Me imagino dejando que pasen las horas sentado en la misma cama. Mirando la televisión sin mover un dedo, sólo por curiosidad de saber qué hace el tiempo con uno cuando uno no hace nada con el tiempo.
- "Tokio ya no nos quiere" de Ray Loriga -
sábado, 5 de diciembre de 2009
viernes, 4 de diciembre de 2009
jueves, 3 de diciembre de 2009
Novocaína para...

Novocaína para el alma
¿Cómo traducir la angustia adolescente en un universo naïf y colorista? La respuesta, en el nuevo libro retrospectivo sobre Mike Mills, cineasta y artista seminal sin el que no se puede entender el ascenso de la cultura skate en Los Ángeles y el declive del underground neoyorquino.

CUANDO Mike Mills (Berkeley, California, 1966) se portaba bien de crío, su premio era una visita a Disneylandia. Un mundo artificial de evasión para niños y adultos donde abrazó sus primeros iconos estéticos. Aún hoy vive fascinado por el influjo de esta fábrica de sueños, aunque su perspectiva es bien diferente: "Es uno de mis imperios del mal favoritos. No hay nada más poderoso en el mundo, su estética es más fuerte que cualquier gobierno. Cuando se habla de la americanización o el exceso de influencia de EE UU se suele citar a Hollywood, pero yo creo que Disney es mucho más potente, más sospechosa". Así es como personajes como Winnie The Pooh —"es como el medicamento que todos los niños del planeta toman sin rechistar"— o el propio Walt Disney —"un maniaco depresivo"— se han convertido en protagonistas recurrentes de las creaciones de Mills.
Su obra hoy se ve recopilada en el libro Graphics/Films, que recoge trabajos esenciales de sus últimos 15 años. "No es que piense que ha llegado el momento para una retrospectiva, pero a uno no le ofrecen publicar un libro todos los días", se ríe. Aunque para buena parte de sus seguidores sí tiene sentido esta edición. El volúmen revela todas sus facetas: sus diseños de portadas de discos y pósters para artistas musicales (de Beastie Boys a Beck), sus colaboraciones con marcas de skate (Subliminal o Supreme) y de moda (Marc Jacobs o X-Girl), exposiciones (en Alleged Gallery, Colette o el Mu Museum), videoclips (Pulp, Air, Yoko Ono, Zoot Woman o Blonde Redhead), cortos, documentales, piezas audiovisuales y proyectos multimedia en defensa del medio ambiente o la fauna local. Todos ellos tienen como denominador común un gusto por la simplicidad formal y las reminiscencias de los años infantiles, "cuando se levantan los pilares emocionales de nuestra casa", en palabras del artista.

Mills realizó en 2007 un documental, Does your soul have a cold?, que refleja la tipificación y tratamiento de la depresión en Japón (donde no estaba reconocida como enfermedad hasta el año 2000). Pero antes se hizo notorio ante el mundo con el estreno de su primer largometraje, Thumbsucker (2005), un tratado esteticista sobre las inseguridades adolescentes que bien podría servir como reflejo de su propia experiencia vital. "Creo en la psicoterapia [risas], y también en contar lo que uno conoce de cerca. La adolescencia es un periodo en el que aprendemos a disimular, a ser menos vulnerables. Pero tus traumas de los 8, los 14 o los 17 años te acompañan toda tu vida". En su caso, conserva al niño que creció en la segura, apacible y aburguesada Santa Bárbara y que un día descubrió un mundo más allá del jardín de su casa, donde sonaba punk y los chavales perdían el miedo a estamparse contra la vida subidos a un monopatín.
EP3. ¿Recuerdas tu primer contacto con la escena skate de Los Ángeles?
Mike Mills. Tenía 13 o 14 años. Era el final de los setenta, un momento increíble, cuando aún era una ciudad donde la vida era dura y el conflicto de clases estaba mucho más presente. Descubrí a grupos como Black Flag, The Circle Jerks, Sex Pistols o The Clash, y conocí a chicos que venían de entornos más conflictivos y eran mucho menos conformistas que yo. Y mucho más estilosos. Aún recuerdo a algunos supercarismáticos.
EP3. Estudiaste arte en Nueva York. ¿Cambiaron entonces tus referentes?
