domingo, 2 de noviembre de 2014

La razón no me ha enseñado nada...

La razón no me ha enseñado nada. Todo lo que sé me ha sido dado por el corazón 
 - León Tolstói.

sábado, 1 de noviembre de 2014

Un aire de familia...


Un aire de familia

La hija de la mítica pareja Serge Gainsbourg-Jane Birkin, Charlotte, sufrió en 2007 un accidente que le provocó un derrame cerebral. De aquello surgió IRM, un disco "muy clínico y al tiempo muy poético", y su papel en el filme Anticristo, de Lars von Trier.

Cruza la calle de Montalembert y entra en el hotel con paso decidido. Nada la distingue de cualquier otra estilosa chica parisiense. Viste informal y el maquillaje es imperceptible. Pero estos días le va a costar más pasar desapercibida porque su imagen para la campaña del nuevo perfume de Balenciaga -ella es la musa de Nicolas Ghesquière, director artístico de la casa- llega hasta el último rincón de Francia.

A sus 38 años -nació el 21 de julio de 1971 en Londres-, Charlotte Gainsbourg tiene un aire juvenil y un encanto indefinible. Tímida, aparenta una fragilidad romántica aunque su mirada sea firme y la sonrisa traviesa. Se disculpa por mascar chicle. "Estoy intentando dejar de fumar. Saben a pimienta y te calma", explica mientras lo guarda cuidadosamente en una cajita.

Su nuevo disco se titula IRM, siglas de una imagen por resonancia magnética. En 2007, Charlotte Gainsbourg sufrió un accidente de esquí náutico. Semanas después empezó a sentir fuertes dolores de cabeza que dispararon la alarma: una hemorragia cerebral que nadie había detectado, y que la llevó al quirófano, estuvo a punto de costarle la vida. "Yo no sabía lo que era un IRM", dice con esa voz dulce que Madonna utilizó en What it feels like for a girl, "pero desde el accidente se convirtió en algo muy familiar. Para una de las canciones quise partir de una secuencia de sonidos de IRM. Me gustan mucho esos sonidos duros mezclados con otros más orgánicos. Titular el disco IRM se nos ocurrió al ver que teníamos unas cuantas canciones que giraban en torno a la memoria, la muerte... Me pareció algo muy clínico y, al mismo tiempo, muy poético, eso de imagen por resonancia magnética".

Los ruidos que se oyen encerrado dentro de la máquina "son muy angustiosos. Y esos exámenes han marcado el ritmo de mi vida durante bastante tiempo. Cada vez que quería tranquilizarme porque sentía pánico, y no sabía si tenía o no un problema, iba a hacerme la prueba. Había siempre un antes y un después del IRM".

Sin saber nada, Beck, productor del disco, escribió en un papel la letra de Master's hands ("Drill my brain / All full of holes / And patch it before it leaks"). "Para mí es lógico mirar a alguien como mentor, mirar hacia arriba, a quien admiras", asegura ella. "Nunca me he sentido igual en cuestión de talento, siempre por debajo, pero así es como me gusta trabajar. Creo que me acostumbré a ese tipo de relación con los directores de cine porque sientes que estás a su servicio". Beck Hansen, que en 2002 sampleó la canción Melody en Paper tiger, reconoce la influencia de Serge Gainsbourg en su música. "Casi no hablamos de ello. Sentí que había un gran respeto por el trabajo de mi padre, pero preferí no saberlo porque me dejaba mayor libertad para ir en otra dirección".

"Beck tenía una especie de banco de datos con ritmos y sonidos que había grabado antes de que yo llegara a Los Ángeles. Una biblioteca sensacional. Y cada vez partíamos de un ritmo. Elegíamos una percusión, se sumaba otro instrumento, y al final una melodía", explica. Beck firma solo todas las composiciones, salvo una en la que comparte autoría con Charlotte Gainsbourg, una canción canadiense de los años setenta que el californiano le hizo descubrir a la francesa, y La collectionneuse con fragmentos de poemas de Apollinaire. "Él escribía en su rincón sin parar y yo le miraba de reojo (se ríe) porque me costaba escribir algo. Exagero un poco, pero para la suma de trabajo que él aportaba yo llegaba con tres palabras. Grababa la voz y pasábamos a otra cosa aunque la canción no estuviera terminada. Después se grababan las cuerdas. Y ahí cada canción tomaba una dimensión diferente porque Beck trataba los violines de una forma bastante original. Eran músicos clásicos y él los brutalizaba un poco con el fin de obtener sonidos no demasiado melodiosos. Después yo regresaba a París y él seguía trabajando en cada una de las canciones. Lo que estaba bien es que teníamos las sesiones de trabajo -desde cinco días hasta tres semanas- y cuando yo regresaba a París volvía sin nada. No sabía lo que había hecho. Y era una sorpresa cuando me enviaba distintas mezclas. Yo ya había tomado cierta distancia y al regresar a Los Ángeles partíamos hacia otra aventura porque mi estado de ánimo era diferente".

Con 15 años se llevó el César a la mejor actriz revelación por L'effrontée, primero de sus más de treinta papeles en películas como La bûche -César a la mejor actriz secundaria-; La ciencia del sueño, de Michel Gondry; 21 gramos, de Alejandro González Iñárritu; I'm not there, de Todd Haynes, o Persécution, de Patrice Chéreau. También con 15 grabó su primer disco, Charlotte forever; sin embargo, el segundo, 5:55, tardó veinte años en llegar. ¿No quería cantar? "Ni por asomo", responde categórica. "Tenía una relación de amor-odio. Me atraía mucho y a la vez lo rechazaba. Recuerdo que cuando Portishead sacó su primer disco pensé: 'Si pudiera trabajar con ellos'. Sólo tras conocer al dúo Air, y pensar en un proyecto común, se tornó posible".

"Mi primer disco lo había hecho con mi padre, gracias a mi padre, a causa de mi padre, para mi padre. Y, sin él, no veía por qué y me parecía imposible. Tampoco consideraba la música mi profesión. Quizá si el primer disco se hubiera vendido bien habría grabado otro, pero la cosa quedó así" (se ríe). "Tengo la impresión de no haber demostrado nada en la música. Me siento muy orgullosa de los discos que he hecho, pero he sido apoyada por Air, por Beck, y no me veo aún en una posición legítima. Me falta el valor de atreverme a decir que me siento cantante. Es más fácil decir: 'No sé hacerlo, lo hago de todos modos, pero no sé hacerlo", dice riendo como una adolescente pillada en un pequeño renuncio.

Suele utilizar música para preparar sus papeles en el cine. "Me ayuda mucho a inspirarme. Para Anticristo fue fácil. Escuché mucha música clásica, prácticamente sólo música clásica, y todo aquello que estuviese muy cargado. Mahler, sinfonías de Beethoven, Carl Orff...". La polémica película de Lars von Trier, por la que ganó el premio de interpretación en el Festival de Cannes 2009, fue su primer rodaje tras la dolencia. No parecía lo más indicado protagonizar una historia de locura progresiva, pérdida de un hijo, violencia sexual hasta la mutilación genital... Se ríe al oír la observación. "Al contrario. Había pasado un año preocupándome de mi salud, era verano, y no sabía lo que iba a hacer. Estaba un poco taciturna cuando mi representante me dijo que había una actriz que ya no iba a hacer la película, que me leyese el guión y que si me apetecía viajase a Dinamarca para hablar con el director. Quería olvidarme de mí, hundirme en algo más fuerte que mis preocupaciones. Y esa película era tan violenta que me arrastró a otro mundo".

Por ella se quedaría en casa sin hacer gran cosa. Necesita que otros la motiven. "Me apetece ir hacia personas que tienen talento. Y poder colaborar con ellas. Soy bastante perezosa. Cuando tengo una obligación, me encanta trabajar, pero si depende de mi voluntad no hago nada. Diría incluso más, busco acabar con todo lo que tengo en la cabeza", cuenta riendo, "me busco ocupaciones para no pensar".

