jueves, 8 de marzo de 2012

Un 'thriller' real en los suburbios...


Un 'thriller' real en los suburbios

El autor del libro 'Hood rat' describe la vida de las bandas de jóvenes británicos tras convivir con ellas

Cuando murió Damilola Taylor en el año 2000, muchos consideraron que aquello marcaba el declive moral de Gran Bretaña. Una banda de jóvenes clavó una botella rota en la pierna a un niño de 10 años que se desangró y murió 30 minutos después, en la escalera de un edificio muy pobre de viviendas protegidas. Nueve años después, eran tan frecuentes los apuñalamientos, los disparos y los asesinatos entre adolescentes que los medios de comunicación dejaron de interesarse por informar de ellos, salvo para decir que los asesinos eran "ejércitos de matones", "vándalos" o "niños salvajes".

Pensé que detrás de los titulares había tremendas historias humanas de las que no se estaba hablando. Así que empecé a salir con los policías a patrullar y, por otro lado, a entrevistarme con jóvenes miembros de bandas cara a cara. Me parecieron elocuentes y listos. En medio de toda la violencia y la desesperación, vi cualidades humanas prometedoras que no habían desaparecido. Poco a poco, descendí a los bajos fondos.

Más de 100 horas de grabación digital supusieron las entrevistas que hice para mi libro Hood rat [que en España editará próximamente Suma de Letras]. Solo la transcripción me costó mucho tiempo. Escribí el relato de los acontecimientos y las citas como si fuera una obra de ficción, en tiempo presente. Esta técnica no es nueva. Tiene sus raíces en el Nuevo Periodismo de los años sesenta, con escritores como Tom Wolfe, Norman Mailer y Truman Capote.

Acompañé a los agentes en persecuciones e incautaciones de armas y drogas, y me incrusté en una unidad del Departamento de Investigación Criminal durante una larga operación de vigilancia de un asunto de drogas. Traté de hablar con delincuentes, presos, miembros de bandas, heroinómanos, trabajadores sociales, animadores de grupos juveniles, organizaciones benéficas, cirujanos de urgencias, víctimas de crímenes violentos y sus familias.

En la parte dedicada a Manchester, el primer tercio del libro, el personaje principal es un detective noruego duro y amargado, Anders Svensson. Tiene tres teléfonos móviles: uno para el trabajo, otro personal, y otro para los informantes. Se ha quedado en agente y nunca ha querido que le asciendan. Entró en la policía para estar en las trincheras. Así que tiene que trabajar con hombres mucho más jóvenes que no entienden lo que hace y a veces tienen celos de él. No me odies por no ser yo: ese tipo de situación. Destaca porque es un buen detective, y lo que le hace serlo es su astucia, además de la capacidad de sacar de quicio a los criminales. Se ha leído todos los libros sobre Sutcliffe. Recuerda la cita de Ian Brady en The gates of Janus de que un asesino en serie es como un gran tiburón blanco que recorre la sociedad, y los demás no somos más que peces. En la zona tristemente famosa de Moss Side, en el sur de Manchester, me coloqué el chaleco antibalas con Svensson y los demacrados detectives de la unidad especial antibandas XCalibre en una fortificada comisaría de policía. Ante nosotros teníamos una pared de 13 metros totalmente cubierta con las fotos, en DIN A4, de 200 miembros violentos de bandas. Las dos bandas locales, Gooch y Doddington, mantienen una guerra desde hace 20 años en el barrio de Alexandra Park, separadas por una calzada doble. En la parte de abajo de la pared había niños de solo 10 años, los llamados "pequeños" o "bebés". El orden jerárquico subía hasta arriba, donde estaban uno o dos generales. Salimos en una flota de coches camuflados para patrullar hasta las tres de la mañana las calles sin salida -auténticas fortalezas- de Longsight, Moss Side y Fallowfield. Las bandas emplean tácticas militares. Sin que se le viera en el cielo nocturno, un avión espía obtuvo imágenes por infrarrojos de una formación en rombo de figuras encapuchadas que llevaban a cabo una "incursión" en bicicleta. Cuando se encuentran con policías o con bandas rivales, los que van en los flancos salen en todas direcciones y crean una distracción. El del centro es el que lleva el arma.

El líder de la banda Gooch, Merlin, gobierna mediante el miedo absoluto. Su matón se llama Flow. Flow es lo que la policía de Estados Unidos llama un "jugador de impacto" ultraviolento, porque, cuando está en un sitio, sirve de catalizador de incidentes brutales. Flow ha confesado en los últimos años que tiene gran talento para matar a alguien y salir andando. Se ha creado una reputación de asesino a sangre fría. Es capaz de hacer cosas que a la mayoría de la gente le parecerían repugnantes, como disparar de cerca a alguien en la cabeza, sin sentirse afectado. Uno puede ver a Flow una hora después de que haya apretado el gatillo, tomarse una copa con él y considerarlo encantador, sin saber nada de lo que ha hecho. Parece un chico normal, sensato. Svensson habla a menudo con miembros de bandas que han asesinado a alguien, y dice que se nota la tensión en el rostro. A Flow no le se ve nada. Tiene un rostro pálido, infantil, y unos ojos muy grandes. Parece más joven de sus 27 años y lleva un corte de pelo militar. Las gruesas cejas están levantadas y las pestañas oscuras se abren y se cierran como si estuviera agradablemente sorprendido todo el tiempo. Posee una extraña seriedad.

Luego, en Londres, pasé cierto tiempo con Pilgrim y otros miembros de bandas. En la parte del libro dedicada a la ciudad muestro las vidas de esos criminales. A los 19 años, Pilgrim estaba condenado por robo a mano armada y era ya un temido líder de banda. Había llegado procedente de Jamaica con su padre cuando tenía ocho años, para vivir con su madrastra y su hermanastro. En la casa abundaban las discusiones por dinero. Pronto le fue imposible seguir compartiendo habitación con el hermano y se instaló en un armario en el piso de abajo que tenía un congelador y carecía de ventanas. Un Ceniciento moderno. A medida que fue creciendo, se convirtió en un gánster.

Pilgrim se ha molestado en aprender cómo funciona un arma. Su pistola está cubierta con un calcetín estirado, para no dejar huellas en ella. Es una pistola Browning de 9 milímetros autorrecargable, la habitual en la RAF. La compró en el almacén del Ejército en Bethnal Green, y pagó por ella, con municiones de fogueo, 100 libras [unos 114 euros]. Perforó las balas de fogueo y las convirtió en balas reales. Cortó el plástico y puso dentro una cabeza cargada. Fue a la ferretería, compró el cañón y lo colocó. Luego no era más que cuestión de cepillo y cargador. Solo le faltaba comprar las balas, cartuchos, de 9 milímetros Parabellum. Todos los chicos creen que son expertos en balística, pero no tienen ni idea. La mayoría de las armas que hay en la calle son imitaciones, pistolas de principiantes, pistolas de aire comprimido transformadas para poder disparar balas de verdad. Pilgrim se ha convertido en un técnico. Sabe que, después de disparar una pistola varias veces, el cañón se hincha y, cuando se enfría, se empequeñece. Se atasca o saca un tiro por la culata. Y te puede dejar sin dedo. Cuando la gente se dispara en la mano es porque el cañón está rectificado y quemado. A veces puede joderse si se pone demasiada pólvora. O porque no ha metido el percutor. Son muchas cosas las que pueden salir mal.

Cuando Pilgrim salía a conducir de noche con sus chicos, veía Londres como una vasta zona de guerra en llamas, dividida en grandes campos de batalla: sur, norte, este y oeste. Un Londres muy diferente al de los pósteres de la pared en su infancia en Jamaica, sin ninguna mención de la reina, la Commonwealth, madame Tussauds ni las reproducciones doradas del Big Ben que había sobre la chimenea de su abuela. Cada región rivaliza en historias de guerreros brutales, temidos en varios distritos postales por su violencia.

Sparks era un líder despiadado que podía dejar sin sentido a cualquiera con un derechazo como un yunque. A su funeral fueron 350 personas en señal de respeto. No había nada más honorable para un joven que ser soldado, guardar ferozmente su "territorio" contra las incursiones y proteger los ingresos de la droga. Un conductor de autobús secuestrado y torturado con una plancha de vapor durante cinco días, con quemaduras horribles en todo el cuerpo, los genitales abrasados... Todo por no pagar una deuda de droga.

Había historias de fortalezas impenetrables como Stonebridge, en Brent, donde dejaron a un bebé de ocho meses gateando durante 16 horas entre los cuerpos acribillados de su madre, su tía y su padrastro de 62 años. O Broadwater Farm, en Haringey, donde estallaron unos violentos disturbios y cortaron la cabeza a un policía con un machete. Esas eran las historias que se contaban de Londres. Ser temido es ser respetado. No tenemos miedo a la muerte. Nosotros te respaldamos. Esa es la ley de la calle. Da un paso al frente y sé un buen soldado.

