que permitirán al pasajero de 2050 poder contemplar de noche un cielo estrellado o una bella panorámica celeste en un día de sol. O bien aeronaves inmensas: la estadounidense Boeing ha proyectado el modelo de un B-797, un prototipo con capacidad para albergar a más de mil personas en un avión. O extrañas: el también estadounidense grupo Northrop Grumman ha diseñado un aparato compuesto de dos fuselajes paralelos, como un catamarán volante...

Pero más allá de los sueños realizables o no de los ingenieros, Le Bourget ofrece algunas realidades que se pueden tocar. Una de ellas es el Solar Impulse, el único avión del mundo propulsado exclusivamente por energía solar gracias a las 12.000 células fotovoltaicas que se esconden en sus grandes alas. Con aspecto de libélula inmensa, la envergadura de un Airbus A-340 (64 metros), pero el peso de un coche normal (1,2 toneladas), este avión llegó hace unos días a París procedente de Bruselas. Tardó 16 horas, pero se ha convertido ya en un auténtico símbolo del futuro de una aviación menos dependiente del queroseno. Menos contaminante, sí. Y también más barata.


El consumo de combustible constituye aproximadamente un 30% del gasto de las compañías aéreas. De ahí que escapar del queroseno y su precio en alza se haya vuelto una auténtica obsesión para ellas. Hasta Le Bourget han llegado experimentos algo inusuales. Un ejemplo: KLM anunció esta semana que para algunas de sus rutas comenzará a usar ya combustibles compuestos en su mitad por queroseno y en la otra mitad por grasas y aceites reciclados, como el derivado de las frituras de cocina.

Por eso, más allá de prototipos fantasiosos de velocidades algo impensables o de fuselajes de cristal para ver las constelaciones mientras se viaja, los ingenieros aeronáuticos trabajan en la llegada de un avión menos vistoso, pero más importante y decisivo: una aeronave cada vez más eléctrica, es decir, en la que la electricidad no solo sirva para calentar la comida o ver películas. Los expertos elaboran ya modelos que, dejando aparte la propulsión, se alimentan de electricidad para iluminar la cabina, para poner en marcha la climatización o incluso los trenes de aterrizaje, entre otras cosas.


Paralelamente, se diseñan y se ponen en funcionamiento motores cada vez menos dependientes. Es parte del éxito del avión A-320 NEO, de la empresa europea Airbus, el avión más solicitado durante este año particularmente bueno de Le Bourget: entre otras razones, porque ahorra un 30% de combustible con aviones de parecido porte.

Las cifras son mareantes: Airbus ha anunciado que esta semana ha conseguido contratos para fabricar 730 aviones por valor de 50.000 millones de euros. Solo a la compañía Air Asia, de Malasia, le ha vendido 200 del modelo A-320 NEO, en lo que constituye el mayor contrato civil jamás llevado a cabo en un sector cada vez más importante: ahora mismo vuelan por el planeta 19,4 millones de aviones de más de 100 plazas; dentro de 20 años serán casi 40 millones. Nadie sabe cómo será el avión del futuro, pero sí que el futuro es del avión.

miércoles, 6 de marzo de 2013

Mi vida dentro de una mochila... 01


SARA "Sueño con descubrir algo que mejore la vida de la gente". Sus padres llegaron de China hace 25 años y montaron una cadena de restaurantes. "Una vida muy dura. Yo quiero hacer algo por mi cuenta. Me gusta el diseño de moda, pero estudio Farmacia, una opción más realista". Se siente más española, pero le enorgullecen sus raíces. Habla mandarín y le fascina visitar Shanghái, una mezcla perfecta, dice, entre la China tradicional y Occidente. "Tengo amigos de todas las razas. Mis padres quizá se relacionan con más chinos, en su época las cosas eran distintas, pero se han adaptado muy bien. Comemos como allí, pero en lo demás somos como cualquier familia española". Es agnóstica y no le interesa la política. Tiene pareja, se ve casada a los 28, y en casa solo habla de chicos con su madre. "Mi padre me ve como su princesa". Su sueño es ser investigadora y "descubrir algo que mejore radicalmente la vida gente, como la vacuna contra el sida". Lamenta que en España se desperdicie "dinero en cosas de relativa importancia, como campañas para reducir la velocidad de conducción y ahorrar en gasolina, cuando se podría invertir en investigadores". "Y luego se quejan cuando se marchan al extranjero".