"Tengo muchas ganas de tirarme al agua, pero he perdido algo de inocencia. Como actriz viví una primera etapa en la que era completamente ingenua. Me daba un poco igual ser actriz, lo que me gustaba era estar en un equipo. En determinado momento actuar se convirtió en algo muy serio y empecé a tener cada vez más miedo de hacerlo mal. Y si no te arriesgas a ser mala, es fácil, te quedas a medio camino", dice con una carcajada. "Mi accidente me ha vuelto muy miedosa en relación con mi propia muerte. Me preocupaba mucho la de los demás, pero la mía

... Al estar tan cerca de ella me di cuenta de hasta qué punto me aterraba. Y no me gustó ver que no era nada valiente. Yo pensaba que a medida que uno va envejeciendo aparecía una especie de serenidad, pero he visto a gente mayor tener mucho miedo a la muerte. Y no hay nada más terrorífico para mí que imaginar que cuanto más se acerque más miedo tendré. Es un feo descubrimiento que he hecho no hace mucho", asegura con una sonrisa.

Su estreno en el mundo de la canción, con 13 años, fue un éxito y un escándalo: Lemon incest, grabada a dúo con su padre. Ella estaba interna y se libró del lío. Hoy, con la corrección política, y el control social, cabe preguntarse si Serge Gainsbourg no hubiera acabado ante un tribunal. "Es verdad. Pienso que ahora resultaría muy chocante. Creo que hoy tenemos más miedo a las consecuencias de nuestros actos. Parece tonto decirlo, pero tenemos miedo hasta de fumar. Como si cada uno de nuestros actos fuera a ser juzgado. Y nos da miedo que nos juzguen. Mi padre lo hizo de una forma provocadora, pero con mucho pudor. Es un texto hermoso. Muy explícito. Dice 'el amor que nunca haremos juntos'. Es un amor puro de padre-hija, hija-padre. Lo interesante de los textos es que nos perturben".


PREGUNTA. ¿Se imagina lo que hubiera pensado su padre al escuchar el disco o viéndola en Anticristo?

RESPUESTA. (Largo silencio antes de contestar). No, no lo sé. Era más pudoroso de lo que la gente piensa. Tenía un lado sexual muy marcado, y hablaba mucho de ello, pero lo de caer en cierta vulgaridad creo que no le gustaba nada. Así que todo el lado pornográfico de la película... A saber si no la hubiera detestado (se ríe).

P. ¿No está cansada de que le pregunten por su él?

R. No, aunque en el extranjero me siento más abierta. En Francia siempre ha sido más pesado para mí. Si estoy en otro país y me hablan de él, me alegra la idea de que lo conozcan porque él tenía la impresión de que sólo se le conocía en Francia. Es como si yo viviera su excitación por ser reconocido en otros lugares. Y eso me gusta mucho.

Durante años soñó convertir la casa de su padre en la Rue de Verneuil, que ha conservado intacta, en un museo. Del proyecto se encargó el arquitecto Jean Nouvel. "Pensaba que es lo que mi padre quería. Mi madre y otras personas me dijeron que él había dicho que su casa era un museo y que había pensado incluso donarla al Estado. Reflexioné y me di cuenta de que eso no era vivible para mí. Y cuando estaba a punto de concretarse di marcha atrás. Necesité todo ese tiempo para comprenderlo". Al final ganó la necesidad de guardar para ella esa parte íntima, secreta, de Serge Gainsbourg. "Sí, pero es muy extraño porque es igual que guardar un mausoleo. Es una pequeña casa, a dos pasos de la mía, a la cual voy rara vez. Y cuando voy me invaden los recuerdos, su presencia. Es toda una decisión ir y después salir y cerrar la puerta. No es algo que haga fácilmente. A veces me pregunto por qué la guardo. Pero estoy pillada. No puedo venderla y no puedo vivir en ella. La guardo y hago como si no estuviera ahí". Suele ir sola. "Lo que me molestó de la idea del museo es que fui allí mucho con gente y tenía la impresión de ser un agente inmobiliario", dice riendo. "Era horroroso. Me sentía fatal haciendo eso. Luego soñaba con que él estaba en su casa. Había algo de entrar en la casa de alguien. Y todavía tengo esa sensación: la de que estoy entrando en su casa".

En los últimos meses las librerías de Francia se han llenado de títulos que tratan sobre la vida y obra del autor de Je t'aime moi non plus... Y la película francesa anunciada como el evento de este primer trimestre del año es Gainsbourg, vie héroique, que ha dirigido el conocido dibujante Joann Sfar.

P. ¿La ha visto?

R. No, no quiero verla.

P. El director le llegó a ofrecer un papel...

R. Me dijo que quería que yo hiciera de mi padre. Me quedé tan impresionada que no le dije que no. Durante varias semanas me dejé tentar por esa idea. Hasta que comprendí que era imposible. Después mantuve una relación muy complicada con el proyecto porque no quería leer el guión. Y cuando lo leí no me gustó. Pensé que no me gustaba porque yo conocía demasiado a mi padre y el resultado nunca podría acercarse a lo que fue. Me daba tanto miedo ese proyecto que, al final, me lavé las manos. Vale, él hace su película, pero yo no quiero saber nada.

A Charlotte Gainsbourg todos los franceses la han visto crecer. Junto a su padre y a su madre, la actriz Jane Birkin. "Como mujer me ha intimidado mucho. Sin querer. Yo era demasiado consciente de su belleza y, como en mi familia la belleza física tiene mucha importancia, se habla continuamente de ello, sentía al crecer que tenía rasgos poco agraciados y eso me acomplejó muchísimo. Hasta hoy. Todavía me cuesta decirme: 'Qué más da, es mi cara y ya'. Cuando me dicen que me parezco a ella me siento tan halagada (se ríe), pero al mismo tiempo me digo: 'Mierda, a ver si dejan ya de compararnos'. Admiro su trabajo, su voluntad, y lo que hace con organizaciones humanitarias de forma espontánea. Yo no hago nada y me siento muy egoísta".

El cine, para ella, es su madre. "La veía ensayar, aprenderse los textos, a veces la ayudaba. Y ella me llevaba a rodajes en los que podía esconderme y mirarla actuar. Había un lado muy mágico. La debí de idolatrar un poco. No demasiado porque si no no hubiera seguido esta profesión, pero lo suficiente para darme ganas de hacerlo. Era algo divertido y positivo, una fuente de placer. Por eso siento una enorme gratitud. Nunca tuve la menor dificultad con este trabajo de actriz". Charlotte Gainsbourg -sus primeras películas las rodaba durante las vacaciones escolares- asegura no haber ido a ninguna escuela de actores.

No sólo echa mucho de menos a su padre. También a sus abuelas. La paterna, Olia Bessman, judía de origen ruso -"me marcó mucho. La perdí cuando yo tenía 13 años. Vivía en París e íbamos a verla todos los domingos. Tenía acento ruso y nos preparaba comida rusa. Había unas tradiciones familiares tan fuertes. La adoraba. Y tenía la impresión de parecerme mucho a ella físicamente. Yo quería ser judía, sentía que pertenecía a ese mundo"-; la materna, la británica Judy Gamble, actriz del West End londinense y musa de Noel Coward, falleció hace seis años -"la descubrí mucho más tarde porque de pequeña yo era muy obstinada y no quería hablar inglés, hacía como si no entendiera el idioma. Sin ella, todo un lado de la cultura inglesa se ha ido para mí. Y he tardado en ser consciente de ello"-.

Charlotte Gainsbourg prefiere cantar en inglés. "Me aleja de las referencias paternas, de todos los textos que escribió y que continúan tan presentes. Tengo la impresión de que cada palabra hace referencia a algún texto suyo. Y eso me bloquea. Con el inglés me siento más libre. También hay que tener en cuenta que me dirigí a gente de la que me gustan sus canciones, su manera de escribir, como Beck o Jarvis Cocker".

