sábado, 2 de agosto de 2014

viernes, 1 de agosto de 2014

¿De verdad esto lo arreglamos entre todos?


¿De verdad esto lo arreglamos entre todos?

- El pesimismo agrava la crisis igual que la euforia y la sensación de riqueza engordaron la burbuja

- Mejorar el humor económico es clave para salir de la recesión, pero no basta una campaña


Dicen algunos comerciantes que cuando gana el equipo de fútbol local, sus ventas se benefician. Alguno cuenta que cuando el Barça se hizo con la Champions League el año pasado, se notó en la caja registradora. Como cuando llega la primavera o se celebra una fiesta mayor en la ciudad y las calles se llenan de gente con ánimo festivo. El día que el gigante textil sueco H&M presentó unos buenos resultados económicos, el 28 de enero, el valor en Bolsa de su rival española Inditex, el propietario de Zara, empezó a subir por la confianza que mostraron en ella y en el conjunto del sector los inversores, pese a que Inditex no había publicado una sola cifra ese día.

Cuando vienen bien dadas, la economía dibuja círculos virtuosos. La gente gasta, las empresas venden, los bancos les prestan dinero y se atreven a invertir y crear empleo, con lo que todo el mundo piensa que las cosas van bien y se sigue gastando cada vez más, vendiendo cada vez más... El problema es cuando ese mismo círculo se vuelve vicioso, y las fichas de dominó se vuelcan en sentido contrario. A la crisis económica que lleva dos años castigando España, le acompaña desde el principio su propio fantasma, la psicosis de esa crisis, que agrava el declive del mismo modo que la euforia contribuyó a la burbuja durante la bonanza.

El consumo de los hogares comenzó a aflojar a finales de 2007, antes de que los indicadores económicos diesen carta de naturaleza a lo más grave de la crisis.

A mediados de 2008, cuando aún no se había entrado en recesión, el comercio anotaba grandes caídas, del 20% al 40%, en moda, muebles o automóviles, muy castigados por la sequía de crédito. El gasto de las familias es la locomotora de la economía española, supone el 57% del producto interior bruto (PIB). Y el Índice de Confianza del Consumidor, que elabora el Instituto de Crédito Oficial, muestra que la confianza de los españoles se derrumbó a mediados de 2008, antes de que la economía entrase en recesión y que, desde inicios de 2010, ha vuelto a bajar, pese a que el declive económico se está conteniendo.

"Los factores psicológicos son muy importantes a la hora de agravar tendencias, aunque desde luego los factores de fondo son otros. En la bonanza, lo que había eran tipos de interés muy bajos, crédito fácil y toda una serie de incentivos para inversores... A todo esto se añadió la euforia", reflexiona Xavier Vives, catedrático de Economía de la Universidad Pompeu Fabra, profesor de IESE y miembro del instituto alemán para la investigación económica IFO.

La Confederación Española de Comercio hizo una encuesta al acabar el año 2009 a sus asociados. Para el 60% de ellos las ventas habían sido "malas o muy malas" y la mitad lo atribuía especialmente al "pesimismo o la desconfianza". Para el secretario general de esta patronal, Miguel Ángel Fraile, "la mitad de la bajada no se debe a problemas económicos reales, sino al pesimismo, ahora sólo falta confianza para salir adelante". En plena crisis, con cuatro millones de parados y una bajada de la renta disponible en los hogares, la tasa de ahorro se elevó a un 18,7% hasta el pasado mes de septiembre, el nivel máximo logrado desde 2000.

Lo que ha quedado atrás es una época de consumismo feroz, motivado por múltiples factores como la subida de la renta y la facilidad del crédito, pero decisivamente influido también por la psicología, por la sensación de riqueza. José García Montalvo, catedrático de Economía Aplicada de la Universidad de Barcelona (UB), lo describe bien: "Se produjo una exteriorización de ese estado de ánimo. La gente no sólo pensaba que su casa valía tanto, sino que se lo comentaba a sus amigos y eso iba creando el relato. Pensaba: 'Si mi casa tiene un valor de un millón de euros, ¿por qué no me voy a poder comprar un Porsche Cayenne?' El problema es que el valor de esa casa, hoy derrumbado, no servía de mucho si la necesitabas para vivir". El efecto riqueza aúpa el consumo: algunos estudios del Banco de España apuntan que por cada euro extra, sube de siete a 12 céntimos, pero el problema surge si ese euro no es líquido.

Ahora, el efecto es contrario. ¿Por qué mucha gente consume menos pese a que no ha perdido el empleo? "Pues porque se sabe menos rico, su casa vale menos, y reduce el consumo incluso aunque sea funcionario. Luego está el que tiene miedo al paro, lógico, porque en esta crisis las probabilidades de perder el empleo han crecido", agrega Montalvo.

Son reacciones individuales, en el fondo, muy racionales, pero multiplicadas por miles de españoles generan una desconfianza que sí es superior, se retroalimenta, y la profecía se cumple.

Esta teoría es la que ha llevado al Consejo de Cámaras de Comercio a lanzar una campaña en los medios de comunicación con el apoyo de 18 grandes empresas en la que famosos y anónimos animan a los españoles a recuperar eso, la confianza, a trabajar entre todos para salir adelante: "Llevamos demasiado tiempo viendo en todas partes lo mal que está todo. Es casi lo único que nos cuentan. Pero la crisis no solo está ahí fuera, también está en nuestras cabezas. Nos ha hecho perder la confianza, nos ha contagiado el pesimismo, el desánimo", insta un sitio de Internet.



La iniciativa www.estosololoarreglamosentretodos.org ha supuesto una inversión de seis millones de euros y ha suscitado polémica en varias direcciones. Mientras el PP lo tacha de "propaganda gubernamental" y ha logrado que RTVE retire el anuncio, otras plataformas han lanzando su particular contracampaña, como la de la página www.estosololoarreglamossinellos.org, a la que le enerva que detrás de la campaña esté la gran empresa: "Somos trabajadores conscientes, y nos irrita ver cómo los que nos quitan el pan y nos explotan se ríen en nuestra cara. Somos su enemigo. Somos los que se han dado cuenta de que lo que necesitamos de verdad para salir de esta crisis y de todas las que vengan, producto de un sistema económico injusto y explotador, es una sola cosa: que se vayan todos", reza la presentación de su portal.