La mochila de Sara
Sara se acaba de sacar el permiso de conducir y guarda el carné y las llaves de su coche como un tesoro. El bolso se lo regaló su madre cuando cumplió los 18. Nunca sale de casa sin las gafas de sol, el rímel, el brillo de labios y el iPod. .

martes, 5 de marzo de 2013

Es mucho más importante...


Es mucho más importante desaprender que aprender.
El viaje al poder de la mente - Eduardo Punset

lunes, 4 de marzo de 2013

El anonimato en los trasplantes no es un dogma...


El anonimato en los trasplantes no es un dogma

El sistema español se basa en el secreto de las identidades de donante y receptor. La necesidad de más órganos plantea la flexibilización de este requisito

El liderazgo español en el campo de los trasplantes está amenazado. La tasa de donantes se ha estancado en 34 por millón de habitantes por motivos demográficos y sanitarios (envejecimiento, menos accidentes de tráfico, menos muertes encefálicas). Aunque en 2009 hubo 1.606 donantes, la lista de espera para los principales órganos (riñón, hígado, corazón, pulmón, intestino, páncreas) supera las 7.000 personas, y el director de la Organización Nacional de Trasplantes (ONT), Rafael Matesanz, admite que es difícil que las donaciones aumenten. Portugal ocupará el primer puesto.

Una de las claves del sistema ha sido, tradicionalmente, el anonimato de donantes y receptores. Sin embargo, esta postura tiene fisuras. "Al discutir con otros países europeos la directiva de trasplantes, me vi obligado a replanteármelo", admite Matesanz. "El anonimato era un dogma de fe desde los setenta", y tenía un único motivo: "Evitar el contacto entre familiares del donante cadáver y el receptor, y que eso creara situaciones molestas", dice, aunque precisamente en los setenta, cuando el sistema empezó, eso era muchas veces imposible: "Los familiares de los dos se encontraban en la sala de espera y era inevitable que hablaran", afirma.

Luego, los nuevos sistemas autorizados (donantes de vivo o cruzados) dificultan aún más ese requisito. Hasta el año pasado, solo se permitían entre familiares cercanos, y ahí no hay anonimato que valga, admite Matesanz. Esta posibilidad todavía está poco explotada en España. En 2009 se hicieron 264 de estos trasplantes (239 de riñón y 29 de hígado), frente a 3.104 de estos dos órganos de donantes cadáver (2.093 de riñón y 1.011 de hígado).

En el contacto entre donantes y receptores, "la primera vez está muy bien, pero luego las relaciones pueden viciarse. La familia del receptor, porque se siente en deuda; la del donante, porque pensaban que ahí seguí estando su hijo", dice.

Curiosamente, Matesanz indica que el anonimato de donante y receptor se coló en el BOE "por una errata". La ley de 1979 se refiere, precisamente, a los donantes de vivo (que era la técnica que se podía usar, porque los inmunosupresores no permitían más que hacer trasplantes entre familiares cercanos, sobre todo hermanos), y en esos casos el anonimato no tiene sentido. "Luego, en el real decreto de 2000 ya se recoge para los donantes cadáver". Estas limitaciones en la técnica hacen que al principio "el legislador no se planteara el anonimato para combatir el tráfico, porque este no era posible", indica.

Pero el caso español no es el universal. Aunque es el que se sigue en toda Europa (menos Reino Unido), en Estados Unidos no es lo mismo. Ahí casi ni hay debate público sobre el asunto. "En la donación no anónima, dirigida, siempre ha habido un trasfondo ético", explica el sociólogo de la Universidad de Duke Kieran Healy, experto en bioética. "Cuando EE UU comenzó a hacer trasplantes, en los cincuenta, las decisiones de quién recibía los órganos se efectuaban a nivel muy local. Al final era un grupo de médicos o cirujanos, los escuadrones de Dios, les llamaban, que en ocasiones consideraban la adecuación del paciente con criterios como si era alcohólico, por ejemplo. Recuerda un poco al escenario de los años cincuenta y sesenta, cuando en algunos bancos de sangre se rotulaba las bolsas con la raza del donante. Para evitarlo nació el sistema anónimo, que ha funcionado en España de forma eficiente. A la vez, en EE UU, el sistema abierto, o dirigido, ha aportado también numerosos beneficios", dice.

