viernes, 3 de julio de 2009

No soy el Hannibal Lecter...


Mitnick: "No soy el Hannibal Lecter de los hackers"
El hacker más famoso del mundo dice que esta orgulloso de que le contraten empresas a las que hackeó

Kevin Mitnick está de gira y ha recalado en Madrid. El hacker (pirata informático) más famoso de la historia se dedica ahora a dar conferencias y a ofrecer sus servicios de seguridad informática de su empresa Mitnick Security Consulting. Tras pasar cinco años en la cárcel por diversos delitos como robo de software, fraude electrónico e intercepción de comunicaciones, ha salido reformado y está del lado luminoso de la informática.

"No echo de menos mi tiempos de rebeldía. Ahora las empresas me pagan para que entre en sus redes y encuentre sus vulnerabilidades de seguridad. Y todo el mundo gana. Yo disfruto haciendo las cosas que me gustan, que es detectar los fallos de seguridad y, a la vez, ayudo a mis clientes en lugar de causarles daño", señaló hoy Mitnick en un encuentro con EL PAÍS.

Mitnick se muestra orgulloso de que algunas empresas a las que hackeó le contraten ahora como Nokia, Novell o Fujitsu, que incluso llegó ofrecerle ser el máximo responsable de seguridad. "Es muy emocionante que las compañías a las que tanto daño causé tengan interés en solicitar ahora mis servicios. No sé si soy un hacker blanco (whitehats, como se les conoce en el argot a los expertos en seguridad que juegan a favor de las empresas). Los tiempos cambian. Se puede decir que he madurado".

Perseguido incansablemente por el FBI, .Mitnick no sólo escapaba a la persecución sino que burlaba a los agentes, localizándoles por sus móviles y jugando al ratón y al gato. "A mí me parecía muy divertido pero a ellos no les debió parecer tan gracioso. Así que cuando finalmente me atraparon me lo hicieron pasar verdaderamente mal".

Mitnick pasó cinco años en la cárcel, de 1995 a 2000, en un duro régimen de asilamiento que le prohibía mantener usar cualquier tipo de dispositivo electrónico (televisión incluida) e incluso para comunicarse con su abogado o sus familiares. "El fiscal llegó a decir que me prohibieran el acceso a cualquier teléfono porque silbando en el móvil podía provocar una guerra nuclear. O decían que sólo en un floppy (los primeros discos flexibles de muy escasa capacidad) contenía archivos peligrosos que podían causar un grave problema de seguridad nacional. Me trataban como si fuera Hannibal Lecter de los hackers. Y no lo soy, se lo aseguro".

Pese al acuerdo extrajudicial, Mitnick se muestra muy descontento con la Justicia estadounidense "porque vulneraron mis derechos constitucionales, como el derecho a un juicio o a comunicarme normalmente con mi abogado".

Al final tuvo que llegar a un acuerdo con el Gobierno: "Me autoinculpé de cosas que hice y también de las que no hice. Pero no tenía más remedio porque de no ser así me hubiera pasado toda la vida de juicio en juicio". Cuando salió de la cárcel, las autoridades le aplicaron una cuarentena electrónica. "Sólo accedieron a dejarme hablar por el móvil porque mi padre tenía una enfermedad pero me revisaban la factura telefónica todos los meses. Y estaba escribiendo mi libro y sólo me autorizaban a usar el programa del procesador de textos".

El ahora empresario ha escrito dos libros -El arte de la decepción y El arte de la intrusión- y sobre su vida se inspiró la película Take Down, de la que se queja "porque mezclaba verdades y mentiras para desacreditarme". Para poner las cosas en su sitio, Mitnick prepara ahora una autobiografía donde contará las verdaderas peripecias de El Cóndor, su apodo de guerra en los tiempos de hacker. "Ya ha habido varios estudios de Hollywood que se han interesado por hacerse con los derechos para hacer una película".

Mitnick, que participará mañana en el Cluster de Seguridad de la Comunidad de Madrid, invitado por el Instituto Madrileño de Desarrollo, dice que Internet ofrece muchas vulnerabilidades pero pese a ello defiende la libertad de la Red y no es partidario de la ilegalización de los programas de intercambio de archivos P2P (peer to peer). "Sólo tienes que tener mucho cuidado de ver qué parte de tu disco duro compartes en realidad".

El País

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