Y es que pedir el regreso de la confianza de los ciudadanos en los mercados, en el sistema, resulta más difícil tras conocerse los desmanes del sector financiero, con casos sonados, como los malabarismos en las cuentas de Lehman Brothers, el banco que ha protagonizado la mayor bancarrota de la historia de Estados Unidos.

Guillermo de la Dehesa, presidente del Centre for Economic Policy Research, es uno de los economistas que apadrinó la presentación de esta campaña. A su juicio, las alarmas en las fases de euforia "no saltan porque todo va bien, todo el mundo gana y además muchos vuelven a pensar que 'esta vez es diferente' olvidándose de que ya se había pensado igual en 2000, antes de que pinchase la burbuja del punto.com. Lo que ocurre es que la memoria es muy corta. Debería haber saltado la alarma del sector público y del regulador y supervisor. Por ejemplo, en el caso de España, el Gobierno podría haber eliminado las ayudas fiscales a la vivienda para reducir la burbuja inmobiliaria".

Al margen de la polémica, el mensaje de esta campaña sí tiene algo de llamamiento patriótico. Pero no es una reacción atípica en épocas duras. El 1931, el periódico Times de Londres publicó un editorial bajo el título The Duty of confidence (El deber de la confianza) y decía así: "El declive de la confianza constituye una grave flaqueza nacional. Podríamos definirlo como un peligro y un desastre si no fuera por el desgaste que han sufrido estas palabras debido a un uso excesivo y poco sincero (...) El número de desempleados crece cada semana en parte por la falta de confianza, que evita la creación o desarrollo de nuevas empresas (...) Es obvio que la confianza ha dejado de ser una simple recompensa alternativa por los servicios realizados y se ha convertido en el deber simple y continuado de todos los ciudadanos".

Los economistas George A. Akerloff (Nobel en 2001) y Robert J. Schiller recogen esta anécdota en su libro Animal Spirits y recuerdan que cuando la economía británica se empezó a recuperar de la Gran Depresión, se atribuyó en buena parte a estos esfuerzos por recuperar la fe en los negocios.

El título se lo debe precisamente a la teoría de los "espíritus animales" que, según Keynes, movían la economía más allá de los motivos fundamentales: el humor económico, en definitiva, que ahora está en horas bajas.

Las cámaras de comercio defienden su iniciativa. "Javier Gómez-Navarro (presidente del consejo y ex ministro del PSOE) se planteó con economistas qué podía hacer la sociedad en esta situación, sin eximir a los políticos de su responsabilidad. Esto no es propaganda gubernamental en absoluto, el PP conocía la campaña a altas instancias y le parecía bien, el 90% de la sociedad está de acuerdo con las ideas de las que habla la campaña", dicen.

El problema es que nadie llamó a filas cuando la burbuja económica iba engordando, nadie llamó a la calma ni trató de corregir los desmanes del mercado cuando vinieron bien dadas. Al periodista que preguntaba por la burbuja inmobiliaria le trataban de indocumentado.

Los mercados financieros saben algo de humor económico. Los movimientos de la Bolsa -es decir, las cientos de impresiones individuales convertidas en legión- se basan "más en razones anímicas que fundamentales últimamente", opina Miguel Ángel Bernal, profesor del Instituto de Estudios Bursátiles (IEB). "Hay que distinguir entre la economía real y la del inversor, que es quien anticipan la crisis real", recalca. Por el contrario, "mensajes en firme, como las declaraciones de apoyo a Grecia, calman a los mercados, aunque aún no se hayan dado los pasos".

El humor económico también pesa en las decisiones empresariales. Las propias cámaras de comercio elaboran un indicador de confianza empresarial que permite adivinar por dónde irán los tiros, si se lanzarán o no a realizar una inversión o a reforzar su plantilla. Para De la Dehesa, "los índices de confianza del consumidor y de los empresarios, si están bien hechos, suelen ser buenos predictores de las fases del ciclo en situaciones normales, pero pierden capacidad predictiva a partir de la mitad de la fase de auge y de la fase recesiva, en que suelen ser más optimistas y más pesimistas respectivamente".

Un consumidor puede ir modulando poco a poco lo que gasta, pero el empresario llega el momento en el que debe decidir llevar a cabo una inversión o no, y entonces no sabe qué pasará con el mercado, así que acaba por decidir con las tripas.

Pero las campañas sobre la confianza son un arma de doble filo, advierte Xavier Vives. "Porque si, después de todo, esto no lo conseguimos arreglar entre todos, el efecto es aún peor".

Después de la recesión, a los españoles les queda por delante la crisis, que no es un concepto técnico. Algunas variables macroeconómicas, como la facturación de la industria, abonan el optimismo. Pero el mejor termómetro para el ánimo ciudadano es el mercado de trabajo, y este aún no ha empezado a recuperarse. El dominó sigue dando la espalda al optimismo.

jueves, 31 de julio de 2014

Motivarnos en el trabajo...


Motivarnos en el trabajo

Por estrés o por aburrimiento, a veces el trabajo nos supera. Saber trocear los problemas para abordar las partes y variar nuestra actitud puede ser un buen principio para el cambio.

En los tiempos que corren, si tenemos trabajo somos unos auténticos privilegiados. Justamente por lo conscientes que somos de esta realidad, ya casi ni nos permitimos quejarnos, aunque en algunos casos nuestro empleo pueda ser una fuente de sufrimiento. Desahogarse puede venir bien, siempre y cuando no nos quedemos encallados en las quejas y nos permita tomar conciencia de nuestros problemas y de la necesidad de luchar para mejorar la situación.

Según Mihaly Csikszentmihalyi, no nos deberíamos conformar sólo con reducir los dolores de cabeza laborales, sino que deberíamos buscar la felicidad en nuestro trabajo. Este catedrático de Neurociencias de la Universidad de Stanford y experto en felicidad ha descubierto que es más fácil encontrarla en el trabajo que en el ocio. Basándose en sus estudios, afirma que la felicidad es un “estado de flujo”. Este estado se da cuando estamos totalmente concentrados, completamente comprometidos con la actividad por sí misma. El ego desaparece. El tiempo vuela. Todo tu ser está allí, y estás aplicando tus facultades al máximo. Se caracteriza por una sensación de gran libertad, gozo, compromiso y habilidad.