M. M. Estudié en una escuela del Lower East Side [la prestigiosa Cooper Union], antes de que [el ex alcalde] Giuliani limpiara la ciudad, cuando la zona empezaba a encarecerse por el trasiego de artistas y algunos de sus epicentros artísticos estaban en su momento culmen, como la galería Mary Boone, en el Soho. Muchos de mis amigos trabajaban como asistentes de David Salle o rompiendo platos para Julian Schnabel [con los que luego él componía sus célebres cuadros]. Ahí fue cuando aprendí que todo en el arte giraba en torno al dinero. Era asqueroso.
EP3. ¿Se convirtió el arte callejero en la única salida?
M. M. Imagínate, un chaval de apenas 19 años que va a la escuela de arte y lo primero que aprende es que apesta, que el arte es un animal domesticado. Así que mis amigos y yo empezamos a trabajar de la manera más barata y pública posible. Igual que los skaters convertían su manera de vestir en toda una declaración de principios, para mí lo que tenía sentido era que el arte invadiera la esfera pública.
EP3. ¿Cuándo pasaste de luchar contra el sistema para integrarte en él como diseñador gráfico?
M. M. Cuando mis padres me dijeron: "Haz el favor de buscarte un trabajo" [risas]. Su infancia había transcurrido durante la Gran Depresión e insistían mucho en la idea de salir adelante. Así que me propuse encajar en el mundo normal. Pero fue imposible. Vivía rodeado de gente cuya vida iba en una dirección diametralmente opuesta. A los 28 años ya colaboraba asiduamente con discográficas, pero seguía sin tener un ordenador en casa y la máquina Xerox más cercana me quedaba a 15 minutos de casa en monopatín. Mi vida era cualquier cosa menos normal.

EP3. ¿Pensabas ya en ser cineasta?
M. M. El cine parecía la mejor fórmula para desarrollar ideas en un formato lo más público posible. Yo no había estudiado cine, así que tuve que aprenderlo todo por mi cuenta. Empecé con esas bandas a las que hacía pósters o carátulas. Les insistía: "Te hago un vídeo gratis", hasta que algunas me dijeron que sí.
EP3. Internet ofrece aún más posibilidades que el cine. ¿Se ha convertido en el mejor territorio para cometer actos subversivos?
M. M. Yo diría que lo auténticamente revolucionario de la Red es que, si quiero, mi web puede ser más grande que la de IBM. Pero, como cualquier otro medio, lo controla quien lo posee; no creo que esencialmente genere una mayor libertad.

EP3. Obama se ha convertido en todo un icono, también para el arte. ¿Estamos ante el primer presidente pop?
M. M. Para mí lo auténticamente pop de Obama ha sido su omnipresencia online. Antes y después de cada debate, enviaba a la gente que apoyaba su campaña un e-mail personalizado. Y aun en plena fase de transición, su gabinete se ponía en contacto contigo para contarte en qué estaban trabajando y proponerte colaborar con ellos.
EP3. Una última pregunta: ¿cuántas veces te han confundido con Mike Mills, el componente del grupo R.E.M.?
M. M. No tantas. Pero las suficientes. Siempre hay algún graciosillo que nos presenta cuando coincidimos en una fiesta. A finales de los ochenta estaba de paso por Athens, donde se formó el grupo, y quisieron retirarme la tarjeta de crédito en una tienda pensando que se la había robado. Tuve que decir: "No, no, ¡hay otro Mike Mills en el mundo!".
El libro Mike Mills Graphics/Films está editado por Damiani. www.damianieditore.com

UN ‘HERMOSO PERDEDOR’
A principios de los noventa, Mike Mills vivía a la vuelta de la esquina de la galería Alleged, regentada por Aaron Rose, que pronto se convirtió en uno de los epicentros de la cultura urbana en el downtown neoyorquino y sirvió de cuna a nombres hoy tan reconocidos como Harmony Korine, Terry Richardson o Ed Templeton. Los artistas adscritos a este espacio, hoy extinto, fueron bautizados como Beautiful losers, un movimiento recientemente retratado por el propio Aaron Rose en un documental y una exposición itinerante. “La zona era un hervidero de creadores y grupos musicales”, cuenta Mills. “Yo recuerdo en mi primera exposición a Money Mark, que compró algunas piezas; los Beastie Boys, Jon Spencer, Kim Gordon y Thurston Moore [de Sonic Youth], Sean Lennon o Roman Coppola [junto a quien Mills fundaría la productora The Directors Bureau]. Con todos ellos he acabado colaborando de alguna forma. No tenías que salir a buscar gente afín, bastaba un paseo por el barrio para encontrártela. Casi inconscientemente, formamos una comunidad muy activa… Porque es mucho más fácil atreverse a romper las reglas si hay alguien más rompiéndolas contigo”.
