Gabriela Mistral.
miércoles, 28 de noviembre de 2012
En la tumba de Gabriela Mistral...
Lo que el alma hace por su cuerpo es lo que el artista hace por su pueblo.
martes, 27 de noviembre de 2012
lunes, 26 de noviembre de 2012
Los extraterrestres nunca pararon en el Área 51...
Los extraterrestres nunca pararon en el Área 51
Ni ovnis ni alienígenas. Los documentos desclasificados y testigos revelan que lo extraño de la base militar eran los aviones en prueba
Decir Área 51 es decir misterio. Misterio del gordo. La legendaria base militar secreta de EE UU en el desierto de Nevada, junto al lago Groom y protegida por montañas, ha sido durante décadas el epicentro de teorías conspiratorias, ufología, tecnoocultismo, expedientes X y seudociencia hasta convertirse en un icono de la cultura popular y escenario en películas como Independence Day o las de Indiana Jones En busca del arca perdida y El templo de la calavera de cristal. Según la extendida leyenda, en Área 51 el Gobierno de EE UU -o alguna de sus agencias secretas- guarda nada menos que los restos de la supuesta nave extraterrestre estrellada en 1947 en Roswell (y de sus tripulantes) y allí experimenta con tecnología alienígena.
La verdad, como puede suponerse es, ¡ay Scully!, más prosaica y la desclasificación de documentos y el testimonio de personas que trabajaron en la base por fin está sacándola a la luz. Un libro recién aparecido de gran eco en EE UU -Area 51, An uncensored history of America's top secret base, de Annie Jacobsen (Little, Brown and Company, 2011)- y un documental -Los secretos del Área 51, de National Geographic Channel, que se emite hoy a las 21.30 (Digital+ Imagenio, ONO y otras redes de cable)- arrojan nueva e interesantísima información sobre la base, entreabriendo la puerta de su misterio.
La realidad de Área 51 es que desde 1955 ha servido como lugar de desarrollo y campo de pruebas de los más avanzados -y a menudo extravagantes- prototipos de aviones militares de espionaje de EE UU, especialmente durante la guerra fría. Los U-2 fueron ensayados allí, como lo fueron los muy marcianos (y valga la expresión) diseños del programa OXCART de la CIA en los sesenta, que condujo al A-12 y al famoso SR-71 Blackbird y todas sus variantes, y, en los setenta, a los cazabombarderos F-117 Nighthawk. En todos los casos se trataba de conseguir aviones furtivos, silenciosos al radar, pájaros capaces de llevar a cabo penetraciones en las defensas enemigas sin ser detectados. Es imaginable el secretismo con el que se llevaron a cabo el desarrollo y las pruebas de estos aparatos, a menudo de extrañísima configuración, lo que provocó la natural alarma de los que observaron por azar sus vuelos -¡más de 2.850 el A-12!- sin saber qué diablos eran. Ni tan siquiera los presidentes estadounidenses, escribe Jacobsen, tuvieron conocimiento completo de lo que se hacía en Área 51. El libro de la conocida periodista, con entrevistas a pilotos e ingenieros, está lleno de interesantísimos detalles sobre la historia de la base. Recalca que de ovnis, nanay, aunque al Gobierno estadounidense le fue de perlas todo el fenómeno de los platillos volantes para despistar y disponer de una tapadera de lo que verdaderamente estaban haciendo en la base.
Jacobsen, sin embargo, en un giro espectacular, lanza la hipótesis de que lo que se estrelló en Roswell, Nuevo México, no fue un ovni ni un globo meteorológico como sostuvo el Gobierno, sino, agárrense, una aeronave soviética secreta basada en un prototipo nazi -el Horten Ho 229 o Gotha, un ala voladora- y ¡tripulado por adolescentes monstruosamente manipulados por Mengele (sí, el médico de Auschwitz) para parecer extraterrestres! Se habría tratado, dice, de una operación de Stalin para causar pánico en EE UU inspirada en el efecto de la retransmisión radiofónica de La guerra de los mundos por Orson Wells en 1938. La historia -casi parece más fácil creer en hombrecitos verdes- se la relató a Jacobsen un ingeniero del Área 51. Algunos de los chicos deformados, le relató, estaban aún vivos cuando los encontraron...
"Totalmente falso", afirma sin poder dejar escapar una risotada, el especialista en vuelo hipersónico Thornton D. Barnes, veterano del Área 51, donde trabajó en los años sesenta. "Toda la historia es una fantasía, los rusos no tenían aviones así". Barnes es uno de los personajes que ofrecen su testimonio en el documental de NGC. En una conversación telefónica con este diario recalcó que lo que hacían en la base, entre medidas de seguridad tremendas (se llegó a interrogar a los propios pilotos con pentotal), era desarrollar y probar aviones de tecnología stealth, furtiva.
¿Trabajaron como se ha sugerido con armas secretas de la Alemania nazi, aviones y prototipos obtenidos por EE UU en la operación Paperclip al final de la II Guerra Mundial? ¿Acaso chocantes Wunderwaffen como la legendaria Die Glocke o los supuestos platillos volantes nazis de Schriever-Habermohl que ahora va a recuperar la película Iron Sky? "No, Dios mío, jamás vi en la base nada de eso", se alarma el experto. "No teníamos platillos volantes de ninguna clase". Pero tenían aviones muy raros. "Sí, muy extraños. Probablemente el que más, el Tacit Blue, que parecía una caja". ¿Algún aparato redondo?, se ha dicho que el Vought V-173/XF5U-1 Flapjack se probó en Área 51... "No, nunca nada redondo, se lo aseguro, la gente le ha echado mucha imaginación a lo que pasaba en la base, lo que había era mucho trabajo, muy duro, y mucho secreto, que sin duda alimentó la paranoia exterior". Barnes recuerda el estrés de suspender los experimentos cada vez que pasaba sobre la base un satélite ruso. Construían señuelos para confundir al enemigo. Entre los pájaros del Área 51 destaca el rutilante A-12, de titanio, para cuya construcción hubo que desarrollar nuevas herramientas que permitieran trabajar ese material. "No es raro que los que por casualidad lo vieran ascender brillando pensaran que era algo venido del espacio".