Traducción de María Luisa Rodríguez Tapia. Gavin Knigth es autor del libro Hood rat, aún no publicado en España, que editará Suma de Letras

EL PAIS

miércoles, 7 de marzo de 2012

Toque de queda...

Me importa una mierda la hora a la que llegues a casa. Pero no me despiertes. Ese es el toque de queda: no me despiertes.
Las chorradas de mi padre de Justin Halpern

martes, 6 de marzo de 2012

World Press Photo... 2011 (11)


Primer premio 'Reportajes'
Primer premio en la categoría de reportajes. Afectados por las inundaciones de la provincia de Dadu, lucha por la ayuda lanzada desde un helicóptero del Ejército paquistaní, el 13 de septiembre de 2010 (Getty Images).

lunes, 5 de marzo de 2012

Notas para una estancia caótica...


Notas para una estancia caótica

El cierre del Chelsea Hotel, que acogió decenas de músicos famosos, es el último capítulo de la controvertida relación entre estrellas y hoteles

No se estaban buscando ni mucho menos. De hecho, cada uno iba a lo suyo. Pero por casualidad acabaron en el mismo ascensor. Menos casual fue que acabaran, unas plantas más arriba, en la misma cama. Leonard Cohen quiso recordar esa noche que empezó con un paseo por el recibidor y la esperanza de encontrarse con Brigitte Bardot y que terminó al lado de Janis Joplin con una canción. "Te recuerdo claramente en el Hotel Chelsea. Eso es todo, no pienso en ti a menudo", recitaba Cohen en Chelsea Hotel #2.

Había pocos lugares en el mundo donde Cohen pudiera salir en busca de Bardot y acabar con Joplin. Pero en el Hotel Chelsea tampoco era tan extraño. La lista de músicos celebres que pasaron sus noches en ese edificio rojo construido en 1884 y ubicado en la calle 23 de Nueva York, entre la 8ª y la 9ª avenida, incluye nombres como Bob Dylan, Jimi Hendrix, Patti Smith, Edith Piaf y Dee Dee Ramone de Los Ramones. Sin embargo, al menos de momento, el libro de firmas no acogerá otros autógrafos celebres. El hotel cerró el pasado sábado y hasta una fecha de momento desconocida, según publica The New York Times. Joseph Chetrit, el más que probable nuevo dueño del Chelsea, quiere llevar a cabo unas obras que tardarán al menos un año. Entre tanto, no se aceptarán visitantes.


De todos modos, al menos a juzgar por el pasado, las estrellas del rock sabrán encontrar otros hoteles donde desatar su creatividad. Deben de saberlo los clientes que se encontraban en la recepción del Continental Hyatt House (hoy Andaz West Hollywood) aquel día de mediados de los setenta en que John Bonham, batería de Led Zeppelin, hizo irrupción en la sala a bordo de su moto. El mismo hotel tuvo el privilegio de acoger los pasatiempos de Keith Richards. El guitarrista y cantante de The Rolling Stones lanzó un televisor por la ventana de su habitación, la número 1015.

Como modernos atilas, decenas de grupos rock han ido sembrando destrucción en los cuartos que pisaban. Rolling Stones, Gun's and Roses y Kiss escribieron largos capítulos del romance entre músicos y hoteles. Se dice que Ace Frehley, guitarrista de The Kiss, llegó a pegar los muebles al techo de su habitación. El rockero argentino Charly García en cambio optó por retomar el juego de Richards, aunque llevó las olimpiadas del lanzamiento un paso más adelante: se tiró él mismo por la ventana. Despegó del noveno piso, en un hotel de Mendoza (Argentina), y aterrizó 20 metros más abajo, en la piscina. Era el año 2000 y el balconing todavía no era la (peligrosa) moda del verano. Aún así, García no se dio por satisfecho. Años después quiso volver a demostrar su pasión por los hoteles (y por Mendoza). En 2008 tuvo que ser trasladado al Hospital Central de la ciudad tras destrozar su habitación y provocarse heridas múltiples en el cuerpo.

No solo de destrozar habitaciones viven las estrellas. Las ventanas de los hoteles también han hallado su espacio en la historia de la música. La del Adlon de Berlin debe su fama al rey del pop, el fallecido Michael Jackson. En 2002 el excéntrico músico respondió al saludo de los dos centenares de fans que se habían reunido debajo del edificio sacando a su hijo Prince Michael II, que tenía entonces nueve meses, por la ventana de su quinto piso. Durante unos instantes los aficionados contuvieron el aliento, temiendo que el bebé se cayera. Finalmente no fue así.


Una ventana de hotel y supuestamente un cóctel fatal de heroína y cocaína marcaron el trágico epílogo de la vida de uno de los más grandes jazzistas de la historia, el trompetista estadounidense Chesney Chet Baker. Fue un mayo de 1988 en Ámsterdam y Baker tenía 58 años. Las circunstancias del fallecimiento desataron todo tipo de hipótesis, desde el suicido hasta el homicidio. Una vez más, la relación entre música y hoteles se teñía de misterio y exageración.

En esta trama el Chelsea Hotel siempre fue protagonista. Aunque sus páginas y sus cuartos también experimentaron el olor de la sangre. Allí terminó sus días el 2 de febrero de 1979 Sid Vicious, bajista de Sex Pistols. Una sobredosis de heroína se llevó a uno de los iconos del movimiento punk. Un año antes y en el mismo escenario, había aparecido muerta la novia de Vicious, Nancy Spugen. El músico fue acusado de su asesinato y detenido. Salió esposado por la puerta del Chelsea Hotel, ante los focos de los fotógrafos y las miradas de los curiosos. Cuando él también murió se llegó a hablar de los Romeo y Julieta modernos. El enésimo cuento famoso entre las páginas del Chelsea Hotel.

EL PAIS

domingo, 4 de marzo de 2012

La amistad...

Tienes buenos amigos, me caen bien. No creo que se tirasen a tu novia; si la tuvieras, claro.
Las chorradas de mi padre de Justin Halpern

sábado, 3 de marzo de 2012

World Press Photo... 2011 (10)


Segundo premio en Artes y entretenimiento
Milan Fashion Week: Valeria Marini show (Contrasto for The New York Times Style Magazine).

viernes, 2 de marzo de 2012

Applemanía...


Applemanía

Los fans de la marca de la manzana son verdaderos creyentes. Ven en los productos de la compañía de Steve Jobs la solución más eficaz y sencilla a sus necesidades tecnológicas.

Existe un sector de público muy fiel que vive la marca de una forma que al resto de los mortales les puede parecer difícil de entender: son esos fans que hacen largas colas ante las puertas de un Apple Store o que siguen las keynotes de Jobs minuto a minuto. Aunque no todos los usuarios son así, es cierto que la mayoría sienten gran empatía, comparable a un aficionado de un equipo de fútbol. El cliente de Apple disfruta con la aparición de nuevos productos y se deleita pensando en comprarlos". Así resume Victoria Peñafiel, responsable de la publicación Cuadernos Mac, la relación que millones de personas en todo el mundo han establecido con una firma especializada en tecnología que, hace poco más de diez años, estuvo a punto de desaparecer. Hoy, la compañía de Steve Jobs, además de exhibir números envidiables (13.500 millones de dólares de facturación en el segundo trimestre de 2010 y un aumento en España del 40% en la facturación), ha sabido desarrollar una relación con sus usuarios difícil de cuantificar pero fácil de constatar. Y eso que aún no se han puesto con los videojuegos, aunque muchos ven ya en el iPad una consola camuflada.


"La gente tiende a pensar que la relación que se establece con la tecnología es fría, y por eso sorprende que cuando se hable de la firma se apele tanto a lo emocional. Pero lo cierto es que nuestra forma de interactuar con la tecnología es cada vez más relacional. Por eso el usuario de Apple gusta de enseñar que forma parte de este universo. Hay un conjunto de marcas que provocan ese sentimiento de orgullo y esta es, sin duda, una. No he visto jamás un motorista con una pegatina de Windows en el casco, pero sí muchos con la manzana", comenta Javier Rovira, profesor de marketing estratégico de ESIC y autor del libro Consumering. Las 15.000 personas que agotaron en un día las existencias de iPad en España, los 30.000 que adquirieron un iPhone 4 el día en que se puso a la venta en nuestro país o quienes traficaron con un puesto más avanzado en la cola formada ante la apertura de las dos primeras tiendas Apple en España (La Maquinista en Barcelona y Xanadú en Madrid) se asemejan a los fans de estrella del rock. "Al seguidor de Apple le encanta sacar el Macbook, dejar el iPad sobre la mesa del café, incluir aquello de 'enviado desde mi iPhone' en sus emails. Incluso he visto a gente comprarse auriculares blancos aunque no tenga un iPod. Pero lo que hace especial a la firma es el sistema operativo. Por él, la gente se engancha de verdad. Si las cosas no funcionaran y no dieran satisfacción real, más allá de la estética o la significación, nada de esto sucedería", afirma Marco Sanz, de Microgestió, espacio oficial Apple en Barcelona.