- El País -
miércoles, 2 de diciembre de 2009
Tu miedo comienza...
Tu miedo comienza cuando despegan los aviones y el mío cuando los aviones aterrizan.
- "Tokio ya no nos quiere" de Ray Loriga -
- "Tokio ya no nos quiere" de Ray Loriga -
martes, 1 de diciembre de 2009
lunes, 30 de noviembre de 2009
Diez mandamientos del...
Diez mandamientos del buen diseño
Good design in ten commandments, diez cuestiones establecidas por el diseñador Dieter Rams (diseñador de la marca Braun durante muchos años) que pueden servir o ayudar a determinar si un diseño es bueno o mejorable,
01. Que sea innovador.
02. Que haga que el producto sea útil.
03. Que sea bonito.
04. Que consiga que se entienda el producto.
05. Que no sea estridente.
06. Que sea honesto.
07. Que sea duradero.
08. Que cuide los detalles.
09. Que sea amigable con el medio ambiente.
10. Que tenga tan poco diseño como sea posible.
- www.microsiervos.com -
Good design in ten commandments, diez cuestiones establecidas por el diseñador Dieter Rams (diseñador de la marca Braun durante muchos años) que pueden servir o ayudar a determinar si un diseño es bueno o mejorable,
01. Que sea innovador.
02. Que haga que el producto sea útil.
03. Que sea bonito.
04. Que consiga que se entienda el producto.
05. Que no sea estridente.
06. Que sea honesto.
07. Que sea duradero.
08. Que cuide los detalles.
09. Que sea amigable con el medio ambiente.
10. Que tenga tan poco diseño como sea posible.
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domingo, 29 de noviembre de 2009
A pesar de mi resistencia...
A pesar de mi resistencia, progreso, lo cual es una traición de los sentidos. Igual que en el colegio, donde por mucho que te empeñes en evitarlo, el final, aprendes.
- "Tokio ya no nos quiere" de Ray Loriga -
- "Tokio ya no nos quiere" de Ray Loriga -
sábado, 28 de noviembre de 2009
Retrato de una metamorfosis... 11
Demasiado rápido
Hay cifras que constatan la apresurada madurez de los niños, a los que obligamos a ser adultos demasiado pronto. El 43% de los niños de entre 6 y 11 años disponen de teléfono móvil. En esta imagen, Max, un niño fotografiado en Weidingen, Luxemburgo.
- Rineke Dijkstra -
viernes, 27 de noviembre de 2009
El cerebro de hombres y mujeres...
CUESTIÓN DE EVOLUCIÓN: El cerebro de hombres y mujeres percibe la belleza de forma diferente
* Hombres y mujeres activan regiones cerebrales diferentes para decidir si algo es bello
Leer un artículo científico sobre la percepción de la belleza en la que figuran apellidos tan ilustres como Cela o Ayala no deja de tener su punto de gracia. Eso es lo que ha ocurrido esta semana en las páginas de la revista 'Proceedings of the National Academy of Sciences', donde un grupo de investigadores españoles ha analizado por primera vez cómo reacciona el cerebro de hombres y mujeres ante la visión de una imagen hermosa.
Encabezados por el investigador Camilo José Cela-Conde, de la Universidad de las Islas Baleares, y el biólogo de la evolución Francisco Ayala, de la Universidad de California, Irvine (en EEUU), los científicos han abordado una de las cuestiones más debatidas a lo largo de la historia de la Humanidad: las diferencias entre sexos.
En este caso, en lugar de recurrir a la resonancia magnética que se suele emplear en este tipo de iniciativas, los autores recurrieron a la magnetoencefalografía. "Esta técnica mide los campos electromagnéticos producidos por la actividad eléctrica de las neuronas, y no el flujo sanguíneo como hace la resonancia. Además, puede hacerlo en fracciones de tiempo menores de un segundo, por lo que resulta mucho más sensible", explica Fernando Mastú, del Centro Dr. Pérez Modrego de la Universidad Complutense de Madrid.
En total, 10 hombres y 10 mujeres de unos 25 años fueron analizados mientras observaban 240 cuadros de los estilos artísticos más diversos (algunos de ellos reproducidos con permiso del Museo del Prado de Madrid) y fotografías de todo tipo. Debían decidir si les parecían bellos o no. Los investigadores contemplaron que el cerebro masculino sólo mostraba actividad en su hemisferio derecho, mientras que la reacción femenina se repartía bilateralmente, implicando a las dos mitades de su cerebro.