En sus experimentos, este especialista ha comprobado que en la mayoría de las personas estudiadas estos estados de flujo son más usuales durante el trabajo que fuera del mismo. Para conseguir fluir debe alcanzarse un estado de equilibrio entre el desafío de la tarea y la habilidad de quien la realiza. Si la tarea es demasiado fácil o demasiado difícil, la persona no podrá fluir.

Este equilibrio ideal no se da cuando el trabajo que tenemos asignado es demasiado para nosotros (en este caso aparece el burn out –síndrome del quemado–) o cuando tenemos poco trabajo o nos resulta muy fácil (en este caso aparecerá el boreout –síndrome del aburrido).

Los síntomas del burn out y del boreout son muy parecidos: cansancio, irritabilidad, desinterés por todo, dolores físicos… Sin embargo, hay una clara diferencia entre los dos estados. Las personas que sufren burn out (estrés) suelen decirlo, incluso presumir. En cambio, los trabajadores que padecen boreout (aburrimiento) lo ocultan. Sea cual sea nuestro caso, vamos a reflexionar sobre algunos puntos que quizá nos ayuden a optimizar nuestro rendimiento y a aumentar nuestra satisfacción laboral.

Dividir el problema

“Divide las dificultades que examinas en tantas partes como sea posible para su mejor solución” (René Descartes)

Una conversación inventada, pero representativa:

A. ¿Qué tal el trabajo?

B. Fatal.

A. ¿Por qué?

B. No sé… Por todo.

A. ¿Estás mal con tus compañeros?

B. No, si son muy buena gente.

A. ¿Es por tu jefe?

B. Hombre, mi jefe a veces me altera un poco, pero en general no me quejo. En realidad es que estoy llevando un proyecto que… no hay forma…

En esta conversación, el “todo” ha pasado a ser “un proyecto” y si siguiéramos preguntando y dividiendo este proyecto en partes, quizá ese “todo” se traduciría en sólo algunos aspectos del proyecto. No podemos solucionar “todo”, pero, probablemente, sí esos aspectos concretos. Lo primero que tenemos que hacer es trocear la problemática, y de esta forma se convertirá en abordable.

Recuerdo una conversación que mantuve años atrás con una mujer. La tengo bien anclada en la memoria porque me hizo reflexionar. Hablaba con mucho orgullo de cómo organizaba su trabajo. Era una mujer de la limpieza. Me contó que ella nunca se agobiaba: “Primero limpio una habitación y no me pongo a limpiar otra hasta que está totalmente acabada. Me gusta mirarla a ver si todos los detalles están bien. Cuando considero que está como a mí me gusta, entonces cierro la puerta y voy a por otra habitación. Y todo esto lo hago con mis cascos, porque me encanta escuchar música y cantar”.

Cuando estamos desbordados es crucial establecer algún tipo de orden. Para ello, dividir nuestro trabajo en parcelas es indispensable, y distinguir las que son importantes, urgentes, delegables…, también. Hay quien este orden lo convierte casi en un ritual y es el primer paso que da en su jornada laboral. Algunas personas empiezan por los temas más pequeños porque así les da la sensación de que se sacan muchas cosas de encima rápidamente, otras prefieren empezar por los más complicados porque se sienten más capaces de concentrarse al principio. Cada cual tiene que encontrar su propia fórmula.

Enfocar desde otro ángulo

“Lo que importa es cuánto amor ponemos en el trabajo que realizamos” (madre Teresa de Calcuta)

Un trabajo no es aburrido o interesante por sí mismo, sino que nos lo parece. Cuando encontramos nuestro trabajo aburrido, solemos caer en una trampa de enormes dimensiones. Intentamos escaquearnos y hacer cualquier otra cosa para distraernos. Parece que, como no estamos motivados, no nos implicamos, pero quizá tendríamos que analizarlo al revés: no estamos motivados porque no nos implicamos. Por eso cuanto más nos escabullimos, más aburrido nos parece.

Nos pueden decir lo que tenemos que hacer, pero no cómo. Todos tenemos un margen para la creatividad. Si intentamos mejorar, aprender, ser creativos, podemos dar un giro a nuestro trabajo, se trata de cambiar el enfoque. Mihaly Csikszentmihalyi cuenta el caso de Rico, un trabajador de una cadena de montaje. Su trabajo lo podríamos calificar como soporífero; sin embargo, él se había propuesto hacerlo con la máxima economía de gestos y con elegancia. A lo largo de los años había conseguido reducir el tiempo medio de su cometido en 48 segundos. Estaba tan contento como lo podría estar un atleta que ha reducido su marca.

Imprescindible cambiar el enfoque, la actitud. No tenemos que formar parte del problema, sino de la solución. Nadie dice que sea fácil, por eso precisamente puede constituir nuestro gran reto.

Conocer el sentido

“Cuanto más alto coloque el hombre su meta, tanto más crecerá” (J. C. Friedrich von Schiller)

“Tres albañiles estaban desempeñando la misma tarea cuando un hombre que los observaba se acercó a ellos.

El hombre le preguntó al primer albañil:

–¿Qué está usted haciendo?

A lo que el albañil respondió:

–¿No lo ve? ¡Estoy apilando ladrillos!

Y continuó con su trabajo después de hacer un gesto molesto debido a que consideraba que el hombre le había hecho una pregunta de respuesta obvia.

El hombre repitió la misma pregunta al segundo albañil.

–¿No ve. Estoy levantando una pared?

El hombre formuló la pregunta al tercer albañil, el cual respondió con gran orgullo diciendo:

–¡Estoy construyendo el hospital infantil del pueblo!

¿Cuál de los tres albañiles será más feliz y resistirá mejor las situaciones adversas en su trabajo? La respuesta es obvia. Y nosotros, ¿qué sentido le damos a lo que hacemos?

Imaginemos que pudiéramos elegir un jefe a la carta. Probablemente escogeríamos uno que nos premiara cuando trabajamos bien, que nos ayudara a aprender de nuestros errores, que no nos exigiera demasiado, pero sobre todo no demasiado poco, con el que nos sintiéramos cómodos y libres para comentarle nuestras inquietudes…

Aunque parezca paradójico, en algunos casos, encontrar ese jefe ideal no sería la solución. Si nuestro jefe nos elogia, pero por dentro pensamos que no nos lo merecemos o que en realidad lo hace porque quiere algo más; si nuestro jefe nos indica nuestros errores para que podamos superarlos, pero no los reconocemos; si nuestro jefe nos exige algo que podemos dar, pero no ponemos ganas… Ese jefe excelente no serviría para nada.