La situación llega en EE UU a unos planteamientos que en España serían impensables, como el de que sean las fuerzas de la oferta y la demanda las que decidan también en asuntos como los trasplantes. 'Donación de órganos: ¿Debería decidirse en el mercado?', se preguntaba el pasado viernes el diario The New York Times. Quien ha reabierto el debate es el economista de la Universidad de Chicago Gary Becker, galardonado con el Premio Nobel en 1992. Ha propuesto compensar a los donantes por ceder un riñón o parte de su hígado. "Mi conclusión es que la creación de mercados de órganos es el mejor medio a disposición de las personas con órganos defectuosos para obtener trasplantes mucho más rápidamente que con el sistema actual", escribió Becker en el Washington Post el pasado año. "No considero suficientemente convincentes los argumentos en contra de permitir la venta de órganos, especialmente cuando se compara con el número de vidas que se salvarían por el aumento de la oferta estimulada por incentivos financieros".

En un estudio de 2004, Becker llegó a estimar que el mercado situaría el precio de un riñón en unos 15.000 dólares (11.000 euros). Hay otros intentos, más realistas, como explica la doctora Sally Satel, investigadora en el think tank American Enterprise Institute. "El incentivo es necesario. Con donaciones anónimas y donaciones dirigidas aun no hay suficiente oferta. Creemos que el Gobierno debería autorizar el ofrecer incentivos a los donantes en vida. Por supuesto, no vamos a poner precio a los órganos. Nos parece una solución adecuada que el Gobierno ofrezca desgravaciones en los impuestos, o que el donante pueda recibir contribuciones en sus fondos de pensiones. Eso estimularía las donaciones y salvaría muchas, muchas vidas", asegura.

La posibilidad de acabar con el anonimato crea una sensación ambigua en los receptores. Ana Martín, de 37 años, recibió un riñón hace 14, después de tres años de diálisis. Ahora trabaja como voluntaria en la Asociación para la Lucha Contra las Enfermedades Renales (Alcer). "Siempre, cuando se recibe un órgano que te da calidad de vida, tienes necesidad de agradecérselo a la familia", dice. Ella sabe que su donante fue "un chico joven" y que tenía su edad. Esa es toda la información que reciben los trasplantados.

"Claro que tienes curiosidad", afirma. Pero, luego, Martín admite que es mejor no saber quién fue el donante. "Si no, se puede crear un vínculo enfermizo, pueden obsesionarse contigo, te puedes sentir poco agobiada", dice.

Emilio Bautista, presidente de la Federación Española de Trasplantados de Corazón (Fetco), comparte esa opinión. "Sabemos de gente que ha conocido al donante, y no es recomendable para su salud mental". "Hay que tener en cuenta que en el caso del corazón no hay donación de vivo posible, así que mientras nosotros celebramos un renacer, el donante está de fallecimiento", dice.

"Los primeros trasplantados lo pasaban muy mal. Hay muchos problemas emocionales. Iban a verles los familiares del donante, querían hacerles partícipes del luto. Se dio el caso de una viuda que quiso casarse con el receptor del corazón de su marido". Por eso en la federación "aconsejamos que no se investigue". Fue lo que él hizo: "Prohibí a mi familia que investigaran quién me había donado el corazón hace 11 años".

De la misma opinión es Julio Boigeat, otro voluntario de Alcer quien, a sus 34 años, ha sido ya trasplantado tres veces de riñón. Las dos primeras veces fue de cadáver, la última de vivo. "No se parece en nada. La de vivo es la mejor opción. Se coordinan las operaciones y el órgano te llega en la mejor de las situaciones". Él lo recibió de su hermana Laura. "La relación ya era muy buena, ahora es eterna".

Sin embargo, Boigeat, que es psicólogo, cree que recibir un órgano de un familiar es peor. "Hay una carga de culpa importante que hay que saber gestionar. Para el donante y para el receptor. Ella podía haberse arrepentido hasta el momento de entrar en el quirófano. Nos preocupaba que después pudiera tener una vida normal, tener hijos".