Sus dos hijos, Ben, de 12 años, y Alice, de 7, están presentes en el disco. El niño se puso a la batería sin saber que le grababan; ella se divertía con el interfono del estudio haciendo voces de monstruos. "Se grababa en casa de Beck, estaban sus hijos por todas partes, los míos, y los grabábamos en cuanto podíamos. Cuando nacieron yo no quería decir sus nombres. Al nacer mi hija dijeron que se llamaba Alice Jane y nunca se llamó así, pero como yo no quería decir su nombre no podía rectificar", cuenta riendo. "Yvan [el actor y cineasta Yvan Attal, su compañero desde hace veinte años, y padre de sus hijos] escribió una película en la que teníamos un hijo y estuvo probando a muchos niños hasta decidir que fuese Ben. Me hice muchas preguntas porque tenía miedo de exponerles, de no saber las consecuencias. Tengo la impresión de que es otra época. Yo logré protegerme -pedía que la cambiaran de colegio cada año- con ayuda de mi madre. Hoy con Internet y todo lo que la gente cuenta me parece que es mucho más duro. Me dije que había que guardarlo en secreto, pero al mismo tiempo que no nos estropeara el placer de vivir cosas juntos".

Por primera vez se ha subido a un escenario para unos conciertos. En enero se presentó en Nueva York y ahora está ilusionada preparando la gira que comienza en abril. "Todavía me da un poco de miedo. Me pareció mucho más fácil que cantar en París porque no sentía que me iban a juzgar. Me siento bien en Francia, pero hay un esnobismo, que yo también debo de tener, de juzgar todo lo que vemos. En Nueva York la gente es más abierta o yo no la veía juzgarme o quizá es que me daba igual. Pese a ser una ciudad en la que hay de todo, son mucho más indulgentes".

"Cambio de parecer cada día. Me avergüenza decirlo, pero me pueden dar la vuelta como una crepe. Soy fácilmente manipulable. Y de hecho me encanta que me manipulen", añade con una carcajada. "Me gusta no tener certezas. Pensar algo y lo contrario. A veces desestabiliza un poco porque no te sientes bien anclado. Por eso tengo siempre la impresión de flotar, de no tener del todo los pies en la tierra". -

IRM, de Charlotte Gainsbourg, está editado por Because Music/Warner. www.charlottegainsbourg.com.

miércoles, 29 de octubre de 2014

martes, 28 de octubre de 2014

Empresas que hablan el lenguaje de las redes...

Empresas que hablan el lenguaje de las redes

Internet reserva una pequeña alegría a aquellos que no entienden Facebook, no consiguen entrar en Tuenti y les espanta Twitter. Las empresas (incluidas algunas grandes multinacionales y administraciones públicas) tampoco tienen ni idea. A los directivos les quita el sueño pensar en todos los clientes que pueden perder por cada minuto que tarden en entrar en las redes.

La buena noticia es que están dispuestas a pagar a alguien que les enseñe y que han nacido algunos nuevos oficios. Según Infojobs, ser community manager (el gestor de comunidades online encargado de lidiar con los medios sociales) es una profesión en auge. De 2008 a 2009, su número creció un 61%, y en lo que llevamos de 2010 ha aumentado un 63% respecto a 2009. El 0,5% de los que buscan empleo en Infojobs lo son.

La mala noticia es que los expertos no creen que tener un community sirva de nada, sino que la innovación debe estar entreverada en la cultura de la compañía. Desde el director general hasta el becario, todos deben ser “embajadores sociales” de la empresa en Internet.

Así, sí

– Caja Navarra (twitter.com/cajaNavarra). Estudiada en las escuelas de negocios de todo el mundo como modelo, lo primero que piden a sus nuevos clientes es su identidad en redes sociales, para que un equipo de gestores les ayude a operar a través de Twitter, Facebook, Skype o Messenger. Y al revés, uno tiene desde el primer minuto el nombre, los apellidos, el perfil real en Facebook y el número de móvil del que le va a manejar las cuentas. Y sin tener que ir durante años a la sucursal de enfrente para lograrlos.

– CMT (twitter.com/cmtblog). La Comisión del Mercado de las Telecomunicaciones se ha esforzado por explicarse a todo el mundo a través de un blog y un Twitter donde incluso avisan de sus convocatorias públicas de empleo.

– Gabinete de la Secretaría de Estado de Comunicación (twitter.com/desdelamoncloa). Queda mucho para alcanzar a la Administración de Obama, pero su Twitter (abierto en julio de 2009) es un bonito gesto con los ciudadanos. Más de 86.000 seguidores lo agradecen.

– Dell (twitter.com/dellOutlet). Es el nirvana de las redes sociales para los directivos. Posee más de 3,5 millones de seguidores y, a través de un outlet online vía Twitter, la multinacional informática ha hecho la nada despreciable cifra de 6,5 millones de dólares.

Así, no

– Dell (buzzmachine.com/?tag=dell). La multinacional informática no siempre ganó millones mandando mensajitos de 140 caracteres. En 2005 sufrió el “Dell Hell” –una tremenda crisis de imagen que llegó a la prensa y afectó a sus ventas– cuando menospreció el enfado de un cliente, Jeff Jarvis, que resultó ser un popular blogger. Todo Internet se enteró y la empresa aprendió la lección.

– Nestlé (facebook.com/pages/Nestle/24287259392). En marzo de este año, Greenpeace denunció el uso de aceite de palma de esta empresa en sus productos. Los internautas empezaron a llenar su Facebook de críticas, y los community, en lugar de dejar pasar la crisis o responder a sus consumidores, avivaron el fuego discutiendo con ellos. La polémica se multiplicó.

– Comcast (www.youtube.com/watch?v=CvVp7b5gzqU). En 2005, la operadora norteamericana fue el hazmerreír de los internautas cuando uno de sus técnicos fue cazado por un cliente echándose una siesta en el sofá de su propia casa mientras debería estar arreglando una avería. El damnificado se vengó grabando un vídeo y subiéndolo a YouTube. Éxito inmediato.

– CNN. En octubre de 2008, alguien utiliza la página de noticias ciudadanas de la CNN (iReport.com) para extender el rumor de que Steve Jobs, alma máter de Apple, había sufrido un ataque al corazón. Resultaron dañados Apple (cuyas acciones se desplomaron) y la credibilidad de CNN, y se abrió el debate sobre el rigor del periodismo ciudadano.

lunes, 27 de octubre de 2014

Instantáneamente... 18


Sahin Kaygun, Nude, 1983
El museo Westlicht de Viena ha salvado de la dispersión la colección Internacional Polaroid: miles de obras de artistas, conocidos o no, que son la mejor prueba del tirón que tuvo y tiene la marca.

domingo, 26 de octubre de 2014

sábado, 25 de octubre de 2014

Portada que satiriza el capitalismo...


'Fortune' rechaza una portada que satiriza el capitalismo de EE UU

La revista desestima la ilustración que encargó al historietista Chris Ware por su retrato ácido de los excesos financieros

Le encargaron una portada y les ha dado un implacable retrato del capitalismo. La revista Fortune pidió al historietista Chris Ware, el celebrado autor de Jimmy Corrigan, el chico más listo del mundo, que ilustrara la portada de su número 500. Pero el resultado no les ha convencido. Ware ha firmado una sátira en la que muestra unos Estados Unidos dominados por las grandes empresas, que siembran el desorden social y expolian el dinero del contribuyente. Ante semejante aldabonazo al credo capitalista, la dirección de la revista que elabora la lista de las mayores empresas de EE UU ha preferido no publicar la imagen y ha elegido una más "correcta".

