domingo, 31 de agosto de 2008

Qué hay más duro que...

Qué hay más duro que tener al lado a la persona soñada y no poder mirarla a los ojos y decirle que la amas!

sábado, 30 de agosto de 2008

El Pop español renace... 4


Amantes de lo cotidiano: Facto Delafé y Las Flores Azules
“La consigna es ser positivo. Lo guay no es trabajar todo el año e irte 15 días de crucero, sino crearte una vida cotidiana lo bastante atractiva para que ahí resida tu felicidad”, dice Óscar Daniello, voz de Facto Delafé. Los dos discos de este trío arcelonés, que mezcla el pop y el hip-hop en dosis variables, rebosan amor, tardes soleadas en el sillón.
- El Pais -

Este escritor es un visionario...


Es uno de los mejores autores de su generación. Un editor influyente y un filántropo cuya fundación ayuda a un millar de niños. Pasamos un día en San Francisco, en el ojo del huracán literario de Dave Eggers. Un hombre y su imperio de ideas ingeniosas.
Es un miércoles cualquiera, soleado y ventoso, en la calle Valencia, de San Francisco. Otro día más en el seno de la revolución literaria de Dave Eggers (Chicago, 1970), filántropo, infatigable aglutinador de voluntades y muy probablemente el escritor estadounidense más relevante de su generación. No son sólo sus novelas (Mondadori acaba de publicar Qué es el qué, la tercera). Es la decena de proyectos sociales que abandera repartidos por todo el país. Son sus incomparables revistas. Es, en suma, el imperio de ideas ingeniosas que Eggers controla desde un anónimo edificio, indistinguible entre las taquerías y los negocios latinos de esta arteria del barrio mexicano de The Mission.

Si en la planta baja un puñado de treintañeros edita primorosamente las revistas The Believer y McSweeney?s, acaso las mejores entre las consagradas a la nueva narrativa inglesa, en el sótano varios adolescentes llegados de la parte baja de la rueda de la fortuna ultiman la edición de 2008 de The best american nonrequired reading, que es precisamente eso: las mejores lecturas escogidas entre aquellas que no figuran en sus planes de estudios. La cosa funciona así: una decena de muchachos con problemas de la bahía de San Francisco se reúnen cada semana convocados por el escritor Dave Eggers; leen, comparten y puntúan textos procedentes de más de 200 revistas editadas en EE UU, y el veredicto de tan inusual jurado se publica en una antología anual en tapa blanda que resulta cualquier cosa menos predecible. Mientras tanto, al otro lado de la calle, en el número 826 Valencia (la dirección postal que da nombre a su fundación benéfica), 75 chavales de entre 8 y 16 años reciben clases extraescolares y consejos de escritura creativa en la trastienda de un establecimiento que para sostenerse vende a los turistas ?suministros piratas?. Botellas para mandar mensajes de náufrago, barriles de pólvora y parches, además de libros, revistas y el resto de la ingente producción editorial de la casa.

Todo lo cual descansa sobre la espalda, torcida por la escoliosis de años de escribir en ordenador portátil recostado en un sofá, de Eggers, ex niño prodigio de la literatura estadounidense y, desde hace 10 años, editor de la revista McSweeney?s, trimestral y desafiantemente original. Con una tirada de unos 20.000 ejemplares, es una revista literaria que combina nombres como los de Joyce Carol Oates, William T. Vollman, Zadie Smith o el propio Eggers con la prosa de cualquier debutante con algo que contar y la dirección correcta a la que enviar los textos. Cualquier parecido con una gaceta sobre narrativa al uso acaba ahí. Cada número es radicalmente distinto al anterior en McSweeney?s, bautizada así en honor a un tal Timothy McSweeney, loco inofensivo que, según recuerda Eggers, ?mandaba cartas? a su madre, Adelaida, en las que se presentaba como ?un familiar perdido presto a reunirse con ella?. Ahí está el número 17, que adquirió el aspecto de la correspondencia (folletos publicitarios y facturas incluidas) de una supuesta Maria Vasquez. O aquel tercero, descatalogado, para el que David Foster Wallace escribió un relato en el lomo.

?Nos tomamos nuestros contenidos muy en serio, pero no a nosotros mismos. Tampoco el concepto de revista literaria. No compartimos que deba ser árida y encopetada en su presentación?, explica Eggers con el murmullo del atormentado por la migraña mientras juega con una mancha de sus vaqueros. El caos que le rodea ?papeles tirados por el suelo, botellas vacías de bebidas energéticas y paquetes de UPS sin abrir? forma un conjunto que cualquier madre definiría como ?una leonera? y, sin embargo, el pelirrojo Eggers considera ?una oficina?, pese a no haber rastro de silla, mesa o perchero.

Desde aquí pilota la nave con la ayuda de una plantilla de ?siete u ocho? trabajadores y una quincena de becarios que, sin cobrar, corrigen textos y comprueban datos encorvados sobre sus portátiles blancos. Se pasan libros de Roberto Bolaño, hacen chistes rematadamente inteligentes y se ruborizan cuando se ven pillados en un renuncio intelectual. Todos saben que los tipos sentados al fondo de la redacción ?Jordan Bass, editor jefe de McSweeney?s, y Eli Horowitz, mano derecha de Eggers y responsable de la editorial? fueron becarios antes de darse a la gran vida de la posmodernidad literaria. Así que, con suerte, acabarán como ellos, ideando rompedores conceptos, bromeando por teléfono con los mejores ilustradores del país y decidiendo si el escritor Donald Barthelme está listo o no para una reivindicación en las páginas de alto gramaje de la revista.

- El Pais -

miércoles, 27 de agosto de 2008

El Pop español renace... 3


Krakovia, el proyecto
A los mandos de Krakovia está David Kano, el hombre que creó Cycle, el único grupo ‘indie’ prefabricado que ha triunfado en España. Y ha vuelto a dar en el clavo: su mezcla de ‘glam’, ‘punk’, gótico… y lo que sea, ha hecho que con un único disco, publicado a principios de 2008, su carrera haya sido fulgurante. Llenazos en su gira española de salas y dos proyectos ilusionantes: actuar en el FIB y una gira por Estados Unidos.
- El Pais -

martes, 26 de agosto de 2008

Una vista millonaria de Madrid...


Antonio López, el pintor español vivo más cotizado
'Madrid desde Torres Blancas', de Antonio López, se ha subastado en Christie's por 1,74 millones de euros

El cuadro, que el artista pintó entre 1976 y 1982, era la única de sus grandes obras que no había salido a subasta, y tenía un precio estimado, que no llegó a alcanzar, de entre 1,5 y 2 millones de libras (1,9-2,5 millones de euros).