En realidad, hay dos jefes: el externo y el interior (nosotros mismos). Y aunque lo perfecto sería que los dos fueran buenos jefes, si tuviéramos que elegir, es mejor que todas esas cualidades las tenga el jefe interior. En otras palabras, es más importante la automotivación que la motivación externa.

Aumentar la implicación

“Dentro de ti tienes más talento del que nunca has aprovechado y más fuerza de la que nunca has puesto a prueba” (Ludin, Paul y Christensen, en ‘Fish!’)

Es usual oír frases como “yo también necesito una palmadita en la espalda de vez en cuando”. Según como sea nuestro jefe, eso es casi imposible, así que nos la hemos de dar nosotros. No se trata de consolarnos; si realmente aprendemos a automotivarnos, no hay nadie mejor que nosotros mismos para saber cómo nos podemos premiar.

Así que vamos a aprender cómo premiarnos, a convertir nuestras tareas en retos, a ser un jefe ideal para nosotros mismos. Pensemos en cómo vamos a estar dentro de tres años si todo sigue igual que hasta ahora en nuestro trabajo. Si estamos desmotivados, el panorama puede resultar desolador. En el caso de que ya lo hayamos intentado todo, pero sigamos descontentos, quizá deberíamos empezar a plantearnos cambiar de empleo. Por el contrario, si creemos que es posible aumentar nuestra implicación y adoptar una actitud más constructiva, debemos decidir cuál va a ser nuestro primer paso. Pensemos en algo concreto y que podamos hacer ya mañana.

martes, 29 de julio de 2014

La vida nos enseña...

La vida nos enseña que sólo somos felices a costa de alguna ignorancia. 
 - Anatole France

lunes, 28 de julio de 2014

¿España fue blanco de Al Qaeda antes del 11-S?


¿España fue blanco de Al Qaeda antes del 11-S?

A inicios del verano de 2001, cuando Amer Azizi regresó a España desde Afganistán, la decisión de atentar en nuestro país había sido tomada. ¿La participación en las guerras de Afganistán e Irak fue el detonante?

No es de extrañar que los españoles, como en general los europeos, relacionen la amenaza que el terrorismo internacional supone para las sociedades occidentales con la implicación de sus respectivos Gobiernos en las intervenciones militares en países cuyas poblaciones son mayoritariamente musulmanas. Mantienen además a tropas en esos países desarrollando labores de muy diversa índole.

A la hora de valorar la amenaza inherente que supone esa violencia globalizada de inspiración islamista, esas circunstancias han de ser sopesadas. En ellas se entremezclan la política nacional, con su vertiente de asuntos exteriores, con dimensiones propias de la de seguridad y defensa. Pero no necesariamente constituyen el factor determinante -puede incluso que ni siquiera se trate del más destacado- de cuantos deben ser tenidos en cuenta. Hay otros relevantes, como la ideología subyacente al fenómeno terrorista o determinados asuntos que se entienden mejor en clave de política interior.

Sigue dándose por descontado que lo que verdaderamente puso a España en el punto de mira de Al Qaeda fueron dos factores. Primero, el muy visible alineamiento de La Moncloa con la Casa Blanca y Downing Street en la decisión de invadir Irak, reflejado de manera gráfica en la bien conocida foto de las Azores. Segundo, el despliegue de uniformados españoles en Irak a partir de agosto de 2003, apenas cinco meses después de que tropas estadounidenses y británicas iniciaran las acciones bélicas que concluyeron, provisionalmente, con la toma de Bagdad.

La misión española se prolongó hasta poco después de los atentados del 11 de marzo de 2004 en Madrid y el posterior cambio de partido en el Gobierno , tras las elecciones generales celebradas tres días después de aquella infame fecha. De hecho, los atentados del 11-M han sido y continúan siendo interpretados básicamente como una consecuencia del previo posicionamiento del Ejecutivo del Partido Popular sobre la cuestión iraquí y la implicación militar en ese prolongado conflicto.

Sin embargo, no es menos razonable pensar que España ya era blanco de la ira de Osama Bin Laden y de sus seguidores con anterioridad a la invasión de Irak y al envío de soldados españoles allí. Quizá lo éramos desde que, a comienzos de 2002, un contingente de nuestros ejércitos iniciara su participación en la misión de paz desarrollada por la OTAN en Afganistán, dentro de la Fuerza Internacional de Asistencia para la Seguridad (ISAF).

En alguno de sus comunicados, los propios terroristas del 11-M aludieron a ello y justificaron la decisión de volver a atentar en nuestro suelo al comprobar que no se contemplaba la retirada de Afganistán. La policía frustró el plan al localizar el piso alquilado por la célula yihadista en Leganés en el que siete de sus miembros se inmolaron, el 3 de abril de 2004, tratando de ocasionar el mayor daño posible.

Casi cuatro años después, una organización de talibanes paquistaníes asociada con Al Qaeda, Therik e Taliban Pakistan, reconoció estar detrás del fallido atentado suicida contra el metro de Barcelona que en enero de 2008 preparaban varios individuos condenados luego por la Audiencia Nacional. Los talibanes paquistaníes se refirieron entonces al papel de España en Afganistán.

Hay, sin embargo, motivos para pensar que España se convirtió en blanco preferente de Al Qaeda antes de que en 2002 nuestros soldados se desplegaran en Afganistán. Más concretamente, es posible que la voluntad de perpetrar un gran atentado en territorio español se remonte nada menos que al otoño de 2001. Fue entonces cuando la célula que Al Qaeda había establecido en España a mediados de los noventa fue desmantelada por la policía.La mayor parte de sus integrantes, incluido el entonces líder de la misma, conocido por su sobrenombre de Abu Dahdah, fueron encarcelados.

No es una casualidad que entre los individuos que desempeñaron papeles fundamentales en el entramado terrorista del 11-M hubiese algunos que estuvieron estrechamente relacionados con aquel núcleo yihadista, aunque por unas u otras razones no fueran detenidos en la operación que desbarató la mencionada célula. Aquella operación fue precipitada por los ligámenes que la célula española mantenía con la de Hamburgo, es decir, con la de los terroristas del 11-S. Abu Dahdah y sus secuaces llevaban ya desde hace tiempo siendo objeto de investigación policial y judicial por las autoridades españolas al igual que por las de otros países europeos y extraeuropeos.