Aunque el factor emocional ligado a los productos de la firma ha existido desde el comienzo de la marca, no ha sido hasta la pasada década que, gracias al marketing, la compañía ha logrado extender ese sentimiento. La llegada del iPod marcó un antes y un después. La posterior implantación de procesadores Intel, la bajada de precios en los computadores de la firma, el cambio total de paradigma que ha supuesto el iPhone e incluso el éxito de un dispositivo aún difícil de ubicar como el iPad han certificado que los productos de la casa ya no son para minorías silenciosas y cool, sino para mayorías aspiracionales.


Desde la aparición del iPod hace casi diez años, Apple ha entrado en las vidas del usuario medio, que necesita una serie de servicios para consumir sus contenidos y gestionarlos, lo que ha provocado que ese perfil de usuario sea ahora casi cualquier persona consumi-dora de música, fotografías, vídeo y todo tipo de contenido multimedia. Ha logrado dar al usuario de perfil medio/bajo de conocimiento tecnológico un entorno donde trabajar a gusto, sin que los profesionales pierdan ni un ápice de productividad", recuerda Julio César Fernández Muñoz, editor en Appleweblog, jefe de Proyecto y consultor de Tecnología Oracle. El penúltimo intento de contraataque de Microsoft, encarnado en la campaña: "No soy lo suficientemente cool para tener un Mac", incidía de nuevo en el esnobismo inherente a quienes prefieren gastar más en una computadora de Steve Jobs cuando pueden, según ellos, tener lo mismo con un PC. Este discurso, según Fernández Muñoz, es tan real como reduccionista. "Los esnobs tienen un iPhone, pero solo lo usan como teléfono, no saben cómo funciona, ni les importa. El fan de Apple no es así, y no compra por compulsión o moda para luego sacarlo a pasear como al perro. El fan de Apple lo es porque ha descubierto en Apple la solución a sus problemas y eso le ha convertido en creyente".

El veterano: José Manuel Urós (53), informático gráfico

José Manuel lleva 23 años trabajando con computadoras de Apple desde la aparición del segundo modelo de la firma, el Macintosh Plus. En este tiempo ha vivido todos los altibajos que la firma ha experimentado en las últimas dos décadas. En su trabajo de artes gráficas, los ordenadores de Apple han sido una necesidad vital dentro del gremio: “No podría trabajar con un trasto tan feo como un PC. Solo los he utilizado para probar tipografías”. Estética y utilidad, en cambio, son dos palabras que no siempre aparecen en la misma frase cuando se habla del iPad, artilugio que Urós también posee y al que se ha enfrentado de una forma distinta. “Hay que ir poco a poco descubriendo para qué sirve y para qué no. El programa de correo electrónico es magnífico. Conozco gente que ya solo consulta su email a través del iPad. También tiene una grabadora digital de cuatro pistas realmente buena. Lo estoy disfrutando mucho, tanto por lo que tiene como por lo que promete”.

Colgada del iPod: Olivia Boix (17), estudiante

Olivia se sienta, abre su bolso y empieza a sacar modelos de iPod. “Este me lo regaló mi padre por mi cumpleaños, este es de mi hermana, este no funciona pero es muy chulo, este es muy viejo y solo tiene 512 megas…”. Así, puestos uno al lado del otro, los iPod de Olivia explican la pasada década. Desde el primero, blanco, de 4 botones y 15 gigas –visto al lado de modelos posteriores parece hoy un paquidermo–, hasta las formas más armónicas y los colores vivos de los penúltimos iPod Nano, pasando por esa constante búsqueda de lo práctico más casual que es la historia del Shuffle. A pesar de su juventud, parece haber empezado a desarrollar gusto por el lado más vintage de la gama. “El blanco es chulo. Me encantaría usarlo, pero se le ha fastidiado la batería. Ahora voy con el Shuffle colgado del cuello. Tiene pocas canciones, pero como soy muy vaga actualizando listas de reproducción y gestionando iTunes, tampoco puedo quejarme”, comenta mientras reordena por colores los dispositivos.

El visionario convencido: Ricardo Valdivieso (41), técnico informático

Lo que el corralito no logró, estuvo a punto de conseguirlo Apple. Ricardo llevaba más de diez años siendo técnico informático en Argentina cuando tuvo que hacer las maletas. Dejó atrás una más que respetable cartera de clientes como distribuidor oficial que era, y aterrizó en España, donde la compañía había acometido la implantación del sistema diez (MACOSX). A pesar de las dificultades, Ricardo jamás abandonó el mundo Mac, al que incluso entonces, antes de los procesadores Intel y el lanzamiento del iPod, le intuía un gran potencial. “Para mí, el verdadero hito de la firma es el iPhone. Entrar en un campo como el de la telefonía, que no es el supuestamente suyo, y hacerlo de ese modo, ha sido brutal. Mi hijo de cuatro años estudia con el iPad y el de dos ve vídeos en el iPhone”.

Diógenes Apple: Gemma Deza) (36), traductora

Cuando Apple le propuso mudarse a Cupertino y trabajar como traductora de la marca en su sede central hace unos años, un entrevistador la llamó por teléfono: “He visto en su currículo que usted siempre ha trabajado en libros y con libertad. ¿Cree que está preparada para pasarse ocho horas al día encerrada en un cubículo?”. “Me lo dijo con un acento sueco tan marcial que la idea sonaba terrorífica. Dije que no”. Gemma había trabajado en la traducción al español del sistema operativo diez. Ella es responsable de que el efecto Genius en nuestro idioma tenga el mucho más evocador nombre de Aladino. “Durante la traducción nos encontramos con muchas dificultades, ya fueran derivadas de conceptos nuevos, como el de ‘forzar reinicio’, o de la imposibilidad de decir en español lo mismo que en inglés y con prácticamente los mismos caracteres”. La traductora padece una especie de síndrome de Diógenes Apple, que le impide tirar ningún trasto de la marca (el viejo LCIII, la impresora Style Writer, los disquetes de software o aquellos iMac verdes de diseño): “Nunca ves un Mac en un contenedor. La gente no los tira”.

El usuario práctico: Francisco Javier Gimeno Bayón (30), músico

Francisco Javier hace música con un Mac y ocho PC. Como en una metáfora sobre el devenir reciente de la industria, el Mac dirige la orquesta, mezclando los sonidos de los PC, dotándoles de potencia y color y lanzándolos. “Si me lo pudiera permitir, trabajaría solo con Mac, aunque solo por cuestiones musicales, no por esnobismo. Mi método de trabajo es la mejor manera que tengo de conseguir potencia de manera económica. En realidad, en tecnología soy bastante vintage. Me encantan los viejos trastos”, comenta mientras juguetea con una pantalla que hoy no serviría ni como mesa camilla. “Hace solo un mes que tengo iPod. Me lo regalaron. Pero aún no lo he usado. Voy con el Walkman. Soy analógico de toda la vida”. Compositor de bandas sonoras de cortometrajes y actor ocasional en algunos de los videoclips que produce Malgenio Films, con quienes colabora, Bayón pertenece a un segmento de la población que aún no ha sucumbido a los encantos estéticos y de significación que esta industria ha insuflado a sus productos durante la última década. La tecnología como fin laboral, no como medio social.

EL PAIS

jueves, 1 de marzo de 2012

Te traiciono tu pene...

Te traicionó tu pene. Ha hecho que te sientas como un estúpido. Y no será la ultima vez.

Las chorradas de mi padre de Justin Halpern

miércoles, 29 de febrero de 2012

El primer vuelo perfecto...


El primer vuelo perfecto

Se cumplen 35 años de la gesta de Nadia Comaneci en Montreal: el primer 10,00 de la gimnasia

Hay momentos en la historia del deporte que necesitan poca explicación. Como el gol de Maradona a Inglaterra o los 100m de Usain Bolt en Pekín 2008. Si pensamos en el deporte de la gimnasia, la imagen indiscutible es la de una niña rumana, coleta alta y flequillo y lazos de algodón, mirada seria y movimientos y vuelos precisos y perfectos. Tan perfectos, que el 18 de julio de 1976, en el mejor escenario posible, los Juegos Olímpicos de Montreal, recibieron el primer 10,00 de la historia, la perfección.

"Guau. Es difícil creer que han pasado 35 años desde ese histórico 10,00", reconocía ayer en su Twitter la mejor gimnasta de la historia, hoy afincada en Estados Unidos. "Gracias a mis compañeras de equipo, a mis entrenadores y a mis fans".