Eso no le había pasado antes. "Bueno, el primer riñón lo recibí con 10 años, así que no me hice esos planteamientos. Sentí un agradecimiento enorme allá donde estuviera el donante, pero nada más". Pero cree que aquellas dos veces fueron "más fáciles psicológicamente que la última". "Sientes curiosidad", admite. Así supo que su primer donante era un chico de 24 años que se había matado en un accidente de tráfico cuando celebraba el fin de carrera. "Le di mil gracias, pero ahora tengo claro que saber quién era podría ser una vía de doble sentido", afirma. Para el receptor, porque "no sé hasta qué punto de enganche puedes llegar", Y para los donantes o sus familiares, porque "se puede entrar en un círculo de manipulación. No creo que para una familia que está elaborando un duelo sea positivo, puede haber un proceso de transferencia de afectos, de ideas hacia el receptor, a que intenten que suplante el papel del fallecido".

Curiosamente, en el otro lado, en el de los donantes, los argumentos son muy similares. Javier García Luque recuerda cómo hace 20 años tuvieron que decidir qué hacían con los órganos de su hermano, que falleció a los 18 en un accidente de tráfico. "Fue fácil porque él era donante, pero mi padre estuvo mucho tiempo queriendo saber qué ha pasado. Yo se lo quité de la cabeza, porque los psicólogos nos lo aconsejaron. Lo mejor es que piense que los órganos de su hijo están funcionando en otras personas, y ya está".

García Luque cree que lo mejor es "no darle más vueltas, olvidarse y no complicarse la vida, porque si no puedes establecer con las familias de los receptores lazos que pueden ser a la vez de alegría, y muy dolorosos". Años después, él mismo ha tenido que recibir un hígado, y se confirma en esta opinión.

Porque está claro que una cosa es decidir donar en el momento -en los 20 minutos de una entrevista con los coordinadores-, y otra tener que enfrentarse a la decisión toda la vida. Boigeat lo tiene claro, y en el caso de los donantes de vivo es manifiesto, porque desde el principio saben quién va a ser el receptor.

"Cuando me iban a trasplantar la última vez, un amiguete quiso darme su riñón. Ahora nuestra relación se ha acabado. Y eso, ¿cómo lo gestionas? Esa situación no solo afecta a nivel psicológico, sino que puedes sentir rechazo por una persona que te ha donado un órgano, y eso genera estrés, un estrés que tiene su efecto en tu salud".

Eso, admite Boigeat, también le podría pasar con su hermana. "Pero lo veo muy difícil, diría que imposible". De momento, para este hombre lo importante es celebrar la vida. "Ayer [el lunes] se hicieron tres años del trasplante. Lo celebramos con tarta, y le cantamos aquello de porque es un riñón excelente...".

Matesanz admite que hay casos en los que no tiene tan claro que la donación tenga que ser anónima. "En los trasplantes cruzados, donde una persona dona a la pareja de otra y viceversa, EE UU no lo requiere, y Holanda, que es de los países que más hacen, permite que las parejas se conozcan después del trasplante", explica. En este caso, "es un poco absurdo", manifiesta.

Y luego hay otros casos en que para mantener el anonimato hace falta un acuerdo entre todos: sanitarios, afectado, administradores y periodistas. Si no, puede pasar como con el primer trasplante de cara, donde se supo la identidad del donante por los datos ofrecidos (edad, causa de la muerta, localidad).

Lo que no cree Matesanz es que por eliminar el anonimato vayan a aumentar las donaciones. La idea de que "si se le pone cara al beneficiarlo" se estimula la generosidad no le convence. Pero no cierra la puerta a nada, con tal de que haya órganos para quienes lo necesiten: "Para cadáver, yo lo dejaría como está. Para los otros, el anonimato no es dogma de fe".

domingo, 3 de marzo de 2013

Mi vida dentro de una mochila... 00


Mi vida dentro de una mochila

Estrenan la mayoría de edad y lo expresan con lo puesto. Este es un retrato de las inquietudes de doce nuevos adultos españoles a través de los objetos y prendas con los que quieren presentarse al mundo.