Con la subasta de hoy, Antonio López (Tomelloso, Ciudad Real, 1936) no sólo consigue un récord personal, sino que se convierte en el pintor español vivo más caro del mercado, por delante del mallorquín Miquel Barceló (1957) y el catalán Antoni Tàpies (1923). Hasta ahora, ese privilegio lo disfrutaba Barceló, cuya obra Rosa blanca adjudicó en el 2007 por 820.800 libras (1.038.461 euros).

El cuadro más caro vendido hasta ahora de López era Academia, que recaudó 344.250 euros en una subasta de Christie's en Madrid en el 2004.

Los secretos del lienzo

Madrid desde Torres Blancas, que pertenecía a un coleccionista privado, es un óleo sobre tabla de 145 por 244 centímetros, que se considera una de las vistas urbanas de Madrid más importantes del artista manchego.

En la presentación de la obra el pasado abril en la capital española, Christie's reveló varios "secretos" sobre la misma. Hacia la mitad del lienzo se pueden apreciar las fechas "21 de abril, 21 de mayo, 21 de junio, 21 de julio y 21 de agosto", presumiblemente los días en que López pintó la misma escena.

Parece claro, señalaron los expertos, que la luz del atardecer a las 21:40 horas en Madrid que marca el reloj del edificio de la izquierda sólo se puede ver en el mes de junio, mientras que la ausencia de tráfico en la avenida de América a esa hora indica que cuando lo pintó era el mes de agosto.

En la tabla se ven también distintos orificios en los que probablemente López pinchaba, por ejemplo, bocetos, así como cuentas a lápiz como una en la que divide 475 entre 16, o las palabras "casi negro" en las ventanas de la derecha o "un pelín" en la carretera.

Madrid desde Torres Blancas" es una de las muestras más importantes del realismo del artista, pero hay también muchos trazos abstractos que se aprecian en las azoteas, fragmentos de edificios o ventanas, indicaron los especialistas.

En la subasta de hoy, dedicada al arte de posguerra y contemporáneo internacional, se han ofrecido también obras de otros artistas españoles, como Tàpies, Barceló y Chillida.

- El Pais -

lunes, 25 de agosto de 2008

Si yo pudiera...

Si yo pudiera algun dia remontarme a las estrellas conmigo te llevaria a donde nadie nos viera.

domingo, 24 de agosto de 2008

El Pop español renace... 2


Cuando la música es imagen: Krakovia
Vinilla von Bismark es la cara de la temporada en el pop español. Una mujer de 23 años, tatuada como una ‘starlet rockabilly’, que es la voz de Krakovia, una banda que ha apostado por el espectáculo para abrirse camino. “Vengo del mundo de la farándula y llevo ya muchos años sobre los escenarios”, dice esta granadina que ha visto cómo su grupo triunfaba en los últimos meses, a pesar de que se les considera un producto prefabricado. “No, eso no es así. No somos una banda con una cara bonita”, rebate. Aunque escandalizarse por eso hoy día es como hacerlo porque los futbolistas no sientan los colores de su equipo.
- El Pais -

sábado, 23 de agosto de 2008

Hemos asimilado...


¿Hemos asimilado esto?
Sorteando la corrección política, el cine, la tele o el tebeo han mostrado una voluntad gradual de integrar lo homosexual a los gustos del gran público, aunque sea a veces a costa del potencial cómico de sus clichés. En vísperas del Día del Orgullo Gay, revisamos un imaginario visual tan pop como poderoso.

EL próximo 14 de septiembre, George Takei, el actor que encarnaba al timonel Sulu en Star Trek, irá adonde ningún hombre de la tripulación del Enterprise ha llegado jamás: a su propia boda gay, que hará oficial su unión con quien ha sido su compañero durante más de 21 años, Brad Altman. La noticia trasciende lo pintoresco: en el futuro imaginado a finales de los sesenta por Gene Roddenberry, creador de la serie, cualquiera podía sentirse incluido —todas las razas terrenas y extraterrestres—, pero el mapa de las relaciones seguía siendo tremendamente primario.

Star Trek era claro reflejo de lo que, durante muchos años, fue una de las señas de identidad de la ciencia-ficción como género: su pacatería. Por fortuna, todo fenómeno cultural tiene su nota al pie de página, y los trekkies, en un proceso que se aceleró con la eclosión de Internet, no tuvieron reparo en fortalecer el subgénero slash de la llamada fan fiction (relatos escritos por fans), donde Mr. Spock y el capitán Kirk intercambiaban libremente fluidos corporales vulcanianos y terrícolas. Con el tiempo, las cosas han cambiado sustancialmente en la ciencia-ficción televisiva orientada a un público familiar. En 2005, la BBC realizó la jugada maestra de contratar al guionista estrella Russell T. Davies, creador de Queer as folk (que narra con humor y sin remilgos las intensas aventuras nocturnas de un grupo de amigos gays en Manchester), para revivir la clásica serie Doctor Who, icono perdurable (y proteico) de la fantasía británica. La decisión tuvo sus efectos: pronto destacaría entre los personajes secundarios un bucanero galáctico, carismático y bisexual, el capitán Jack Harness, que al año siguiente obtendría su serie propia, Torchwood. Un prejuicio de larga tradición acababa de ser desintegrado.

La boda de Takei demuestra que, en cierto sentido, nuestro presente es más liberal que el futuro esbozado por los mundos de la Federación. Pero, quizá, a las puertas del Día del Orgullo Gay de 2008, conviene formularse una pregunta: ¿se ha conquistado realmente, la última frontera de la integración gay, lésbica y transexual?

“Gays y lesbianas todavía tienen muchas barreras que romper”, afirma Alfonso Llopart, director de la pionera revista Shangay. “No estoy a favor del outing, porque creo que la gente tiene que salir del armario por su propio pie. El ejemplo de gente como Nacho Duato, Jesús Vázquez, Jorge Cadaval, Boris Izaguirre o Jorge Javier Vázquez es muy positivo, pero estaría bien que hubiese actitudes de este tipo en muchos otros campos, como el deporte o la política”. Los desfiles del Orgullo Gay en nuestro país son, de hecho, un reflejo de este estado de las cosas, que aún mantiene zonas de sombra frente a puntuales explosiones de visibilidad: “Aquí la gente quiere salir de fiesta, y el carácter reivindicativo es más bien poco”, añade Llopart. “En el resto de Europa es habitual que en los desfiles participen grupos de policías, enfermeras, bomberos y militares, vestidos como tales y portando sus respectivas pancartas celebrando su pertenencia al colectivo gay dentro de su gremio. Aquí aún no nos atrevemos a dar ese paso”.