Sin embargo, ahora existen nuevas razones para sospechar que Al Qaeda puso a España en su punto de mira no ya antes de que se produjera la invasión de Irak en 2003 o del envío de soldados españoles a Afganistán en 2002, sino antes de que la célula que había formado en nuestro país resultara sustancialmente desarticulada por la policía en el otoño de 2001, dos meses después de los atentados de Nueva York y Washington. Más aún, antes incluso del mismo 11-S.

Todo procede de un revelador documento elaborado por el denominado Centro Fayr para la producción informativa y que durante el último trimestre del pasado año fue divulgado por Tauhid Press a través de varios portales de Internet significados por su contenido yihadista. Dicho documento, escrito en lengua árabe por un cronista autorizado de Al Qaeda que utiliza su apodo de Abu Ubayda al Maqdisi, es parte de una serie sobre lo que en el mismo se da en denominar como mártires del Magreb lejano en la tierra del Hindu Kush, en referencia a destacados militantes de esa estructura terrorista originarios de Marruecos que han muerto en Afganistán o en Pakistán.

Se trata del fascículo quinto de la aludida serie, dedicado por entero a Amer Azizi, un marroquí que fue un destacado miembro de la célula de Al Qaeda en España, dentro de la cual se desenvolvía como lugarteniente del propio Abu Dahdah. Ese individuo eludió la operación policial que desmanteló dicha célula en noviembre de 2001 y huyó a Afganistán tras pasar por Irán.

EL PAÍS publicó en exclusiva, el 17 de diciembre de 2009, que Amer Azizi murió en la madrugada del 1 de diciembre de 2005 , a consecuencia de un misil lanzado desde una aeronave estadounidense no tripulada contra un enclave cercano a la capital administrativa de Waziristán del Norte. También señaló que entonces ejercía como número dos de Hamza Rabia, responsable de las actuaciones de Al Qaeda en Europa y Norteamérica, quien perdió la vida en ese mismo ataque del que era el principal objetivo. Pues bien, el mencionado documento, de cuya existencia dio también cuenta EL PAÍS el 8 de mayo de 2010 , no solo confirmaba que Amer Azizi era adjunto de Hamza Rabia cuando ocurrió el 11-M. También narra lo que este antiguo integrante de la célula de Al Qaeda en España hizo y pretendía antes del 11-S.

Aunque es una información que se halla en el sumario abierto en la Audiencia Nacional por el desmantelamiento de esa célula, el texto firmado por Abu Ubayda al Maqdisi corrobora que, antes del 11-S, Amer Azizi estuvo en campos de entrenamiento de Afganistán. Pero lo que no figura en aquellos legajos judiciales y sí en el eludido escrito yihadista es que, tras unos meses "reuniéndose con los que tenían a su cargo los campos de adiestramiento a los cuales se incorporó", volvió a España "con la esperanza de llevar a cabo una acción yihadista en esas tierras usurpadas", en alusión a Al Andalus, la España islamizada.

Más aún: "Una vez en la España de la Cruz, se empezó a preparar, en compañía de otros compañeros de yihad, para atacar blancos de los cruzados". Pero, como relata el documento, "los servicios españoles de inteligencia detuvieron pronto a la mayoría de los miembros de la célula yihadista, algo que coincidió con los benditos ataques de Nueva York y Washington". Queda claro que España era blanco de Al Qaeda antes del 11-S. A inicios del verano de 2001, cuando Amer Azizi regresó a España desde Afganistán, la decisión de preparar un atentado en suelo español había sido tomada.

Fernando Reinares es catedrático de Ciencia Política en la Universidad Rey Juan Carlos e Ignacio Cembrero es periodista de EL PAÍS.

sábado, 26 de julio de 2014

Las personas inteligentes...

Las personas inteligentes tienen un derecho sobre las ignorantes: el derecho a instruirlas. 
 - Ralph Waldo Emerson

viernes, 25 de julio de 2014

El orgullo de ser de pueblo...



El orgullo de ser de pueblo

Un hilarante cómic desgrana las claves de supervivencia en la urbe para el indie rural. Sus autoras nos recuerdan las básicas.

Raquel Córcoles (Reus, Tarragona; 24 años) y Marta Rabadán (Cocentaina, Alicante; 28 años) son de pueblo. Pero también son modernas. Su encanto radica en esa aparente paradoja. "¡Tía, tienes que ayudarme, tengo que hacer un libro en tres meses!", le suplicó la primera a la segunda. Córcoles acababa de ganar una beca del Carnet Jove. Le publicarían un tebeo. Si lo terminaba, claro. Las dos amigas se encerraron, fines de semana incluidos. Y nació Soy de pueblo: manual para sobrevivir en la ciudad (Glénat), la historia de La Moderna de Pueblo, una chica que cambia su aldea por Madrid. Un éxito. Se agotó en la última feria del cómic de Barcelona. Y sus fans se multiplican en Facebook. "Tienen entre 25 y 30 años. ¡Y no son todos modernos de pueblo!", aseguran.

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Ellas no encajan en la categoría de paletas. Salen por la Vía Láctea, leen la Go Mag y las reseñas de Pitchfork, visitan blogs como La Masa Pasa... Pero no siempre fue así. Una vez escucharon a los Backstreet Boys y a Mariah Carey. Y no se arrepienten de ello. Una rubia y otra morena, parecen las protagonistas de Ghost World (Daniel Clowes). "Más bien Ella Baila Sola", bromean. Comparecen con la misma camiseta. Como la de Jean Seberg en Al final de la escapada, que reza "International Herald Tribune". Prometen ayudar a los nuevos exiliados rurales."Si hubiéramos leído el cómic antes de venir a Madrid, nos hubiera ahorrado confusiones". Diseccionamos con su ayuda al moderno de pueblo.

Es de pueblo quien nació en un lugar sin Corte Inglés. Otros síntomas: conservar en cajas casetes grabadas de la radio. "Odiaba a los locutores que hablaban antes del final de la canción...", recuerda Rabadán. Entonces escuchaba a Onda Vaselina, Offspring, Sabina... "Yo leía la Superpop y la Ragazza", suelta Córcoles. Y desempolva una anécdota: "Mi madre me tiró la Bravo antes de pasar la primera página... En la portada anunciaban 'Cómo satisfacer oralmente a tu novio...".

