jueves, 20 de marzo de 2008

Cuando el gris es un color...

La llegada de la fotografía al mundo digital ha diluido una discusión bizantina que se producía cada vez que se reunían más de dos fotógrafos para hablar de técnica. ¿Blanco y negro o color? La utilización de una u otra forma de tratamiento del color (desde la plasmación del arco completo hasta la transformación de todos los colores en una gama de grises) ha transitado a lo largo de la historia gráfica por distintas fases.

Cuando la técnica no permitía otra cosa, la vida impregnada en un soporte era sencillamente en blanco y negro. Más tarde, cuando el color ya dominaba, el blanco y negro se utilizó como marca de algo singular. Los fotógrafos que lo utilizaban en tiempos de periódicos en color pasaban por sospechosos ante sus colegas: disparas en B/N para dártelas de artista, venía a ser el argumento. A pesar de ello, en décadas recientes el blanco y negro ha tenido un uso muy poderoso. Cuando una fotografía no contiene información de color, el ojo viaja a aquello que importa: firguras, gestos, ¿sentimientos?...

En blanco y negro se puede disparar todo tipo de temas y sujetos, no sólo asuntos de sensibilidad social. Y si no que se lo digan a Ansel Adams y sus grises paisajes. Sólo tiene un peligro: esa estrecha línea que le separa del pictorialismo, cuando alguien dispara una fotografía pretendiendo conseguir el efecto de una pintura, el resultado suele caer directamente en la horterada. Aún así, el B/N encierra una parte muy importante de la humanidad.



Estos días Fidel Castro está marcando la agenda internacional con su renuncia a la presidencia de Cuba. La foto de la semana pertenece a la basta colección de imágenes tomadas en sus tiempos de guerrillero en Sierra Maestra. Como en tantas otras, el pie de foto no identifica al autor, un valor que entonces no se tenía tan en cuenta. Tiene la clásica precariedad técnica que suele acompañar a muchos documentos gráficos: muy granulada y 'quemada' (exceso de blanco). Probablemente fue revelada en condiciones precarias, pero su fuerza dramática es tremenda.

Los guerrilleros, con Fidel Castro en el centro de la imagen, celebran la victoria de su movimiento el 8 de enero de 1959. El soldado de la izquierda, con su rifle colgado al hombro, mantiene el puño en alto en un gesto universal. Junto a Fidel, a la derecha de la imagen, su hermano Raúl, a quien se dirigen ahora todas las miradas. En una segunda fila se aprecia la boina de quien podría ser el Ché Guevara. En definitiva, una fracción de segundo que forma parte de una historia que se va.

- El Mundo -

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