lunes, 17 de marzo de 2008

Señoritas paseando...

Señoritas paseando por la Gran Vía de Tiananmen
Las grandes reuniones políticas tienen un punto de grandeza que dispensa una especie de espiritualidad laica. Y más cuando los lugares donde se celebran son en sí de una desmesura extraordinaria. Las grandes agencias internacionales inundan estos días sus 'wires' (las líneas virtuales de envío de fotos) de imágenes sumamente poderosas de uno de esos encuentros políticos sobre el que posan todos sus sentidos economistas y politólogos del mundo entero en busca de señales de humo. Las palabras que allí se vierten a menudo hacen temblar la tierra cual manada de elefantes dando zancadas. Se trata de la reunión de la Asamblea Nacional Popular china donde el primer ministro expone los planes políticos y económicos para 2008.

Se trata de una inundación de uniformes rojos y botas negras, colosales banderas enfiladas hacia el parlamento, moqueta encarnada y lilium rosa... una inmensa sala de conferencias salpicada de estrafalarias indumentarias étnicas, rodeada de una rancia y desmesurada estética comunista.

A pesar de todos los tópicos, de repente, como si fuera una aparición, el visionado de esas imágenes dispara ese pequeño resorte que nos devuelve un paralelo iconógráfico, una imagen que vive en el fondo de la memoria, que nos recuerda claramente a una fotografía que hemos visto publicada en numerosas ocasiones. Eso es lo que ocurre al observar La Foto de esta semana. Probablemente Andy Wong no conozca el trabajo en blanco y negro de Francesc Català-Roca en la Gran Vía madrileña, pero su foto es prácticamente un calco en color.

Como muchos fotógrafos llegados de cualquier punto del mundo, la Gran Vía funcionó como un imán para este gran artista catalán. Esta es una de sus fotografías de la época: 'Señoritas paseando por la Gran Vía'.

La versión de la misma imagen en chino y color contiene una forma de expresión similar, esa curiosa geometría rota por las figuras serpenteantes. Un grupo de azafatas camina por la plaza de Tiananmen, con sus uniformes rojos y sus manos entrelazadas. Una réplica venida de muy lejos que desprende el mismo candoroso sabor.

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