Aquel ejercicio de paralelas, tantas veces repetido, era el obligatorio. Hasta 1996 todas las gimnastas debían realizar la misma rutina el primer día de competición (de ahí su nombre). Era un poco aburrido para los espectadores ver a las pequeñas atletas repetir una y otra vez los mismos elementos básicos en potro, paralelas y barra, oír hasta la extenuación la misma música en el suelo. Pero era una forma también de facilitar la expansión de la gimnasia a los países más modestos y, claro, de distinguir a los mejores.

Y ahí estaba Nadia Comaneci, con solo 14 años, cuerpo de niña y cabeza de hielo, al frente del equipo rumano. A pesar de su corta edad no era ninguna desconocida. Venía de arrasar en los Europeos de Skien ese mismo año. Pero en los Juegos de Montreal se dio a conocer al mundo entero, no solo a los locos seguidores de la gimnasia. "Nadia era especial", recuerda Gloria Viseras, por entonces una niña de nueve años que empezaba en la gimnasia y luego coincidiría con la gran campeona en Moscú 1980 y en varios Europeos y Mundiales. "Lo que la hacía diferente es que era perfecta. No eran solo los ejercicios, que también. Era su carisma, cómo saludaba... Era todo". Viseras no recuerda haber visto el ejercicio en directo: "Creo que lo repitieron luego, por lo que supuso. Fue increíble".

La historia de ese primer 10,00 está llena de anécdotas. De cómo las jueces, adiestradas para restar décimas a cada titubeo, a cada duda, no fueron capaces de encontrar ningún fallo. O de ese marcador que no estaba preparado para la perfección y en lugar de mostrar un 10,00, lo que enseñó al mundo, lo que pasó a la historia, fue un 1,00 que hizo sonreír a la gimnasta adusta, a sus entrenadores, a sus compañeras, eclipsadas para siempre. Que la empujó otra vez al podio donde estaban colocadas las paralelas para saludar una y otra vez al público enfervorecido con esa niña que, según su entrenador, Bela Karolyi, nunca había llorado. Que dejó boquiabiertos a todos y taciturnos a los soviéticos, hasta entonces grandes dominadores de la gimnasia. Luego vendrían las lágrimas de Olga Korbut y un 10,00 de Nellie Kim, pero fue Comaneci quien pasó a la historia.

Nadia solo logró un 10,00 ese día en ejercicios obligatorios, pero en la jornada de libres repitió en paralelas -con un ejercicio arriesgado y que parecía de otra época- y sumó la barra; y repitió dieces en la final individual, donde se proclamó campeona olímpica para regocijo del público. Como guinda, el último día de competición, en las finales por aparatos volvió a colapsar los marcadores en las paralelas y la barra. Seis dieces en total, tres oros (individual, paralelas y barra), una plata (equipos) y un bronce (suelo).

Para Viseras, la rumana era "especialmente espectacular" en la barra de equilibrios. "En paralelas era increíble, pero es que en la barra era como un clavo. Tenía un cuerpo de dimensiones perfectas y nunca se le movía un pelo. No era una gimnasta muy fuerte y por eso el suelo le costaba un poco más. Pero fue lo máximo", añade, todavía emocionada.

Los éxitos de la rumana, que llegó a ser portada de la prestigiosa revista Time, llevaron a muchísimas niñas a los gimnasios. Y no solo en Rumanía. "Todas queríamos ser como ella", reconoce hoy la campeona española. Su hija se llama Nadia.

EL PAIS

martes, 28 de febrero de 2012

Hombre y mujer...

Eres un hombre y ella un mujer, coño! Leches, eso es lo único que importa!
Las chorradas de mi padre de Justin Halpern

lunes, 27 de febrero de 2012

domingo, 26 de febrero de 2012

Todavía existe: el hilo musical...


Todavía existe: el hilo musical 40 años después

En cuatro décadas, el producto ha pasado de ser un artículo de lujo en los hogares a un elemento imprescindible para crear ambiente en las principales tiendas de moda

Música de ascensor, de dentista... Muchos asocian los términos "hilo musical", de forma peyorativa, con melodías suaves, más bien anodinas, que tratan de crear un ambiente relajado. Otros lo relacionan con unos antiguos aparatos de madera con los que se escuchaba música en casa. Pocos saben que las canciones que suenan en las principales cadenas de moda, supermercados o bancos, desde el último éxito pop hasta el atronador bum bum dance, pasando por Beethoven o un tema de arpa, provienen de este servicio, que cumple 40 años en España, y se escogen con objetivos como crear imagen de marca o que los compradores se muevan a mayor o menor velocidad.
"Al principio, los clientes eran sobre todo residenciales (viviendas particulares) y hoteles", explica Jesús Izquierdo, jefe de instalaciones de Onthespot, nuevo nombre de la filial de Telefónica pionera en este servicio en España. El hilo musical, conocido así por la primera marca con la que se comercializó (al igual que sucede en el mundo anglosajón con el término muzak), entraba a través de la línea de teléfono, y se escuchaba con esos aparatos de madera, que tenían distintos precios según la potencia, el tamaño y la calidad de sonido. La cuota normal era de 425 pesetas al mes, e incluía una revista con la programación mensual.

El antiguo cable solo permitía seis canales: ambiental (la conocida como música "de ascensor", basada en éxitos orquestados), clásica, moderna, romántica, uno de cursos de idiomas y otro a través del cual se escuchaba Radio Nacional de España (RNE). "En los hoteles se anunciaba como algo de lujo", afirma Izquierdo, que lleva 37 años en la empresa. "Cuando empezó, se veía como una cuestión de estatus", como se ve en este anuncio televisivo, "era como tener al principio el Canal +", compara.

Cuatro décadas después, se mantiene el concepto de música ambiental emitida de forma continua, sin interrupciones de locutores o anuncios. Pero el hilo musical ha evolucionado en todo lo demás: tipo de clientes, funciones, tecnología y perfil de las personas encargadas de la selección.

Actualmente, Onthespot cuenta entre sus 130 trabajadores con un equipo de ocho personas -muchos de ellos musicólogos, pero también dos disc jockeys, uno de ellos productor en activo-, encargados de gestionar una base de datos con seis millones de canciones. Con ellas, pueden crear canales personalizados adaptados a las necesidades de un gran cliente con decenas de tiendas, o canales temáticos (pop-rock en español, ambiental, novedades, grandes éxitos, etcétera...), más asequibles para negocios pequeños. Las posibilidades técnicas permiten que los seis canales iniciales en par de cobre ahora sean ilimitados a través del ADSL.

"Esta profesión no se parece a nada", opina Carlos Neila, supervisor del Music Lab, como se conoce al departamento. "Tienes que juntar 500 canciones", más o menos las que componen cada canal, "con coherencia entre ellas, y conseguir crear un ambiente. Eso no hay quien lo estudie", explica este antiguo programador en radios musicales. Lo que se pretende actualmente con el hilo musical es asociar lo que se escucha a sensaciones, experiencias, al igual que los nuevos productos que la empresa ofrece como parte del llamado márketing dinámico, como carteles digitales o probadores de ropa virtuales. "Lo bueno y lo malo de la música es que no puedes huir de ella, forma parte del ambiente", admite Neila.

A veces, la música pasa casi desapercibida, como en hoteles, bancos o agencias de viaje. En otras, como las cadenas de supermercados, que suelen usar novedades o éxitos, te descubres tarareando la canción archiconocida que está sonando. Pero sin duda, donde la música parece omnipresente es en las grandes cadenas de moda.

Imagen de marca

La intención de las gigantes textiles es crear imagen de marca, "la sensación de que, entres en una tienda aquí o en Nueva York, la música es la misma, es como estar en casa", explica Neila. Para reforzarla, se utilizan las mismas canciones en la página web del cliente. Usar idéntica música en todo el mundo juega además con un componente aspiracional: "Se transmite que la tienda de Badajoz es tan cool como la que está en la zona más de moda de Barcelona", añade Neila.

Pero en algunos casos se han tenido que hacer excepciones al concepto de usar idéntica música en todo el mundo. Así, para una empresa textil española líder en el sector, que utiliza el rhythm and blues como seña de identidad, se ha tenido que crear un canal light, eliminando las canciones con referencias sexuales, para algunas zonas de EE UU y países árabes.

"Es un trabajo muy dinámico, los canales cambian constantemente", dice el encargado de este canal, Bernard Fuentes, DJ y productor conocido como Be.lanuit, que compagina el primer trabajo en oficina que ha tenido en sus 37 años de vida con sesiones en clubes como Charada, Weekend o Chicote. Si acaso, lo más parecido es, curiosamente, la labor del disc jockey, asegura Fuentes. "Un DJ no solo hace bailar, sino que crea sensaciones", explica Fuentes. "Estamos acostumbrados a crear ambientes en cualquier espacio, y aquí se hace eso: te imaginas cómo es el ambiente de la tienda, y trabajas con la música para generar sensaciones y que la gente compre más".