Le gusta un grupo que no debería incluir en una lista de Spotify. Pero que al final añade. "A veces, los gustos de la moderna de pueblo coinciden con lo indie, otras no. Me gusta Shakira, y a Marta, Crepúsculo. Diferenciamos entre calidad y comercial. Pero nos gustan ambos. ¡No podemos evitarlo!", razona Córcoles. Rabadán añade: "Yo he sido choni, pija...".

Viste gafas sin graduar.

"Y Ray-Ban; calza Converse y Vans; lleva vintage, vestidos de Top-Shop, de H&M...". Otros imprescindibles: "El flequillo largo, el diseñador Alex Trochut, el fotógrafo Gerard Estadella, las pelis dobladas y Megaupload, el nuevo Moooovierecord...".

Su Santa Trinidad es: la Pitch-fork, el Facebook y la 'Mondo Sonoro'. "Cuando vivía en Cocentaina no sabía quiénes eran Radiohead, The xx, Arcade Fire. Ahora estudio la Pitchfork en el iPhone a diario. Y decido qué bajar", detalla Rabadán.

No sabe quiénes son los Smiths y no le da corte admitirlo. Alguien dice el nombre de un grupo o de un director y al moderno de pueblo se le queda cara de póquer. Pero no se le cae de vergüenza. "No hace el ridículo soltando 'su última película estaba muy bien...'. Los indies de ciudad son divos y esconden su ignorancia. El de pueblo, no".

No volvería nunca al pueblo, pero... "Reconoce que tiene ventajas. Como no distinguir entre una peli de Wes Anderson y una de los Cohen; pero sí entre un olmo y una encina. No alargar la borrachera hasta que abra el metro. Tomar una cerveza en la calle sin que aparezcan 40 polis. Y ver si ha empezado la verbena desde el balcón".

miércoles, 23 de julio de 2014

Las sociedades convencen...

Las sociedades convencen a las personas de que el consumo les proporcionarán la feliciadad. Desde luego, es una mentira a la que nos sometemos voluntariamente, porque todos los datos indican que el consumo sin límites no proporciona la felicidad 
 - Daniel Gilbert

martes, 22 de julio de 2014

Cómo saber si eres disléxico...


Cómo saber si eres disléxico

Cómo saber si eres disléxico, la dislexia aunque un tema del que se han hecho eco los médicos durante las últimas décadas y que ha permitido un gran avance para la ayuda de los niños y adultos que se enfrentan a esta condición, no tiene en realidad una definición exacta, se puede decir sin embargo que es un problema de lectura, escritura y ortografía, que causa dificultad para aprender a leer, escribir y deletrear las palabras. Existen comprobados casos de que puede tener un orígen biológico y que se presenta en algunas familias con varios casos, pero también puede ser resultado del entorno, pero no puede decirse que tenga que ver con aspectos como, factores emocionales, falta de motivación por aprender, problemas psicológicos y lo mejor es que, la dislexia mejora con un tratamiento mediante la enseñanza por expertos que basan su enseñanza en estrategias compensatorias, y que tienen éxito, lo que ha dado como resultado una mejora de los casos de dislexia hoy en día.

Hay que también mencionar, que la dislexia se puede presentar en cualquier nivel de capacidad intelectual, edad y condición social. Algunos puntos que podrían indicar síntomas de dislexia les detallamos, pero frente a problemas de aprendizaje siempre lo mejor será consultar con los expertos. Los únicos que pueden confirmar la presencia de la dislexia y ayudar en su mejora.

- Leer con lentitud y de manera imprecisa
- Deletrear incorrectamente
- Rehuir a leer y escribir
- Ser incapaz de resumir y esbozar sobre una lectura
- Tener dificultad para responder preguntas de respuestas amplias en pruebas
- Tener problemas para aprender otro idioma
- Funcionar lentamente a nivel intelectual
- No tener mucha memoria
- Ir a extremos en la atención a los detalles de la lectura, concentrarse mucho o no concentrarse nada
- Vocabulario limitado
- Incapacidad de organizarse, planificar y organizar el tiempo y las tareas
- Ocultar sus problemas en la lectura
- Necesita ayuda en la ortografía
- Rehuye escribir
- Algunos adultos a diferencia de los niños, tienen buena memoria y se concentran en ello para sobrellevar la dislexia
- Tienen buenas habilidades sociales
- Suelen ser personas con talento en la profesión que eligen
- Tienen un alto nivel de intuición
- Desempeñan su labor intelectual con baja capacidad sin aprovechar su capacidad intelectual del todo.

Este es un post informativo, es el médico especialista quien puede diagnosticar y tratar ésta y otras condiciones.

domingo, 20 de julio de 2014

Soy ateo...

“Soy ateo. Y tengo entendido que Dios es un tipo duro, así que no se ofenderá” 
 - Ricky Gervais

sábado, 19 de julio de 2014

No era Saladino, era Nerón...


No era Saladino, era Nerón

Gadafi, por extraño que parezca ahora, fue un joven guapo y que se pretendía revolucionario

Este Nerón greñudo, de rostro acartonado y estrafalaria vestimenta que vocifera mientras acribilla a su pueblo quiso ser Saladino en su juventud. Lo fue, de hecho, por un tiempo en los más salvajes y húmedos sueños de algunos. Lo sé, resulta difícil de aceptar para los que no vivieron los años setenta y ochenta del pasado siglo, para los que tan solo lo han seguido en los últimos tres o cuatro lustros. Pero, créanme, Gadafi fue guapo en su juventud y no iba de tirano, sino de revolucionario. ¿Como Fidel Castro? Algo así.

Beduino, hijo de un pastor de camellos, Gadafi fue uno de los jóvenes oficiales -tenía 27 años- que en 1969 derrocaron al reyezuelo Idris Senussi, para el que, tras la II Guerra Mundial, las potencias anglosajonas habían creado un país llamado Libia en un territorio que había sido colonia de Italia y, antes, tres provincias del imperio otomano. Como tantos árabes de la época, Gadafi estaba fascinado por el panarabismo del egipcio Nasser, quien, desde Radio El Cairo, predicaba la unidad sustancial de los pueblos que van del Atlántico al golfo Pérsico. Una unidad que proponía cimentar no solo en la lengua, la cultura y la historia comunes, sino en un modelo laicista, socializante y antiimperialista.