El Día del Orgullo Gay ha recorrido un largo camino desde ese 28 de junio de 1969, cuando una redada en el Stonewall, mítico lugar de ambiente en el Greenwich Village neoyorquino, desembocó en rebelión callejera. En los ochenta, los sectores más moderados del colectivo propusieron un lavado de cara para que la mirada hetero no descifrara estas manifestaciones públicas como amenaza y, poco a poco, la cosa fue adoptando ese aspecto de fiesta-a-la-que-todo-el-mundo-está-invitado que hoy conocemos. Para Carlos Areces, cómico y humorista gráfico bajo el nombre de guerra de Carlös que, entre otros papeles, encarna al joven Rappel en Muchachada nui, el Día del Orgullo Gay es “una procesión, como la de los picaos o la de la Macarena: con sus carrozas, sus devotos y su jarana. Sólo que en ésta nadie se flagela las espaldas ni acaba con la columna vertebral desviada por el peso”.

Jousi (José Fernández-Pacheco), el explosivo estilista del reality de Cuatro Supermodelo 2008 —esteta con la sobrenatural capacidad de determinar la fecha exacta del más infame complemento de moda—, tiene otra opinión disidente: “Esto está muy bien para Madrid o San Francisco, pero más heroico que cualquier cabalgata es ser marica en un pueblo de 5.000 habitantes, comprarte el clásico Calipo de Frigo y sentarte en la plaza del pueblo la tarde del 28-J a celebrar tú, ti, te, contigo tu orgullo un día al año. La cabalgata clásica de Madrid empieza a ser más de lo mismo, ¿no?”.

Y, quizá, las conquistas del colectivo no tengan tanto que ver con la erosión de los prejuicios como con la puesta de largo de la comunidad gay como deseable sector de mercado con razonable poder adquisitivo: “La asimilación de cualquier tipo de subcultura o cultura de guetos suele venir definida en base a su rentabilidad dentro del sistema general capitalista, como ocurrió con el rap o los graffitis. El gran público ha comenzado absorbiendo lo homosexual por la parte más estética: la música, la metrosexualidad, las drag queens y todo lo que suponga ingresos”, añade Carlos Areces.

“Es nuestra palabra para reírnos de vosotros. La necesitamos”, le decía un desesperado Homer Simpson al tendero gay John (interpretado por el cineasta John Waters) cuando éste usaba sin problemas el término marica. La escena pertenece al episodio Homer-fobia (Los Simpson, octava temporada), toda una lección magistral de tolerancia que no dejaba de aprovechar la comicidad de los tópicos homófobos. Sorteando los radares de la corrección política, el humor televisivo ha logrado formular una contemporánea voluntad integradora sin dejar de explotar el potencial cómico de la homosexualidad. En este sentido, Big Gay’Al, personaje de South Park, es otro caso de libro: un concentrado de amaneramientos caricaturescos al servicio de un mensaje de celebración de la diferencia.

En nuestro país, Muchachada nui tampoco se corta a la hora de bromear sobre lo que sus humoristas denominan el mundo gayer, aunque su registro exilia al Pleistoceno los códigos del tradicional chiste de mariquitas. “Nosotros hacemos bromas con el mundo gay de la misma forma que lo hacemos con la gente de los pueblos, con los progres, los neoconservadores…”, señala Joaquín Reyes, director del programa.

En las páginas del semanario El Jueves, tradicionalmente tan afines al humor gañán de gusto hetero, los vientos del cambio también se han hecho notar: la serie Sauna paradise, de Carles Ponsí, habla del mundo gay desde dentro y no hace falta entender para sucumbir a su comicidad. Según Ponsí, su trabajo “ha tenido muy buena acogida y creo que es porque no ha pretendido dar lecciones de nada. Gracias a eso se han recibido e-mails de lectores sorprendidos del concepto erróneo que tenían sobre la homosexualidad y la increíble semejanza que hay entre el mundo hetero y el gay. No sé si Sauna paradise ha roto tabúes, pero sí ha conseguido reivindicar el genero gay como cómic en el mercado español, donde sólo el cómic porno lucía erróneamente esta etiqueta”. Lejos, pues, de las hipérboles anatómicas de las ilustraciones de Tom de Finlandia o del detallismo lumpen del clásico Nazario, Ponsí propone un registro cotidiano que podría estar más cerca del modelo inmortalizado por Ralf König (autor de El hombre deseado o El condón asesino, ambos adaptados al cine). Entre tanto, el cómic lésbico, con nombres como Paige Braddock, Jennifer Camper o Alison Bechdel —con su Fun home funcionando en las librerías españolas como best seller de culto—, se afirma como la nueva potencia creativa a tener en cuenta.

En una reciente emisión del concurso Pasapalabra se proponía al concursante emparejar a cada superhéroe con su pareja sentimental. Lo significativo del caso es que la respuesta correcta para emparejar a Batman era... ¡Robin! Hace tan sólo tres años que al artista plástico Mark Chamberlain le costó caro bromear con esa idea: la DC Comics obligó a la galería neoyorquina Kathleen Cullen Fine Arts a que retirase las acuarelas de Chamberlain que mostraban a los míticos personajes en carnal intimidad. Si lo que estaba en juego era un arranque homófobo o un ataque de cuernos en cuestiones de copyright podría ser tema de largo debate.

La visibilidad gay en los medios tradicionales aún tiene que moverse en los cauces de lo aceptado por la mayoría hetero. Y, así, resulta complicado salirse del arquetipo, aunque éste tenga tanta chispa como el Fidel de Aída. “Los medios de comunicación gays, las diferentes firmas, etcétera, proponen y el gay dispone”, afirma Jousi. “Te pueden bombardear para que te compres un suspensor y, si te aferras a un boxer de algodón con estampado de ositos, no hay quien te mueva. Hay que buscar tu look, tu individualidad. Lo mejor es salirte del patrón de gay globalizado; hay todo un underground gay infinitamente más interesante estéticamente”.

El presente Día del Orgullo Gay va a poner su acento en la visibilidad lésbica. No obstante, una temporada que ha aportado ensayos tan provocadores y estimulantes como el Testo yonqui, de Beatriz Preciado, ha inmortalizado imágenes tan poderosas como la de Thomas Beatie —el primer hombre embarazado— o ha atendido en sus crónicas sociales los cambios de sexo de figuras públicas como los cineastas Michael Cimino o Larry Wachowski ya permite intuir dónde está el próximo tabú a demoler: el género como monolito, de momento muralla infranqueable para un futuro regido bajo el signo de Hedwig, donde las identidades sexuales serán tan fluidas como cada uno necesite.

-EL PAIS -

viernes, 22 de agosto de 2008

No hagas caso de la gente...

No hagas caso de la gente sigue la corriente y quiereme mas que si esto es escandoloso es mas vergonzoso no saber amar

jueves, 21 de agosto de 2008

El Pop español renace... 1


Líder llamativo
Petra Flur es el cantante de Krakovia, una de las nuevas bandas que actuarán el 21 de junio en El Día de la Música
- El Pais -

miércoles, 20 de agosto de 2008

El primer humano en la Luna...



El primer hombre en la Luna pudo ser una mujer

Se llamaba Jerrie Cobb y cumplía todos los requisitos para las duras condiciones de la misión espacial. Pero el machismo de la época no podía permitir que la primera pisada en la Luna fuera de una mujer. La discrimación llegaba al espacio. Hasta 1983, la NASA no rectificó.