Fuentes es experto en música electrónica, quizá la única que, por su especialización, no recibe la empresa directamente de las grandes discográficas y los agregadores musicales (encargados de la distribución digital para las discográficas más pequeñas), que desde 2008 ponen a disposición de la filial de Telefónica todo su catálogo. Uno de los canales que lleva es el de Custo, marca para la que ya había pinchado en desfiles. "Se basa en tendencias electrónicas de ahora; al igual que su ropa, tiene mucha variedad", describe. "Tiene una intensidad no muy alta, da una sensación cálida, agradable, no machaca como en otras tiendas más jóvenes", continúa.

Totalmente distinto es el canal de Adolfo Domínguez, basado en el romanticismo y el clasicismo, con música de cámara muy suave, explica Catalina Vesga, musicóloga de 32 años. Esta profesora de piano colombiana compara este trabajo con la creación de ambientes en el cine a través de la música, tema del que está haciendo la tesis. Lleva varios canales clásicos, pero también alguno de pop-rock, y ha pasado por música latina, electrónica, dance... "Escuchar tanta música cambia tu percepción", afirma.

La parte mala del trabajo, en la que coinciden Neila y Fuentes, es que "no siempre es música que te gusta", y que "cuando oyes una canción fuera, piensas en qué uso profesional le puedes dar". "Los amigos te dicen: 'vaya suerte de trabajo, todo el día con musiquita". Pero aunque te gusten las canciones, después de horas catalogando y clasificándolas en la base de datos, seleccionando las adecuadas para cambiar los canales -se renueva cerca del 10% cada mes-, "cuando sales de aquí, no te apetece escuchar nada", asegura Vesga.

Las primeras grabaciones, en RNE

Los canales contratados llegan directamente al local del cliente a través de ADSL, y de la misma forma se van actualizando. Nada que ver con los inicios. Hasta finales de los años noventa, la programación se realizaba en los estudios de RNE, con su fondo musical, y por trabajadores de la emisora. Se grababa en grandes cintas de bobina de una hora de duración, y una furgoneta las llevaba "en cajas inmensas de plomo para que no se borraran" hasta el centro de emisión, en la calle Alcántara de Madrid, recuerda Jesús Izquierdo. Allí había un técnico encargado de enlazar las cintas para que no se notara el corte entre una y otra.

"En RNE teníamos todos los discos del mundo, y nos llegaban las novedades", recuerda José Luis Ramos, coordinador de la programación de los canales entre 1990 y 1994. En su equipo, contaba con expertos como Tomás Fernando Flores, director del programa Siglo XXI en Radio 3, o Claudio Prieto, compositor sinfónico contemporáneo. En esa época, el cliente ya había virado desde los hogares a empresas, sobre todo bancos y hoteles.

Las canciones se elegían "buscando el gusto mayoritario", con "el mismo criterio que pueda tener un programador de radio, en función de su gusto y criterio musical", explica Ramos. Él era el encargado de cuadrar el esquema para que las cintas, que se repetían unas seis u ocho veces a lo largo del mes, rotaran a distintas horas y días de la semana.

Este sistema se mantuvo hasta finales de los años noventa, cuando la filial de Telefónica compró una herramienta informática, muy rudimentaria, empezó a crear una base musical propia y contrató programadores musicales, al principio de forma externa, y después de la propia empresa, como los actuales.

Música improgramable

"Había poquísimos discos, unos 15.000, yo tengo eso en casa", recuerda la crítica y periodista musical Patricia Godes, una de las primeras que desarrollaron esta labor ya fuera de RNE. Recuerda que trabajaba junto a otros especialistas como Carlos Tena, Gernot Dudda o Mercedes Arancibia, la primera mujer que ha dirigido un diario en España. "Había música improgramable, como un disco en directo con 20 minutos de aplausos, que teníamos que depurar del sistema", explica. Por entonces, el departamento de Marketing se encargaba de comprar los discos, con criterios más empresariales que musicales.

Godes recuerda que llevaba dos canales importantes, uno de música suave y otro de pop, y media docena más especializados (brasileña, rhythm and blues...), a los que se dedicaba menos tiempo. "Por la mañana, empezaba suavemente. Cuando la gente comenzaba la jornada, entre las 8.30 y las once, ponía música divertida, alegre, y rápida, hasta las ocho de la tarde, que volvía a la música más suave", cuenta.

Esta periodista musical, colaboradora en el suplemento Babelia, coincide con Fuentes en que lo más parecido es la labor de un disc jockey, mientras que lo diferencia totalmente de la radio, donde ha trabajado también durante años. "En la radio, tienes la voz para ajustar, contextualizar, excusar si hay algún problema. Pero en el hilo musical no, así que podías meter un susto a alguien con jaqueca", bromea. Recordándolo ahora, cree que la tarea de programar en el hilo musical era "un ejercicio de humildad". "Nos sentábamos para unificar criterios, nos escuchábamos los canales unos a otros para criticarnos, porque lo que hacías no tenía que gustar a todo el mundo". Para Godes, la radio especializada es todo lo contrario, "un ejercicio de egocentrismo, de decir, yo he descubierto esto, y te lo doy a conocer".

Godes recuerda el trabajo, que hizo entre 1999 y 2001, como una "experiencia muy interesante", aunque en realidad, se define como "contraria a la música ambiental". Cuando elegía, "lo hacía con muchísimo respeto hacia el oyente, estaba súper meditado, intentaba quitar solos estridentes, lo que pudiera molestar, y que la música fuera de calidad, buena, bonita y reconocida por todo el mundo, para que la gente no se pusiera nerviosa", asegura. "No me gusta eso de que un desconocido te ponga una canción que a lo mejor no te apetece escuchar cuando entras en un sitio", concluye.
Dime qué haces y te diré qué música necesitas

Para averiguar el canal más adecuado a cada empresa, en Onthespot se realizan entrevistas con los clientes. "Normalmente te definen el ambiente de la tienda, el tipo de clientes que tienen... Después de cientos de entrevistas, es como un estudio sociológico, ya sabes quiénes irán a un tipo de música o a otro. Por ejemplo, si quieren exclusividad, no suelen querer nada en castellano, si quieren algo alegre y divertido sí", dice Carlos Neila, responsable del equipo de programadores de esta empresa de hilo musical.

Así, en una cadena de supermercados o un Leroy Merlin suele sonar música más generalista, tipo novedades. "Hay estudios que demuestran que si la música es más lenta, la gente va más lenta; puede interesar que los fines de semana los clientes sean más rápidos, y que una mañana entre semana vayan más despacio y se entretengan más", afirma.

Otros clientes habituales del hilo musical son los hoteles, donde se suele diferenciar la música por zonas (recepción y pasillos, restaurante, spa...), y por tipo de establecimiento. "Un canal de guitarra española o de arpa puede funcionar muy bien en hoteles con encanto, mientras que en un hotel urbano tipo NH, se usa el new jazz, que refuerza la imagen de que es un lugar interesante, atractivo para ejecutivos, moderno y práctico".

En negocios como bancos, agencias de viaje o concesionarios de coches, las necesidades son distintas: se programa más casi para los empleados, pues pasan largos intervalos sin clientes, por lo que se usan canales largos, no muy llamativos y bastante generalistas. La principal función, explica Neila, es "crear barreras acústicas para que la gente no tenga la sensación de que los demás les pueden escuchar". Otros clientes insospechados del hilo musical son jugueterías o guarderías, donde suenan clásicos infantiles, o incluso un zoológico para el que se creó un canal con sonidos de animales.

Los precios de Onthespot, empresa que está presente en 43.000 puntos de venta en 65 países, van desde los 25,9 euros mensuales de un paquete básico de nueve canales, hasta los 6.000 euros que se pagan por crear un canal personalizado, más un mantenimiento mensual de 500 euros y 15 euros más por tienda.

EL PAIS

sábado, 25 de febrero de 2012

viernes, 24 de febrero de 2012

World Press Photo... 2011 (08)


Primer premio en 'Noticias individuales'
Incendio en el antiguo mercado de hierro en Puerto Príncipe, el 18 de enero de 2010 (Contrasto).

jueves, 23 de febrero de 2012

Los hombres son de Wikipedia y las mujeres de Facebook...


Los hombres son de Wikipedia y las mujeres de Facebook

A veces una sola cifra sirve para desatar la polémica. La última ha sido esta: sólo un 13% de los artículos de la Wikipedia han sido escritos por mujeres. La proporcionó The New York Times en un reportaje que ha hecho correr ríos de tinta porque resulta que en la fuente de conocimiento virtual en la que en teoría no debería existir ningún tipo de discriminación (escribe quien quiere y ni siquiera es necesario desvelar el sexo) la participación femenina es menor aún que en otros foros. Por ejemplo el OpEd Project la ha calculado en un 15% para las páginas de opinión de los principales diarios norteamericanos.