"Esto no fue una gran sorpresa porque sigue la pauta observada en otras funciones cognitivas, que ya han mostrado que las mujeres tienen mayor bilateralidad que los hombres", explica Cela-Conde a elmundo.es; "pero hasta ahora nunca se había intentado dar una explicación científica de este tipo a una experiencia tan compleja como el arte".
Una cuestión evolutiva
Aunque la técnica no permite desentrañar exactamente el porqué de las diferencias entre géneros, los autores apuntan a una hipótesis relacionada con la evolución de la Humanidad. "Sospechamos que tiene que ver con una presión selectiva a lo largo de la evolución por los diferentes roles que tuvieron nuestros ancestros homínidos cuando eran cazadores y recolectores", explica Cela-Conde; es decir, por las labores encomendadas a cada sexo dentro de la organización social que obligaron a unos y otras a adaptarse a sus funciones.
Esta apreciación tiene que ver también con que la mayor actividad neuronal se produjo en el lóbulo parietal, una región del cerebro que ha evolucionado de gran manera desde que las estirpes del chimpancé y el humano se separaron. Este 'pequeño' detalle hace suponer a los investigadores que la capacidad humana para apreciar la belleza y el arte ("uno de los rasgos más característicos del ser humano y la única habilidad que nos diferencia de los animales") también data de esa etapa posterior del desarrollo.
En lo que sí coincidieron los 20 participantes, es en que su cerebro tardó entre 300 y 900 milisegundos en reaccionar a las imágenes. Un brevísimo retraso desde que veían la fotografía hasta que decidían si les gustaban. "Muchos profesores que llevan a sus alumnos a los museos se desesperan porque creen que los chavales no prestan atención; pero en realidad no es así", explica el investigador. "Deberían tener en cuenta que el ser humano tarda menos de un segundo en decidir si algo le gusta o no. Nuestra primera decisión es inmediata, casi como un flechazo".
Como explica Maestú, la estrategia cognitiva de las mujeres está más centrada en el hemisferio izquierdo, lo que tiene que ver con su tendencia a verbalizar todo más a menudo; mientras que los hombres dominan mejor los aspectos espaciales. "Se podría decir", añade, "que las mujeres son más semánticas; y esto podría aplicarse también a su apreciación de la belleza".
Los investigadores han ampliado con este trabajo una experiencia previa que analizó únicamente la percepción estética entre las mujeres. Entre sus siguientes pasos, como anuncia Cela-Conde, tratarán de observar la reacción del cerebro únicamente ante cuadros abstractos, "porque no se miran igual que las escenas figurativas". En esta ocasión, han contado con la participación del Hospital Clínico San Carlos y el Instituto de Física Interdisciplinar del Consejo Superior de Investigaciones Científicas.
Claudio Mirasso, investigador de este último centro, concluye que este tipo de trabajos interdisciplinares pueden tener alguna aplicación práctica en el futuro. "Si somos capaces de saber cómo percibe, analiza y procesa la información el cerebro, podemos estudiar a personas con disfunciones, con algún 'cortocircuito' o fallos en ciertas conexiones neuronales y que no son capaces, por ejemplo, de apreciar la belleza".
http://www.elmundo.es
jueves, 26 de noviembre de 2009
No estoy dispuesto...
No estoy dispuesto a cargar con los años que no recuerdo.
- "Tokio ya no nos quiere" de Ray Loriga -
- "Tokio ya no nos quiere" de Ray Loriga -
miércoles, 25 de noviembre de 2009
Retrato de una metamorfosis... 10
La identidad cambiante
La idea de la identidad cambiante es un tema que fascina a la autora de las imágenes (Dutch, 1959). “Ese momento de nuestras vidas en que nuestros cuerpos nos conviertan en algo nuevo”. En la imagen, una niña retratada en Josephat Park, Bruselas.
- Rineke Dijkstra -
martes, 24 de noviembre de 2009
Cómo la música nos...
ESTUDIO DEL CEREBRO
Cómo la música nos transporta al pasado
* Un área del cerebro es la encargada de procesar la música y evocar los recuerdos
* La zona dorsal del córtex prefrontal medial conecta melodías y memorias
Tras el volante, por una carretera cualquiera y escuchando la radio. De pronto, reconocemos los primeros compases de una vieja canción y en nuestra cabeza se desata una cascada de pensamientos y emociones que nos transportan a nuestro noveno cumpleaños, un día de verano con amigos o la muerte de un ser querido. Tal es el poder de la música. Un investigador estadounidense explica qué ocurre en el cerebro cuando una melodía nos hace viajar al pasado.