Hace unas semanas, Hillary Clinton, en el discurso que marcaba el final de su campaña política, a la hora de valorar el terreno que durante décadas han ido ganando las mujeres en su país utilizó a las astronautas como ejemplo: “Mientras estamos aquí hablando, la mujer número 50 en abandonar la Tierra orbita sobre nuestras cabezas”. En ese vistoso empeño que ha hecho Estados Unidos por conquistar el espacio, las mujeres, a pesar de la tumultuosa cincuentena esgrimida por Clinton, han desempeñado un papel especialmente infeliz. En 1958, cuando la NASA inauguró la carrera espacial, el sexo de los astronautas era determinante, y, de no haber sido así, es muy probable que el primer hombre en la Luna hubiera sido mujer. El 22 de diciembre de aquel mismo año inaugural apareció en todos los periódicos del país una convocatoria para candidatos a astronauta; se ofrecía un salario anual que oscilaba, según las aptitudes del aspirante, entre 8.330 y 12.770 dólares de la época, y en el inciso III, unas líneas por debajo del salario, decía con todas sus letras: “Los aspirantes deben ser hombres de entre 25 y 40 años”. También se especificaba, un poco más abajo, que para ganarse uno de los siete puestos que se ofrecían era necesario resistir una batería de 75 pruebas físicas, de dureza extrema, y otras tantas de espectro psicológico. Aunque la convocatoria excluía, de forma rotunda, a cualquier mujer que pudiera optar por el novísimo trabajo de astronauta, el director del área científica de la NASA, William Randolph Lovelace, hizo algunas excepciones: 14, para ser precisos.

Aquel programa primigenio, que años después se encadenaría con el Gemini y con el Apollo que finalmente llegó a la Luna, se llamaba Mercury, y tenía entre sus objetivos observar el comportamiento del organismo humano en el espacio exterior y, sobre todo, convertirse en líder de la carrera espacial, porque un año antes la Unión Soviética, de forma sorpresiva y altanera, se había colocado a la cabeza con el lanzamiento del Sputnik II, una sólida nave de diseño rudo que llevaba en su interior una perra siberian husky de nombre Laika; el animal había viajado con el cuerpo sembrado de electrodos, iba con la encomienda de probar de qué forma se desenvolvía un mamífero en el espacio exterior, y de paso también la de celebrar, con su hazaña eminentemente involuntaria, el 40º aniversario de la Revolución de Octubre. Los primeros informes, de manufactura desde luego soviética, decían que Laika había sobrevivido una semana a bordo del Sputnik II y que después había muerto en paz y sin experimentar dolor alguno. Pero otro informe más reciente, desclasificado en 2002 y también de manufactura soviética, dice que Laika murió de pánico y sobrecalentamiento unos minutos después del despegue. Como los dos informes provienen de la misma fuente, no queda más que acogerse a la evidencia final, donde cabe cualquier cosa que quiera decirse sobre el destino de Laika: cinco meses después de su lanzamiento, el Sputnik II, con la perra no se sabe si viva o muerta, pero en su interior, se desintegró cuando sobrevolaba Barbados.

El doctor Lovelace era un experto en medicina espacial y contaba entre sus galones la invención de la máscara de oxígeno de gran altitud, esa suerte de trompa que cubre nariz y boca y que se ponen los pilotos de los aviones de combate. Como Lovelace era un científico sumamente comprometido, decidió que él mismo probaría su invento, así que subió a 40.200 pies de altitud, a bordo de un bombardero B-17, y desde ahí se tiró con el prototipo de la máscara puesto. Pero la altitud y el frío eran tan salvajes que el doctor Lovelace, justamente después de abrir su paracaídas, quedó inconsciente y no se recuperó hasta que estaba a unos cuantos metros de la Tierra, colgando de la rama del pino donde su paracaídas se había enganchado. Muchos años dedicó el doctor Lovelace a la investigación espacial, hizo una de las carreras más contundentes que recuerda la NASA, y como punto final, paradójico y trágico para esa vida dedicada a resolver los misterios del vuelo, se estrelló en un avión en Aspen, Colorado. Como homenaje a su colega desaparecido, la comunidad científica eligió un cráter en la Luna, de 54 kilómetros de diámetro, y lo bautizó con el nombre de Lovelace Crater.

Aun cuando en EE UU la historia del vuelo dentro y fuera de la atmósfera ha sido esencialmente masculina, las mujeres han estado involucradas de manera activa, casi siempre a la sombra. En 1930 había 200 mujeres piloto registradas; para la II Guerra Mundial, el número ascendía a 935 y constituía el 31,3% del personal de la Fuerza Aérea. Aunque el porcentaje era significativo para esos años, las mujeres no tenían derecho al grado militar y desempeñaban exclusivamente tareas de apoyo: pilotos de pruebas, controladoras aéreas, mecánicas o instructoras. No obstante, en 1958, cuando Lovelace se puso a diseñar la misión del Mercury 7, descubrió que uno de los mejores historiales de la Fuerza Aérea correspondía a Geraldine Cobb, una mujer que a los 28 años llevaba 7.000 horas de vuelo y tres récords mundiales de aviación. Uno de los requisitos para formar parte de la misión era, como se ha dicho, ser hombre. Sin embargo, Lovelace encontró en Geraldine a la candidata perfecta; era tan diestra y resistente como cualquier astronauta hombre, y además su complexión se ajustaba perfectamente a los requerimientos de la nave, que contaba con un espacio mínimo para la tripulación y no admitía cuerpos que midieran más de 1,80 metros ni que pesaran más de 82 kilos. A todo eso se sumaba el dato crucial de que las mujeres consumen menos oxígeno que los hombres, y esto constituía una gran ventaja para esa misión donde cada gramo de oxígeno que se enviaba al espacio costaba alrededor de 77 dólares.



A Lovelace le pareció que éstos eran argumentos suficientes para incluir a pilotos mujeres en la convocatoria, y comenzó a trabajar con ellas en un grupo paralelo de 13 astronautas; el otro grupo, el de los hombres, había sido rápidamente constituido con los elementos más destacados de la Fuerza Aérea. Lovelace trabajaba, bajo una presión extrema, en un centro de investigación médica que él mismo había fundado en Albuquerque, Nuevo México, y que dos décadas más tarde, en 1979, quedó inmortalizado en la novela The right stuff, del escritor Tom Wolfe. La idea de que los rusos, luego del palo que había significado el vuelo de la perra Laika, consiguieran poner primero a un hombre en órbita aterrorizaba a los directivos de la NASA, entre otras cosas porque la conquista del espacio era una de las prioridades del presidente Dwight Eisenhower; tanto que mientras Lovelace confeccionaba su tripulación, otro departamento se ocupaba de poner en órbita la nave Little Joe II, que era la respuesta directa al Sputnik II, pero, en lugar de un siberian husky, llevaba a bordo un mono, de nombre Sam y sexo, por supuesto, masculino. Con esa misión, la NASA logró tratar de tú a tú a la URSS; ambos países habían mandado un organismo vivo al espacio, y en lo que trataban de dar el golpe definitivo enviando a un hombre, EE UU se puso temporalmente a la cabeza con el lanzamiento, unos meses más tarde, de la nave Little Joe I-B, que llevaba dentro un mono hembra con un nombre que reflejaba el superávit de testosterona que había entonces en la NASA: en lugar de llamarla Cindy o Rosy, los responsables de la misión le pusieron Miss Sam (Señorita Sam), en honor al mono macho que la había precedido.