¿Significa una tasa tan baja que la enciclopedia (o sus enciclopedistas) son machistas? Simplificando mucho, los bandos se han dividido en dos, los que creen que sí y que es preocupante porque esta desigualdad de género repercute además en sus contenidos, según el NYT menos profundos en el caso de la cultura popular femenina que en la masculina… y los que creen que el hecho de que esté escrita por hombres no quiere decir que sea sexista, sino que puede obedecer a predilecciones innatas femeninas. Es decir, que las chicas usamos Internet de otra forma y si no escribimos en Wikipedia es entre otras cosas porque no nos interesa. En cualquier caso, la fundación responsable de la enciclopedia Wikimedia se ha marcado como objetivo aumentar la participación femenina al 25% para 2015.

El de la baja participación femenina en internet “es el eterno debate”, me explica Tíscar Lara, vicedecana de Cultura Digital de la EOI (Escuela de Organización Industrial), que ha estudiado durante años la blogosfera española. “Por ejemplo, la proporción entre bloggers siempre ha generado polémica, porque cuantitativamente era menor la participación de las mujeres”. Explica que a veces el problema puede estar en la vara de medir, en el sesgo y las metodologías, y que al mirar hacia otro lado nos estemos dejando fuera los ámbitos femeninos. “Hay que tener en cuenta otro elemento, que es el de la visibilidad. En los listados de blogs más leídos o en los participantes de congresos siempre hay una proporción muy baja de mujeres, pero se discute que la visibilidad de las mujeres se rige por otros parámetros. Hay temas como la tecnología que son más masculinos, pero igual otros temas más personales poseen más comunidad alrededor… con no tantos enlaces y sí con más comentarios, por ejemplo”.

Lo cierto es que hombres y mujeres actuamos en la red de forma distinta y por distintas razones, como ocurre en otros muchos ámbitos de la vida. Y no tienen por qué ser usos más básicos o menos 'de moda'. El caso más claro es el de las redes sociales, que las mujeres han abrazado a lo largo de todo el mundo en mayor proporción que los hombres. Un botón: en Tuenti hay una diferencia del 2 ó 3% a favor de las chicas. "Los chicos tienen tendencia a una mayor instrumentalidad y las chicas a una mayor expresividad", resume [Roberto Colom, catedrático de Psicología en la Universidad Autónoma de Madrid]. Dicho de otra manera, los hombres tienden más a poner su personalidad, su forma de ser, al servicio de un objetivo, mientras que las mujeres dan más valor a la expresión de emociones, a la comunicación, por su propio valor más que por servir para un objetivo", se explicaba hace poco en un reportaje de El País dedicado a las diferencias anatómicas cerebrales de unos y otras que existir, existen.

No sólo se trata de las "femeninas" redes sociales. “Las mujeres de todo el mundo están liderando algunos de los aspectos más populares de la experiencia internauta de hoy, como la web social, el comercio electrónico, las compras exprés o el consumo de contenidos generados por los usuarios vía YouTube”, afirma un interesante estudio de ComScore al que merece la pena echar un vistazo más detenido.

Cuenta por ejemplo que ellas ganan en compras on line (compran más y se gastan más en todo tipo de artículos excepto en en música, electrónica de consumo, informática y artículos deportivos). También lideran los nuevos tipos de comercio ahora en auge: ventas y subastas rápidas, ofertas y cupones locales, etc. Por ejemplo, en el outlet on line Vente-privee tienen un 66% de usuarias españolas. Las chicas también usan más formas de comunicación como el Messenger o el email. Y en todo el mundo, las webs para compartir imágenes son más visitadas por las mujeres. Pasan más tiempo en YouTube. Los motivos para usar las redes también varían. Por ejemplo, en las cifras globales, las usuarias de Twitter están un poco por encima, pero ellos twittean más y las mujeres son más proclives a usarlo para conseguir ofertas, conversar y seguir a famosos.

En España aún existe brecha digital de acceso, aunque según los últimos datos del INE, la diferencia en el último año en el uso de Internet se ha recortado a un 5,7%. Según NetView de Nielsen Online, el 53% de los navegantes nacionales son hombres y el 47%, mujeres. Muchas miradas están puestas ahora en la “brecha digital móvil”, porque aunque ellos poseen un smartphone (móvil inteligente con conexión a la red) en un 63%, ellas en un 37%. Las cifra, europea y de Comscore, es apoyada por un reciente estudio de Nokia sobre los jóvenes españoles: el 45% de los chicos jóvenes se conectan con el móvil a la red al menos una vez a la semana contra un 27% de las chicas. Pero la brecha digital también es cuestión de minutos de conexión. “Existen cuestiones de tiempo, ellos tienen más fuera del trabajo para relacionarse o participar, mientras la mujer está ocupada por otro tipo de cuestiones”, defiende Lara. La mujer sigue haciéndose cargo de las labores domésticas y la familia, y eso afecta a su comportamiento on line.

En cuanto al consumo de contenidos, también hay diferencias entre los “femeninos” y “masculinos”, pero menos de la que podría esperarse. Sí es cierto que en las ediciones digitales de Hola, Telva o Elle más del 60% son lectoras. O que entre los visitantes activos de Menéame sólo hay un 20/25% de mujeres (según un cálculo ‘a ojo’ de su fundador Ricardo Galli). Que ellas consumen más información sobre familia, maternidad, recetas, mascotas y salud, así como contenidos para niños porque navegan con sus hijos. Y que ellos entran más en sitios de automoción, tecnología y descargas. Pero también hay sorpresas, como en la información deportiva –que cada vez interesa más a las chicas- y en la financiera, casi a la par según Comscore.... aunque ellas dedican mucho menos tiempo a estos contenidos. Ojo, como siempre, con las ideas preconcebidas, porque casi empatan en juego y apuestas, y en contenidos para adultos el porcentaje es del 45,6% de hombres y el 34% de mujeres. Pero las cifras son sólo eso, cifras. Las polémicas y las que no.

EL PAIS

miércoles, 22 de febrero de 2012

Pensamiento crítico en la 'caja tonta'...



Pensamiento crítico en la 'caja tonta'

Los libros que indagan o explican filosofías vitales que laten en las series de televisión se han convertido en complemento para los seguidores

En un corcho de la oficina de los productores de Mad Men han colgado una felicitación. No es la enésima carta anónima, sino una manuscrita del propio presidente de Estados Unidos, Barack Obama. Cualquier asesor de imagen -quién sabe si ha sido ocurrencia de uno- apoyaría esta expresión de entusiasmo, porque hoy la pasión por cierta televisión es cool. Algunas series, calificadas por algunos como "la mejor narrativa americana actual", no son un fenómeno nuevo, hay que remontarse al 2002 con el estreno de The Wire. Aunque sí lo es el comportamiento de la audiencia. Han descubierto que hay vida más allá del visionado de un capítulo de cualquiera de estas series. Ellas te ponen a prueba. Hace tiempo que el espectador no aguarda la entrega semanal y se indigesta con un atracón de episodios. Ahora, además, gracias a Facebook y Twitter, disfruta de un contacto directo con los actores, productores y guionistas; intercambia impresiones en los foros cibernéticos y tiene acceso a los detalles más inauditos en unas webs oficiales cada vez más completas. Un caldo de cultivo que ha propiciado una avalancha de libros sobre unas series que invitan a la reflexión.

"Twitter o Facebook son un mundo. Yo me twitteo con los actores o con los guionistas. Hay una revolución desde hace un año en la que tienen cabida los libros y cualquier medio de comunicación. Es muy divertido, pero también un poco loco porque hay mucho y hay que ir descartando", cuenta entusiasmada Mariló García, coordinadora de series Cinemanía y bloguera (yonomeaburro.blogspot.com). "Por ejemplo, después de las nominaciones de los Emmys en Twitter había actores que se quejaban. El periodista está dejando de ser el intermediario". Su blog, centrado en las series, recibe 4.000 visitas diarias con picos de 15.000.

La periodista propuso, sin fortuna, a un sello editorial escribir un libro sobre la moda en las series. "Las editoriales tienen miedo a lo nuevo", dice convencida. "Los productores ahora son también los guionistas y eso es muy importante. Cuando tú haces un producto y pones la pasta, intentas que sea un fenómeno". El resultado es que se adelantan informaciones para caldear el ambiente y se editan, al igual que en las superproducciones juveniles, guías oficiales de las series.

¿Y por qué no antes la reflexión en las series? Las reglas publicitarias generaban espectadores perezosos, vendidos a un entretenimiento tan puro como hueco. Hasta que llegó el canal de pago HBO con su eslogan "esto no es televisión" y rompió los cánones. No estaba obligado a rendir pleitesía a los anunciantes, sino a presentar sus respetos a una audiencia dispuesta a costear un producto vanguardista. "No hay nada que te sirva de paño caliente respecto a una historia triste, una historia airada, una historia subversiva, una historia perturbadora", observa David Simon, productor de The Wire, una serie "sobre la porción de Estados Unidos que hemos desechado".