Barnes parece desconcertado cuando le pregunto si cree en extraterrestres. "Verá, soy una persona de mente abierta, algo debe haber allá afuera, ¿pero ovnis?, me parece que no". "Sin embargo", añade, "déjeme decirle algo: en realidad sí tuvimos en la base aparatos que no eran de nuestro mundo, aeronaves de otra tecnología: reactores Mig 17 y Mig-21 capturados a los rusos para estudiarlos".
Así pues, ¿se acabó el misterio del Área 51? "No crea", ríe el viejo especialista. "Nunca lo sabrán todo".
domingo, 25 de noviembre de 2012
En la tumba de Julio Córtazar...
Por ser traidor hasta con la traición lo amaba la gente honorable.
Julio Córtazar.
sábado, 24 de noviembre de 2012
viernes, 23 de noviembre de 2012
¿Para qué crear? Versiona
¿Para qué crear? Versiona
Músicos consagrados compiten con recopilaciones de éxitos ajenos - ¿Homenaje a los grandes o crisis de creatividad? - La industria agradece el camino fácil
Es casi epidémico. En los últimos meses grupos de todos los estilos, muchos de ellos considerados clásicos, han publicado discos con canciones de otros. No hay datos concretos, pero se multiplican. Es una avalancha de veteranos revisionistas. Por citar unos cuantos: Peter Gabriel, Santana, Eric Clapton, Phil Collins, Marc Anthony, Liza Minnelli, Rod Stewart, Tom Jones, Cyndi Lauper, Brian Wilson, Herbie Hanckock o Robert Wyatt. "Cuando hablamos de discos de versiones rápidamente me vienen a la cabeza cuatro motivos por los que un artista se quiere enfrentar a tal reto: la vagancia, la falta de creatividad, la búsqueda del dinero rápido o el auténtico y sentido homenaje", dice Leopoldo Alcaraz, jefe de producto musical de FNAC España.
Sea lo que sea, funciona. Una mirada rápida a la lista de los discos más vendidos en España esta semana permite ver que en el tercer puesto está Going back, el doble álbum de Phil Collins de versiones de soul de los sesenta. En el cinco, el de Eric Clapton. Santana, tocando trillados temas de guitarra, está también entre los 20 primeros.
"Phil Collins tuvo un éxito brutal hace muchos años con una versión de Supremes, supongo que algún espabilado le ha dicho que haga un disco entero así", especula Javier Liñán, director de la discográfica independiente El Volcán, y la persona que ha coordinado Viaje satélite alrededor de Carlos Berlanga , un álbum en el que 22 artistas nacionales reinterpretan canciones del fallecido músico español. Un respetuoso tributo que ha entrado en el puesto 35 de la lista. "Los casos que mencionas suelen ser estrategias de mercadotecnia, no sinceros homenajes la mayoría de las veces. Es gente que no vende un disco de canciones originales hace mucho tiempo. Muchos de ellos ni siquiera son autores. Necesitan girar, y facturar. Por eso hacen este tipo de proyectos conceptuales basados en repertorios de demostrado éxito. Cada caso se merece un análisis aislado, pero en general siempre obedece a estrategias para revitalizar carreras apoyadas en repertorios de éxito demostrado", dice.
Con la industria discográfica sufriendo una larga agonía, los nuevos lanzamientos han pasado a un segundo plano de relevancia comercial. Eso permite por un lado que los artistas valientes corran más riesgos, pero también crea una especie de desgana que hace que los músicos con contratos que les obligan a entregar discos se los quiten de encima con lo primero que se les ocurre: un directo, el enésimo recopilatorio... o versiones. Pero tampoco es justo apuntar solo a los veteranos. The Baseballs, un trío alemán de rockabilly vocal formado en 2007 por tres veinteañeros lleva 400.000 copias colocadas en toda Europa de Strike back!, su disco de presentación. Su baza son las versiones al estilo del rock and roll de los cincuenta de éxitos recientes del pop como Umbrella, de Rihanna , o Poker face, de Lady Gaga . "No es una invención nuestra, ni es nueva. Así surgió el rock and roll. Tocamos las canciones que nos gustan en el estilo que nos gusta. Lo mismo que hacían Elvis o Jerry Lee Lewis. Cuando escuchas rock and roll, es tan importante lo que les pasa a tus oídos como lo que les ocurre a tus pies. Es escuchar música como si fueras niño. No piensas en el mensaje de las canciones. Simplemente sientes que te hacen feliz", dice Basti (Sebastian Raetzel), miembro del grupo.
Al otro lado del Atlántico pasan cosas parecidas. La serie estadounidense de televisión Glee es un musical dirigido al público juvenil; un fenómeno que esta semana ha superado a los Beatles en el número de canciones en el top 100. A los de Liverpool les costó cinco años incluir 75 canciones en lista. El reparto de Glee lo ha logrado en 14 meses. Su discográfica, Sony, cuelga las canciones en Internet inmediatamente después de la emisión de cada capítulo. Y del último han entrado seis: cinco versiones de Britney Spears y una de Paramore , grupo que se hizo famoso por participar en la banda sonora de Crepúsculo.