A mediados de 1960, el doctor Lovelace, convencido de que en la tripulación del Mercury 7 tenía que haber mujeres, aplicó a un grupo de 14 la misma batería de pruebas físicas y psicológicas que a los hombres; como se trataba de pruebas muy arduas y sofisticadas, las candidatas tenían que desplazarse hasta el centro de investigación que tenía Lovelace en Nuevo México y hospedarse ahí durante varias semanas. Aquella estancia que para los hombres –todos oficiales de la Fuerza Aérea– era pura rutina, para las mujeres, que pertenecían al mundo civil, suponía un enorme sacrificio que les generaba dificultades con su familia y en sus trabajos. Geraldine Cobb, por ejemplo, era, además de piloto de caza sin grado militar, ejecutiva de una compañía que diseñaba piezas para el fuselaje de los aviones. El resultado de las pruebas confirmó lo que el doctor Lovelace había previsto: mujeres y hombres están igualmente capacitados para ser astronautas, pero también descubrió que las mujeres soportan mejor la presión psicológica y las angustiosas horas de soledad espacial a las que está expuesto un astronauta. Convencido de que la tripulación del Mercury 7 tenía que ser mixta, y sobre todo de que Geraldine Cobb, que era el astronauta más capaz que tenía la NASA, debía encabezar el proyecto, envío los resultados de su selección a George Low, que entonces era director de misiones espaciales.

Mientras la junta directiva deliberaba, los rusos asestaban el palo definitivo, un palo del que Estados Unidos no podría recuperarse hasta 1969, cuando Neil Armstrong pisara la Luna con sus botas: el cosmonauta Yuri Gagarin fue puesto en órbita en abril de 1961 y permaneció 108 minutos gravitando alrededor de la Tierra; aquella proeza se adelantó un mes al lanzamiento del Mercury 7, que con todo logró completar una misión exitosa que igualó nuevamente la carrera espacial. Al mando de la nave iba el astronauta Alan Sheperd, un destacado elemento que, además de ser el primer estadounidense que salió al espacio, fue años después el quinto hombre que pisó la Luna; el resto de la tripulación del Mercury, los otros seis, eran todos hombres. Las mujeres fueron finalmente descalificadas por la directiva; cada una recibió en su casa un telegrama, firmado por el mismo George Low, donde decía: “No sentimos, en este momento, que esto represente alguna ventaja para nuestro programa espacial”.



Dos años más tarde, en 1963, cuando Geraldine Cobb ya había colgado su traje de astronauta y se había convertido en una alta ejecutiva, los temibles rusos pusieron en órbita la nave Vostok VI, tripulada por Valentina Tereshkova, la primera mujer en la historia que salió al espacio; había sido elegida entre 400 candidatos, tenía 26 años y el nombre falso, y juguetón, de Chaika (gaviota en ruso). A pesar del precedente que estableció Chaika, la decisión de no incluir a mujeres en el programa espacial de la NASA se mantuvo hasta 1983, cuando Sally Kristen Ride protagonizó un acontecimiento que llevaba más de 20 años de retraso: en una misión de seis días a bordo de la nave Challenger, se convirtió en la primera mujer estadounidense en salir al espacio. Un año más tarde rizó el rizo de Tereshkova al convertirse en la primera mujer de la historia que caminó, durante 3 horas y 35 minutos, por el vacío espacial.

- El País -

martes, 19 de agosto de 2008

lunes, 18 de agosto de 2008

Testimonio de la brutalidad...


Marc Garanger, 1940
“Argelia, 1960. Fotos tomadas a mujeres argelinas para los documentos de identidad en los que se les quitó el velo a la fuerza por las autoridades francesas coloniales. Las fotos fueron usadas luego como testimonio de la brutalidad de la Guerra de Argelia.”

domingo, 17 de agosto de 2008

Así conseguí las fotos...



Así conseguí las fotos del sargento Bee en Afganistán

Es muy poco habitual encontrar una secuencia de fotos como la que captó el fotógrafo de Reuters Goran Tomasevic el pasado 18 de mayo en Afganistán. A través de su objetivo logró capturar el cruce de disparos entre el sargento estadounidense William Bee y un grupo de talibanes. Hoy, Tomasevic — un experimentado fotógrafo de guerra serbio — ha contado en la web de la agencia de fotografía para la que trabaja la historia que se esconde detrás de tan espectaculares imágenes.



Si no hubiera enfocado la cámara antes de que la bala chocara contra el muro, no habría podido reaccionar tan rápido como para tomar estas imágenes. Unos minutos antes, había estado 'haciendo el vago' bajo el calor abrasador del desierto de Afganistan, observando las filas de hormigas y preguntándome cuándo podría probar mi nueva lente de 24mm.

Se escucharon disparos desde fuera del perímetro en el que se encuentran los marines de los EEUU, que custodiaban el distrito de Garmsir, un bastión talibán en la provincia de Helmand, la mayor región productora de opio del planeta. Cogí mis botas y mis cámaras y corrí a ver lo que ocurría. Los marines habían localizado a algunos talibanes moviéndose a unos 200 metros de distancia del recinto. Eché un vistazo rápido por encima de la pared pero no conseguí ver ningún talibán. A continuación, los disparos comenzaron de nuevo. Los soldados abrieron fuego con ametralladoras pesadas; los talibanes contestaron con más disparos.

Después de haber cubierto media docena de guerras, estaba prácticamente seguro de que los disparos que habían impactado en el muro que estaba cerca de mí provenían de un rifle fabricado en Rusia, un Dragunov. Pensé que era mejor volver y ponerme unos pantalones. También cogí mis chalecos antibalas, un casco y un poco de agua. En cuanto salí fuera, los disparos comenzaron de nuevo.

El sargento William Bee estaba allí, con su fusil M-16. Le pregunté si los talibanes estaban disparando desde el mismo punto que antes. Él me respondió que sí e inmediatamente se levantó y apuntó con su rifle. De pronto, hubo disparos y Bee cayó al suelo. Dejé mis cámaras y salté encima de él. Examiné su cabeza y su cuello, esperando encontrar sangre, pero no había nada. Él seguía respirando pero estaba inconsciente.