La composición de Ware exhibe abundantes detalles que arremeten contra los excesos financieros del capitalismo desbocado. Presiden la imagen tres grandes rascacielos con la forma del número 500 que se alzan sobre el mapa de Norteamérica. En las azoteas, varias figuras de consejeros delegados bailan y brindan con vino mientras grúas y helicópteros recogen y elevan cargamentos de dinero hacia las alturas. Abajo, se desata el caos. En el centro del mapa, una tetera en ebullición con forma de elefante alude al Partido Republicano es adorada como un tótem. A su alrededor, varias figuras parecen celebrar la escena. Siguen referencias al oráculo económico y financiero Warren Buffet (que posee una de las mayores fortunas del planeta) y al casino de acciones y bonos de la ruleta financiera , a las subprimes y a la especulación inmobiliaria en Florida. Al norte, un montón de automóviles volcados recuerda el hundimiento de la industria automovilístca.

Más al sur, pasada la alambrada de la frontera y ya en territorio mexicano, se muestra una Fábrica de exploitación (sic), con trabajadores sometidos a condiciones de trabajo extremas. Mientras tanto, un helicóptero expolia el dinero del contribuyente reunido en el Tesoro (Hacienda) de Estados Unidos, con el probable destino de rescatar a los especuladores de Wall Street tras el colapso de la economía. Más allá del océno, se otea la hacienda de Grecia, completamente vacía. Al oeste, China exporta productos a Estados Unidos que son vendidos por las voraces cadenas de distribución. En fin, Ware no deja títere con cabeza. Más de lo que ha podido digerir la corrección financiera de Fortune.

viernes, 24 de octubre de 2014

jueves, 23 de octubre de 2014

Tan valiente es el que sufre...

Tan valiente es el que sufre con constancia las penas del alma, como el que se manifiesta firme ante la metralla de una batería. Abandonarse al dolor sin resistir, matarse por substraerse a él, es abandonar el campo de batalla antes de haber luchado. 
 - Napoleón I

miércoles, 22 de octubre de 2014

Los hombres se suicidan, las mujeres lo intentan...


Los hombres se suicidan, las mujeres lo intentan

Las muertes voluntarias masculinas triplican las femeninas. La desproporción se atribuye a factores genéticos y biológicos. En 2008 hubo más fallecidos por esta causa que por el tráfico

En el mundo se suicidan cada día unas 2.700 personas y lo intentan otras 54.000. Al menos esas son las estimaciones de la Organización Mundial de la Salud (OMS), a partir de las cifras oficiales recogidas en los cinco continentes y que no incluyen África ni algunos países asiáticos. Lo que nadie discute es que el suicidio es la primera causa de muerte violenta y que esas cifras superan a la suma de las víctimas mortales de todas las guerras y los homicidios que se producen en el planeta. Se trata de un fenómeno que aumenta año tras año y ese motivo ha llevado a la OMS a estimar que en 2020 habrá aumentado un 50% el número de personas que se quitan la vida.

En el caso de España, los últimos datos oficiales revelan que en 2008 hubo 3.457 suicidios, una cifra que por primera vez supera a los fallecidos en accidente de tráfico (3.021). Eso significa una media de nueve suicidios diarios. Llama la atención que de ese total, el 77,4% fueron hombres (2.676), frente a 781 mujeres.

El Instituto Nacional de Estadística constata que esa proporción de tres a uno es idéntica en todas las provincias y comunidades, y muy similar a la de la Unión Europea y a la de la inmensa mayoría de los países del mundo. Otra cosa es la tasa de suicidios, que en España se sitúa en 7,58 por 100.000 habitantes, muy por debajo de la media europea. Entre los 10 países con mayor índice de suicidio en el planeta, cinco son miembros de la Unión Europea (Lituania, Hungría, Eslovenia, Bélgica y Finlandia).

¿Por qué se suicidan tanto los hombres? No es una pregunta de respuesta rápida. Los especialistas llevan años conviviendo con esa realidad, pero existen pocos estudios rigurosos para responderla. "Es verdad que los hombres se suicidan tres veces más que las mujeres, en España y en Europa, pero también se sabe que las mujeres intentan quitarse la vida tres veces más que los hombres porque viven con una presión tres veces superior", explica la psiquiatra Carmen Tejedor, una de las voces más autorizadas de España para hablar del espinoso y complejo tema del suicidio. En 2005, Tejedor fue la impulsora del primer plan de prevención del suicidio que se aplicó en España. Fue en el hospital Sant Pau de Barcelona y cinco años después ha logrado reducir las muertes en un 20%.

"La gran desproporción entre hombres y mujeres suicidas se debe a factores genéticos y biológicos. La testosterona les ha convertido históricamente en cazadores, les hace más impulsivos y más resolutivos", explica Tejedor. A eso se unen factores socioculturales e incluso morales. "El suicidio masculino está visto como una cuestión de honor, lo que no ocurre con las mujeres. Su muerte se acepta menos y se tiende a pensar que si se quita la vida es porque es una mala madre. El suicidio femenino supone el reconocimiento de que la tribu no la ha protegido", razona la psiquiatra. La excepción a esa norma de tres suicidios masculinos por uno femenino es China, donde las mujeres se suicidan el doble que los varones. Tejedor lo atribuye al rol social que tiene la mujer en aquel país.

"Los varones eligen un método mucho más mortífero y resolutivo", apunta Javier Jiménez, psicólogo clínico y presidente de la Asociación de Investigación, Prevención e Intervención del Suicidio. Los datos oficiales revelan que la mitad de los suicidas en España (1.723 de 3.457) emplearon el ahorcamiento o la estrangulación. De ellos 1.426 fueron hombres y 247 mujeres. El segundo método más empleado fue saltar al vacío desde un lugar elevado (705 casos) y con armas de fuego se quitaron la vida 194, de las que 186 fueron hombres.

"Que no se diga que ellas mueren menos porque solo quieren llamar la atención. No es verdad. Se quieren suicidar, pero no lo logran", dice el psicólogo Jiménez. Más contundente se muestra su colega. "Una persona no se juega la vida en el intento solo por notoriedad. Esa explicación del finalismo histérico para explicar el suicidio es no entender nada. Hablar de teatro en esos casos me parece, cuando menos, sádico, porque lo que es en realidad es una ruleta rusa", asegura Tejedor.

Esta psiquiatra ha tratado a centenares de personas con tendencias suicidas durante su carrera profesional y también ha asistido al entierro de muchos de ellos. "Son personas profundamente desgraciadas porque su único pensamiento esencial es la muerte. Las ganas que tienen de morirse son inversamente proporcionales a la felicidad que sienten". Por eso, añade, cuando esos pacientes acuden a su consulta y los encuentra animados, Tejedor constata que tienen muchas ganas de seguir viviendo.

Otra forma de suicidio en ambos sexos es el envenenamiento autointencionado por medicamentos o drogas (217 en el caso de los hombres y 137 en las mujeres). "Los fármacos son un gran avance para la humanidad, pero pueden resultar mortíferos mezclados con unos cubatas. Los venenos caseros están más al alcance de las mujeres", razona Tejedor.

"El suicidio es una pérdida inútil. Es el reconocimiento del fracaso de toda la sociedad, del sistema médico, laboral, del entorno familiar. Da mucha vergüenza hablar de él porque siempre queda la sensación de que se podía haber hecho algo más para evitarlo", explica Miquel Orós, un médico forense con 25 años de experiencia que durante más de una década formó parte de un grupo de facultativos del hospital de Bellvitge dedicado al estudio bioquímico de las patologías cerebrales. Ha tratado a centenares de pacientes y sostiene que la principal causa que lleva al suicidio es la depresión, la soledad y la falta de comunicación en la que están sumidas miles de personas.

"Suicidarse no es fácil. Para quitarse la vida hay que tener una gran capacidad de razonamiento", asegura Miquel Orós. La doctora Carmen Tejedor también transmite un respeto por esas personas, muy alejado del tópico social, que los considera cobardes. "Los suicidas son personas tremendamente desgraciadas y el suicido es la muerte más desoladora que existe, muchísimo más que un cáncer terminal", concluye.