Es algo parecido a lo que hizo Operación Triunfo en sus primeras ediciones cuando los discos de los triunfitos eran cada semana los discos más vendidos despertando airadas reacciones de músicos como Manolo Garcia. "No dudo que OT tenga permiso legal para utilizar mi canción, pero desde luego no cuenta con mi aprobación. Y me hubiera gustado que se me preguntara si quería formar parte de este -perdonen pero es lo que a mí me parece- circo. Una cosa es que la ley permita publicar discos con nuevas versiones sin mi autorización y otra muy diferente, creo yo, es que sin yo quererlo me vea incluido en un programa de televisión con cuya filosofía y valores no comulgo en absoluto", escribía en 2002.
Porque legalmente hay una diferencia entre interpretar una canción ajena y hacer una obra derivada. "Si la cantas igual que la original, o con modificaciones menores en la instrumentación, simplemente hay que pagar los derechos correspondientes al autor o sus herederos legales. Pero si modificas el tema, es el caso de un cambio en la letra o una traducción, hay además que pedir permiso", explica Paloma Llaneza, abogada especializada en derechos de autor y nuevas tecnologías. El problema a veces es saber cuándo se pasa esa frontera. "Si se reconoce por parte del intérprete se llega a un acuerdo. Si no, se entra en temas judiciales. Es básicamente un mecanismo de prueba".
En un mundo desmemoriado, a veces de lo que se trata es de recuperar un tema olvidado pero reconocible. "Una canción de éxito, si no está muy trillada, la vuelves a grabar y es un éxito otra vez. Hay que saber pillar el pulso de los tiempos y de las tendencias y elegir la canción adecuada en el momento adecuado", dice Liñán. De lo que se trata en ocasiones es de llevarla de un público a otro, como han hecho The Baseballs: "Hay gente que piensa que los temas son nuestros. Generalmente el público de otras generaciones, que no está al tanto de las listas de éxitos. Y, al revés, hay jóvenes que creen que se trata de temas de Elvis. Versión es un término muy amplio. A menudo la gente piensa que es solo cantar canciones que otros cantaron antes. Pero no es tan sencillo. No se trata de hacer karaoke, sino de arreglarla en una nueva manera. De deconstruir la original y reconstruirla. A veces funciona, otras veces la nueva versión no es tan diferente de la original. Pero si funciona, el efecto puede ser muy grande. Si hacer versiones fuera tan poco creativo Hound dog sería aún un blues lento, That's all right mama no te haría bailar y Whole lotta shakin' goin' on solo la conocería un puñado de personas".
Pero cada caso es un mundo. "No tiene nada que ver Rod Stewart, que lleva no sé cuántos Songsbooks y que se ha convertido casi en un artista que solo hace temas de otros, con el de Tom Jones, que es un disco de música religiosa, muy ambicioso. ¿Todos están cogiendo el camino fácil? No. Hace 40 años que se hacen discos de covers y los ha habido de todos los colores", explica Paul Reidy, jefe de producto de la discográfica Universal.
Es verdad. El mundo del jazz lleva décadas revisando los mismos estándares y nadie se atrevería a cuestionar la creatividad de Miles Davis ni cuando tocaba Time after time , de Cindy Lauper. Quizás uno de los problemas al analizar estos fenómenos es la idea de que si varias cosas similares coinciden en el mismo lugar, al mismo tiempo, se trata de un contagio y, según Reidy, esto no tiene por qué ser así. "Hay dos cosas diferentes. Por un lado yo creo que es casualidad que todos estos artistas hayan hecho estos álbumes. Lo que no creo que sea tan aleatorio es que todos se hayan publicado en el último trimestre del año. Muchos están destinados a ser producto navideño. No requiere tanto esfuerzo por parte del oyente. Cuando presentamos una versión a la radio son más receptivos. Es un pelín más fácil que un repertorio desconocido".
Vista la dramática situación del mercado, que en España es aún peor (las ventas han caído en el primer semestre de 2010 casi un 13%, encadenando nueve años de descenso), cuando un músico conocido llega con un proyecto así la firma debe respirar. "Si aparece Metallica diciendo que va a hacer un disco orquestal de folk irlandés del siglo XVII te da un poco de yuyu. Pero, si te proponen un disco que se corresponde con sus influencias, que sabes que van a interpretar con dignidad y criterio, nadie se pone nervioso", reconoce Reidy. O, como explica Liñán: "No es que se venda más que con temas originales, pero el hacer un disco con canciones nuevas y que funcione es muy difícil".
Es un mundo complicado para jóvenes y veteranos por igual. En septiembre Music Week, la biblia de la industria musical británica, dedicaba su portada a la desaparición del rock y el indie de las listas de ventas del país. "El resurgimiento del pop y la urban music está enviando al rock a los libros de historia", afirmaba. Si tenemos en cuenta que el tema de rock que más se ha vendido en Reino Unido en 2010 es Don't stop believin', de Journey , editado originalmente en 1982, parece lógico que los músicos miren para atrás.
Si esta moda es circunstancial, una retirada a los cuarteles de invierno esperando a que el tiempo mejore, mal. Pero si se trata de una crisis de creatividad, de una rendición al constatar que ya no hay nada que hacer, la situación entonces roza lo dramático. El primer disco español de versiones que aparece en la lista de los más vendidos es Introversiones, de Celtas Cortos . Los vallisoletanos han decidido adaptar canciones que les han influido. "Surgió de forma furtiva. El próximo disco de canciones propias estaba lejos. En principio, era plasmar la gratitud a artistas que nos han dejado huella. Es cierto que cuando publicas un disco nuevo de partida ya cuentas con el fracaso, o con el no-éxito al menos. Desde luego es una manera de darte aire a ti mismo y de tomar un poco de perspectiva y tomar tiempo para lo que puedas hacer después", dice Alberto García, violinista del grupo vallisoletano. "Te lo puedes tomar, si quieres, como una falta de ideas. Pero yo lo veo como probar de otro plato. Se le puede dar la razón o quitar al que lo diga dependiendo de lo que venga detrás".
jueves, 22 de noviembre de 2012
Mamarracho...