Los médicos llegaron, lanzaron una granada de humo para poder colocarlo en una camilla y se lo llevaron. Yo cogí mis cámaras y lancé algunas fotografías más. Luego regresé para ver cómo estaba el sargento Bee. Fue su día de suerte porque no estaba herido grave.



En un primer momento, entre la adrenalina y la velocidad de los acontecimientos, ni siquiera supe si había llegado a hacer alguna foto a Bee en el momento culminante de la acción pero fue muy emocionante ver la secuencia de imágenes.

Puede que sólo se tratara de suerte, de esa que llega después de una paciente espera de horas, semanas — en este caso más de dos meses — comiendo, durmiendo y patrullando codo con codo con los soldados estadounidenes en Afganistán, compartiendo sus vidas y sus dificultades. He desarrollado un profundo respeto por estos jóvenes y por el modo en el que realizan su trabajo, de una manera muy tranquila y profesional pese a las terribles condiciones de vida y al peligro al que se enfrentan cada día.

Cuando envié las fotografías, aparecieron en periódicos y televisiones de todo el mundo. Al principio no dí el nombre del protagonista de la fotografía pero me encargué de dejar claro de que estaba bien.



Periodistas de todo el mundo me llamaron por teléfono, y también a mis editores, para preguntarme por el nombre del marine. Así que pregunté a Bee si me permitía revelar su nombre: me dijo que primero tendría que llamar a su mujer para decirle que estaba bien. Pero la esposa del sargento Bee ya había visto las fotografías a través de Internet y, por supuesto, había reconocido a su marido de inmediato.

"Estaba embarazada de más de siete meses y pensé que iba a dar a luz", comentó a un portal de noticias estadounidense. "Me decían que estaba bien pero no me lo creí hasta que conseguí hablar con él", recogía la página de FOXNews.com.

Ella describió a su marido como un "tipo con cara de póquer" que "vive para el ejército". También dijo que su marido le contó que se encontraba cambiándose de ropa cuando la compañía fue atacada con disparos. "Dice que se dio la vuelta e hizo lo que tenía que hacer".

Por GORAN TOMASEVIC (REUTERS)

sábado, 16 de agosto de 2008

Sensatez es...

Sensatez es saber reconocer en qué momento la batalla ha llegado a su término, y no perpetuar su agonía.

viernes, 15 de agosto de 2008

La historia de la fotografía...

Escribir, reescribir... pintar, fotografiar

Esta semana hemos chocado contra un titular que habrá hecho temblar al lector más sensible: 'La historia de la fotografía se reescribe'. Una frase que viene con sonido: el de una losa que cae y se destroza en el suelo, un pavimento granítico sobre el que queda esparcida la demoledora frase. Un temblor de gama alta en la escala de Richter. Un escalofrío propio de un verano-invierno sin otoño.

La fotografía no ha hecho otra cosa a lo largo de la historia que reescribirse. Fotografía es comunicación gráfica y su embrión hay que buscarlo allá atrás, en las cavernas. Desde entonces los cruces no han cesado, dando lugar a criaturas de aspecto diverso. Pintura y fotografía, fotografía y vídeo, vídeo y pintura, pintura y fotografía. Y así rotando a diario desde entonces. Información, opinión, reflexión, placer, inspiración... tanto para el emisor como para el receptor.

Vivimos un mundo de plataformas cruzadas y fronteras desdibujadas: el papel comienza a confundirse con internet, internet con la televisión y la televisión con el papel. Para quien dude de esto último que piense en la televisión a la carta. Un círculo vicioso en el que nuestra necesidad de etiquetar las cosas nos obliga a replantamientos continuos.



Nuestra imagen de la semana retrata a Heath Ledger, actor australiano que triunfó en Hollywood con su interpretación en 'Brokeback Mountain'. Ledger murió a principios de este año en su apartamento de Nueva York. El autor sitúa su melancólica mirada en el eje central, para luego dibujar mediante una luz lateral los detalles de su torso desnudo, sus tatuajes y la posición de los dos hombres que aparecen en la escena cubriendo sus bocas con el dedo índice, tal vez susurrando. Una bella foto. Por cierto, en realidad es un óleo hiperrealista que ha sido elegido esta semana como el retrato más popular en Australia en este momento.

- El Mundo -

jueves, 14 de agosto de 2008

Smoking is bad...


Ellos le dan al vicio
'Smoking is bad' muestra tres decenas de retratos de hombres famosos, en el acto íntimo de fumar

Los gestos, actitudes y momentos íntimos del acto de fumar protagonizan la exposición Smoking is bad ('Fumar es malo', en inglés), que desde ayer muestra tres decenas de retratos de personajes famosos con un cigarro en la boca en la sala de exposiciones de la Fnac de Callao, en Madrid, dentro del marco del Festival PhotoEspaña08.

Jeremy Irons, Mickey Rourke, Javier Bardem, Steve McQueen, Dennis Hopper, Brian Molko, Jean-Michel Basquiat, Brad Pitt y Gisele Bündchen son algunos de los actores que en los últimos 50 años han posado fumando para la revista GQ, que organiza la exposición y ha editado, además, un libro con las fotografías de artistas de la talla de Annie Leibovitz o Alberto García-Alix.

El punto de partida de la exposición es la caída en desgracia del tabaco como referente artístico en el cine y la fotografía. Este nocivo hábito ha funcionado durante décadas como icono de elegancia. Desde las caladas de Humphrey Bogart a los cigarrillos con boquilla alargada de Marlene Dietrich, el acto de fumar ha sido explotado por la industria de Hollywood y las tabacaleras para trasmitir una imagen de sofisticación y erotismo desde los años 50 y hasta hace pocos años.

Ahora que los peligros del tabaco han sido concretados por la ciencia médica, la industria del cine, según los organizadores de la muestra, busca un sustituto. La exposición Smoking is bad permanecerá abierta al público de manera gratuita hasta el próximo 1 de julio.

miércoles, 13 de agosto de 2008

martes, 12 de agosto de 2008

Vidas minadas...


Vidas minadas
La mozambiqueña Sofia Elface Fumo con su hija Alia (estas imágenes pertenecen a la exposición 'Vidas minadas, 10 años' que se inaugura el martes 27 en el Instituto Cervantes de Madrid, y al libro del mismo título publicado por la editorial Blume. Pertenecen a un proyecto fotográfico financionado por Intermón Oxfam, Médicos sin Fronteras y Manos Unidas, y cuenta con la colaboración especial de DKV Seguros)

lunes, 11 de agosto de 2008

Ponte...

Ponte las katiuskas y quítate el sombrero ante Glastonbury

Glastonbury es sin duda el paraíso de cualquier joven. Los mejores grupos de indie-rock del mundo se dan cita en el mayor acontecimiento musical de año. Pero para que el paraíso no se convierta en pesadilla hay un imprescindible que no debes olvidar en casa: las katiuskas. Y es que ya se sabe como se las gasta el verano inglés.

domingo, 10 de agosto de 2008

No hay peor decepcion...