Llegaron a la sesión de fotos tal como son. Con la ropa y los objetos con los que se gustan, con los que quieren presentarse al mundo. Nacho, deportista semiprofesional, modelo ocasional y con fama de ligón, muestra orgulloso su colección de revistas FHM y GQ y su arsenal de cremas y perfumes. No le importa que le llamen metrosexual. A Inés, estudiante de Psicología que lleva en el bolso un libro del neurólogo Oliver Sacks junto a un espray antivioladores, le repatea que la llamen pija. Cristina abomina del exhibicionismo de las redes sociales, carga con la plancha del pelo allá donde va y lleva muy a gala su feminidad. Son seis chicos y seis chicas diversos, cada uno de su padre y de su madre. Acaban de estrenar la mayoría de edad. Y quieren que les conozcamos. Por eso nos cuentan su vida y nos abren su mochila.

Les divierte que les peinen y maquillen. Algunos, incluso, se sienten cómodos ante las cámaras, y casi todos, ante la grabadora. Han crecido documentando su vida online y viendo los medios. Salir en ellos no les impone especialmente. Dieciocho años en el mundo han sido suficientes para plantearse algunas preguntas y darse a sí mismos las respuestas: "Llevo toda la vida esperando llegar a esta edad, ¿y para qué? ¿Para poder beber legalmente? Pues ya me contarás". "Barajo la idea de vivir mantenido por una pareja. Con este panorama, es hasta sensato". "Nos movemos por modas. Es inevitable, aunque sea inconsciente". "No tengo ninguna prisa por irme de casa. No por comodón, sino porque a mis padres les gustaría que estuviera con ellos mucho tiempo. Y, qué coño, a mí también me gusta estar con ellos". "El problema es que hemos estado sobreprotegidos, sedados y faltos de estímulos. Lo que ha ocurrido en la Puerta del Sol ha sido un revulsivo".

Precisamente, una lección del Movimiento 15-M ha sido descubrir que la juventud española no estaba tan aletargada como muchos lamentaban. O como simplifica Inés, que por fin ha despertado. Sin más. La mayoría de los aquí entrevistados lo apoyaron, y un tercio de ellos hasta pernoctaron en alguna de sus acampadas durante varias noches. El individualismo, el exhibicionismo o la afiliación ciega a todo lo tecnológico quizá fueran la música, pero hoy resulta más evidente que no son la letra. La postal en blanco y negro que representó la anquilosada jornada electoral del 22 de mayo hizo que les colocaran el foco encima. Hoy, los jóvenes protagonizan una nueva fotografía borrosa y pixelada, pero de colores saturados y electrizantes.

¿Qué inquieta a los españoles que hoy estrenan la mayoría de edad? La extinción de la patria potestad ejercida por los padres, la plena responsabilidad de sus actos, la capacidad jurídica de obrar o el derecho a votar (o a ser votado) no angustian particularmente a Andrés, un estudiante gallego de Comunicación Audiovisual que lleva novelas nihilistas en la mochila como síntoma de su "natural pesimismo". "Tengo 18 y no quiero imaginar mi futuro. Me da miedo verme en la calle, sin techo. Lo veo negro porque seguiré con mi idealismo de querer vivir de lo que me gusta, me daré de bruces con la realidad y me moriré de hambre".

Con una tasa de paro juvenil superior al 40%, unos estudios devaluados que pierden la relevancia que tuvieron en el pasado, y con una sociedad que escruta cada decisión que toman en búsqueda del error, decidir qué hacer con su vida e integrarse plenamente como adultos en la sociedad es el mayor reto al que se enfrentan en la España actual. Lo cree Lorenzo Navarrete, decano del Colegio de Sociólogos de Madrid, que pone el foco en el exceso de proteccionismo y pedagogismo. "No les hemos dado lo que era realmente necesario: cosas que hacer cuando no están en clase. Algo que modelos educativos más avanzados como Francia, los países nórdicos o EE UU sí han pactado con colegios, museos o fundaciones. Instituciones que en España han olvidado que también son agentes de socialización. Ese vacío también lo cubre un fenómeno como el botellón, que funciona. Vivimos en una sociedad sorda que acuerda con los hijos que salgan de marcha para que los padres también puedan hacerlo".