En el caso de los hombres, añade Orós, la alta proporción de suicidios también tiene que ver con que son más introvertidos. "A nosotros nos cuesta mucho comunicarnos. Muy pocos hombres admiten que se encuentran mal y que necesitan ayuda". En este sentido, Jiménez recuerda que más del 90% de sus pacientes son mujeres. "Cuando sufren una depresión ellas son más conscientes y no ven al psicólogo o al psiquiatra como un extraño. Los problemas hay que descargarlos de manera constructiva. Si no, explotan y las consecuencias pueden ser tremendas".

El tema del suicidio sigue yendo aparejado todavía a prejuicios sociales, éticos y morales. Es un tema del que no se habla con normalidad y provoca mucho pudor, hasta el punto que algunas religiones aún lo consideran pecado. En España, por ejemplo, hasta 1983 la Iglesia católica privó del rito funerario y de la sepultura eclesiástica a los suicidas, que tenían un enterramiento diferenciado. "¿Por qué causa tanto rechazo el tema del suicidio?", se pregunta Tejedor. "Porque es un fenómeno desconocido. Se trata de un acto voluntario en el que siempre se tiende a buscar un culpable: el jefe de France Télécom, la familia, la mujer, el marido, los hijos que les han abandonado. Siempre se hace un juicio paralelo y se acaba escondiendo esa muerte". "No hay nada peor para un padre que el suicidio de un hijo", explica Orós, quien no puede dejar de evocar el caso de una paciente que se acabó quitando la vida después de tres años de tratamiento. El desencadenante fue la absolución de su vecino, denunciado por violación. "Es un claro ejemplo del fracaso de todo el sistema", añade. "Por eso se rehúye siempre el tema", dice.

Uno de cada cuatro suicidios que se producen en el mundo lo protagonizan menores de 25 años. "Me cuesta mucho más entender que un chaval de 15 años se quite la vida por un desengaño amoroso que no un anciano que vive solo", explica Jiménez, aunque la doctora Tejedor recuerda que "las tormentas emocionales en la adolescencia son mucho peores que las de la vejez porque, además, existe mayor consumo de sustancias tóxicas". Lo que rechaza de plano la psiquiatra es ese manto de silencio de los medios con el tema. "Nadie se cree eso del efecto llamada. Decir que no se habla para no provocar más víctimas no tiene sentido", asegura.

La tasa de suicidios se va incrementando con la edad. En los hombres de entre 15 a 19 años es de 2,55 por cada 100.000 habitantes; de 20 a 24 años asciende a 7,8 y entre los 90 y los 94 años, la tasa es superior a 47 muertes. Lo que sí es común en ambos sexos es que la mayor proporción tienen entre 40 y 45 años. ¿Por qué? Javier Jiménez afirma que "no se puede generalizar, no existe una única razón. Es un simplismo decir que el hombre se suicida porque ella es una víbora que le ha dejado sin piso y sin ver a los niños. Igual que decir que la mujer se quita la vida porque él la maltrata. Nunca existe un único motivo". Lo decisivo, en su opinión, es el carácter, la actitud ante la vida y, sobre todo, el entorno. "Si te quedas en paro, pero tienes un colchón profesional, amigos y familia, no te matas".

Las cinco causas

Cinco son las causas que pueden empujar a una persona al suicidio, explica la psiquiatra Carmen Tejedor. La más frecuente es sufrir un trastorno mental por depresión, esquizofrenia o adicción a las drogas. Le sigue el tener pensamientos suicidas o haberlo intentado, y el tercer motivo es padecer una enfermedad dolorosa o crónica.

Sufrir las consecuencias de un acontecimiento personal duro de digerir, como la muerte de una familiar o la ruptura matrimonial, también llevan al suicidio. Finalmente, el aislamiento social y la falta de arraigo es otra causa desencadenante. "Y eso puede estar motivado por ser inmigrante, o gay, o anciano que vive en una sexta planta sin ascensor", explica Tejedor, que se muestra escéptica con las estadísticas oficiales. "Creérselas forma parte de la ingenuidad humana". Y se explica. "Si en Madrid hay muy pocos suicidas es porque no los registran, pero, por ejemplo, en Palencia, que son tres y el de la gorra, no se pueden esconder".

Efectivamente, para el Instituto Nacional de Estadística (INE) solo constan 178 suicidios en 2008 en la Comunidad de Madrid, por detrás de Galicia o Canarias, con mucha menos población. La lista la lidera Andalucía, con 813 suicidas, seguida de Cataluña, con 424.

Todo eso plantea la cuestión polémica del suicidio encubierto y de la tendencia de los poderes públicos a ocultarlo. El psicólogo Javier Jiménez afirma que "hay muchos suicidios que pasan por accidentes". Como ocurre en todos los ámbitos, depende de cómo y quién contabilice. Para el INE, por ejemplo, en Extremadura hubo 78 suicidios en 2008. Segun el Instituto de Medicina Legal de aquella comunidad fueron 96.

Perfil del suicida en España

- Hombre y español. El 77,4% de las personas que se quitan la vida (2.676) son de sexo masculino y el 80% del total son de nacionalidad española. Los suicidas extranjeros en 2008 fueron 291.

- Entre 35 y 55 años. En esa amplia franja de edad se concentra más de la tercera parte de los suicidas (1.233), tanto en hombres como en mujeres. El subgrupo más numeroso oscila entre los 40 y los 45 años (341 personas).

- A más edad, más tasa. La tasa de suicidios por 100.000 habitantes entre los varones aumenta con la edad, cosa que no ocurre con las mujeres. Entre los 25 y los 29 años es de 9,1, de los 65 y los 69 se sitúa en 18,4 y entre los 90 y los 94 años la tasa es de 47,6.

- Estrangulado o ahorcado. Es, con mucha diferencia, el método más empleado por el conjunto de los suicidas (1.723). Le sigue el salto al vacío desde un lugar elevado (705). Las mujeres optan más por esta segunda forma (254), frente a la primera (247), así el como el envenenamiento con cualquier sustancia (137).

- Disparo con armas de fuego. Es una forma de suicidio abrumadoramente masculina. La emplearon 186 hombres frente a solo ocho mujeres.

lunes, 20 de octubre de 2014

No puedo escuchar mucho a Wagner...

No puedo escuchar mucho a Wagner porque enseguida me entran ganas de invadir Polonia 
 - Woody Allen(Manhattan murder mystery, 1993)

domingo, 19 de octubre de 2014

Futuro pluscuamperfecto...


Futuro pluscuamperfecto

¿Cómo imaginaban hace 50, 60, 100 años que íbamos a vivir en 2000, 2010, 2011? Volando, comiendo píldoras, de vacaciones en Marte. El paleofuturo es un curioso ejercicio de revisión que se ha puesto de moda.

Quién de ustedes –si tiene cierta edad– de pequeño no creía que de mayor se desplazaría por los aires con una mochila reactor, se saciaría con píldoras de chuletón concentrado, veranearía en la Luna, viviría en ciudades jardín con aceras deslizantes y tendría un mayordomo robot que haría todo en casa?

Cuesta creerlo, pero esas expectativas que hoy suenan fantásticas fueron moneda corriente a lo largo del siglo pasado. Nos las inculcaban la divulgación científica, las series de televisión, las ilustraciones de la revista Life, las películas de ciencia ficción, los anuncios publicitarios, los planes de colonización espacial de la NASA y los pronósticos de los expertos más eminentes.

Durante décadas nos bombardearon con pistolas de rayos láser que reemplazarían a las armas de fuego, automóviles que se conducirían solos, naves espaciales que surcarían el Sistema Solar en un suspiro, aviones supersónicos que unirían Europa y Nueva York en tres horas y media. La curación del cáncer estaba garantizada, al igual que una longevidad de Matusalén para todos. Y los bebés, por supuesto, vendrían diseñados de antemano conforme al deseo de sus padres.