No hay peor decepcion a que una esperanza te desilusione

Las portadas... 8


Las portadas que querían cambiar el mundo
¿Y qué opina Lois de las portadas de las revistas actuales? Al diseñador y publicista no le gustan nada. Son imágenes sin significado, rostros conocidos que acaparan cada centímetro de papel, dice. Las históricas que él creó (al menos, 31 de aquellas 92 memorables 'covers') podrán verse en el MoMA hasta el 31 de marzo de 2009.

viernes, 8 de agosto de 2008

Neil Young, la tormenta perfecta...


Tras el principal escenario de Rock in Rio, con las abarrotadas terrazas de comida rápida a lo lejos y la música bacalao retumbando de fondo, Neil Young llega cojeando apenas cinco minutos antes de la hora prevista para el comienzo de su concierto. Su presencia, en mitad de un backstage enorme y semivacío, radia la gracia de un anciano venerable, vestido de blanco y con sus greñas canosas. Parece bastante indiferente al ruido que se adueña de un festival de música que más bien parece un parque de atracciones, y al cruzarse con una campana gigante, que se esconde entre instrumentos como un trasto viejo, se para, observa y tañe con fuerza y orgullo lo que para el resto del puñado de personas que nos encontramos entre bambalinas con él no era más que un objeto a la espera de que se lo llevaran a otra parte. La sonrisa que refleja su cara es el mejor indicativo de lo que espera a todos sus oyentes cuando cruce las lonas negras.

A sus 62 años y tras superar un aneurisma cerebral, Neil Young da la sensación de estar bastante cascado pero es sólo la calma aparente que precede a la tormenta. Con más de 35 años de carrera profesional, es difícil encontrar un músico con su energía y dedicación al rock. Tiene una voluntad forjada con carretera, al estilo de los músicos de siempre, que sustenta como el gran pilar de un templo la inquietud y pasión inquebrantables que desprende su obra. Son añadidos que marcan la excepcionalidad cuando un artista como Young ya viene sobrado de talento y experiencia.

Miles de personas esperan la salida de Neil Young y su banda. Apenas quedan unos segundos. Al otro lado de las cortinas, el músico canadiense, acompañado de su esposa, Pegi Young, echa unos tragos a una cerveza que una mujer de su equipo ha preparado con cuidado para él, depositándola en un vaso y añadiéndola limón. Luego, besa a su esposa, que es corista del grupo, y grita al resto de componentes de la Electric Band: "Venga, vamos a por ello".

Sobre el escenario

El arranque es pletórico. Descarga de watios con la electricidad, una de las señas de identidad del músico, inundando el escenario. Young abre el concierto rastreando su pasado más prehistórico al recuperar Mr. Soul, una de las piezas más celebradas de su primera gran formación, Buffalo Springfield, con los que se dio a conocer como el indio en la psicodelia californiana de los sesenta. Luego, se acerca a su primera época con I've Been Waiting y la trepidante Cinnamon Girl. Las guitarras eléctricas se rasgan con contundencia, solos concisos y fraseos emocionantes. Al acabar Cinnamon Girl, Young tira la púa después de no parar de moverse por dos metros del escenario.

Spirit Road pierde fuelle. Como otros temas de su último álbum, Chrome Dreams II, parece pensada para su banda por excelencia, Crazy Horse. El sonido de la Electric Band es algo menos crudo y robusto. Sin embargo, el último grupo de Young es un conjunto de vieja guardia, que sabe acoplarse al espíritu indomable del canadiense. De espaldas al público, Young se dirige al resto de la banda. No está contento con el sonido de uno de los altavoces, que señala con el dedo repetidamente y se lo hace saber con gesto serio a Mark, el encargado de sonido que nunca pierde la sonrisa. Pese a todo, con Love & Only Love, de su brillante Ragged Glory, los torrentes a la guitarra arrastran a una cascada eléctrica y distorsionada. No deja de ser sorprendente ver a un hombre de su edad con esa fuerza. Por su nombre, Neil Young podría estar semiretirado, grabando duetos con estrellas del pop y colocando discos de grandes éxitos en las estanterías, pero fiel a su concepto artístico elige la vertiente de la coherencia. Hey Hey, My My es el himno de este sentimiento. El rock'n'roll nunca morirá, canta Young.

A la lista de temas eléctricos, le sigue una acertada selección de cortes más tranquilos, donde prima el uso del pedal steel por parte de Ben Keith. Así se comprueba en el clásico The Needle and The Damage Done. Antes ha interpretado Mother Earth, al piano, sin las guitarras de la versión en estudio y con la voz arrimándose al gospel. Tras Get Back To The Country, Words constata posiblemente la mejor virtud del combo: la capacidad para extender las canciones, el rollo de improvisación jam, más propio de un garito que de un escenario monstruoso como el de Rock In Rio.

El ejemplo máximo termina siendo No Hidden Path, abrasivo cierre final antes del único bis de la actuación, la preciosa A Day In The Life, tema original de los Beatles. No Hidden Path se alarga sin fin, es una epopeya, que recorre senderos eléctricos que se cruzan quemando el alma. Neil Young y la Electric Band se concentran en apenas cinco metros cuadrados, hacen círculo, se miran, se ríen y se pierden en su fiesta particular. Llevan haciéndolo desde el primer minuto de concierto. Young brinca en su particular modo de entender el rock. Con la noche cerrada y el termómetro por las nubes, ese pequeño espacio es el epicentro de la tormenta perfecta.


- EL PAIS -

jueves, 7 de agosto de 2008

La humillación...

La humillación, una parte de la desolación.

Las portadas... 7


Las portadas que querían cambiar el mundo 7
La cáustica mirada de 'Esquire' abordaba también otros temas polémicos. En pleno movimiento de los derechos civiles, llevó a su portada al primer Santa Claus negro. La escandalosa portada navideña de 1963 era el boxeador Sonny Liston (precisamente, el que había noqueado a Patterson), una irónica imagen de la creciente división racial del país. La portada hizo perder a 'Esquire' unos 750.000 dólares en ingresos publicitarios, aunque su éxito en los quioscos compensó las pérdidas. Durante los cuatro años posteriores, 'Esquire' ingresó unos tres millones de dólares al año. Su circulación anual pasó de 500.000 a dos millones y medio de ejemplares.

martes, 5 de agosto de 2008

Charles Manson escupe...