¿A quién no le gustaría que determinados momentos de su vida estuvieran acompañados por su propia banda sonora? Los compases de 'Rocky' sonando mientras sudamos sobre la cinta en el gimnasio, el Coro de los Peregrinos aullando en Hi-Fi mientras acabamos con la última mota de polvo de las estanterías o una ocarina silbando una melodía 'pastelona' para los momentos más románticos.
Nuestro día a día carece de banda sonora espontánea pero muchos de nuestros recuerdos son "películas mentales que empiezan a proyectarse en nuestra cabeza cuando escuchamos una pieza musical familiar que actúa como su banda sonora", explica Petr Janata, profesor de psicología en el Centro para la Mente y el Cerebro de la Universidad de California en Davis.
Janata relata en las páginas de la revista 'Cerebral Cortex' cómo en una región de nuestro cerebro, relacionada con el almacenamiento y la recuperación de recuerdos, las neuronas trabajan como centro de conexión entre melodías familiares, memoria y emoción. Trabajos previos de este especialista habían demostrado que la música, como los olores, es un potente evocador de recuerdos.
Una región capaz de seguir la estructura musical
Trece estudiantes de la citada universidad se prestaron para el experimento en el que escucharon 30 fragmentos de canciones –extraídas de listas Top 100 correspondientes a cuando ellos tenían entre siete y 19 años- mientras Janata examinaba sus cerebros mediante una resonancia magnética funcional. Los participantes debían además puntuar de cada tema lo familiar que les era, si les había gustado, traído o no recuerdos y otras cuestiones similares.
De media, cada uno reconoció 17 de las 30 canciones y de ellas unas 13 estaban moderada o fuertemente asociadas con memorias autobiográficas. Aquellas que evocaban recuerdos más vívidos eran capaces también de provocar las respuestas emotivas más conmovedoras.
Cuando Janata comparó las respuestas de los participantes con sus resonancias se percató de que cuanto más importante era el recuerdo evocado mayor actividad registraba la parte alta (dorsal) del córtex prefrontal medial, una zona que previamente había despertado su interés por varios motivos. Por un lado, está relacionada con la recuperación de las memorias y, por otro, el placer y las respuestas emocionales provocadas por la música modulan su actividad.
Pero esto no fue lo más sorprendente. Empleando un modelo diseñado por él mismo, Janata elaboró mapas tonales de cada fragmento de canción y comprobó cómo esta región cerebral seguía el progreso de la melodía al tiempo que evocaba los recuerdos que le traían esas notas. Es decir, es capaz de "seguir los aspectos estructurales de la música", señala el autor.
Los descubrimientos de este investigador podrían explicar, al menos en parte, por qué la música es capaz de provocar fuertes respuestas en pacientes con el mal de Alzheimer, cuyas memorias están devastadas. La zona dorsal del córtex prefrontal medial es, curiosamente, una de las que más tarde se atrofian en estos enfermos y tal vez por eso escuchar una melodía de antaño desate en sus cabezas emociones y recuerdos.
http://www.elmundo.es
Cómo la música nos transporta al pasado
* Un área del cerebro es la encargada de procesar la música y evocar los recuerdos
* La zona dorsal del córtex prefrontal medial conecta melodías y memorias
Tras el volante, por una carretera cualquiera y escuchando la radio. De pronto, reconocemos los primeros compases de una vieja canción y en nuestra cabeza se desata una cascada de pensamientos y emociones que nos transportan a nuestro noveno cumpleaños, un día de verano con amigos o la muerte de un ser querido. Tal es el poder de la música. Un investigador estadounidense explica qué ocurre en el cerebro cuando una melodía nos hace viajar al pasado.
¿A quién no le gustaría que determinados momentos de su vida estuvieran acompañados por su propia banda sonora? Los compases de 'Rocky' sonando mientras sudamos sobre la cinta en el gimnasio, el Coro de los Peregrinos aullando en Hi-Fi mientras acabamos con la última mota de polvo de las estanterías o una ocarina silbando una melodía 'pastelona' para los momentos más románticos.
Nuestro día a día carece de banda sonora espontánea pero muchos de nuestros recuerdos son "películas mentales que empiezan a proyectarse en nuestra cabeza cuando escuchamos una pieza musical familiar que actúa como su banda sonora", explica Petr Janata, profesor de psicología en el Centro para la Mente y el Cerebro de la Universidad de California en Davis.