Tout hussard qui n'est pas mort à 30 ans est un Jean-Foutre!"
("¡Todo húsar que no haya muerto a los 30 años es un mamarracho!")
Antoine Charles Louis Lasallehttp://www.blogger.com/img/blank.gif
miércoles, 21 de noviembre de 2012
martes, 20 de noviembre de 2012
Palabras sobre la Red...
Palabras sobre la Red
Siguen apareciendo publicaciones que responden desde el mundo del libro a cuestiones suscitadas por las tecnologías digitales (Internet, pero también el móvil). Aunque la velocidad de las transformaciones casa mal con el lento tempo editorial, estas novedades reflejan las preocupaciones que se suscitan y los distintos modos de abordarlas. Ontología de la distancia es una recopilación de catorce ensayos filosóficos, originados en un congreso, que abordan el teléfono móvil y otras virtualidades (Maurizio Ferraris, también presente en el volumen: publicó en 2005 ¿Dónde estás? Ontología del teléfono móvil; edición española Marbot, 2008). No sorprenderá que sus autores, procedentes de diversas escuelas y geografías, ofrezcan todo un abanico de aproximaciones: desde el rigor de Peter Sloterdijk al seductor análisis de Ángel Gabilondo, que parte de las fórmulas de responder al teléfono: el imperativo "dígame" o el dubitante "¿sí?". Temas recurrentes en el volumen son el estatuto del cuerpo, de sus prótesis y la ausencia. El filólogo francés Milad Doueihi quiere en La gran conversión digital aportar al debate digital una voz del campo de las humanidades, aunque, la verdad sea dicha, tampoco escasean. Analiza fenómenos como los blogs, asimilándolos a alguno de los modelos del pasado: la ciudad griega o la romana, o analizándolos en clave religiosa: ortodoxia/heterodoxia. Lo más interesante del libro es la dilucidación de la "alfabetización digital" a lo largo de muy distintas plataformas, aunque, como suele ocurrir, la necesidad de explicar cómo funcionan a un público que no las conoce consume parte de las energías del autor. Max Otte, alemán activo en Estados Unidos, publicó acertadamente en 2006 ¡Que viene la crisis! En El crash de la información analiza, en el sector financiero y del consumo, las maniobras para desinformar a los ciudadanos: a través del "etiquetado falso", pero sobre todo mediante la sobreabundancia informativa (como la variedad de tarifas telefónicas). ¿Será la Red un aliado de los consumidores? Parece que no: los sitios que se ofrecen para clarificar, sea inversiones en Bolsa o tarifas eléctricas, acaban siendo juguetes en manos de las compañías. Las tecnologías digitales están posibilitando el contacto directo con el cliente (sea con cajeros automáticos o webs de venta de billetes), lo que permite ahorro de personal... e indefensión del comprador ante cualquier eventualidad. Por su postura crítica y la información que maneja, este libro para lectores no especialistas es claramente recomendable. Guerra en la Red, escrito por Richard Clarke, responsable de seguridad de cuatro presidentes americanos, expone lo que realmente es un "nuevo campo de batalla": los ciberataques, que pueden afectar a la industria, la energía o las comunicaciones de un país ("en estos días los aviones... son todos un manojo de software que por casualidad vuelan por el aire. Líate con el software y el avión deja de volar"). La obra compara adecuadamente la situación actual de ataques digitales y desarrollo de contramedidas con la ocurrida durante la guerra fría, con lo que finalmente se expone la implicación geopolítica de una Red teóricamente sin fronteras. Socialnets, del especialista en e-learning José Antonio Redondo, es una obra práctica dirigida a un lector ya activo en la Red (al que tutea). La primera parte expone con claridad la historia de las redes sociales, que se remonta a 1997, abordando tanto las generales (Facebook) como profesionales (Linkedin). Se analiza la tipología de los usuarios, desde los pasivos a los que más intervienen, para acabar con las aplicaciones (aprendizaje, gestión del yo como marca), y unas páginas de consejos prácticos. Siguiendo la ideología imperante, la actitud general es a priori a favor del uso de las redes en el aprendizaje y los negocios, aunque se señalan algunos de los problemas del medio (privacidad, ruido).
Ontología de la distancia
G. Aranzueque (coordinador). Abada.
Madrid, 2010.
400 páginas. 19 euros.
La gran conversión digital
Milad Doueihi
Fondo de Cultura Económica
Buenos Aires, 2010
232 páginas , 17 euros
El crash de la información
Max Otte
Ariel. Barcelona, 2010.
348 páginas. 21 euros.
Superficiales. ¿Qué está haciendo Internet con nuestras mentes?
Nicholas Carr.
Traducción de Pedro Cifuentes.
Taurus. Madrid, 2011.
344 páginas. 19,50 euros.
lunes, 19 de noviembre de 2012
domingo, 18 de noviembre de 2012
sábado, 17 de noviembre de 2012
Valor de soldado...
Valor de soldado
Sebastian Junger narra todos los detalles de la vida en el frente: tensión, aburrimiento, compañerismo, miedo. "Objetividad y honradez no son sinónimos", afirma el escritor, que vivió empotrado con el Ejército de EE UU en Afganistán. Después escribió Guerra
Desde pequeño le gustaba la acción. "¿Pero a quién no?", pregunta Sebastian Junger (Massachusetts, 1962) sentado en un sofá de cuero negro, con las botas sobre una mesa baja, en una de las salas del Half King, el pub de Chelsea en Nueva York, del que es copropietario junto al también periodista Scott Anderson. Viste vaqueros y una camisa azul, se muestra relajado y cortés y aunque tiene un considerable catarro no ha querido posponer la cita.