¿Quién se acuerda hoy del porvenir radiante que auguraba Nuestro amigo el átomo, el cortometraje encargado por el Gobierno estadounidense a la Factoría Disney para convencer a los niños de que “el átomo es nuestro futuro”, pues nos daría una energía barata, limpia e inagotable?

En resumidas cuentas, los mañanas prometedores nunca llegaron y cayeron silenciosamente en el olvido. Allí permanecieron hibernando durante años, hasta que el paleofuturismo se fijó el cometido de rescatarlos de las hemerotecas y filmotecas.

El término ‘paleofuturismo’ lo acuñó el estadounidense Matt Novak, editor de la revista electrónica Paleo-future. La inspiración la recibió de una visita a Epcot, el centro consagrado a la innovación puntera en Orlando (EE UU): “Era un niño y sin embargo tuve la sensación de que esas visiones del mañana estaban obsoletas”. La impresión le llevó a hacer de su blog un museo virtual de futuros con olor a naftalina.

Novak no es el primero en fascinarse con la arqueología de los futuros que no se concretaron. Desde hace tiempo se acumulan estudios dedicados a las utopías modernas y las ferias universales, volcadas en escenificar las maravillas que encerraba el porvenir. Por su lado, la corriente estética del retrofuturismo desató en el cine, la historieta y la arquitectura un furor por las descripciones de los futuros caducos y su tecnología arcaica. Pero la repercusión mediática del blog de Novak indica que el interés por la futurología fallida ha trascendido el mundillo de los especialistas y ha desatado la devoción por reliquias entrañables como las prendas metalizadas al estilo astronauta, helicópteros familiares, cirujanos robot, hoteles espaciales, ciudades dentro de cúpulas, hogares controlados por botones, estadios de fútbol con gravedad cero y prodigios del estilo.

¿Cómo no enternecerse ante el aire rematadamente doméstico de muchas de esas previsiones? Un ejemplo: el vídeo de 1967 de la compañía Philco sobre la cocina de 1999. Frente a una consola, el ama de casa consulta por videoconferencia con su marido y su hijo los menús sugeridos por la cocina robot, y su contenido calórico. Acto seguido, pulsa varios botones en un gran horno microondas, y cuando padre, madre y niño se sientan a la mesa, del aparato salen tres bandejas con sendas raciones calientes.

El paleofuturismo es una forma de moda retro. Ya se sabe: en la moda, el pasado siempre retorna. Pero los futuros pasados regresan solo como moda; en los demás aspectos brillan por su ausencia: los helicópteros privados son prohibitivos, la cirugía sigue a cargo de médicos de carne y hueso, los turistas espaciales se cuentan con los dedos, el robot doméstico más versátil es la Thermomix y no sirve de ayuda con la colada, el cáncer dista de haber sido vencido, y ni el GPS nos libra de atender el volante si no queremos estrellarnos.

En ocasiones, las predicciones dieron en la diana: el sueño de 1967 de “hacer la compra con la punta de los dedos” se materializó en el comercio electrónico. Pero en muchos campos hicieron gala de una extraordinaria miopía. Aferradas a la idea de que los ordenadores seguirían siendo armatostes atendidos por equipos en batas blancas, no anticiparon el PC. Tampoco tuvieron el menor atisbo de Internet o de la miniaturización de componentes (los futuros pasados padecían un gigantismo galopante: todo –los edificios, las máquinas, las autopistas, los satélites– debía tener dimensiones enormes).

tampoco acertaron en lo social. Desbordaban de fantasía tecnológica, pero en los restantes aspectos no se apartaban de la pauta dominante. Ninguna vislumbró, por ejemplo, nada semejante al matrimonio gay. Los paleofuturos se centraban exclusivamente en la familia heterosexual de raza blanca (padre y madre, dos hijos, perro y vehículo propio, para más señas), y sin salirse de los roles tradicionales: podían pergeñar los más sofisticados autómatas hogareños, pero siempre al servicio de una mujer encargada de los hijos.

Por fortuna, tampoco se cumplieron las perspectivas más tenebrosas, que las había y en cantidad. Las computadoras no se han adueñado del mundo. Los robots no han enloquecido. Los científicos locos no han aprendido a fabricar ejércitos de clones esclavos. La explosión demográfica no ha desatado hambrunas. El apocalipsis nuclear no se produjo, ni, en consecuencia, el mundo se ha visto asolado por mutantes caníbales.

La imaginación futurista erró en lo bueno y en lo malo. ¿Por qué tanta ceguera? Los obstáculos técnicos imprevistos tuvieron mucho que ver. La energía nuclear no está exenta de riesgos, como probó trágicamente Chernóbil, ni resultó tan barata como aseguraban y trajo el problema de los residuos radiactivos. Los robots más sofisticados son aún demasiado patosos para hacer de mucamos. Y la automatización del tráfico ha planteado a la ingeniería un reto todavía insuperable.

Por motivos similares se incumplieron las promesas de la era espacial. En 1969, la NASA, eufórica por el éxito de la carrera lunar, auguró que en 1985 pondría un astronauta en la superficie de Marte, y en 1989, 48 hombres vivirían en el planeta rojo y otros 24 en órbita. La realidad es que apenas ha podido llevar a esos parajes algunos vehículos robots de escasa autonomía. De los escollos con los que chocaron los pronósticos dan una muestra las vicisitudes de las estaciones orbitales. Las calamidades sufridas por la base rusa Mir y los retrasos en la construcción de la Estación Espacial Internacional desnudan la fragilidad de los planes de expansión cósmica.

El factor económico también desempeñó un papel. Los aviones supersónicos resultaron poco rentables, a juzgar por la experiencia del Concorde. Otros previsiones eran puras fantasías sin sustento: las mochilas reactor, por ejemplo, no podrían llevar combustible más que para 40 segundos de vuelo.

Tampoco previeron el rechazo social a ciertas innovaciones. La industria química fantaseaba con que los productos sintéticos proveerían la materia prima del mañana. Los materiales naturales tendrían los días contados: la formica sustituiría a la madera; el vinilo, al mármol; el nailon, al algodón, y plásticos especiales reemplazarían al acero y al vidrio. Nadie pensó que las fibras sintéticas caerían en desgracia, tornándose en paradigma de lo superficial y falso. “A comienzos de los ochenta despegó el movimiento de regreso a la naturaleza y la indumentaria de origen químico pasó completamente de moda”, explica Susannah Handley, autora de Nailon, una historia de las fibras sintéticas. “Las fábricas de tejidos de poliéster cerraron sus puertas una tras otra, salvo las que se reciclaron para producir filtros de cigarrillos, botellas de gaseosas o sacos de dormir”. Para esquivar la mala fama del nailon, los fabricantes cambiaron el nombre por el de poliamida.

Con la alimentación ocurrió otro tanto. Según los pronósticos, a estas alturas nuestros almuerzos se resolverían con un cóctel de píldoras alimenticias. Sin embargo, “la contracultura la tomó contra los alimentos procesados al declararlos el símbolo de todo lo malo de la civilización industrial”, dice el ensayista estadounidense Michael Pollan, un conocido defensor de la comida saludable. “Como antídoto contra la comida de plástico aportada por la agroindustria, promovió los alimentos orgánicos. De la noche a la mañana, la comida en píldoras pasó de ser un símbolo de progreso a emblema de la reacción”.

A fin de cuentas, era la confianza casi mágica en los poderes de la ciencia y la técnica lo que alimentaba el ingenuo optimismo que rezuman esos cuadros. Pero, al tratarse de anticipaciones producidas por los medios de comunicación para públicos masivos, se adaptaban a los valores y prejuicios dominantes. Además, tras la Segunda Guerra Mundial, Estados Unidos monopolizó la imaginación futurista y se volvió la “patria del mañana”, un mañana reducido a versiones idílicas y automatizadas del American way of life.