Janata relata en las páginas de la revista 'Cerebral Cortex' cómo en una región de nuestro cerebro, relacionada con el almacenamiento y la recuperación de recuerdos, las neuronas trabajan como centro de conexión entre melodías familiares, memoria y emoción. Trabajos previos de este especialista habían demostrado que la música, como los olores, es un potente evocador de recuerdos.
Una región capaz de seguir la estructura musical
Trece estudiantes de la citada universidad se prestaron para el experimento en el que escucharon 30 fragmentos de canciones –extraídas de listas Top 100 correspondientes a cuando ellos tenían entre siete y 19 años- mientras Janata examinaba sus cerebros mediante una resonancia magnética funcional. Los participantes debían además puntuar de cada tema lo familiar que les era, si les había gustado, traído o no recuerdos y otras cuestiones similares.
De media, cada uno reconoció 17 de las 30 canciones y de ellas unas 13 estaban moderada o fuertemente asociadas con memorias autobiográficas. Aquellas que evocaban recuerdos más vívidos eran capaces también de provocar las respuestas emotivas más conmovedoras.
Cuando Janata comparó las respuestas de los participantes con sus resonancias se percató de que cuanto más importante era el recuerdo evocado mayor actividad registraba la parte alta (dorsal) del córtex prefrontal medial, una zona que previamente había despertado su interés por varios motivos. Por un lado, está relacionada con la recuperación de las memorias y, por otro, el placer y las respuestas emocionales provocadas por la música modulan su actividad.
Pero esto no fue lo más sorprendente. Empleando un modelo diseñado por él mismo, Janata elaboró mapas tonales de cada fragmento de canción y comprobó cómo esta región cerebral seguía el progreso de la melodía al tiempo que evocaba los recuerdos que le traían esas notas. Es decir, es capaz de "seguir los aspectos estructurales de la música", señala el autor.
Los descubrimientos de este investigador podrían explicar, al menos en parte, por qué la música es capaz de provocar fuertes respuestas en pacientes con el mal de Alzheimer, cuyas memorias están devastadas. La zona dorsal del córtex prefrontal medial es, curiosamente, una de las que más tarde se atrofian en estos enfermos y tal vez por eso escuchar una melodía de antaño desate en sus cabezas emociones y recuerdos.
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lunes, 23 de noviembre de 2009
La mayor cobardía del mundo es...
La mayor cobardía del mundo es el matarse: porque el homicida de sí mismo de señal de que le falta ánimo para sufrir los males que teme.
Cervantes
Cervantes
domingo, 22 de noviembre de 2009
Retrato de una metamorfosis... 09
El arte de posar
Las chicas, asegura la fotógrafa, sabían en todo momento cómo posar. Ellos, en cambio, no sabían dónde meterse. Se ve en esta foto captadas en Vondelpark, Ámsterdam.
- Rineke Dijkstra -
sábado, 21 de noviembre de 2009
Regreso al camino original ...
Regreso al camino original
Ve la luz la versión de la legendaria obra que Kerouac escribió en un rollo de papel
Kerouac odiaba a los hippies. Me lo dijo Caroline Cassady, a la que tuve la fortuna de conocer en Londres gracias a mi buen amigo y mejor escritor Barry Gifford. Caroline recordaba claramente los años pasados con Jack Kerouac y Neal Cassady cuando ella era el queso y el jamón del sándwich, y le gustaba hablar de ello con una sonrisa en los labios. Jack, contaba Caroline, era un escritor, no un vagabundo, y adoraba la elegancia de sus héroes del bebop: Charlie Parker, Coltrane, Gillespie, Max Roach... Odiaba tener la casa llena de melenudos, y en su cabeza se veía más cercano a Scott Fiztgerald que a todo ese cuento de la contracultura. Al parecer, y con frecuencia, Jack montaba en cólera por el lugar que la caprichosa trama cultural le había reservado. "¡Debería estar sentado en una academia y no en el salón de mi casa soportando la veneración de estos palurdos!", decía Caroline que gritaba Jack, harto de que unos seminformados pero bien uniformados jovencitos se bebieran sus cervezas. Odiaba que cualquiera se atreviese a llamarle Jack, él prefería señor Kerouac.