Charles Manson escupe al mundo su rock carcelario
El asesino de Sharon Tate cuelga en Internet su segundo disco

En 1967, a los 33 años, Charles Manson salió de la cárcel con el proyecto de convertirse en músico de rock, concretamente en el quinto Beatle. Aquella temporada en la prisión era la última de una larga serie que había comenzado cuando tenía nueve años de edad y fue condenado a tres por robo a mano armada. Su siguiente ingreso en la cárcel, en 1969, ya lo hizo como el asesino más famoso de su tiempo, como el líder espiritual de The Family, una secta de perturbados que irrumpieron en la escena mundial la noche en que asesinaron a la actriz Sharon Tate, que entonces era la mujer de Roman Polanski y estaba embarazada de ocho meses.

'One Mind' cuenta con dos versiones: 'políticamente correcta' y 'cruda'


La escena del crimen en el salón de la casa que estaba en el número 10050 de la calle Cielo Drive, en Los Ángeles, pegó directamente en la obra de The Beatles y en el corazón de sus fanáticos: como punto final de aquel crimen horrendo, los enviados de Manson escribieron en la pared las palabras Helter Skelter con la sangre derramada de su víctima.

Durante aquella temporada en prisión, la penúltima que terminó en 1967, Charles Manson cultivó tres obsesiones que serían la base teórica de su clímax criminal: la cienciología, el budismo y la obra de los Beatles (él mismo ha venido sosteniendo hasta la fecha, sin asomo de la menor autocrítica, que de haber tenido la oportunidad, hubiera sido mucho mejor que los cuatro de Liverpool).

"Sé que no podré adaptarme al mundo después de pasar toda mi vida encerrado en una celda donde mi mente puede viajar con libertad. Estoy bien aquí dentro, haciendo mis caminatas en el jardín y tocando mi guitarra", le dijo Manson al director de la prisión cuando salió por última vez.

Lo primero que hizo entonces fue coger un autobús a San Francisco y ahí, parapetado detrás de su guitarra, perpetuamente desafinada, se integró en una comuna y en unos cuantos días, a fuerza de canciones y discursos cienciológicos salpicados de budismo y autoayuda, se convirtió en el líder de una pandilla de hippies desastrosos que escuchaban con devoción su discurso mesiánico y aceptaban, ciegos de fe, las dosis de LSD que Manson, con el objetivo de reforzar su mesianismo, repartía entre su tribu.

Meses más tarde, Manson ya había formado su propia comuna y había conseguido un autobús en el que viajaban todos recorriendo California, con una economía fundamentada en el atraco y en el chanchullo, dándole vuelo a una altísima espiritualidad de túnicas largas y ojos en blanco, con sus dos inspiraciones: el ácido lisérgico y las canciones de su gurú.

De aquella tribu errante nació The Family, la banda que segaría la vida y la descendencia de Sharon Tate, la noche del 9 de agosto de 1969. Desde entonces Charles Manson cumple una condena de cadena perpetua en la prisión estatal de Corcoran, California. Es el preso que más correo recibe en Estados Unidos, tiene su página web (www.charliemanson.com) y una inconcebible legión de fans, y bandas como Guns N'Roses han coqueteado con la idea de interpretar sus canciones con tanta convicción que una de estas, Look at your game girl, aparece en un track oculto en el álbum The Spaghetti Incident, que apareció en 1993. A partir de entonces, no se sabe si por casualidad o por justicia divina, Guns N'Roses entró en una decadencia de la que hasta hoy no ha podido salir.

La ambición de ser músico sigue siendo capital para Manson; hace unos días, siguiendo el ejemplo de Radiohead, desde esa misma celda que ocupa hace cuatro décadas y a los 74 años de edad, colgó su nueva obra en Internet: One Mind, una colección de 16 cortes musicalizados con su guitarra desafinada. El sencillo de esta producción puede descargarse gratis en www.limewire.org; hay versión cruda y versión políticamente correcta, y el CD, que viene pintado por él mismo (otro talento del que tampoco se priva), se vende en www.familyjams.com.

En el disco, según Manson, hay "canciones, rap, conversaciones y trans-poetry", aunque en realidad el resultado es una maraña que campea entre la autoayuda, la reflexión cienciológica y el absoluto absurdo. La canción Angel's fear to tread empieza así: "Ésta es una canción sobre algo en lo que todavía ni he pensado". Si siente usted el impulso de comprar esta obra, deténgase un momento y piense en el horrible asesinato de Sharon Tate; después haga lo que le dicte su conciencia.

- El Pais -

lunes, 4 de agosto de 2008

Si tuviera que regalarte algo...

Si tuviera que regalarte algo, te regalaría un beso, y el Universo

Las portadas... 6


Las portadas que querían cambiar el mundo 6
La oposición de 'Esquire' a la guerra de Vietnam fue uno de los temas recurrentes de la revista durante aquellos años. Esta es una de las más impactantes. Tras esa imagen idílica, que pudiera recordar a esas imágenes americanas del clásico americano Norman Rockwell, se encuentra el responsable de la masacre de My Lai, en la que se mató a cientos de niños y mujeres. La orden la dio el hombre que sonríe junto a cuatro niños vietnamitas: William Calley.

sábado, 2 de agosto de 2008

Precursor del hiperrealismo...


Veintidós obras forman "Esculturas del sueño americano" en la que se recorren treinta años de la trayectoria artística del estadounidense Duane Hanson (1925-1996), uno de los escultores más reconocidos de finales del siglo XX y precursor del hiperrealismo. La exposición se puede visitar en el centro Arte Canal, en Madrid.

El protagonista es la persona
El tema principal de la obra de Hanson es la persona, porlo que para realizar la mayoría de sus esculturas elegía a un ciudadano medio, anónimo, de cualquier edad. "En otras ocasiones, como en "Medical Doctor" o en "High School Student", son sus propios hijos los representados". Esta mujer, de mediana edad, negra, con la mirada triste, retrata el cansancio y la frustración de buena parte de la clase trabajadora, de los "perdedores" que no han alcanzado el éxito social o económico.

Estereotipos de la sociedad americana
En su búsqueda de la singularidad de lo cotidiano, captura estereotipos de la sociedad americana de los años 70 a los 90 y recrea figuras de personas corrientes en actitudes tan comunes como la de los obreros en "Lunchbreak", escena creada a partir de todos los utensilios que compró a un grupo de obreros a los que llevó a su taller y convirtió en protagonistas de su obra; el "Policeman" que vigila la exposición o la limpiadora, representada en su ya emblemática "Queenie II".

El sueño americano, en cuestión
El sueño americano también esta puesto en cuestión en obras en las que trata la guerra del Vietnam, la masacre de Tian'anmen, el racismo o el aborto, como en "Abortion"(1965), la primera de las obras que se conserva de él ya que todas las anteriores las destruyó, en la que denuncia la muerte de mujeres a causa de abortos ilegales. Las esculturas de Hanson, salvo excepciones, se caracterizan por haber sido concebidas a tamaño real sobre modelos al natural, utilizando el vaciado en escayola, para ser moldeadas después en fibra de vidrio, polivinilo, bronce o resina epoxi y pintadas a mano.