A mediados de los noventa, Junger se convirtió en todo un fenómeno editorial con su primer libro, La tormenta perfecta, en el que reconstruía la historia de la tripulación del Andrea Gail, el pesquero de Albacora que quedó atrapado en la tempestad que azotó la Costa Este de Estados Unidos en 1991. La crítica le señaló entonces como un nuevo Hemingway y Hollywood adaptó el relato en el año 2000 en un filme dirigido por Wolfang Petersen y protagonizado por George Clooney y Mark Wahlberg. Con A Death in Belmont, investigó el crimen y la violación de Bessie Goldberg ocurridos en los sesenta en el barrio de Boston donde se crió, y en Fuego recopiló una serie de reportajes realizados en zonas de conflicto, que incluían una entrevista con el líder talibán Massoud. Pero quizá uno de los viajes literarios y personales más osado de cuantos ha emprendido este periodista ha sido el que le ha llevado desde la primera línea del frente de Afganistán a la lista de libros más vendidos de The New York Times con Guerra (Crítica) y, más allá, hasta la alfombra roja de los Oscar con el documental Restrepo, que ha codirigido y está basado en la misma historia.
En 2007, Junger aterrizó en el valle de Korengal, en las montañas afganas próximas a la frontera de Pakistán, para realizar un reportaje de Vanity Fair, junto al fotógrafo británico Tim Hetherington. Después de cinco viajes a la zona y pasar cerca de medio año empotrado con una compañía del Ejército estadounidense, Junger escribió Guerra en apenas seis meses y pasó casi un año editando, junto a Hetherington, el metraje que habían rodado, y con el que elaboraron su documental nominado a los premios de la Academia. "La idea del libro fue evolucionando poco a poco. En mi segundo viaje a la zona comprendí cómo de importante y tremendamente adictivo es el vínculo que se establece entre los soldados que se encuentran en el frente. Cualquier historia de las muchas que se han escrito sobre la guerra en esencia trata de eso", recuerda. "Los soldados suelen echar mucho de menos ese vínculo tan peculiar cuando regresan a sus casas y esto a los civiles les cuesta mucho entenderlo".
El tema central fue cuajando: una disección periodística del combate. "La objetividad pura no resulta ni remotamente posible y menos en medio de una guerra; establecer lazos afectivos con los hombres que te rodean es el menor de los problemas. Objetividad y honradez no son sinónimos", escribe en Guerra. Junger, licenciado en Antropología, se propuso elaborar una anatomía del valor y atacar este asunto desde múltiples perspectivas con la experiencia directa de los soldados como cuerpo central de la historia. El resultado resulta intenso. En el libro reconstruye sin tapujos cada detalle de la vida en el frente: la tensión, el tedio, la agresividad, el compañerismo y el miedo. "He intentado averiguar cómo alguien llega hasta el punto de arriesgar su vida por otra persona. Cuando se entra en combate el individuo se subyuga al grupo porque esa es la única manera de sobrevivir", explica. "Los civiles básicamente saben de la guerra a través de Hollywood, así que no entienden lo confuso que resulta todo, la mecánica del combate, el procedimiento. Allí no sientes que quienes te disparan te odian. Un ataque de artillería es como un problema de álgebra y no puedes dejar que la ira se interponga. Las emociones afloran después, cuando ya no estás luchando". Junger derriba con prosa clara y contundente tabúes e ideas preconcebidas sin omitir rivalidades, envidias, ni escenas poco gloriosas. "Tengo mucho respeto por los soldados, si hablo de cosas que me hicieron sentir incómodo y las pongo en contexto no pasa nada. Todo el mundo en una circunstancia determinada puede hacer o decir cosas y eso no significa que seas así. Estos tipos matan a gente y pensar que no hacen otras cosas es descabellado, no tratar todo esto sería poco honesto", asegura.
Los cientos de soldados y veteranos que se le han acercado en las muchas lecturas y presentaciones públicas en las que ha participado desde que se publicó el libro han acabado de convencerle: "Muchos me dicen que les he ayudado a entenderse a sí mismos".
Fuera de las cerca de 250 páginas ha dejado los detalles biográficos de los soldados de la compañía Batallay el análisis geopolítico del conflicto. "He tratado esos otros temas en artículos y reportajes sobre Afganistán. En este caso yo quería escribir lo que se siente siendo un soldado que está luchando", afirma el periodista, que también cubrió la guerra de Bosnia, el conflicto en Liberia y la guerra de los talibanes en los noventa. Esta vez la discusión política escapaba los márgenes de su proyecto. "Los soldados no hablaban de eso. En Irak o Vietnam había más discusión en las tropas, pero en este caso se han alistado voluntariamente y la justificación moral de la guerra no está basada en mentiras", afirma. Las consecuencias de estar expuesto al combate, sin embargo, parecen ser las mismas, antes y ahora. El llamado síndrome de estrés postraumático y los problemas de adaptación que sufren los jóvenes que regresan del frente yacen bajo las crudas descripciones de Guerra. "En el frente el problema es que esto anula tu capacidad para luchar", explica. "Este tipo de trauma es ancestral y los humanos responden así a estas situaciones. Se trata de cicatrices que permanecen siempre: la guerra mental nunca se termina. Cuando has perdido a tus mejores amigos y han caído delante de ti cubiertos en sangre, la idea de una recuperación total es demasiado".