También me contó esa encantadora mujer que Jack y Neal no eran homosexuales, ni heterosexuales, que eran cada uno su propio asunto y que ella los adoraba y los respetaba. La oportunidad de pasar una larga tarde y parte de la noche charlando tranquilamente con la mujer de estos dos centauros ayuda a desterrar para siempre esa mirada vulgar que con frecuencia acompaña a los mitos culturales y volver al camino sensato de la verdadera apreciación y, como bien indicaba ella, al verdadero respeto.
La publicación por la editorial Anagrama del rollo mecanografiado original de En la carretera es la mejor excusa para acercarse a Kerouac con las gafas limpias de los viejos tópicos y leyendas que han rodeado la obra de este reservado y explosivo canadiense, que comandó casi sin quererlo la generación beat. El rollo en cuestión no tiene mayor interés, lo vi hace tiempo en una exposición metidito en una urna y no me provocó ninguna emoción especial. Kerouac mecanografió una novela en la que llevaba trabajando años en un rollo de papel continuo, como si se tratase de un solo impulso literario. El truco funcionó y el rollo se hizo casi tan legendario como la novela. En la versión que ahora se presenta se ha recurrido a este original prescindiendo de algunas correcciones pudorosas que el propio escritor llevó a cabo en la primera edición. Hay pocas sorpresas, los nombres de sus amigos son los que ya conocíamos, pero ahora sin alias, y puede que el texto se haya desembarazado de cierta timidez sexual; tal vez el pene legendario de Neal adquiera aquí aún más protagonismo (he de reconocer que siempre me ha provocado ternura la admiración de Kerouac por el pene de su hermano-amigo); por lo demás, evidentemente, estamos frente al mismo libro.
Decía Charles Bukowski que los escritores siempre triunfan por las razones equivocadas. En el caso de Kerouac está claro que la imagen de una juventud rebelde y libre, enredada en un viaje sin fin aderezado con drogas, alcohol, música y sexo se ha convertido desde hace tiempo en carne de anuncios de pantalones vaqueros y coches con frecuencia caros y alemanes. Así que nunca está de más volver al texto para olvidar precisamente la abusiva malversación de la leyenda.
Como decía Caroline, Jack era un escritor y, por obvio que resulte, esto es una obra literaria. Sus muchos logros son por lo tanto formales. El reto que Kerouac se propuso consistía en trasladar algo del ritmo y la estructura musical del bebop a la novela; así, tema, melodía, beat y ese espacio abierto para la improvisación sobre las notas del tema central encontrarían su paralelo en esta saga, épica e íntima a la vez, acerca de América, la amistad y el movimiento.
En la carretera es, efectivamente, una novela que camina al ritmo preciso de un solista excepcional; nada es pues tan accidental como pudiera parecer, y al igual que en la música gloriosa que sirvió de inspiración para la obra, el conocimiento, la precisión y el rigor de Kerouac consuman esa sensación de libertad que tantos han tratado de emular con tristes resultados. Por supuesto que nada en este proceso corresponde al territorio de la invención, tal cosa no es posible en un arte tan antiguo, pero sí al territorio nada despreciable del descubrimiento y sobre todo a la formulación de una voz propia, que es en gran medida la aspiración de todo escritor que se precie. Esta carretera, o camino, es en realidad un cruce de caminos, una confluencia de intereses literarios que van desde Mark Twain a Louis Ferdinand Celine, pero que Jack Kerouac consigue cabalgar con la confianza y la naturalidad de quien ha domado a su propio caballo. El arte sin el arte es una mera anécdota, y alrededor de Jack Kerouac y de sus compañeros de aventuras literarias las anécdotas han pesado demasiado, desenfocando a menudo la materia misma de su talento. Esta nueva y cuidada edición es, en definitiva, una nueva oportunidad para la literatura y espero que otra derrota para la moda.
- El País -
viernes, 20 de noviembre de 2009
jueves, 19 de noviembre de 2009
Retrato de una metamorfosis... 08
En busca de la espontaneidad
El reto era captar cualquier explosión espontánea, aunque no siempre lo conseguía. "Era imposible que me repitieran las primeras miradas que observé, muy difícil".
- Rineke Dijkstra -
miércoles, 18 de noviembre de 2009
La música provoca...
La música provoca las mismas emociones en todo el mundo, según un estudio
El Instituto de Neurología Max Planck prueba que los miembros de una aislada etnia africana reaccionan a las música igual que los occidentales
Los sentimientos expresados musicalmente se entienden igual en todo el mundo y la música logra superar sin mayores dificultades las barreras entre las culturas, según un estudio del Instituto Max Planck de Neurología de Leipzig (Alemania). Un grupo de trabajo dirigido por Max Fritz demostró que incluso etnias que nunca han tenido contacto con la música occidental, como los mafa de Camerún, reconocen en ella las emociones básicas que expresa.