Aitor ayuda a pagar el alquiler de casa con lo que gana de relaciones públicas en una discoteca, y acostumbra a llevar fotocopias de su historial laboral en la mochila. "Mi generación está un poco jodida: no hay curro, y la mayoría ni estudian. Cuando voy a repartir currículos para trabajar en vacaciones en Zara o H & M, como mucho me encuentro con cuatro como yo, así que no sé si pasan, pero en apariencia...". El tópico de juventud indolente y vaga -y su máxima expresión, los nini, jovenes que ni estudian ni trabajan- y su amplia difusión en los medios de comunicación tiene un efecto desmoralizante bumerán. Un estudio de este año del Instituto de la Juventud (Injuve) desmonta el cliché: en la actualidad, de los 7.550.163 jóvenes entre 16 y 19 años, solo 80.358 estarían en esa situación de desorientación (56.352 menos que 15 meses antes).

La postura de rebeldía, de oposición aparentemente injustificada al sistema, que se presupone, en mayor o menor grado, a la juventud suele esconder un deseo de autoafirmación, la necesidad de forjar una personalidad a partir de los elementos que encuentran a su alcance. Los padres de Marina, que se autoproclama friki, la creen demasiado mayor para hacer cosplay, disfrazarse de personajes manga. Nuria es ecologista, activista antitaurina y habitual en centros sociales autogestionados, y comprende que a sus padres no les guste su imagen, "pero también creo que ahora son ellos quienes tienen que tratar de entenderme". "Si en la vida de adulto la profesión te define socialmente, al adolescente le definirá su estilo de vida", resume Pilar Cisneros Britto, profesora de Sociología de la Universidad Complutense de Madrid.

Con todo, los jóvenes entre 15 y 24 años se llevan "considerablemente mejor" con sus padres que en anteriores generaciones. El modelo democrático de familia está más extendido, el autoritario se ha estancado y el permisivo ha retrocedido "levemente". Lo defiende el informe Jóvenes españoles 2010, de la Fundación Santa María, con encuestas realizadas a 3.513 chicos y chicas. De unas relaciones asimétricas pasamos a otras más horizontales. Andrés admite que la comunicación con sus padres no es todo lo buena que podría ser, pero considera que la culpa es solo suya: "Soy muy reservado. Tengo unos padres que no los merezco". Si Sara no habla de chicos con su padre es porque él la ve "como su princesa". Cristina charla sobre todo, pero nunca con su familia al completo, prefiere hacerlo por separado. A Nuria le gusta discutir sus ideales con su hermana, que estudia Políticas y los cuestiona continuamente.

"Hoy, las cuestiones familiares se negocian entre los miembros de la familia desde una posición mucho más constructiva, pues no solamente se ha modificado el papel de las mujeres (esposas, hijas y hermanas), sino que también se han racionalizado los nexos hasta convertir la familia en una unidad de intereses consensuados y no obligatorios", señala Lorenzo Navarrete.

La política es otro rasgo que acerca gradualmente a padres e hijos, a quienes 20 años después separa muchísimo más la brecha digital que la ideológica tradicional. Marina y Álvaro, de distinto signo, comulgan con lo que votan en casa, aunque se consideran menos radicales que sus padres. Inés conecta más con su madre, y Juan Manuel se declara en un lugar intermedio. En todo caso, las discusiones acaloradas de antaño se transforman cada vez más en debates integradores.

La desafección hacia los políticos es, sin embargo, aplastante. La misma encuesta de la Fundación Santa María muestra que los jóvenes en España creen que los cargos públicos buscan antes sus propios intereses o los de su partido que el bien de los ciudadanos (71%), y anteponen los intereses de las multinacionales, los bancos y los grandes grupos de presión a los intereses de los ciudadanos (66,7%). Solo un 1% de los consultados consideran que sí tienen en cuenta sus ideas e inquietudes. Entre los 12 que participan en este reportaje no hubo ni uno.

sábado, 2 de marzo de 2013

viernes, 1 de marzo de 2013

Esnobismo 2.0...


Esnobismo 2.0

El pedante sigue sintiéndose rodeado de igno-rantes en el siglo XXI, pero amplía su supuesta superioridad a la tele, la cocina o la tecnología.