"La literatura de series no es solo un fenómeno fan que vive del fetichismo, sino que quien se enfrente a estas obras verá que aquí se están dilucidando formas distintas de la narrativa audiovisual contemporánea", sostiene Xavier Pérez, profesor de narrativa audiovisual en la Universidad Pompeu Fabra. "HBO fue una gran apuesta experimental. Habíamos pasado una época en la que parecía invariable que la serialidad televisiva se basaba en un esquema de un mundo estable que se desequilibra y que al final vuelve a la estabilidad original", agrega Pérez. "Sus guionistas empezaron a declarar que se habían inspirado en series como Berlin Alexanderplatz (basada en la novela de Alfred Döblin), de Rainer Werner Fassbinder, que presentaban un mundo en permanente descomposición", subraya Pérez, coautor con Jordi Balló de Yo ya he estado aquí. Ficciones de la repetición (Anagrama, 2005). Durante muchos años, Pérez pensó que Twin Peaks, de David Lynch, y The Kingdom, de Lars von Trier, serían siempre una excepción en esa concepción desintegradora.

¿Hablamos de las series como si fueran Arte, con mayúsculas? "Es muy complicado, porque el arte es lo que los hombres dicen que lo es y, sobre todo, las instituciones legitimadas para decirlo. Es un producto comercial, pero de calidad máxima intelectual, política y estética", opina Iván de los Ríos, profesor de filosofía contemporánea en la Universidad Autónoma de Madrid. "Apuestan por una nueva forma de narrar, no tan simplista y sensacionalista. Una expresión muy crítica sobre la sociedad que las engendra".

La caja tonta (o lista) y los filósofos de nueva hornada han creado un tándem muy rentable en Estados Unidos, un país de gran tradición en ensayos de cultura popular. Las series son la excusa para explicar conceptos filosóficos -un vade retro para el lector medio- y que, sin embargo, pica el anzuelo por su afinidad televisiva. "Este tipo de libros continuará. Titular con el nombre de la serie y luego añadir "... y la filosofía", es una idea que nació en 1999 con Seinfeld. Ahora hay más de cincuenta libros. Son inteligentes, para fans inteligentes de una cultura popular inteligente. La televisión no es para peleles", sostiene William Irwin, profesor de Filosofía en el King's Collage de Pensilvania, autor de esa primera obra (Seinfeld and Phisosophy: a Book about Everything and Nothing) y coeditor de Los Simpson y la filosofía. La máxima de Homer: "Si lo intentas y fracasas la lección es: nunca lo intentes".

"No se requiere tener un background filosófico. Intentamos que el público sea capaz de pensar de una forma más crítica, y que vea que muchas de las preguntas que se plantea en sus series se han debatido décadas", explica Henry Jacoby, autor de La filosofía de House. Todos mienten. "Sería estupendo si después de leernos alguien se interesa por la filosofía". "Hay muchas cuestiones filosóficas planteadas en House. Como es obvio, algunas relacionadas con la ética médica. House usa la lógica para resolver puzles. Pero no son las únicas", prosigue Jacoby. Al estadounidense le ha salido un competidor en España: el manual de autoayuda Dr. House. Guía para la vida, de Toni de la Torre.

"La tradición de apelar a la cultura popular para explicar y discutir la filosofía nos hace volver a Sócrates. Él hablaba en términos de la mitología popular y analogías agrícolas", compara Irwin. "La mayoría de los filósofos comprenden que con estos libros tratamos de difundir la filosofía como él. A veces me topo con algunos prejuicios, pero no permito que me fastidien".

"La divulgación científica vende. Uno no compra un libro de Aristóteles porque nos resulta un peñazo, pero si ves en la librería Aristóteles en 20 minutos, te engancha", argumenta De los Ríos. "Aunque sí hay filosofía en Los Simpson. Por ejemplo, las paradojas de la omnipotencia de Bart. Nadie me escucha si yo afirmo: 'En la teología medieval se decía: si Dios existe y es omnipotente crearía una piedra que sería incapaz de mover... '. Pero te llega si lo pones en boca de Bart: '¿Podría Jesucristo calentar en el microondas un burrito tanto que fuera incapaz de comérselo?". De los Ríos ha participado en dos libros de factura nacional: The Wire. 10 dosis de la mejor serie de televisión y Los Soprano forever. Antimanual de una serie de culto, ambos en Errata Naturae.

"Estos libros tienen una mezcla de rigor intelectual y humor, a veces con mala leche. Se ha intentado, y creo que conseguido, que los ensayos tuviesen la altura intelectual de los guiones", explica De los Ríos. El editor de Errata Naturae, Rubén Hernández, no tiene intención de publicar muchos más: "No queremos especializarnos en series. Tiene que surgir un libro muy en nuestra línea editorial". The Wire arranca con un prólogo de David Simón. El productor y periodista de sucesos no se anda con chiquitas: "La pauta que sigo para intentar ser verosímil es muy sencilla (la vengo siguiendo desde que empecé a escribir ficción): que se joda el lector medio". Prosigue con una conversión entre Simon y el Nick Horby (Alta fidelidad), que pasaron una tarde en Londres hablando del proceso de escritura, de Baltimore, de la música y del deporte. Le dan el relevo siete ensayos de Rodrigo Fresán, Iván de los Ríos y Margaret Talbot, entre otros. Y el volumen se cierra con El confidente, un inédito de Georges Pelecanos, uno de sus guionistas.

Mientras tanto, Los Soprano forever propone diferentes ángulos de la vida de esta familia mafiosa de Nueva Jersey: su relación con Dios, el sexo, el mal o la obesidad. Ideas que se desgranan de la mano de De los Ríos, Fresán, Fernando Delafuente. Ignacio de Castro Rey y Fernando Castro Flórez. "Los Soprano es un buen producto que está sobredimensionado porque sufrimos aburrimiento doméstico", plantea este último, quien se niega a un "arresto domiciliario" para ver series.

Los Soprano. Temporada dos. Un tipo feliz. Tony (el protagonista): "Tengo el mundo cogido por las pelotas y no dejo de sentirme como si fuera un puto pringado". "¿Qué opinarían Platón, Aristóteles, los estoicos o los epicúreos de la felicidad de este gordo criminal?", se preguntan en Los Soprano y la filosofía (Richard Greene y Peter Vernezze). "No creo que la gente necesite saber más de Los Soprano, pero hay un montón de cuestiones que explorar. Nuestros ensayos versan sobre qué nos puede decir Los Soprano acerca de la filosofía y de nosotros mismos. La gente está interesada en la cultura popular porque no vivieron el pasado. Es algo que hay que estudiar ahora", explica Richard V. Greene, de la Weber State University, coeditor de la obra.

"Está haciendo televisión una generación que ya nació con ella, y eso influye y beneficia", se felicita Rodrigo Fresán, quien participa también en Los Soprano forever. "No escribiría guiones, son un planeta diferente. Bueno sí, si me lo pidiese alguien de quien soy fan, pero seguro que luego me arrepentiría", asegura este forofo de Bob Esponja.

Los enigmas de Perdidos (Lost), la paranoia en la isla del Pacífico, con osos polares y un humo negro asesino, genera mucha literatura. "Es normal porque la serie plantea lo siguiente al espectador: 'Tienes que saber más si quieres entrar en mi mundo'. Es una máquina de producir otras interpretaciones y un complemento son los libros. No podemos ver Perdidos como vemos una película o un sit com", razona Simone Regazzoni, autor de Perdidos. La filosofía. "Tenemos que participar en la creación de ese mundo. Y para hacerlo necesitamos leer y escribir, conocer a otras personas que viven en ese mundo. Mi libro es una forma de participar en el juego narrativo de este mundo. Tiene, como en un videojuego, distintos niveles de dificultad".

"Perdidos no es filosofía popular, pero un filósofo puede hacer filosofía popular con la serie. Hay todavía demasiados prejuicios. El filósofo clásico intelectual (que no sabe qué está ocurriendo en la cultura popular) se resiste a la televisión. Se entiende que no pueda cambiar su paradigma intelectual, pero la nueva generación de filósofos (bad guys para los académicos) está preparada para trabajar con las series, los cómics o la pornografía", prosigue Regazzoni. El profesor de la Universidad Católica de Milán es coautor también de un ensayo sobre House y otro de Harry Potter que Duomo publicará este septiembre.