Junger conocía el trabajo de Herr y su Despachos de guerra, de Hemingway o de Tim O'Brian, pero en Korengal leyó Johnny cogió su fusil, de Dalton Trumbo. "Es, probablemente, el libro más doloroso que jamás he leído", asegura. Con Guerra, decidió estructurar su relato en tres apartados (temer, matar y amar) y no seguir un orden cronológico. "La narración lineal no iba a funcionar porque no había al final una batalla culminante. Durante los cinco primeros meses ocurrieron las cosas más llamativas, luego los soldados aprendieron a combatir y empezaron a matar al enemigo de forma contundente. Al final estaban dando patadas al reloj, listos para irse. Opté por ir más al fondo y hablar de las emociones primarias que se experimentan en la guerra, y explicar así la psicología, la neurología y la antropología del valor". Tampoco quiso incluir Afganistán en el título. "Las experiencias que retrato son eminentemente universales".
www.sebastianjunger.com / www.laguerradehoy.com / restrepothemovie.com
viernes, 16 de noviembre de 2012
Principiantes...
Principiantes, Porque me da la impresión de que, en el amor, no somos más que completos principiantes
- Raymond Carver (1939-1988)-
jueves, 15 de noviembre de 2012
miércoles, 14 de noviembre de 2012
Destruyendo a Manning...
Destruyendo a Manning
Activista gay y sometido a acoso en el Ejército, el soldado acusado de filtrar los documentos a WikiLeaks sufrió problemas de salud mental que sus superiores despreciaron
De joven inadaptado a enardecido patriota. Soldado a la fuerza y aspirante a hacker. Activista gay. Defensor del derecho a la libre información. Maltratado en las filas del ejército. Aislado en Irak. Bradley Manning, de 23 años, se pasó su joven vida buscando causas antes de ser arrestado por el Ejército norteamericano en Irak, hace ahora un año, acusado de sustraer y filtrar a WikiLeaks cientos de miles de documentos secretos del Gobierno, por los que se enfrenta a una posible cadena perpetua en una prisión militar. El Ejército tenía evidencias, antes de destinarle a Irak, de que su salud mental pasaba por frecuentes momentos de inestabilidad, según ha podido saber EL PAÍS. Aun así, se le consideró apto para el frente de guerra y se le destinó a una base militar, cerca de Bagdad, desde la que se produjo la mayor filtración de documentos secretos de la historia de Estados Unidos.
Manning nació en 1987 en Crescent City, una diminuta localidad de Oklahoma, de padre norteamericano, veterano de la Marina, y madre británica. Allí pasó su infancia y adolescencia, en una parte del país a la que se conoce como "el cinturón de la Biblia", por su devoción, puritana y protestante. Dos hechos ocurridos en 2000 marcaron su personalidad, según aquellos que le conocen: el divorcio de sus padres y su identificación pública como homosexual, en un lugar y una época en que la visibilidad y la aceptación eran todavía una lejana posibilidad. Manning maduró temprano y a la fuerza: a los 13 años tuvo que convertirse en el hombre de su casa, a cargo de su madre, después de la boda de su hermana, 11 años mayor.
Aquellos fueron años convulsos, dentro y fuera de su hogar. Su padre se casó con otra mujer y trajo a casa a un hermanastro, Dustin, a quien Manning aborrecía. Bradley se refugió en la informática y en juegos de guerra y estrategia en un mundo virtual. El derrumbe de las Torres Gemelas, el 11 de septiembre de 2001, plantó en él cierta semilla de patriotismo, acrecentado por una breve vida inadaptada fuera de América. Dos meses después del atentado se mudó con su madre a Harverdforwest (Gales, Reino Unido). Allí acabó la secundaria sin ningún momento memorable. El joven Manning regresó pronto a Oklahoma, en 2005.
La tensión con la familia de su padre fue insostenible desde el primer día de su regreso. Estalló finalmente en marzo de 2006. La policía de Oklahoma ha filtrado la grabación de una llamada de la madrastra de Manning en la que se la oye gritar: "Necesito un agente en mi casa. Y lo necesito inmediatamente. El hijo de mi marido, que tiene 18 años, está fuera de control y me acaba de amenazar con un cuchillo. Y su padre, que acaba de ser operado, está en el suelo. ¡Apártate de él!". A pesar de la llamada y los gritos, no se presentaron cargos. Manning se fue de casa, para no volver.
Vagó por EE UU, de Oklahoma a Chicago -donde, sin hogar ni empleo, durmió en su coche-, y de allí a la zona metropolitana de Washington, donde vivió con su tía, Debra van Alstyne, mientras trabajaba en una tienda de ropa y una cafetería. Cuando su tía pensaba que Manning estaba encaminado a ingresar en la universidad, éste le anunció que, ante la insistencia de su padre, se había alistado en el Ejército de Tierra. Era la única forma, le dijo, de obtener una educación decente y de forma gratuita. Se presentó para el entrenamiento básico en Fort Leonard Wood, en Misuri, en octubre de 2007. Pronto se interesó por el análisis de inteligencia y solicitó entrenamiento en ese ámbito. Lo recibió en Fort Huachuca, en Arizona, de donde se licenció como soldado de la Segunda Brigada de la 10ª División de Montaña, con base en Fort Drum, Nueva York.
Inesperadamente, el Ejército y Fort Drum expusieron al soldado a una libertad que antes no había conocido. En su página de Facebook, Manning comenzó, a mediados de 2008, a apoyar enfáticamente la causa del matrimonio homosexual. El 17 de noviembre, la adolescente Phim Her, estudiante en un instituto de Syracuse, en el Estado de Nueva York, cerca de la base donde estaba destinado Manning, se encontró con el joven soldado en una manifestación contra la prohibición a los gais de servir en las fuerzas armadas: "Al principio creí que estaba bromeando cuando me dijo que era un soldado de Fort Drum, pero me di cuenta de que no era así cuando comenzó a contarme las muchas veces que había sufrido injusticias por su sexualidad".