"Evite el trato con gente esnob", escribió Alain de Botton en su ensayo Status anxiety, donde defendía que el esnobismo es uno de los cinco motivos de angustia por elevar nuestra posición en la escala social. La RAE define al esnob como aquel que "imita con afectación las maneras, opiniones, etcétera, de quienes considera distinguidos". En la actualidad podría añadírsele un elemento de exhibición y firme creencia de que su audiencia está formada por ignorantes. La beligerancia ha eliminado hoy todo factor entrañable, y el anonimato de la Red, su elaborada estética, atractiva a pesar de disimular cierta falta de ética.

Favorecida por Internet, una generación de expertos nos aterroriza desde blogs, foros o, con la llegada del iPhone, incluso en restaurantes. "Las cosas han ido muy rápido. Evoluciones que llevaban siglos se acometen hoy en cinco años. Eso nos ha convertido en replicantes. Hacemos cosas sin saber por qué. La tecnología nos hace perder el tiempo en vez de ganar libertad. Exhibimos el iPhone en la mesa para mandar mensajes, pero es igual lo que se diga", recuerda Fernando Rius, director de Area Comunicación Global y firme apóstata de un cambio de paradigma mediante el cual el "esnob pase a ser aquel que no hace alarde de nada y no el que se compra el iPad 2 antes de aprender a usar el 1".

El modista Karl Lagerfeld asegura, en cambio, que el nuevo esnobismo es "poder comprar piezas de diseñador a precios baratos", en referencia a su colección para la cadena Macy's. Otra máxima filosófica aplicada a algo tan prosaico como vender trapos. Sea como fuere, el esnob posee actualmente infinitas opciones de representación. Pero donde antes, en determinados cenáculos, podía gozar de cierto estatus, hoy parece otro pringado.

Si nos atenemos a la definición de las razones ulteriores que lo motivan apuntada por Mikel Iturriaga, periodista especializado en gastronomía y autor del blog El comidista, el esnob 2.0, experto y con tendencia a responder aun cuando nadie ha preguntado, es el fruto de "una sociedad que por un lado te vende como modelo a la gente que triunfa, pero por otro te da muy pocas posibilidades de hacerlo en tu trabajo o en tu día a día normal. Supongo que sentirte experto en algo alivia las frustraciones derivadas de esa situación". Igual ha sido siempre así, solo que sin iPhone.


LA DICTADURA DEL 'FOODIE'

La cocina es, junto a la tele, el nuevo juguete preferido del esnob. Hoy sabe mucho de la cocina contemporánea y muy poco de la tradicional, que piensa que es cosa de marujas.

"El esnob gastronómico idolatra a los superchefs, aunque no haya pisado en su vida sus restaurantes, y pontifica sobre lo que mola como si fuera su ayudante de cocina. Lo sabe todo de los ingredientes más extraños.Y siempre conoce una variedad mejor de cualquier clase de ingrediente que le menciones". Así define Mikel Iturriaga el perfil que ha logrado convertir un pecado capital, la gula, en forma de arte. Combina sin pudor el ensalzamiento de los restaurantes de los grandes chefs con la glorificación de los más abyectos e insalubres puestos de comida callejera en Vietnam o Mongolia. Santifica el movimiento slow food y, gracias a la preeminencia de medios y expertos que publican sobre sus virtudes, uno podría llegar a pensar que es una asociación que cuenta con muchos más de los 20.000 adscritos que posee. En narrativa musical a esto se lo llama hype. "Se han introducido el prestigio y el estatus en las decisiones gastronómicas. Comer corazones de pollo es correcto, almorzar en una franquicia es vulgar", apunta Shyon Baumann, sociólogo de la Universidad de Toronto y estudioso de los foodies, tribu de obsesos de la gastronomía que aún no sabemos si son entes democratizadores, simples glotones o la peor raza de esnobs.

MELÓMANOS Y 'HIPSTERS'

El neofundamentalista musical ya no tiene pinta de perdedor. Liga, viste a la última y considera que cualquier grupo ensalzado por la prensa británica es un mero hype.