Se esperaba para estas fechas la edición inglesa, pero la Enciclopedia Lost, tan ansiada por los fans, verá la luz en otoño. Ha trascendido que intentará explicar todos los enigmas y misterios en sus 400 páginas, con más de 1.500 fotos. El final tan abierto de la emisión defraudó a muchos que confían en cerrar muchas incógnitas con su lectura, como han prometido los productores. Grijalbo sacará a la venta la versión en español. Lluís Alba y Miguel Pérez, del blog Zumbarte, sabían que su baza frente a la Enciclopedia Lost era el tiempo. Así que el mismo día de la despedida, tras seis temporadas, entregaron su volumen Perdidos. La guía definitiva a Dolmen, editor desde 2006 de otros cuatro libros sobre la serie. "Tiene 400 páginas, con análisis de cada capítulo. No hacemos elucubraciones personales, ni nos hacemos eco de las teorías de otros", cuenta Alba.

Don Draper, el publicista neoyorquino protagonista de Mad Men, tiene siempre en su escritorio media docena de camisas almidonadas. Todo lo que ve o toca es elegante y, pese a lo que podría parecer, nada es insustancial en la serie favorita de Barack Obama. Se retrata las costumbres sociales y políticas de cambio de los años sesenta en Estados Unidos (la identidad y la autenticidad del feminismo, la libertad o la felicidad) con tal profundidad que Irwin es también editor de otro libro Mad Men and Philosophy: nothing is as it seems (Paperback, 2010). Los niñatos malhablados y corrosivos de South Park han sido también merecedores de tres libros que, como el primero, no han llegado a España. Y de otros irreverentes, la familia animada más conocida del mundo, se acaba de editar El Evangelio según los Simpson. El libro, escrito por Mark A. Pinsky, un periodista judío que sirvió al Ejército israelí, muestra como Bart y compañía se mofan de la religión organizada pero, al mismo tiempo, abrazan la fe para hacer frente a su frustración social.

El tiempo demostrará si la literatura de series ha llegado para quedarse. Por lo pronto, pocos niegan que las series son una compañía un poco adictiva. De los Ríos lo resume: "No sabemos qué hacer con nosotros mismos y necesitamos consumir productos que nos den la ilusión de que queda algo para mañana".

Yo ya he estado aquí. Ficciones de la repetición. Jordi Balló y Xavier Pérez. Anagrama. Barcelona, 2005. 198 páginas. 19 euros. The Wire. 10 dosis de la mejor serie de televisión. VV. AA. Introducción de David Simon. Ilustraciones de David Sánchez. Errata Naturae. Madrid, 2009. 238 páginas. 16,90 euros. Perdidos. La filosofía. Simona Regazzoni. Traducción de María Ángeles Cabré. Duomo Ediciones. 133 páginas. 19,90 euros. Perdidos. La guía definitiva. Dolmen. Lluís Alba y Miguel Pérez. Dolmen. Barcelona, 2010. 460 páginas. 20 euros. El Evangelio según los Simpson. Mark A. Pinsky. Selector. México, 2010. 330 páginas. 19,50 euros. Los Soprano y la filosofía. Richard Greene y Peter Vernezze. Traducción de María Ruiz de Apodaca. Barcelona, 2010. 266 páginas. 19,50 euros. Los Soprano forever. Antimanual de una serie de culto. VV AA. Traducción de Inés Antón. Errata Naturae. Madrid, 2009. 169 páginas, 16,90 euros. Dr. House. Guía para la vida. Toni de la Torre. Now Books. Barcelona, 2010. 7,50 euros. La filosofía de House. Todos mienten. William Irving y Henry Jacoby. Selector. México, 2009. 248 páginas. 15 euros. Los Simpson y la filosofía. William Irwin, Mark T. Conard y Aeon J. Skoble. Traducción de Diana Hernández. Blakie Books. Barcelona, 2009. 415 páginas. 22 euros.

EL PAIS

martes, 21 de febrero de 2012

World Press Photo... 2011 (07)


Primer premio 'Reportaje deporte'
Thomas Daley, de Gran Bretaña, realiza un salto en la tercera manga de los JJ OO de la juventud, el pasado 22 de agosto en Singapur.

lunes, 20 de febrero de 2012

¿Está usted no-muerto?...


¿Está usted no-muerto?

La respuesta, en 'Filosofía zombi', finalista del Premio Anagrama, de Jorge Fernández Gonzalo. Una reflexión sobre la 'zombificación' posmoderna

La respuesta, en Filosofía zombi, finalista del Premio Anagrama, de Jorge Fernández Gonzalo. Una reflexión sobre la zombificación posmoderna.

En su obra maestra, Las palabras y las cosas, Michel Foucault abordó el problema del lenguaje como signo de identificación. Un signo que había ido mutando a lo largo de los tiempos hasta desmontar el significado de las ideas y los conceptos. Atisbaba así el vacío al que se abocaba el hombre posmoderno. Su publicación, en la Francia de 1966, suponía un revulsivo más frente a una cultura en descomposición que acabaría derivando en las revueltas de Mayo del 68. No es tan casual que justo ese mismo año un joven estadounidense estrenara en supurante blanco y negro La noche de los muertos vivientes. La cinta, por encima del alegato antibelicista, manifestaba ese miedo al otro que ha alimentado tantos estudios filosóficos en el siglo XX.

Con la obra de George A. Romero y de Foucault como puntales indispensables, Jorge Fernández Gonzalo (Madrid, 1982) ha elaborado Filosofía zombi, finalista del Premio Anagrama de Ensayo 2011. A diferencia de la mayoría de compendios sobre el zombi como llamativo habitante de la cultura pop, el autor propone una filosofía-lego "o un contagio de ideas" sobre los mecanismos zombificados de la sociedad actual. "Estoy convencido que tanto los fieles seguidores del Premio Anagrama, que se mostrarán reticentes en un principio, como quienes busquen el zombi en su condición de fenómeno mediático se van a llevar sorpresas. Se puede conectar con su lectura a ambos niveles", garantiza. Y asegura: "Me congratulo de haber escrito un ensayo duro partiendo de un tema popular, porque uno de los modelos con los que tengo que bregar es esa moda de libros donde se habla de filosofía y superhéroes, teleseries, vampiros o los Simpson; en los que, más que interés por desarrollar un concepto filosófico, se cae en un didactismo casi infantil".

Lo que comenzó como un chiste privado acabó en una redacción febril a lo largo de un mes tras presentar su tesis sobre la poesía de Claudio Rodríguez. "En principio, parece que no tiene mucho que ver, pero había tenido que consultar la obra de muchos filósofos del lenguaje, como Derrida, Deleuze o el propio Foucault, cuyos pensamientos resultaban perfectamente aplicables a una teoría de lo zombi".

Para comprender en qué consiste la filosofía zombi basta con asomarnos a nuestra realidad cotidiana. O mejor dicho, a su espejo deformado. "El muerto viviente representa a la horda moderna", clarifica su autor. "Nos plantea, a la vez, cierto miedo y atracción. Yo no parto de la idea del no-muerto como agente pernicioso. Esa es la metáfora de hace unos años: el zombi como ser descerebrado. Yo creo que sirve como representación de todos nosotros".

Y nada mejor para ejemplificar la pandemia que el desarrollo voraz de Internet, ese no-espacio donde "estamos todos conectados y a la vez separados. Eso es la horda zombi: la suma de individuos que no forman una comunidad. De ahí el miedo irracional que puede llegar a despertar la Red, porque representa una especie de plaga bíblica en la que nosotros no somos el personaje, sino parte de la plaga. Maurice Blanchot lo resumía muy bien con el término irrelación: lo que nos une a través de Internet es nuestra falta de relación".

Con todo, la cultura popular reciente nos ofrece abundante material para elaborar nuestra propia lectura zombi del mundo, desde los carnavales de vísceras de serie B hasta la espectacularidad de los videojuegos y películas de Resident Evil, pasando por el cómic de Robert Kirkman The walking dead y su exitosa traslación a la televisión. Su creciente presencia se debe a que, según razona Fernández Gonzalo, "es una figura ficticia que da una cobertura eficaz a un conglomerado de experiencias incómodas reales: el miedo a la masa, a la pérdida de identidad... Transforma nuestro desasosiego en formas de violencia simbólica expresadas a través de la situación conflictiva a la que se ven abocados los supervivientes. Casi siempre vuelven a un cierto estado de animalidad y en algunas ocasiones, como en The walking dead, esa lucha se expresa más de una manera interna que contra los infectados".

Si atendemos a Baudrillard, esas imágenes se construyen para producir una catarsis. La realidad ya no nos sirve de mucho, queremos hiperrealidad. "Por eso en estos tiempos importa el zombi, importa la pornografía -que es una hiperrealidad del sexo- e importa la política como espectáculo televisivo, no como programa electoral. Vivimos una especie de deontología hipermediática que nos desvincula del acontecimiento", concluye.
EL PAIS

domingo, 19 de febrero de 2012

sábado, 18 de febrero de 2012

World Press Photo... 2011 (06)


Categoría 'Noticia última hora'
Primer premio en la categoría 'Noticia de última hora'; un hombre salta al vacío tras prenderse (MTI).