En 1969, Nasser ya era un caudillo avergonzado por su derrota militar frente a Israel dos años antes y que se moría a chorros de tristeza. Cuentan que cuando conoció en persona al nuevo caudillo libio, Nasser dijo que le había parecido "escandalosamente puro e inocente".

El rais egipcio falleció en 1970, los árabes fueron vencidos de nuevo por Israel en 1973 y Egipto terminó firmando la paz con el Estado judío. Ahí llegó el gran momento del militar beduino. En los setenta y ochenta, la Libia de Gadafi, siguiendo la senda de Nasser, firmó, sin materializar jamás, uniones con otros países árabes, incluido, pásmense, Marruecos. Se convirtió en portaestandarte de la idea de la aniquilación de Israel. Encabezó el embargo de petróleo a Occidente. Compró armas soviéticas. Acogió o financió a cualquier grupo guerrillero o terrorista que le presentara supuestas credenciales de izquierda: el palestino Abu Nidal, el venezolano Carlos, los irlandeses del IRA, el Frente Moro filipino, el Ejército Rojo japonés, la banda alemana Baader-Meinhof... Entretanto, los servicios secretos libios asesinaban por todo el mundo a cualquier opositor.

Gadafi se veía como un revolucionario con una visión cósmica. Se inventó el concepto de yamahiriya o república asamblearia de las masas. Y, cual Mao árabe, editó su Libro Verde, un revuelto indigerible de socialismo, panarabismo, populismo e islam, como base de una "tercera teoría mundial" alternativa al capitalismo y al comunismo. Todo pagado con el muchísimo dinero de los pozos de petróleo libios.

En 1986, por órdenes de Reagan, aviones estadounidenses bombardearon Libia con la intención de liquidar a Gadafi. No lo consiguieron, pero sí mataron a una hija adoptiva suya. En búsqueda de venganza, sus servicios secretos estuvieron detrás de los atentados contra un avión de Pan Am en Lockerbie, en 1988, y un avión francés de UTA sobre Níger, en 1989.

Vi a Gadafi a finales de los ochenta en Marraquech, Argel y Trípoli. Se tomaba por un nuevo Saladino capaz de reconquistar por las armas Palestina y alzar su estandarte en Jerusalén. Ya era un anacronismo incluso para la mayoría de los demás dirigentes árabes, incluido Arafat, que iban aceptando la imposibilidad de una victoria militar sobre un Israel protegido por Estados Unidos y el carácter inevitable del Estado judío. Gadafi cultivaba su estilo: llegaba tarde o no llegaba a las reuniones; levantaba el puño cada dos por tres; calzaba botas con tacones altísimos; vestía trajes seudobeduinos diseñados en Italia o uniformes de jefe de pista de circo austrohúngaro; transportaba camellas en su avión para beber su leche; andaba protegido por una guardia personal de amazonas vírgenes... Era un niño caprichoso, de reacciones imprevisibles. Una vez, se cubrió la mano derecha con un guante blanco para estrechar la de Hassan II sin que su carne tocara la de aquel monarca que había saludado a dirigentes israelíes.

El 2 de marzo de 1988, Gadafi habló ante una asamblea en Ras Lanuf: "Una pesadilla me acecha día y noche: no soy carcelero, me da pena que haya detenidos". El día siguiente, se subió a un bulldozer y embistió contra los muros del centro penitenciario de Trípoli. Por los agujeros así abiertos salieron decenas de estupefactos prisioneros. Muchos pensaron que solo hacía eso para seguir apareciendo en las televisiones occidentales.

Estuve en Trípoli en septiembre de 1989, en el vigésimo aniversario del derrocamiento del rey Idris. Ni tan siquiera en el Irak de Sadam me había sentido menos libre. Me "albergaron" en un viejo buque varado en los muelles y de donde solo podía salir escoltado para asistir a los actos de masas protagonizados por Gadafi: desfiles de hasta seis horas en los que sus amazonas ululaban al paso de las delegaciones y cuyo único interés eran los modelitos que lucía el caudillo. Solo puedo compartir lo escrito esta semana por el marroquí Tahar Ben Jelloun a propósito de una experiencia semejante en Trípoli: "Uno siente que ha llegado a un país imaginado por George Orwell y Franz Kafka juntos. Todo es fingido, absurdo y extraño".

En los noventa, decepcionado por sus "hermanos", Gadafi declaró que ya no se sentía árabe, sino africano. En 1999 celebró en Trípoli una cumbre extraordinaria de la Organización para la Unidad Africana (OUA), cuya principal novedad fue la presentación de un coche deportivo parecido al usado por Batman y fabricado en Libia, del que se afirmaba que no solo era el más rápido, sino también el más seguro del mundo. El propio Gadafi había dedicado muchas horas a colaborar en el diseño del llamado Cohete Libio.

El resto ya es más conocido: las sanciones económicas terminaron forzándole a entregar a agentes libios implicados en los atentados y a pagar indemnizaciones millonarias. A partir del 11-S comenzó su "rehabilitación" internacional. Se hizo socio en la "guerra contra el terror" de Bush, se abrazó con Blair, le regaló un caballo a Aznar, se hizo amigo de Berlusconi, plantó su jaima en Roma, Madrid y París, contrató a azafatas italianas para darles un curso sobre el Corán, denunció que enfermeras búlgaras al servicio del Mosad infectaban con el sida a los libios... Entretanto, bajo el manto del ominoso silencio impuesto por su régimen, crecía el descontento de una juventud libia que vivía en la estrechez económica y no podía ni respirar libremente. Esta semana, ante el estallido de la revolución popular, el narcisismo brutal y grotesco de Gadafi reveló su último personaje: Nerón.

jueves, 17 de julio de 2014

Es ignorancia...

Es ignorancia no saber distinguir entre lo que necesita demostración y lo que no la necesita. 
 - Aristóteles

miércoles, 16 de julio de 2014

La crisis llena de libros los almacenes...