“Las imágenes de futuro son reflejo de la época en que se crearon”, expresa Novak. “Los años cincuenta son considerados la edad dorada del futurismo americano. En esa década, las ideas tecnoutópicas a veces parecían reconciliar un futuro de plástico brillante con las ideas más tradicionales de glamour y sueño americano”.

Que la mezcla cuajó lo evidencia su difusión por el mundo occidental, que aceptó ese imaginario como suyo. En España, junto con el Pato Donald, Elvis y las Selecciones del Reader’s Digest, incorporamos a nuestra cultura las tostadoras láser, los cruceros atómicos y las colonias espaciales. Esta dependencia tiene su explicación: “En Europa, el debilitamiento de la imaginación futurista y del pensamiento utópico creó un vacío que fue colmado por las fantasías generadas por las marcas comerciales y las industrias culturales de origen estadounidense”, observa Daniel Innerarity, catedrático de Filosofía de la Universidad del País Vasco.

Del envejecimiento precoz de los futuros de antaño ha quedado registro en el cine de ciencia ficción. En La guerra de las galaxias (1977), las espacionaves –un icono futurista donde los haya– pierden su aspecto bruñido e inmaculado para semejarse a viejas y cochambrosas instalaciones industriales. Blade runner (1982), el clásico del retrofuturismo, conjuga un escenario oxidado con las trincheras, hombreras y esmóquines de los años cuarenta.

La televisión no tardó en lanzarse a explorar las antiguallas del porvenir. Quizá la obra más representativa del talante irónico que impregna al paleofuturismo sea Futurama, la obra de animación ideada por Matt Groening. La desternillante creación del autor de Los Simpsons ofrece la réplica mordaz al futuro consumista y optimista de la serie infantil de los sesenta Los Supersónicos. En lugar de una familia bien integrada, tenemos una pandilla de vagos y frikis –algunos de ellos mutantes o robots– que se las apaña para sobrevivir en el siglo XXXI entre continuos fallos tecnológicos.

El marchitamiento de las ilusiones futuristas es resultado de la evolución histórica, explican los analistas. “En los años cincuenta phttp://www.blogger.com/img/blank.gifrimaba la sorpresa ante la novedad de la energía nuclear y la electrónica de consumo”, comenta Vivian Sobchack, profesora de estudios fílmicos en la Universidad de California. “En los ochenta perdieron su carácter estimulante. Era la hora de las reconversiones de industrias obsoletas y la decadencia de muchas ciudades americanas. A partir de los noventa surge la nostalgia por las expectativas familiares y cándidas de ayer”.

Tal vez haya que resignarse al desfase entre lo imaginado y lo que finalmente se hace presente. El mañana es un horizonte temporal, y el horizonte, dice el diccionario, es una línea imaginaria que se aleja a medida que nos acercamos a ella. No deberíamos afligirnos por esto, advierte Innerarity: “¿Cómo sería una sociedad sin un archivo semejante, un mundo en el que se ha llevado a cabo todo lo que se soñó? Sería una sociedad terrible, sin capacidad innovadora”.

viernes, 17 de octubre de 2014

A las cuatro de la mañana...

A las cuatro de la mañana nunca se sabe si es demasiado tarde o demasiado temprano.
 - Woody Allen

jueves, 16 de octubre de 2014

Las grandes ciudades se suben a la bicicleta...


Las grandes ciudades se suben a la bicicleta

Más de 100 ciudades españolas tienen ya servicios públicos de préstamo - Falta conciliar su tránsito con el de los coches y con los peatones - Tráfico prevé declarar este transporte "preferente"

Manuel, de 31 años, ciclista habitual en una gran ciudad española, teme por su integridad cada vez que se echa a la calzada, sorteando coches, autobuses y socavones. A Carmen, que camina hasta su trabajo cada día, le indigna que vaya a cruzar una calle y un ciclista casi la arrolle porque no respeta el semáforo. Y Carlos, desde su coche, ve con simpatía las dos ruedas pero reconoce que acaban siendo una molestia y un peligro cuando circulan por la calzada. La cohabitación no está siendo fácil, pero aun así la bicicleta se abre paso en las grandes urbes a un ritmo imparable.

Es sostenible, humaniza las ciudades, combate el sedentarismo, suele ser divertido y, por si fuera poco, proporciona una grata sensación de libertad, argumentan sus defensores más fieles. Hasta no hace mucho había una decena de urbes españolas con sistemas de préstamo público de bicis, hoy cuentan con él más de 100 municipios. El avance es notable pese a que pocas ciudades están bien adaptadas para las dos ruedas. Casi 35 millones de españoles -9 de cada 10- saben montar en bici, 21 millones aseguran que disponen de una para uso personal, 15,5 confiesan que son usuarios con alguna frecuencia y 2,5 millones son habituales, casi a diario, de este medio de transporte. Lo dice el barómetro anual de la bicicleta en España, de julio de 2010, elaborado por la consultora Gesop. Y en cuanto a su perfil, los que más la utilizan son, según las encuestas, las personas con mayor nivel de estudios. También los extranjeros que residen en España.

Pero está lejos todavía de países como Holanda, Dinamarca o Francia, donde el uso de la bici está asumido. Además, a lo largo y ancho de la geografía española las situaciones son muy diversas. En Barcelona, el 2% de los desplazamientos que se hacen a diario se realizan en bicicleta. En San Sebastián son casi el 3%, al igual que en Zaragoza o Vitoria. Sevilla está a la cabeza de todas ellas, con más del 6% de los desplazamientos, mientras otras capitales como Madrid apenas tienen una cuota del 0,3%. En Valencia, donde el servicio de préstamo de bicis lleva solo unos meses, todavía no hay datos.

Y mientras estas ciudades no pasan de un dígito, en el centro de Amsterdam, por ejemplo, casi el 50% de los desplazamientos se hacen en bici, subrayan los activistas de este medio de transporte. Es un medio de futuro, pero falta convicción, opinan.

"Su despegue tiene mucho que ver con el movimiento medioambiental, pero también con la necesidad de hacer ejercicio físico, de sentirse bien", subraya Manuel Martín, portavoz de Conbici, coordinadora estatal a la que pertenecen 53 asociaciones de toda España. "Te lleva de puerta a puerta y es perfecta para los desplazamientos de entre siete y 10 kilómetros de distancia. Además, engancha", apostilla. A partir de esas distancias pierde competitividad frente al coche, salvo que haya una política de apoyo a la intermodalidad y la bici se pueda subir al metro o al tren.

Para Conbici, Sevilla es un ejemplo paradigmático por lo deprisa que se ha adaptado a los dos pedales. En tres años, los desplazamientos en bicicleta han pasado del 0,5% al 6,6% gracias a una red principal de carriles específicos de 80 kilómetros y a una ordenanza municipal comprometida. "Si hay voluntad política se puede hacer. Ni siquiera hace falta gran presupuesto", comenta José Antonio Salido, miembro del equipo de la primera Tenencia de Alcaldía de Sevilla, en manos de IU que gobierna esta ciudad en coalición con el PSOE. La red principal -los carriles bici están protegidos de los coches o bien son de uso compartido de bicis y peatones- ha costado 18 millones de euros. Las bicicletas pueden circular por todos lados menos por el monumental casco antiguo sevillano, donde en lugares como la calle Sierpes, los ciclistas se bajan del sillín y deben hacer el recorrido a pie.

Para que la integración de la bici en una gran ciudad sea exitosa, sentencia Salido, "es imprescindible poner primero la infraestructura de carriles porque si no es difícil que sobrevivan al tráfico diario". En reconocimiento a su experiencia, la capital andaluza ha sido sede este año del congreso mundial Velocity. "El objetivo es que en 2015 el porcentaje de desplazamientos en bici roce el 15% del total", propone Salido.