Los mafa, a su vez, producen música que era totalmente desconocida para personas provenientes de la cultura occidental y que participaron en el experimento. El grupo de Fritz realizó dos experimentos de los que sacó sus conclusiones acerca de la capacidad de los seres humanos de reconocer la alegría, la pena o el miedo que se expresa piezas musicales pertenecientes a una cultura completamente ajena.
En el primero, se tocaron piezas breves para piano -compuestas siguiendo los principios de la música europea- ante un grupo de mafas y otro de control formado por oyentes occidentales. Tras cada una de las piezas los mafas debían relacionarlas con reproducciones de expresiones faciales de las que ya se ha mostrado que tienen una interpretación universal.
El ritmo marca la alegría
"Este primer experimento nos mostró ya que los mafa podían reconocer con éxito las tres emociones expresadas en la música occidental", explicó Fritz. La música con un ritmo rápido, según Fritz, tiende a ser identificada con la alegría mientras que para la tristeza o el miedo el ritmo es menos decisivo que la tonalidad.
En el segundo experimento se investigó si las sensaciones agradables o desagradables se transmiten de manera similar a través de la música mafa o de la música occidental. "Ya se sabía que las consonancias en los países occidentales son percibidas como más agradables que las disonancias", dijo Fritz. A partir de ello, el grupo de científicos quiso determinar si esto era igual entre los mafa.
Los mafas mostraron también una clara preferencia por las consonancias pero la diferencia entre la percepción de la disonancia y la consonancia no es tan marcada como entre los occidentales. "Cuando a un oyente mafa le gusta una pieza musical, suele gustarle también una versión disonante de la misma, aunque menos", explicó Fritz.
- El País -
El Instituto de Neurología Max Planck prueba que los miembros de una aislada etnia africana reaccionan a las música igual que los occidentales
Los sentimientos expresados musicalmente se entienden igual en todo el mundo y la música logra superar sin mayores dificultades las barreras entre las culturas, según un estudio del Instituto Max Planck de Neurología de Leipzig (Alemania). Un grupo de trabajo dirigido por Max Fritz demostró que incluso etnias que nunca han tenido contacto con la música occidental, como los mafa de Camerún, reconocen en ella las emociones básicas que expresa.
Los mafa, a su vez, producen música que era totalmente desconocida para personas provenientes de la cultura occidental y que participaron en el experimento. El grupo de Fritz realizó dos experimentos de los que sacó sus conclusiones acerca de la capacidad de los seres humanos de reconocer la alegría, la pena o el miedo que se expresa piezas musicales pertenecientes a una cultura completamente ajena.
En el primero, se tocaron piezas breves para piano -compuestas siguiendo los principios de la música europea- ante un grupo de mafas y otro de control formado por oyentes occidentales. Tras cada una de las piezas los mafas debían relacionarlas con reproducciones de expresiones faciales de las que ya se ha mostrado que tienen una interpretación universal.
El ritmo marca la alegría
"Este primer experimento nos mostró ya que los mafa podían reconocer con éxito las tres emociones expresadas en la música occidental", explicó Fritz. La música con un ritmo rápido, según Fritz, tiende a ser identificada con la alegría mientras que para la tristeza o el miedo el ritmo es menos decisivo que la tonalidad.
En el segundo experimento se investigó si las sensaciones agradables o desagradables se transmiten de manera similar a través de la música mafa o de la música occidental. "Ya se sabía que las consonancias en los países occidentales son percibidas como más agradables que las disonancias", dijo Fritz. A partir de ello, el grupo de científicos quiso determinar si esto era igual entre los mafa.
Los mafas mostraron también una clara preferencia por las consonancias pero la diferencia entre la percepción de la disonancia y la consonancia no es tan marcada como entre los occidentales. "Cuando a un oyente mafa le gusta una pieza musical, suele gustarle también una versión disonante de la misma, aunque menos", explicó Fritz.
- El País -
martes, 17 de noviembre de 2009
lunes, 16 de noviembre de 2009
Retrato de una metamorfosis... 07

Siempre en verano
Las fotos, como esta tomada en el Sefton Park de Liverpool, en el Reino Unido, siempre se hicieron en verano. Rineke eligió esta estación porque en ella explotan todos los cuerpos.
- Rineke Dijkstra -
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