"Se me echó de casa y una vez perdí un trabajo", le dijo Manning. "El mundo no se mueve con la suficiente rapidez en nuestras casas, en el puesto de trabajo o en el campo de batalla". Confesó que se sentía como un ciudadano de segunda clase: "He estado viviendo una doble vida... No puedo expresarme". En la red social de Facebook manifestó la misma frustración. El 6 de febrero de 2009, Manning diría estar "harto de tener que esconder asuntos personales como un criminal". Cuatro días después se sentiría "ignorado por la sociedad".
Justo en los días en que se manifestó en Syracuse, el soldado comenzó una relación sentimental con Tyler Watkins, un estudiante de comunicación en la Universidad de Brandeis, en Boston. Watkins se define como un experto en comunicaciones y en la comunidad gay. A una manifestación nacional a favor de las uniones homosexuales celebrada en Washington en 2009 acudió con un cartel en el que se leía: "esposa del ejército". Hablaba de Manning siempre sin revelar expresamente su nombre. El 29 de mayo de 2009, en la red de Twitter, dijo estar "muy orgulloso del homo de su novio por acabar su caminata de 25 millas... con todo el equipo militar". Debido a las investigaciones e interrogatorios del FBI en la zona de Boston, Watkins y otros conocidos de Manning han decidido no hablar abiertamente sobre el soldado.
En sus días de permiso, Manning acudía regularmente a Boston, a 400 kilómetros de Fort Drum, para pasar el tiempo con Watkins. Allí frecuentó lo que se conoce en inglés como hackerspaces, lugares de uso común en los que informáticos y activistas se reúnen para socializar, programar y navegar por la Red. Aquellas visitas fueron la llave al mundo del activismo informático, a la cultura conocida como hacker, de la cual WikiLeaks es un baluarte. Estuvo, por ejemplo, en Pika House, una casa habitada por estudiantes del Massachusetts Institute of Technology, donde conoció a Danny J. Clark, programador y empleado hoy por la Fundación de Software Libre.
Posteriormente, cuando Manning fue arrestado, diversos investigadores federales interrogaron a todas las personas que entraron en contacto con el soldado durante esos días. Desde el mes pasado, muchos de ellos han acudido a la zona de Washington a testificar ante un gran jurado, que dirime si procede presentar cargos civiles contra las personas y organizaciones relacionadas con la filtración de documentos de WikiLeaks por supuesto espionaje.
El Ejército tuvo muestras de que la salud emocional de Manning no pasaba por buenos momentos días antes de ser destinado a Irak. Un conocido de Washington que prefiere mantener el anonimato debido a la investigación judicial ha revelado a este diario que en aquellos meses el soldado tuvo diversos encontronazos con otros miembros de las tropas, a los que acusó de homófobos. Al joven Manning se le sometió a un acoso constante en los barracones militares, hasta el punto de que fue agredido y, consecuencia de ello, se orinó en sus pantalones. Sus superiores le sometieron a una evaluación psiquiátrica. Simultáneamente, él buscó tratamiento fuera de la base, dado que la ley le prohibía hablar de su homosexualidad dentro del Ejército. A pesar de las muchas señales de la inestabilidad de Manning, sus superiores decidieron reciclarle y enviarle a Irak. Él aceptó sin expresar dudas.
En octubre fue trasladado a la base de operaciones Hammer, al este de Bagdad. Inmediatamente, desde su mesa de analista de inteligencia, utilizó los ordenadores militares para actualizar su estado en Facebook: "Estoy en Irak, tengo Internet de alta velocidad". En su aislamiento, la frustración solo creció y así lo refleja su perfil. En pleno desierto dijo sentirse "emocionalmente herido" y "mental y físicamente exhausto". El 4 de noviembre escribió: "De nuevo traicionado". El tono es el de alguien angustiado. Ocho días después le ascendieron de soldado raso a especialista de inteligencia. Sus fotos en Facebook revelan una considerable pérdida de peso y muestran a una persona con mirada distraída y expresión melancólica. Menos de un mes después aseguró sentirse "olvidado, tan pronto".
Sus superiores le concedieron un permiso de dos semanas el 21 de enero de 2010. Regresó a Washington y a Boston, donde se reencontró con Watkins, aunque su relación con él estaba ya acabada. En esa visita conoció a David House, un informático que regentaba el hackerspace BUILDS, en la Universidad de Boston. House se define como un "defensor de la transparencia gubernamental". Fue la única persona que visitó a Manning en prisión, aparte de su familia y su abogado, cuando este se hallaba en prisión preventiva en Virginia, antes de ser trasladado a Kansas. "Conocí a Bradley en enero de 2010, en un acto con bastante gente en el que debatimos sobre software libre. Se notaba ya que era una persona con ideas interesantes", asegura.
Su asociación con Manning le ha costado a House un control exhaustivo por parte del FBI. Según ha denunciado, unos agentes de ese cuerpo policial le retuvieron en el aeropuerto de Chicago en noviembre de 2010 para registrar y copiar el disco duro de su ordenador. "Nos ha sucedido a todos los que conocimos a Bradley en Boston, nos han sometido a un elevado grado de control", explica a EL PAÍS.
En la primera tanda de cargos que se presentaron oficialmente contra el soldado se asegura que la sustracción de documentos y su filtración a WikiLeaks se produjeron entre el 19 de noviembre de 2009 y el 27 de mayo de 2010. Según fuentes de la investigación contactadas por EL PAÍS, los investigadores dicen tener indicios a través de conexiones cifradas a WikiLeaks que demostrarían que alguien con un nombre idéntico al de Manning se conectó al servidor de esa organización el 29 de enero de 2010, desde Boston, usando una cuenta de correo de gmail.