"La red ha convertido el esnobismo musical en algo demasiado fácil. Cualquier pringado de 13 años puede comprarse un siete pulgadas de Slowdive en eBay. Las tiendas de discos que glorificaban son ahora Starbucks, y hasta el aspecto del esnob indie ha cambiado: antes lucía pinta de nerd, ahora es un puto hipster", dice el escritor y periodista Ryan McKee. Que estos tipos ahora liguen se antoja la afrenta definitiva. El esnob es hoy ese tipo desconectado de la realidad que necesita exagerarla para que sus comentarios no se pierdan. Si una web hace un listado de nuevas cantantes sin disco, el esnob dirá que "llegan tarde". Cualquier grupo ensalzado por la prensa británica es un hype, aunque en su última visita a España actuara solo para dos camareras. Aparece algo sublime cada semana, y la deserción del bajista de aquel combo que vendió 50 copias es calificada de escándalo. El esnob tiene su némesis en el especialista viejuno, que desprecia al joven periodista que osa nombrar a los Beatles "cuando jamás los vio en directo". "Dejé de discutir sobre jóvenes y música en los noventa, cuando descubrí que no les interesaba nada anterior a Nirvana, aunque conocieran a todas las bandas que actuaban en los bares de mala muerte de la ciudad", apunta Glenn Boyd, editor de Blogcritic, autor del libro Neil Young: FAQ y esnob confeso.


EL LIBRILLO DEL TECNOADICTO

Uno de los supuestos avances que más prometen cambiar nuestro modo de aproximarnos a la producción cultural parece ser el libro electrónico. Pero esconde inquietantes paradojas.

El artículo "Con un Kindle, ¿puedes saber si es Proust?", de The New York Times, abundaba en la paradoja tecnológica ante la que se halla el esnob literario. Por una parte, tener un Kindle es hoy símbolo de cierto estatus y suficiente interés por la lectura como para adquirir un producto que puede almacenar 1.500 libros. Leerlos ya es otra cosa, aunque no muy distinta del viejo hábito de adquirirlos en función del lomo que pegue con el color de las cortinas. Por otra parte, con el libro electrónico nadie sabe exactamente qué estamos leyendo. Pasear una edición de Thomas Pynchon no es lo mismo que llevar una de Ken Follet. El esnob que espiaba las lecturas ajenas se ha esfumado ante el anonimato tecnológico del e-book, acaso el único avance en este terreno que, en vez de favorecer la exhibición de nuestra vida hasta el punto de convertirla en mero relato biográfico, la oculta. ¿Tecnología y esnobs y no comentan nada ustedes sobre Apple? Cierto. Ahí va: "A todos los que tenéis iPhone: solo lo habéis comprado, no lo habéis inventado" (Marcus Brigstocke, cómico y ecritor).

"EL MEJOR CINE ESTÁ EN TV"

¿Qué ha pasado para que, 10 años atrás, el verdadero esnob fuera el que no veía la tele "porque era alienante" y ahora sea el que puede recitar de memoria los diálogos de The Wire?

El mejor cine se encuentra en la televisión, reza el nuevo tópico. "Hemos sustituido al tipo que no tenía televisión en casa porque era 'una mierda' por el que dice ver solo lo que le interesa", afirma Pepe Colubi. "Es otra forma de esnobismo, más acorde con la revolución tecnológica. Ahora se ve la tele por Internet y se afirma ser un sibarita de la selección. A mí, en cambio, me sigue pareciendo más divertido e interesante el zapping". Y es que el método de ensayo y error es ajeno al esnob, pues él jamás prueba nada porque "ya lo conocía antes" y jamás falla en nada porque fallar es de mediocres. En nuestro país, gracias a la ínfima calidad de nuestras series -Crematorio aparte, dicen los sabios y asienten con cierta reticencia los esnobs-, se ha abierto una brecha enorme entre los fans de Cuéntame y quienes recitan los diálogos de The Wire. "No creo que el formato de las series esté hecho para verlas en maratones. Y si Los Soprano fuera una película, sería otra cosa, ni mejor ni peor", afirma este periodista experto en TV. Ante la masificación de seguidores de series tipo The Wire o Mad men, Colubi ofrece una salida al esnob: "Como ha bajado el nivel, lo mejor será apelar a aquello de 'en el año 2000 se hacían mejores series'. Yo abogo por el retorno de la sitcom. Lo veo difícil. Es un formato muy poco esnob".