La crisis llena de libros los almacenes

Las devoluciones de obras no vendidas alcanzan cifras "históricas" - Entre las razones: caídas en las ventas de hasta el 34%, la piratería y la ausencia de 'best sellers'

Ha llegado tarde, pero quizá por eso mismo el batacazo ha sido más contundente. Hasta agosto, el sector editorial no había notado seriamente los estragos de la crisis. Editores, libreros, distribuidores y autores capeaban el temporal sin grandes bajones de ventas, aunque con los dedos cruzados. Pero al fin llegó el verano de su descontento y las editoriales empezaron a recibir en sus almacenes la devolución masiva de ejemplares no vendidos en librerías. En un volumen que fuentes del sector no dudan de calificar de "histórico".

Las cifras son tozudas. Las tiendas fueron las primeras en detectar el bajón (los síntomas más tempranos ya los sintieron los libreros hace un año). Las ventas han caído un 10% (de 945 millones facturados en 2009 a 845 en el mismo periodo de 2010).

El revés económico tiene relación directa con la cifra de las devoluciones, un inmejorable síntoma de lo que le sucede a un enfermo, el sector del libro, nada imaginario. Las editoriales dejan los ejemplares en depósito. Estos descansan tres meses en las mesas o estanterías. Y si no se les da salida, se devuelven. Los libreros cuentan con márgenes tan estrechos (de un 30% en el caso de los establecimientos tradicionales) que arriesgan poco. Cuando vence el plazo del depósito, los comerciantes acaban comprando, si lo consideran buena idea, unos ejemplares para dejar definitivamente en su fondo. Pero este verano nadie ha querido jugársela más de la cuenta y se ha producido una devolución masiva.

Aunque nadie lo ha medido, lo cierto es que la respuesta de los libreros ha sido "en gran parte psicológica", dicen los editores. Se impone la reorganización del almacén. ¿La razón? Un claro bajón en las ventas que oscila entre un 7% y un 34% para algunas editoriales, según fuentes del sector y el medidor del mercado utilizado por la mayoría, el Nielsen. Hay excepciones, como en todo, pero no son ninguno de los tres grandes grupos editoriales -Planeta, Santillana y Random House-. Las alarmas, no cuesta imaginarlo, se han encendido.

A las caídas de ingresos de editoriales y librerías, se suma la pertinaz piratería, que, lenta pero segura, hace mella en el sector del libro, como lo demuestran las cifras del segundo Observatorio de piratería y hábitos de consumo de contenidos digitales, elaborado por la consultora estadounidense IDC a instancias de la Coalición de Creadores de Industrias y Contenidos. Los datos hablan de descargas "ilegales" de contenidos que han hecho perder al sector 400 millones de euros (el doble que el año anterior).

"Hasta ahora, el mercado se había comportado de manera plana", afirma Armando Collazos, del Grupo Santillana. Algunos fenómenos editoriales habían salvado las cuentas. Muchos decían que el libro era un producto refugio para el ocio y que los estragos de Internet en otros sectores no afectaban dramáticamente al sector. Además, los lectores devoraban fenómenos como el Millenium (Destino) de Stieg Larsson o Crepúsculo (Alfaguara), de Stephenie Meyer.

Este año no se ha producido ningún milagro de ventas. Salvo por El tiempo entre costuras (Planeta), de María Dueñas, publicado por Temas de Hoy (Planeta). Un gran mérito editorial para una autora desconocida, pero que no llega a las cifras millonarias de los dos anteriores. Eso también ha enfriado el mercado, según el diagnóstico de Collazos o Nuria Cabutí, consejera delegada de Random House Mondadori. El vuelo remontará a buen seguro en el último tramo del año con lo nuevo del Nobel Vargas Llosa (Alfaguara), Almudena Grandes (Tusquets) y Ken Follett (Plaza y Janés). Pero el annus horribilis para el gremio parece sellado.

Es posible que la rebaja del precio medio de los libros -un euro en un año- también anime un poco el sector con vistas a la Navidad. Aunque hay hábitos que la crisis quizá haya cambiado para siempre: los lectores abandonan las librerías tradicionales (las ventas han decrecido un 16%) para comprar en las cadenas de supermercados (han aumentado sus ventas un 1%) y, en menor medida, en las grandes cadenas de ocio y libro (tipo Fnac), cuyas ventas solo han caído un 3%.

Ignacio Toldado, encargado de compras de la cadena francesa, cree que hay razones para la preocupación -"Los editores tienen motivos para estar inquietos"-, aunque ve cierta lógica en todo esto -"Existía un desequilibrio enorme entre lo que se produce y lo que se vende. Es normal que el mercado haya ajustado las cosas"-. Sea como sea, la norma que dice que el eslabón más débil se lleva la peor parte se cumple aquí también: "La tónica es de caída sobre caída. Desde 2008 hemos sufrido un 20%. Pero este año ha afectado psicológicamente más que nunca, aunque la moral del librero es de resistencia, la crisis ha calado", admite Fernando Valverde, presidente de la Cegal, la asociación que representa al sector comerciante.

A la hora de buscar consuelo, esta novela tampoco tiene un final feliz. Cuando la tormenta financiera comenzó a arreciar, el libro de bolsillo parecía un buen salvavidas. Pero no se contaba entonces con la difícil relación del lector español con el pequeño formato. Un medio cuyo mensaje nunca llegó a cuajar, a diferencia de los países anglosajones, Alemania o Francia.

Ni siquiera la necesidad de apretarse el cinturón lo ha hecho remontar ahora, para sorpresa del sector. El mercado de bolsillo ha caído un 7%, aseguran editores y libreros. "Creíamos seriamente que el bolsillo sería un refugio para la crisis, pero no ha sido así y nos ha sorprendido. Ahí vemos claramente que hay una crisis", asegura Nuria Cabutí, de la editorial Random House.

El bajón, en datos

- El total de ventas en el mercado librero español ha caído un 10% entre agosto de 2009 y agosto de 2010.

- El bajón de ventas en las editoriales españoles oscila entre un 7% y un 34%.

- El mercado de bolsillo ha descendido un 7%.

- El descalabro en las librerías tradicionales es del 16%. Mientras que en las cadenas de ocio y libros sólo cae un 3% y en los supermercados suben las ventas un 1%.

- El sector ha perdido 400 millones de euros en lo que va de 2010 (el doble que en 2009) por las descargas ilegales de contenidos.

lunes, 14 de julio de 2014