Al regreso a Irak, el 11 de febrero, Manning escribió en su muro de Facebook algo que recoge su decepción tras la ruptura con su novio y probablemente sus impresiones sobre los documentos secretos a los que, según las investigaciones militares, habría accedido: "Cuando las cosas acaban, por lo menos hay algo de paz en este mundo podrido". "No tengo nada que esconder", añadió. "Solo me queda el sentimiento de que ya no me queda nada". Fue arrestado el 26 de mayo. Desde prisión llamó a su tía, Debra van Alstyne. Le dio la contraseña de su cuenta de Facebook y le ordenó dejar un mensaje a sus amigos: "Algunos habréis oído que se me ha arrestado por revelar información clasificada a personas no autorizadas". Adjuntó un enlace a uno de los vídeos por cuya filtración se le ha procesado, en el que se ve un ataque indiscriminado de soldados estadounidenses en Bagdad, en 2007, en el que murieron 12 civiles.
Manning pasó nueve meses en una prisión preventiva en la base de los Marines de Quantico. A principios de año se le puso brevemente en régimen de prevención de suicidio, lo que le obligaba a dormir desnudo y sin sus gafas, aislado en su celda de seis metros cuadrados 23 de las 24 horas del día. En abril se le trasladó a una cárcel de seguridad media de Fort Leavenworth, en Kansas, donde comparte módulo con otros tres presos. El juicio se llevará a cabo en los próximos meses.
martes, 13 de noviembre de 2012
El miedo...
No hay nada que temer salvo el miedo. Cada vez me conozco menos, cada vez conozco menos a los demás
El amigo americano
lunes, 12 de noviembre de 2012
domingo, 11 de noviembre de 2012
Superchica también escribe
Superchica también escribe
Laura Fernández, autora de la delirante Wendolin Kramer, defiende a ultranza el humor y los artefactos culturales del siglo pasado.
'Girls just wanna have fun rezaba la máxima ochentera encarnada en un esperpéntico videoclip de Cindy Lauper. En este y otros artefactos culturales del siglo pasado, como su idolatrado Kirk Cameron -el niño de Los problemas crecen, antes de conocer a Dios-, parece haber encontrado su cantera la fértil, la imaginativa, la guapa, la chica soñada de cualquier feligrés de tienda de cómics, Laura Fernández. ¿Qué es lo que hace especial a Laura? Antes que nada, si no han leído Wendolin Kramer (Seix Barral, 2011), háganlo. Si no han leído Bienvenidos a Welcome (su anterior novela), lo siento, pero no pueden hacerlo. El libro está agotadísimo y en franco camino de volverse objeto de culto. Lo que convierte a esta catalana nacida hace 30 años en un producto tan original es tan simple como esto: sentido del humor. ¿Una escritora española con sentido del humor, de esos de partirse? Vaya bicho raro. "Bueno, un poco sí", admite. "Tengo la sensación de que los escritores españoles no escriben para divertirse, sino para exprimirse las entrañas". Quizá por eso, sus referentes sean norteamericanos: gente como Vonnegut y Brautigan. Pero también como Robert Coover, Douglas Adams, Philip K. Dick y Robert Sheckley. ¿Y en España?, le insisto. "En el instituto leí Tres sombreros de copa, de Miguel Mihura, y descubrí que había otro tipo de literatura en este país, solo que estaba demasiado escondida".
¿Qué hay en Wendolin Kramer? Pues es como una novela hard boiled -ese subgénero de la novela negra lleno de polis que lo resuelven todo a hostias escrita por una niña loca. Habla de asesinatos por encargo, de detectives que follan con muñecas hinchables, de perros que necesitan ir a terapia porque no ganaron un concurso de belleza, y de chicas que, como Wendolin, se creen Superchica y están dispuestas a salvar al mundo. Hay pulp, ciencia-ficción ("soy de irme a una tienda y comprar nueve novelas de tipos que ni conozco"), algo de Kick-Ass, un toque (subliminal) de Mujeres desesperadas y un sinfín de guiños a películas y teleseries de los ochenta. Conclusión: ha escrito una de las novelas españolas más imaginativas y delirantes de las últimas décadas.
Wendolin, dice Fernández, representa "a esos chicos ingenuos que nacieron y crecieron en los ochenta y que nunca se convirtieron en el chico mayor del patio del colegio". De esa época se declara fan de Superlópez y Rompetechos, y luego de todo lo indie, como el dibujante de cómics Peter Bagge, autor de Odio. "A los superhéroes llegué a través de Jordi, mi pareja. Nos pasamos noches enteras hablando de Henry Pym, el Hombre Hormiga, y su relación con la Mujer Avispa. Él se queda con las guerras, y yo, con las relaciones entre unos y otros. Mola". ¿Ya os dije, frikis, que era "la chica de ensueño"? Además, no trabaja: "En mi escritura no hay curro puro y duro. Escribo para divertirme, y sí, es muy de llamar la atención todo el rato, en plan: 'Mira esto y ahora lo vas a flipar". ¿Qué lleva a alguien a escribir de extraterrestres de tres cabezas? Laura cree que pasó demasiado tiempo sola cuando era niña. Cuando dejó de jugar con sus muñecas, empezó a escribir y siguió jugando. "Luego está que no salgo demasiado", reflexiona, "y que siempre estoy leyendo, mientras cocino o veo una película". Fernández es madre de familia. Y periodista. Y cuando tiene tiempo para ella, para nosotros, la chica, gracias a Dios, solo quiere divertirse. That's all she really wants.
sábado, 10 de noviembre de 2012
Los matrimonios...
Los matrimonios se celebran en el cielo, pero se rompen en el automóvil
Niklas Luhmann
viernes, 9 de noviembre de 2012
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