Otros espejos en los que mirarse son Barcelona o San Sebastián. Madrid, por el contrario, es la gran ausente en este nuevo mapa. En la capital estaba previsto un servicio de préstamo municipal de bicis, pero el proyecto se ha parado. "Mi impresión es que la clase política no cree en la bicicleta", interpreta Juan Merallo, activista de la asociación cicloturista madrileña Pedalibre y especialista en movilidad. Para los ciclistas la red de carriles bici de Madrid -unos 200 kilómetros, calcula Merallo- es inconexa, sobre todo por el centro de la capital. "Somos una isla, ya no en España sino en Europa", opina este miembro de Pedalibre.

No hay fórmulas mágicas para hacer compatible la circulación de coches, autobuses y bicis. Cada ciudad hace lo que puede. Sí es necesario, sin embargo, tomar una serie de medidas para facilitar la convivencia de todos. Un gran número de capitales, si no la mayoría, igual usan la calzada que las aceras para la circulación de las bicis. "Quien viaje a Amsterdam, capital ciclista por excelencia, verá que se comparten aceras y calzadas, depende del lugar", explica Martín. En unos casos los carriles bici están separados del resto del tráfico por un bordillo, en otros solo por una línea pintada en el suelo. También hay Ayuntamientos que prefieren desviar el tráfico de bicicletas por calles secundarias, donde la velocidad se limita a los 30 kilómetros por hora. En París o en Bruselas, la bici comparte el carril con autobuses... Sea cual sea la solución, estos vehículos no motorizados no transitarán con seguridad mientras no se pacifique el tráfico y se quiten coches de avenidas y rondas urbanas.

"Lo que los usuarios de la bici pedimos a las autoridades es continuidad en los carriles bici y seguridad", reclama el portavoz de Conbici. La sensación de peligro de un ciclista avezado es menor que la de un principiante porque minimiza los obstáculos con que se topa. Tiene menos miedo. Sí es un peligro para los adictos a las dos ruedas la diferencia de velocidades a la que circulan coches y bicis: si un coche va a 50 kilómetros por hora, la bici lo hace a 15 o 20 y en las intersecciones de calles este desfase puede ser fatal para el ciclista. La apertura de puertas de los coches sin mirar o los adelantamientos también son un riesgo. Otra pega que los ciclistas encuentran en las normas vigentes es que la bici es tratada igual que el resto de vehículos, cuando no es lo mismo. Se quejan de que las multas son iguales a las impuestas a coches, camiones o motos, por eso quieren que sus faltas se consideran leves, que no pasen de los 90 euros.

Y si en las calles buscan hacerse un hueco, en el Reglamento General de Circulación, también. La Dirección General de Tráfico está revisando este código y negocia un capítulo exclusivo dedicado a la bicicleta. La DGT lo anunció hace solo unos días en unas jornadas sobre movilidad celebradas en Córdoba. El reglamento se modificará este mismo año, con el objetivo de que la bici pase de medio de transporte "alternativo" a "preferente" en las ciudades. Las bicis podrán circular por las aceras de más de tres metros de ancho, por el centro de la calzada -como piden los lobbies ciclistas- y se incentivarán las calles con velocidades máximas de 30 kilómetros por hora, lo que facilitará el tránsito de los ciclistas. Hasta ahora, las bicicletas estaban "marginadas", ya que debían circular obligatoriamente por la derecha, reconoció el subdirector de Normativa de Tráfico, Ramón Ledesma. La reforma deja abierta la posibilidad de que los Ayuntamientos permitan la circulación de las bicicletas en el sentido contrario a la marcha del resto de los vehículos, algo que ahora está prohibido. Ayuntamientos como los de Valencia que, por ejemplo, prohíben el tránsito por las aceras ya han anunciado que una vez se reforme el reglamento se adaptarán a las nuevas normas. "El uso de la bicicleta es bueno para la movilidad y para reducir la contaminación", asumió Ledesma en pleno debate en España sobre cómo contener las emisiones nocivas en las urbes más congestionadas por el tráfico rodado.

"Queremos que se tenga en cuenta la idiosincrasia de este medio de transporte, ya que en estos momentos es un vehículo más", pide la coordinadora Conbici. Los ciclistas quieren circular por el centro del carril y no verse arrinconados a la derecha del vial, donde se pegan con bordillos, socavones y otras irregularidades del pavimento. Quieren que se generalice la restricción de velocidad a 30 kilómetros hora en calles secundarias. "Sabemos que es difícil en la Castellana, en Madrid, pero no en vías secundarias cercanas", añade. Muchos Ayuntamientos no ven con simpatía estas cesiones y recelan de que los ciclistas compartan calzada con los autobuses por temor a retrasos en el servicio y a las quejas de los usuarios.

"Queda mucha pedagogía por hacer", reconoce Merallo, preocupado como el resto de asociaciones por desterrar la mala imagen del ciclista. En la calzada, los coches ven las bicis como un estorbo y en las aceras, los peatones igual. En este sentido, no les ha gustado nada, por ejemplo, algunas campañas televisivas de Tráfico donde se da por sentado que los niños solo pueden ir al cole en coche. "Londres ha hecho mucho en este sentido; en las campañas publicitarias, por ejemplo, usar la bici es de personas responsables. El alcalde da ejemplo y la usa", cuenta Merallo.

En México, otro lugar al que ha llegado el servicio de préstamo de bicis, los concejales se echan a la calle de vez en cuando a pedalear. En España, los movimientos pro bici, que han funcionado hasta ahora a golpe de voluntarismo, se han aliado con artistas como Cristina Rosenvinge o Belén Moneo, usuarias habituales de la bicicleta, para hacerla más popular. Otro de sus retos -tienen una campaña diseñada para ello- es conseguir en 2015 un millón más de ciclistas por las calles. Se verá.

Sostenibles y rentables

A pesar de las dificultades, pocos discuten que el ciclismo urbano está en auge. Si Londres ha apostado decididamente por este medio de transporte y acaba de estrenar unos supercarriles bidireccionales pintados de un intenso azul, y París se ha adaptado en poco tiempo a este medio de transporte, España, por su clima y su orografía, tiene unas condiciones de partida envidiables.

"En Barcelona hay el doble de viajes en bici que antes de implantar el Bicing", explica Alberto Cáceres, director general adjunto de Clear Channel en España, la multinacional que gestiona el servicio de préstamo en la capital catalana y en Zaragoza. En esta ciudad ruedan 1.000 bicis y se han instalado 100 estaciones. El Bicing abrió en Barcelona en 2007 y hoy dispone de 6.000 bicicletas y 419 estaciones. El ritmo actual es de 2.800 altas de media mensual. "Cada mes", añade Cáceres, "estas bicicletas recorren más de dos millones de kilómetros", Por el modelo de Bicing se han interesado ciudades como Buenos Aires, Sydney, Washington, Nueva York, Berlín o Tokio, presume esta multinacional especializada en publicidad y servicios ciudadanos.

JCDecaux, la otra gran compañía del sector, es responsable de los servicios de préstamo en capitales como Córdoba, Gijón, Sevilla, Santander y Valencia. "Por España circulan ya 5.000 bicicletas de JCDecaux, con 438.156 abonados y más de 17 millones de usos hasta ahora", señala un portavoz.

En ambos casos, el sistema funciona mediante un sistema de abono, diario o semanal, que funciona a todas horas. Esta multinacional prevé que la demanda crezca: "Lógicamente durante la crisis los ciudadanos usan más los transportes públicos, por lo que el uso de la bicicleta pública aumentará, ya que es barato y limpio". Responsable del servicio Vélib, en París -con 20.600 bicicletas y 1.451 estaciones-, destaca el ahorro en las emisiones de dióxido de carbono que supone el uso de la bici.

miércoles, 15 de octubre de 2014

martes, 14 de octubre de 2014